Ecuador y Colombia, etapa de coqueteos - Razón Pública

Ecuador y Colombia, etapa de coqueteos

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Socorro Ramírez

El cambio de gobierno en Colombia ha permitido abrigar nuevas esperanzas en torno a la normalización de relaciones con Ecuador. Pero el camino es largo… y culebrero.

Socorro Ramírez *

Después de la cortesía

El cambio de gobierno en Colombia viene abriendo tímidos caminos que permitirían avanzar en la distensión con Ecuador, aunque los positivos gestos simbólicos realizados hasta ahora por el presidente electo Juan Manuel Santos y el presidente Rafael Correa estén aún lejos de ser suficientes para consolidar la normalización de las relaciones diplomáticas entre los países.

Después de su elección Juan Manuel Santos ha insistido en que no reconoce "enemigos internos ni externos" y en que quiere "abrir caminos de cooperación hacia el futuro", en lugar de "mirar con amargura hacia el pasado". Además, se ha comprometido a mejorar las relaciones bilaterales y a propiciar la integración regional.

Las declaraciones fueron bien recibidas, en primer lugar, por el propio presidente Rafael Correa, quien a su vez lo llamó para felicitarlo por su elección y dijo estar dispuesto a venir a la posesión. Santos recibió sus saludos como "un primer gesto muy positivo hacia ese objetivo que todos debemos tener, y es el de restablecer las relaciones por el bien de nuestros pueblos", y reiteró que recibiría con satisfacción la presencia de los gobernantes vecinos en su posesión. Pero, tras estas primeras expresiones de cortesía, Correa y sus ministros de Relaciones Exteriores, Seguridad y Defensa insistieron en que, además de gestos, esperan hechos.

La orden, capturar al Presidente

Ante todo, Santos ya no podrá ufanarse del bombardeo en el territorio de Ecuador que ordenó siendo ministro, como lo hizo durante su campaña. Menos aún podrá defender la teoría de "legítima defensa", con la que argumentó la justicia de la acción.

Por otra parte, es sabido que sobre el nuevo Presidente de Colombia pende una orden de captura en Ecuador por el ataque aéreo. Las órdenes -que habían sido dictadas meses atrás en contra del entonces ministro de Defensa y de los altos mandos militares y policiales a cuyo cargo estuvo la operación, y que habían sido suspendidas al poner en marcha la hoja de ruta que permitiría normalizar las relaciones diplomáticas entre ambos países- resucitaron sorpresivamente en medio de la campaña electoral colombiana, tal vez con la intención de incidir en ella. El gobierno ecuatoriano ha insistido en que no puede intervenir en el proceso pues en su país hay separación de poderes, y le ha recomendado a Santos no entrar al Ecuador porque podrían detenerlo.

Con pasos de animal grande

El nuevo gobierno colombiano tendrá otros temas candentes sobre los que deba tomar decisiones: "Habrá que ver qué pasa con las bases estadounidenses", dijo Correa. Y, ante las denuncias del diario El Universal, en el sentido de que él mismo habría sido ‘chuzado' por el DAS, advirtió que volvería a romper relaciones si el hecho llegara a comprobarse.

A pesar de estos escollos, hasta ahora tanto Santos como Correa se han mostrado cuidadosos, tratando de señalar que los intereses nacionales les demandan reconstruir la relación binacional. Y esta distensión inicial es un paso esencial para poder avanzar en la normalización.

Procesar los desacuerdos, reconstruir la confianza

Hay que tener en cuenta que los problemas de seguridad que han dado lugar a las mayores diferencias entre ambos gobiernos, seguirán existiendo. Desde mediados de los noventa, diversas dinámicas de la confrontación armada y la economía de la droga se han concentrado en varios ámbitos de la frontera colombo-ecuatoriana. Aprovechando la ausencia de los Estados y sus recurrentes tensiones recíprocas, redes criminales transfronterizas y desterritorializadas han desarrollado distintas actividades legales e ilegales a ambos lados de la frontera. Además, la creciente presencia militar del lado colombiano, ya no sólo móvil sino permanente, en razón de los cambios que se han producido en el conflicto (lo que sale al encuentro de una de las exigencias de Ecuador), podría aumentar los combates en esas zonas y, por ende, los desplazamientos y la búsqueda de refugio en el país vecino.

