El intrincado contexto de la VI Cumbre de las Américas - Razón Pública
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El intrincado contexto de la VI Cumbre de las Américas

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socorro ramirez Colombia será anfitrión de un encuentro entre los mandatarios hemisféricos, en un entorno complejo y en medio de serias dudas sobre la utilidad de las cumbres y la del propio sistema interamericano. Una mirada autorizada sobre las tensiones y los consensos que hoy por hoy se asoman en el vecindario.  

Socorro Ramírez *

¿Obama ausente y Castro presente?

Diversos retos y debates ineludibles en torno a la VI Cumbre de las Américas pueden dar pie a cursos de acción sorpresivos, que muestran lo intrincado del contexto hemisférico y hacen imprevisible el camino a Cartagena.

A diferencia de la actitud más proactiva frente a la V Cumbre, realizada en medio de la euforia de comienzos del gobierno de Obama, para Cartagena no ha habido iniciativa estadounidense.

En 2009, ante los amagos de cubanización de la Cumbre, Obama se adelantó y ordenó levantar las restricciones a los viajes de familiares y a los envíos de remesas (dólares, medicinas, comida, ropa, semillas) a cualquier ciudadano de Cuba que no fuera funcionario del régimen; los cubanoamericanos fueron autorizados para pagar el celular de su pariente en la isla y los empresarios estadounidenses para mejorar la telefonía e internet.

Aunque, por la ausencia de Cuba, la V Cumbre no fue reconocida como de las Américas por los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), primó la percepción de que se estaba en el punto de arranque de un nuevo diálogo.

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Antes de la cumbre, La Ministra de Relaciones Exteriores, María Ángela Holguín, se reunió con el Canciller cubano, Bruno Rodríguez.

El tema de Cuba logró avances. No solo por el intento de flexibilización del bloqueo, sino también porque el gobierno del Raúl Castro reconoció: "Le hemos mandado a decir al gobierno norteamericano, en privado y en público, que estamos abiertos, cuando ellos quieran, a discutirlo todo, derechos humanos, libertad de prensa, presos políticos, todo lo que quieran discutir. Pero debe ser en igualdad de condiciones, sin la más mínima sombra sobre nuestra soberanía". La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, celebró tales declaraciones. Así lo indiqué en su momento en un artículo en Razón Pública.

Para la VI Cumbre, el ingreso de Cuba volvió a salir a la palestra. Ante la presión del presidente ecuatoriano sobre el gobierno de Colombia para que unilateralmente invitara a Raúl Castro, y la manifestación de interés cubano en participar, el vocero estadounidense primero afirmó que Cuba debía afiliarse a la OEA, pero luego admitió que la organización interamericana y las Cumbres de las Américas son dos espacios diferentes, como habían subrayado los países del ALBA. Sin embargo, reiteró que Cuba no cumple con las reglas democráticas para estar en la Cumbre. El problema es que ya no hay acuerdo sobre qué es y cómo evaluar la democracia, y esas diferencias han dificultado la aplicación de la carta democrática interamericana.

El gobierno anfitrión solo tiene facultad para invitar observadores a los actos públicos de la Cumbre. Pero si se hiciera una invitacion de esa naturaleza a Cuba, el problema, lejos de resolverse, podría agudizarse. En esas circunstancias, la diplomacia colombiana trata de construir un esquivo consenso, necesario para que Cuba venga a Cartagena.

El pasado 15 de febrero los cancilleres del ALBA, luego de reiterar la condena a la posición de Estados Unidos y de celebrar las consultas colombianas sobre la invitación a la isla, desde la Habana tomaron una decisión que podría entenderse como un cambio en su posición: “Demandar de manera inequívoca durante la VI Cumbre de las Américas, el cese de esta política y el levantamiento del bloqueo contra Cuba, ante la persistente oposición del gobierno de Estados Unidos a aceptar la presencia de Cuba en este foro”. Es decir, irían a la VI Cumbre sin condicionar su presencia a la de Cuba.

