¿Cumbre de Unidad o Unidad por las cumbres? - Razón Pública
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¿Cumbre de Unidad o Unidad por las cumbres?

Escrito por Socorro Ramírez

socorro ramirezLa construcción de la unidad de América Latina y el Caribe requiere no sólo de la voluntad sino de elementos concretos. Una mirada crítica a las Cumbres de Río celebrada en Cancún y la de América Latina y el Caribe CALC en Brasil.

Socorro Ramírez *

Por segunda vez en toda la historia de las repúblicas latinoamericanas y caribeñas, sus gobiernos, con la exclusión de Honduras, se reunieron en un marco regional propio (Cancún 22 y 23 de febrero de 2010). El objetivo central era unir a dos organizaciones regionales. Por un parte, el Grupo de Rio, entidad que en sus 21 cumbres presidenciales no ha logrado realmente actuar como mecanismo de concertación y estaba a punto de desaparecer; lo rescató, en marzo de 2008, el haber sido el escenario de los abrazos de Uribe con Chávez, Ortega y Correa en Santo Domingo. Por otra, la Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) impulsada por Brasil (Costa de Sauípe, el 16 y 17 de diciembre de 2008), a donde concurrieron los 33 países de la región. Comparar las dos reuniones, la de 2008 y la de 2010, ayuda a analizar el alcance de los propósitos unificadores en medio de las incertidumbres propias de la transición política en que anda la región.

Tonos y tendencias distintos

El tono de denuncia contra las naciones ricas por la crisis financiera global, marcado por el presidente brasileño Lula da Silva, al instalar la multicumbre de Costa de Sauípe, la incorporación de Cuba y la no participación de los presidentes que en ese momento se situaban más a la derecha -Colombia, Perú, El Salvador y Costa Rica-, le dieron un tinte más de "izquierda" a la primera cumbre unificadora.

A la cita mexicana, en cambio, salvo el peruano, asistieron los demás presidentes de centro y derecha, quienes junto con el anfitrión, tuvieron más protagonismo. Calderón al instalar la cumbre insistió en que el asunto de la unidad regional no es de izquierda ni de derecha sino un imperativo inaplazable de cara a las nuevas realidades globales. Álvaro Uribe aprovechó la plenaria informal del almuerzo de la primera jornada para increpar a Chávez y marcó la cumbre con el reclamo sexista del "sea varón", que suscitó el "váyase al carajo"Oscar Arias, presidente saliente de Costa Rica, hizo un inusual discurso de clausura por su tono crítico: cuestionó la exclusión de Honduras, llamó "escleróticos e hipertrofiados" a los países de la región, mostró cómo, a pesar de los discursos y de los aplausos, la región no sólo ha avanzado sino que en ciertas áreas ha "caminado resueltamente hacia atrás". Y agregó que, al mismo tiempo que concurren a la "cumbre de la unidad", los países se arman los unos contra los otros. Los nuevos aires se refuerzan con Sebastián Piñera, quien al asumir la Secretaría pro tempore del Grupo de Río desde el 11 de marzo, incidirá en el proceso y en el tipo de la organización que se construya.

Aunque los países del ALBA tuvieron en Cancún una reunión previa, Chávez llegó debilitado por la difícil situación en su país y en su partido; su protagonismo fue menor que en otras cumbres. Fuera del rifirrafe con Uribe, Chávez se hizo notar por ser el único que no andaba de guayabera caribeña blanca. Vistió una simbólica casaca militar verde con su camiseta roja debajo. A su regreso, los gobiernos bolivarianos han mostrado en sus países el supuesto triunfo que cada uno habría alcanzado con la conformación de la nueva organización, presentada para su audiencia nacional como surgida de su propia iniciativa. Venezuela, en particular, ha mostrado la nueva entidad como un éxito del liderazgo del presidente Chávez, aprovechando la circunstancia de que la nueva cumbre conjunta se realizará el 5 de julio de 2011 en Caracas, cuando Venezuela celebre el bicentenario de su independencia. Y hasta le ha servido para mostrar que la petición de explicación del gobierno español sobre una posible relación de Venezuela con ETA y FARC, sería parte de un complot del viejo colonialismo y del imperialismo contra la naciente organización por pretender dejar por fuera a Estados Unidos y Canadá.

La prensa en los demás países, en cambio, minimizó el alcance de la nueva organización. Salvo la de Colombia, país para el cual la cumbre terminó siendo rentable para las relaciones con sus vecinos. Además, la de Chile, dado que Piñera acogerá en 2012 la cumbre de la nueva entidad si ésta ya se hubiere constituido, o, en caso contrario, tendrá a su cargo la cumbre del Grupo de Rio. También hubo algún eco en Brasil y México para los que la reunión y la organización estaban más ligadas a intereses nacionales.