Las diferencias sobre la naturaleza y alcance de las amenazas y sobre qué hacer frente a ellas, siguen y tal vez sigan siendo significativas. Entre éstas se destacan las distintas apreciaciones de la confrontación colombiana y de sus posibles soluciones, así como los problemas transfronterizos ligados a la droga, un "negocio" que sustenta tanto la economía de guerra de las FARC como parte de la economía a ambos lados de la frontera. En consecuencia, frente a problemas como éstos, no hay acuerdo para realizar acciones coordinadas y mucho menos conjuntas.

El eterno computador

Las diferencias en el tema de seguridad se han acumulado en la última década y requieren ser procesadas con un esfuerzo sustancial para lograr conciliar concepciones y agendas compartidas o, al menos, para lograr administrar aquellos asuntos comunes en los que no se logren acuerdos. Ignorarlos, los agrava. Esos temas delicados tienen que ser tramitados por la Comisión de Asuntos Sensibles y la Comisión Militar Binacional y Fronteriza (COMBIFRON).

El avance hacia la resolución de las diferencias sobre seguridad le implica a Colombia dar una respuesta satisfactoria a las cinco condiciones que ha puesto el Ecuador para normalizar relaciones y que hasta ahora no han sido completamente aceptadas por el gobierno colombiano. Dos han sido las más difíciles: la entrega de los computadores de "Reyes" y de los videos del bombardeo. Sin embargo, las entidades que han ayudado al acercamiento, han propuesto que los computadores y videos sean entregados a la OEA o al Centro Carter para que, por su intermedio, el gobierno ecuatoriano pueda conocerlos y, a su vez, para que esas dos entidades le garanticen a Colombia que éstos no serán usados en demandas en su contra o en provecho de los grupos irregulares. Como candidato, Santos empeñó su palabra en que entregaría el material de los computadores.

Tres medidas a mitad de camino

Las otras tres condiciones -cese del involucramiento al gobierno de  Ecuador con las FARC, aumento de la presencia militar en la frontera y apoyo a la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR- han venido recibiendo alguna respuesta desde septiembre de 2009. Desde entonces, el gobierno colombiano no ha vuelto a sindicar a su par ecuatoriano de complicidad con la guerrilla, ha aumentado la presencia y las acciones militares en la frontera y ha hecho algún aporte para la atención de los desplazados y para el desarrollo alternativo a la coca. La profundización de estas medidas será probablemente solicitada por Ecuador.

Esfuerzos para Colombia, esfuerzos para Ecuador

El avance en el procesamiento de las diferencias sobre seguridad va a requerir de Colombia una mayor apertura y una mejor comprensión de los diversos efectos negativos que el conflicto genera en Ecuador, de las nuevas realidades políticas de ese país, de las miradas que circulan en Quito sobre la problemática de frontera y de seguridad, y de la compleja presencia de grupos irregulares ante la ausencia del Estado.

Para Ecuador, por su parte, implicará un mayor esfuerzo por comprender la realidad del conflicto colombiano. Además, será necesario que tome en serio la implicación de diversos sectores ecuatorianos en dinámicas que interactúan con la confrontación colombiana o que incluso la alimentan, bien sea por presión de la guerrilla o por simpatías existentes con la misma, por corrupción o por problemas transfronterizos ligados a la droga, producto que sustenta no sólo la economía de guerra sino la misma economía a ambos lados de la frontera.

Fuera de los problemas reales que han distanciado a los países y de las diferencias de posición ante los mismos, exageraciones de ambos lados han contribuido a que se desarrolle una desconfianza mutua. Es necesario, pues, adoptar medidas que ayuden a la construcción de confianza en el terreno militar, político, diplomático, económico y social. Se requiere un serio compromiso de los presidentes Santos y Correa de evitar las declaraciones o comunicados hostiles, y de suprimir la diplomacia del micrófono de los mandatarios y sus ministros.

Mecanismos de vecindad

Las agendas binacionales no deben limitarse a los temas más espinosos, como los de seguridad. Por el contrario, deben enriquecerse con asuntos positivos para ambos países, empezando por el fortalecimiento de los lazos entre autoridades y comunidades fronterizas,  cuya complementación se ha visto afectada por las tensiones y por la ruptura de relaciones diplomáticas. Posibilidades como las que abre el comercio, o las negociaciones del plan de desarrollo de la zona de integración fronteriza, generan vinculaciones e interdependen­cias alentadoras, que ayudan al mutuo acercamiento.