Críticas al sistema interamericano

En el camino hacia Cartagena quedan abiertas muchas preguntas sobre el sistema interamericano. No son solo sobre la invitación de Cuba ni sobre los pobres resultados de la Organización de Estados Americanos (OEA) en términos de democracia, de drogas ilícitas, de crimen organizado, de inseguridad pública y de desarrollo.

La OEA, surgida en medio de la tensión bipolar de la Guerra Fría, empezó a reciclarse al servir como secretaria técnica de las Cumbres de las Américas, puestas en marcha en Miami en diciembre de 1994 para acompañar las negociaciones del ALCA.

En Mar de Plata en noviembre de 2005, en la propia IV Cumbre y desde la Cumbre de los Pueblos, el enfrentamiento a la unilateralidad de Bush y al desequilibrio en el libre comercio enterró al ALCA y casi acaba con las Cumbres mismas.

Desde septiembre de 2011, cuando se aprobó la carta democrática, la OEA parecía centrarse en ese tema. Sin embargo, hoy vive una situación crítica por el frágil consenso al respecto, pero también por la falta de recursos derivada de los problemas económicos y políticos de Estados Unidos, su mayor contribuyente.

Los países del ALBA han insistido en la necesidad de que América Latina y el Caribe construyan una organización sin Estados Unidos y Canadá, y han amenazado con abandonar la OEA.

Además, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) ha sido criticado y está puesto a prueba ante el reavivamiento del conflicto de las Malvinas. La exploración petrolera británica en las islas y el amenazante desplazamiento de un buque de guerra con príncipe a bordo, vestido para la guerra, han llevado a Argentina a apelar a Naciones Unidas y a la región para defender su soberanía. El ALBA ha pedido que este tema se incluya en la agenda de la Cumbre de las Américas.

La protección de los Derechos Humanos

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Barack Obama visitará por primera vez Colombia en el marco de la cumbre.

El sistema interamericano de derechos humanos ha estado igualmente cuestionado. Así lo puso de presente la reserva dejada en la Cumbre de Trinidad y Tobago por siete países (Bolivia, Venezuela, Honduras, Dominica y Nicaragua, Ecuador y Paraguay) sobre el artículo 53 del borrador de la declaración de los presidentes de las Américas que decía: "Reafirmamos nuestro compromiso con la defensa, protección y promoción de los derechos humanos, así como con la independencia y la consolidación del Sistema Interamericano de Derechos Humanos", y al artículo 57: "Reconocemos el papel importante que representa la OEA en la solución pacífica de nuestras diferencias y el apoyo de los objetivos de la Carta Democrática Interamericana. Nos comprometemos a mejorar la capacidad de la OEA, en sus esfuerzos por ayudar al mejoramiento de la paz y la estabilidad democrática, social y económica de nuestra región".

Más recientemente, las ONG de derechos humanos han alertado sobre el peligro de debilitamiento del sistema interamericano, lo que mejor funciona y lo que le da su mayor legitimidad a la Organización. Les preocupa que lo único que pudiera unir a los gobiernos de izquierda, de centro y de derecha sea el empeño por fragilizarlo.

Así leen la adopción por consenso del Consejo Permanente de la OEA, el pasado 25 de enero, de las propuestas del Grupo de Trabajo sobre el funcionamiento de la comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En cambio, los gobiernos, en particular el colombiano, insisten en que, si bien en el desarrollo del diálogo surgieron algunas posiciones extremas, en los debates se alcanzó un equilibrio que reflejaría el informe.