Encuentros y desencuentros Brasil-México

Los anfitriones de las dos cumbres de unidad latinoamericana y caribeña han sido justamente los dos países más grandes de la región, que han competido por poner cada uno el sello propio a la nueva organización. Brasil convocó la primera cumbre de los 33, y México, desde esa reunión quiso aprovechar la oportunidad para no quedar por fuera de las dinámicas que lidera Brasil. En la cumbre de Costa de Sauípe, México -en su calidad de presidente pro tempore del Grupo de Río-, propuso transformarlo en el germen de una OEA con Cuba pero sin Estados Unidos y Canadá. Se convocó entonces la reunión de Cancún para conformar la nueva entidad y ya en esas playas mexicanas surgió ya lo que podría llamarse la Comunidad de América Latina y el Caribe (otra CALC).

El liderazgo de los dos grandes se ha visto, sin embargo, menguado. Entre una y otra cumbre Brasil no ha podido jugar un papel de componedor de situaciones críticas como la de Honduras o la colombo-venezolana, como antes lo había hecho con Bolivia. México ha estado limitado tanto por el impacto de la crisis financiera global en su economía, muy ligada a la de Estados Unidos, como por la guerra contra las drogas.

Ni Brasil con su pretendido liderazgo, ni México como presidente del Grupo de Río han logrado que la región, tan fragmentada, actúe de manera conjunta ante los ejes identificados como centrales a fines de 2008. Frente a la crisis financiera pesaron más los distintos intereses y realidades nacionales que una visión regional. Ante la relación con el gobierno de Obama, las divergencias latinoamericanas se transformaron en tensiones, que se vieron además agudizadas por el acuerdo militar de Colombia con Estados Unidos. Aunque en Sauípe los países presentes expresaron su solicitud unánime para que Estados Unidos eliminara el embargo a Cuba, y luego en la OEA levantaron la resolución que había expulsado a la isla de esa misma organización, su eventual retorno enfrentó fuertes divergencias y tropezó con la presión republicana que forzó el retroceso del gobierno de Obama.

Brasil y México se enfrentaron en la preparación de la cumbre de Cancún y en la misma reunión. La disputa sobre la organización que se quiere construir reflejaba los distintos intereses de los dos grandes de la región. Brasil promovió la primera CALC como un eslabón del acercamiento de una región que hasta entonces sólo se reunía, como dijo Lula, "cuando Estados Unidos lo permitía". En la preparación de la cumbre de Cancún, Brasil prefería ir más lento en la conformación de la nueva entidad para imprimirle su propio sello. Lula habló del sentido de la organización en un tiempo histórico; y propuso de nuevo que la entidad se llamara CALC, de acuerdo con el nombre que salió de la cumbre en Brasil. Sólo se cambiaría la C de Conferencia por la de Comunidad. Calderón quería ir más rápido para que la presidencia del Grupo de Río, la de México, quedara consignada como el origen de la iniciativa y para que el latinoamericanismo  mexicano de otras épocas, desvanecido durante años en virtud de la intensa relación que estableció con Estados Unidos y Canadá, tuviera efectos internos en las elecciones legislativas y de gobernadores que se avecinan. También quería usarlo como mecanismo de presión frente a sus socios norteamericanos en la petición desatendida de modificar el NAFTA.

Lo que finalmente se decidió deja conforme a los dos grandes de la región, a Brasil porque el nombre de la organización sigue siendo el mismo con el que la convocó por primera vez dos años antes, y a México porque éste puede afirmar que la nueva entidad se fundó en su territorio. Además, hasta que culmine su proceso de constitución se preservará la anterior CALC y el Grupo de Río con sus respectivos métodos de trabajo, prácticas y procedimientos.

Comunidad, unión, alianza, organización

La discusión sobre cómo llamar la nueva agrupación no era semántica. Cada palabra implica grados distintos de unidad pero sobre todo si la naciente entidad llega a llamarse Organización de Estados Latinoamericanos y del Caribe, automáticamente se presentaba como una alternativa total a la OEA. Colombia no apoyaba la creación de un organismo multilateral "anti alguien". Perú insistió en que el nuevo organismo puede coexistir sin competir con la OEA. Para Chávez, en cambio, debe ser una unión de repúblicas y de pueblos distinta de la OEA, hegemonizada por Estados Unidos. Lo cierto es que la región necesita ambos espacios. Uno latinoamericano y caribeño que de verdad concierte posiciones y coordine actuaciones conjuntas en espacios multilaterales. Otra que permita un espacio para el manejo de asuntos hemisféricos y de las relaciones con Estados Unidos.

La Declaración de la Cumbre de Unidad le señala a la nueva entidad metas como la de intensificar el diálogo y promover la concertación política, impulsar la integración regional con miras a la promoción del desarrollo sostenible y aumentar la coordinación en temas internacionales. Aunque habla de traducir la unificación de posiciones en acciones rápidas y eficaces, repite la inflación de metas que estaba acabando con el Grupo de Río por su incapacidad para priorizar una agenda de concertación en los foros internacionales. De nuevo los gobiernos de la región listan, como siempre, todos los temas, pero no establecen un orden que le conceda prioridad a determinados asuntos en los que puede haber acuerdo de actuación conjunta.

