Venezuela, a pesar de Uribe
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El intento de Uribe de dejar minas quiebrapatas en nuestras relaciones futuras con Venezuela, puede ser conjurado con un acercamiento sobrio y consistente por parte del presidente electo.
Socorro Ramírez *
¿Qué pretende el presidente Álvaro Uribe al presentar, en vísperas de la posesión de su sucesor, a los directores de medios, el acumulado de fotos y videos de jefes de las FARC y el ELN que estarían en Venezuela? Las interpretaciones de su decisión fluctúan entre un intento del mandatario saliente por bloquear el diálogo que el presidente electo se propone adelantar con los gobiernos vecinos, y el de pretender al menos condicionarlo.
A lo mejor, el presidente saliente quiere dejar atada a un asunto crucial la agenda de diálogo de su sucesor con su homólogo venezolano. Según su ministro de Defensa, "Es fundamental que se resuelva la presencia de estos terroristas en territorio venezolano para proceder en cualquier dirección de normalización. El señor Presidente insiste en que trascendamos la coyuntura actual, pero que no se olvide la presencia confirmada, clara y concreta de terroristas de las FARC y el ELN en el vecino país".
Sin embargo, el hecho de que ya Uribe hubiera fustigado desde antes los primeros gestos del nuevo gobierno hacia Venezuela llamándolos "diplomacia cosmética y de apariencia", "meliflua y babosa", llevan a pensar más bien en la primera hipótesis: Uribe busca torpedear los esfuerzos de distensión que ha emprendido el nuevo gobierno. Quiere impedir la presencia de Chávez en Bogotá y una eventual normalización de las relaciones una vez él entregue la Presidencia que lo harían aparecer como parcialmente responsable de su deterioro. Y expresa, de paso, su molestia con el hecho de que Santos haya nombrado Canciller a la ex embajadora en Venezuela, que tuvo el coraje y la firmeza de renunciar a la Embajada en la ONU y no aceptar la de Francia en señal de inconformidad con los nombramientos clientelistas realizados por Uribe.
La reacción de Santos desde Miami fue elocuente. En tono más firme que de ordinario afirmó: "No tengo nada que decir", y después agregó que, justamente, Colombia y Venezuela deben iniciar un diálogo si se quiere resolver el problema de "la presencia de terroristas en territorio venezolano".
A lo largo de los ocho años del gobierno que termina, quedó demostrado que el uso del micrófono para las acusaciones no se traduce en un trámite más eficaz de los complejos asuntos de seguridad transfronteriza. Así quedó en evidencia con el manejo de la información de los computadores guerrilleros o con las quejas ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
El anuncio de la sesión extraordinaria de la OEA para que el gobierno colombiano presente las denuncias bien podría convertirse en una oportunidad para que la Organización pueda ayudar a controlar las peligrosas tensiones en los próximos días y a concretar una hoja de ruta para que tome forma el diálogo que le conviene a ambos países y que quiere emprender el Presidente electo sobre todos los asuntos que están sobre la mesa.
El presidente Chávez reaccionó fustigando a Uribe y llamando a su embajador en Colombia. Sin embargo, parece haber dejado una puerta abierta al interpretar el hecho como un intento "de impedirle a Santos que vuelva a establecer relaciones respetuosas con su hermana Venezuela", y al agregar que está con "las manos abiertas" y a la espera del nuevo presidente de Colombia "a pesar del pasado".
Para procesar esos y otros asuntos de Estado se requiere reconstruir las relaciones diplomáticas, y no simplemente recurrir a reacciones intempestivas. Una diplomacia sobria, profesional, consistente y eficiente, puede ir despejando un camino difícil que requiere de estrategias diferentes en el caso venezolano y ecuatoriano, así como de capacidad para concretar el acompañamiento y apoyo internacional en la tramitación de los delicados asuntos de seguridad sobre los que existen aproximaciones distintas entre los gobiernos.
*Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic aquí.
**Este artículo fue publicado simultáneamente en el diario El Tiempo del 18 de julio de 2010
Acerca del autor
Socorro Ramírez
* Cofundadora de Razón Pública. Doctorada en Ciencia Política; magíster en relaciones internacionales; magíster en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos; licenciada en historia. Profesora emérita y jubilada de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.
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El intento de Uribe de dejar minas quiebrapatas en nuestras relaciones futuras con Venezuela, puede ser conjurado con un acercamiento sobrio y consistente por parte del presidente electo.