Cinco recomendaciones suscitaron preocupación:

  • Primera, la propuesta de “incorporar todos los informes de las relatorías en un capítulo único del informe anual de la CIDH” porque esto podría limitar la relatoría sobre libertad de expresión y debilitar el seguimiento a los casos álgidos de tensión entre gobiernos y medios de comunicación. Para la misión de Colombia en la OEA la perspectiva abierta, lejos de debilitar esta relatoría, podría motivar a que se desarrolle una estructura similar en las demás relatorías, y resulta imposible hacer invisibles los documentos de la CIDH, puesto que se difunden masivamente en su página web.
  • La segunda es “establecer un Código de Conducta que regule la gestión de las Relatorías de la CIDH, para asegurar la coordinación que debe existir entre dichos mecanismos y los Estados”. El gobierno colombiano insiste en que el sentido de ese punto es desarrollar un artículo del estatuto elaborado por la CIDH y que se aplicaría a todas las relatorías.
  • La tercera recomendación sugiere “asignar recursos adecuados, suficientes y balanceados a todas sus relatorías, grupos de trabajo y unidades, así como un manejo eficiente y transparente de esos recursos”. Se considera que esta propuesta, en momentos de crítica situación económica como los actuales, podría ahogar la relatoría de la libertad de expresión, la cual cuenta con mayores recursos financieros, pues se la obligaría a nivelarse por lo bajo. Empero, para la OEA lo que se pretende es nivelar por lo alto las condiciones financieras.
  • La cuarta reza así: “Ampliar el espectro del Capítulo IV del Informe Anual de la CIDH para que se analice de manera objetiva e integral la situación de los derechos humanos en todos los Estados de la región”. Para algunas ONG el examen general podría diluir los esfuerzos en los casos urgentes que actualmente incluyen a Colombia, Honduras, Venezuela y Cuba. El gobierno de Colombia insiste en que, lejos de intentar acabar con ese capítulo y con el escrutinio internacional, apoya esa propuesta porque al aplicar los principios de universalidad, imparcialidad, objetividad y no selectividad con el que se debe hacer el examen periódico universal en Naciones Unidas, muchos otros países hemisféricos deberían ser sometidos a revisión. Sin embargo, la réplica de las ONG muestra que la reforma aplicada en Naciones Unidas ha hecho retroceder la vigilancia de los derechos humanos en los casos más críticos.
  • La quinta recomendación sugiere medidas cautelares y de protección de la CIDH cuya capacidad al respecto, según ONG de derechos humanos, está siendo cuestionada por algunos gobiernos. Hay acuerdo en que no avanzaron las posiciones extremas tendientes a fragilizar el sistema interamericano de derechos humanos, aunque persiste la necesidad de defenderlo.

Agenda para la Cumbre

Cada Cumbre define unos temas, pero el contexto en que se desarrolla termina centrando los debates durante la reunión misma. El asunto de Cuba y la vigencia del sistema interamericano seguramente estarán presentes en Cartagena.

El gobierno de Colombia había propuesto su lema de la prosperidad con dos temas que podían interesar a todos los países y facilitar el diálogo hemisférico: el de integración física y el del acceso a las nuevas tecnologías. Los caribeños propusieron agregar otra cuestión crucial, la de los riesgos naturales. Y los centroamericanos insistieron en incluir un ineludible asunto, el de seguridad.

Se incorporó también un tema transversal: el de la cooperación solidaria para articular acciones concretas en esos temas, atadas a presupuestos y cronogramas pactados así como a un seguimiento y medición de resultados.

Las Cumbres no se reducen a las 24 horas de encuentro de los presidentes. De ella hacen parte las negociaciones de los gobiernos y los debates con académicos, redes y organizaciones sociales. Por eso se habla de un proceso hacia la Cumbre. Al fin y al cabo, se tratan allí asuntos cruciales de la agenda internacional o regional, según sea el alcance del evento. La OEA despliega una serie de debates virtuales y en su sede en Washington sobre cada tema de la Cumbre con expertos y actores sociales hemisféricos.

La canciller colombiana, en diálogo con la Red de Estudios Internacionales de Colombia (Redinterol), inauguró un ambicioso programa de 17 foros en distintas ciudades colombianas y 5 más en otras del hemisferio. Cada foro tiene distintos temas y con variados sectores sociales aborda los temas desde ángulos diferentes.