Así, la Declaración de Cancún, en sus seis considerandos y 88 puntos, establece principios y preocupaciones comunes sobre desastres naturales, seguridad alimentaria, desarrollo social, cultura, migración, género, desarrollo sostenible, cambio climático y seguridad, drogas y terrorismo. También sobre comercio, políticas financieras y regulatorias, impacto de la crisis económica mundial, arquitectura financiera internacional, nueva estructura internacional y subregional, evaluación de experiencias existentes en materia de moneda común, integración de mercados financieros regionales con adecuados mecanismos de supervisión y transparencia, impulso de instituciones o fondos para proyectos de desarrollo y cooperación entre bancos de fomento. Se refiere, asimismo, a asuntos energéticos, vulnerabilidad de la región ante la fluctuación de precios y oferta de petróleo, e integración física a través de la construcción de infraestructura.

Fuera del largo listado de temas, la cumbre de Cancún expidió por consenso otras declaraciones: sobre la emergencia de Haití, el embargo estadounidense a Cuba, el apoyo a Argentina frente al litigio con Gran Bretaña por la exploración petrolera en las islas Malvinas, la migración, la investigación del caso Rosenberg en Guatemala y el proyecto ecuatoriano Yasuní – ITT. Cancún sirvió también como escenario para la cumbre de UNASUR y de la Comunidad del Caribe (CARICOM), así como para significativas reuniones bilaterales.

No hay que equivocarse. El consenso logrado no significa que la región esté en condiciones de emprender el cumplimiento de los compromisos adquiridos. Surge una nueva entidad en momentos en que se ha ampliado y profundizado la fragmentación regional y se han multiplicado los conflictos en su interior. Cuando más se ha diluido la idea de comunidad y de asuntos compartidos. Cuando no hay disposición para procesar las diferencias ni liderazgo capaz de ayudar al menos a convivir en medio de las diferencias. La nueva entidad repite el esquema de los organismos que pretende suplir, y más que preocuparse por cómo ser más eficaz para resolver conflictos y menos burocrático para aplicar sus acuerdos, diluye los compromisos en largas listas de asuntos pendientes y en metas difusas. Para que la esquiva unidad latinoamericana y caribeña avance tiene que empezar por consensuar metas realistas en torno a intereses comunes.

Colombia en Cancún

El presidente Uribe tuvo un gran protagonismo en Cancún, no por una ambiciosa mirada proactiva de las dinámicas regionales ni por sus audaces propuestas integracionistas. Lo tuvo gracias al incidente que suscitó con su colega, el presidente Chávez, que llevó a que se identificara la cumbre como la del "sea varón" y apareciera en primera plana en todo el cubrimiento internacional de la reunión. El episodio llevó a Evo Morales a señalar que el papel del presidente colombiano en la Cumbre de Río parecía el de "un enviado por el imperio para perjudicar la reunión". Como Uribe no asistió luego al pleno de UNASUR, Evo agregó que el presidente colombiano fue a la cumbre "para la foto y la comida"

El incidente se saldó con dos acuerdos logrados gracias a la rápida intervención de varios presidentes que, primero, pararon los gritos, insultos y amenazas, y luego, hablaron por separado con Uribe y con Chávez y lograron dos inesperados acuerdos. Ambos gobiernos cesarán las intervenciones públicas que hagan daño al otro y un grupo de países, personalidades e instituciones, de confianza de Venezuela y de Colombia, ayudarán a superar las diferencias. Del grupo harán parte México, Brasil, Chile, Argentina y República Dominicana cuyo presidente Leonel Fernández lo preside.

Por fortuna, la reunión entre los presidentes de Ecuador y Colombia transcurrió con mayor capacidad de diálogo aunque estuvo precedida por una acusación pública lanzada por el presidente Rafael Correa en el sentido de que su homólogo Álvaro Uribe no había cumplido con la entrega de la información del bombardeo y de los computadores guerrilleros. Colombia se comprometió a permitir su revisión a través de un tercero, la OEA o el Centro Carter, entidades que son las garantes de la hoja de ruta que siguen los dos gobiernos para la normalización de sus relaciones

El próximo gobierno de Colombia pagará un costo muy alto si no aprovecha que no hay reelección para dar un giro sustantivo en la política internacional. Tendría que partir de reconocer los costos de la ausencia de tal orientación o su supeditación a las prioridades estadounidenses. El país no puede seguir aislado de los cambios regionales y globales ni puede seguir viendo a sus vecinos sólo a través de la problemática de seguridad.

Cancún y Costa de Sauípe quedan, pues, como los puntos de referencia de un acercamiento inédito entre los gobiernos de América Latina y el Caribe y ese sólo hecho es significativo. Pero la construcción de la unidad es más compleja. Asistimos a una transición de la región en la que priman situaciones conflictivas en cada país, disputas de viejo o nuevo tipo entre vecinos. A estos se agregan la profundización de la fragmentación entre modelos políticos y económicos así como de inserción internacional. Todos los países, sin embargo, ven la conveniencia de que la región actúe como un todo en las negociaciones hemisféricas y globales. Pero aún tienen una enorme dificultad para concretar sus acuerdos, hacerlos operativos y al menos generar un espacio para el procesamiento de sus diferencias. Así, sería la única forma de que la unidad no siga por las cumbres.

*Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic aquí.

**La imagen del artículo fue tomada de la página http://terrasaenlamira.files.wordpress

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