Los medios juegan un papel crucial en la contextualización de las encrucijadas que viven las dos naciones, y pueden ser de gran ayuda para un mejor conocimiento mutuo que permita corregir los estereotipos simplificadores de realidades que son complejas.

Es indispensable evitar el enfrentamiento personal entre los presidentes y tramitar las disputas pendientes mediante la puesta en marcha de mecanismos como los que fueron anunciados en el acercamiento entre cancilleres en mayo del 2008: una alta comisión de justicia, otra de cancilleres, la de defensa y la de alerta temprana; y las comisiones anunciadas en septiembre de 2009 al poner en marcha la hoja de ruta de las normalizaciones: fronteriza, de seguridad y asuntos sensibles. También se deben reactivar la Comisión de Vecindad con el involucramiento de sectores de los tres ámbitos fronterizos amazónico, andino y del Pacífico, y la COMBIFRON, con la participación de los ministros de defensa y los mandos militares. De paso, conviene señalar que la comisión mixta antidrogas -creada en 1979, aunque sólo hasta febrero de 2006 tuvo su primera sesión- debe tramitar asuntos como el de las fumigaciones. Sólo con la marcha sistemática de tales mecanismos se podrán despersonalizar y reinstitucionalizar las relaciones binacionales, y será posible convivir mientras se procesan las diferencias y se reconstruye la esquiva cooperación intergubernamental.

Reconstruir la comunidad de intereses

Rescatar o construir intereses comunes ayudará también en la reconstrucción de las relaciones binacionales.

Consideración especial debería merecer la común pertenencia a la Comunidad Andina, que está a punto de desaparecer. Sería un error arrojar por la borda el patrimonio de consensos e instituciones acumulado en cuatro décadas de integración. Es cierto que muchas decisiones no se han transformado en procesos concretos, que varios de sus logros han retrocedido, que sus regímenes no han servido para procesar los desacuerdos y que los dos países tienen hoy perspectivas diferentes también en esta materia. Pero es de mutuo interés para Colombia y Ecuador reforzar sus intercambios comerciales y darle un nuevo sentido a la Comunidad, de manera que ésta les permita manejar asuntos fronterizos y binacionales así como insertarse mejor en la globalización, lo que le resultaría más difícil a cada una de las dos naciones por separado.

Con los ojos en el Pacífico

El acercamiento entre otros gobiernos suramericanos ha impulsado proyectos energéticos, de infraestructura y de conexión interoceánica, que ofrecen oportunidades para que los dos países pongan en marcha las zonas de integración fronteriza en torno a dinámicas de desarrollo.

Asimismo, la consolidación de la Unión de Naciones del Sur, UNASUR, requiere del concurso de ambos gobiernos para que su Consejo de Defensa pueda aplicar las medidas de confianza acordadas y avanzar en materia de seguridad regional.

La común aspiración de Ecuador y Colombia de asociarse a la Conferencia Económica del Asia-Pacífico, APEC, les permitiría participar en las corrientes del comercio y la inversión de los centros dinámicos de la economía mundial que hay en Asia. Para salvar la distancia geográfica que los separa de la orilla opuesta del Océano Pacífico, esa coincidencia debe ser reforzada con la participación de sectores de los dos países, ambos interesados en activar su pertenencia al Pacífico.

Procesar los desacuerdos y reconstruir la confianza, fortalecer los lazos y la agenda positiva, y regresar a una comunidad de intereses, son los tres ejes que permitirán dar los primeros pasos hacia la distensión y normalización de las relaciones entre dos países que siempre fueron cercanos y amigos.

*Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic aquí.

 

Acerca del autor

Socorro Ramírez

Cofundadora de Razón Pública.

Doctorada en Ciencia Política, magister en relaciones internacionales, magister en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos, licenciada en historia. Profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.

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Socorro Ramírez

Cofundadora de Razón Pública. Doctorada en Ciencia Política, magister en relaciones internacionales, magister en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos, licenciada en historia. Profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.

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