Así, por ejemplo, el de gestión de riesgos se desarrolla desde el Caribe en Barranquilla y Surinam. En Bogotá se trabaja sobre infraestructura y en Cartagena sobre educación y nuevas tecnologías.

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Cartagena de Indias será la sede de la VICumbre de las Américas

El tema de seguridad ha sido examinado desde varios ángulos. En Leticia, expertos de Brasil, Perú y Colombia revisan los efectos de la criminalidad organizada en las gentes de la triple frontera amazónica. En Bogotá, en un diálogo con las autoridades distritales, se analizan los problemas de seguridad en la ciudad y las alternativas propuestas. En Pamplona se estudia la trata de blancas como agudo problema de seguridad y pobreza. En Guatemala se examina el tráfico de armas como parte de los dramas de seguridad centroamericana. En Lima se miran intentos hemisféricos de hacerle frente a la mezcla de criminalidad y política.

La problemática de la pobreza la analizan expertos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), sindicalistas mirando la experiencia brasileña y de distintos países de América Latina, así como los alcaldes colombianos de izquierda que han dicho centrar sus esfuerzos en la superación de la pobreza y de la inequidad.

Los jóvenes se reúnen en Uruguay. Comunidades indígenas y negras realizan eventos propios y se involucran en varios de los foros colombianos.

No sólo los temas de la Cumbre han sido sometidos a debate. Con las redes que suelen organizar las Cumbres de los Pueblos como alternativa a la Cumbre de las Américas y las plataformas de derechos humanos, el debate se centra en el sentido de la Cumbre frente a la situación del sistema interamericano. Con distintas universidades, en Cali se examina el contexto de la VI Cumbre y las posibilidades de concretar la cooperación hemisférica. Y el debate organizado en Washington por distintos centros de pensamiento se consagra al futuro del sistema interamericano.

¿Más allá del ritual diplomático?

Los presidentes tienen dos momentos de reunión. En el primero, el sábado 14 de abril, debaten sobre los temas de la Cumbre y, en el segundo, el domingo 15, sostienen un diálogo cerrado y sin agenda entre ellos, en el que bien podrían saltar el tema de la política frente a las drogas o el asunto del bloqueo a Cuba.

Los presidentes estarán precedidos de una semana de encuentros y foros en Cartagena de distintos actores sociales hemisféricos –empresarios, trabajadores, indígenas, jóvenes, sociedad civil–, así como de un diálogo de esos sectores con los gobiernos.

Se ha cambiado el formato para que ese diálogo no sea formal y simplemente legitimador sino que, conociendo un mes antes las propuestas de distintos sectores, los cancilleres y presidentes que participen en los diálogos puedan referirse en concreto al debate desarrollado por los actores sociales y conversar sobre su participación en el seguimiento y aplicación de los acuerdos de la Cumbre.

En síntesis, la VI Cumbre, como todo evento parecido, será un reflejo de la situación de las Américas, del desfase entre los distintos momentos que viven, por una parte, Estados Unidos, hoy en crisis y polarización interna y, por otro, América Latina y el Caribe, que experimentan un periodo de optimismo. El primero pierde influencia, mientras la región aumenta su autonomía y diversifica sus relaciones con el mundo.

Aunque la Cumbre no determina el curso de las Américas o la política de los gobiernos participantes, si puede afectar la evolución de algunos asuntos hemisféricos. Es de esperar que, a pesar de los tropiezos en sus relaciones mutuas, unos y otros puedan concretar unos pocos mandatos que anuden las voluntades y la cooperación en torno a prioridades inaplazables de la agenda hemisférica.

*Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic aquí.

Acerca del autor

Socorro Ramírez

Cofundadora de Razón Pública.

Doctorada en Ciencia Política, magister en relaciones internacionales, magister en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos, licenciada en historia. Profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.

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Socorro Ramírez

Cofundadora de Razón Pública. Doctorada en Ciencia Política, magister en relaciones internacionales, magister en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos, licenciada en historia. Profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.

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