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Lula entre Chávez y Uribe

Escrito por Socorro Ramírez

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En 2008, en medio de la polarización regional creada por las tensiones entre Chávez y Uribe y de las dificultades que ambos enfrentan: Chávez por sus problemas internos y regionales, y Uribe por el aislamiento que trajo consigo la crisis diplomática, Lula ha asumido un cierto papel de unificador regional. A su vez, este contexto y la evolución de la confrontación armada interna le ofrecen a Colombia una oportunidad para rehacer su relación con los vecinos y recuperar sus vínculos con Suramérica.

Socorro Ramírez *

Las dificultades del proyecto bolivariano

A Chávez las cosas no le han salido bien. Confiado en que el triunfo de diciembre 2006 le permitiría acelerar su proyecto político, se propuso impulsar una rápida reforma constitucional que sometió a referendo en noviembre 2007. Pocos días antes, al ser despojado de la función mediadora que le confiara el presidente colombiano, apeló a la polarización interna y a la confrontación externa, pero éstas no le dieron los dividendos electorales esperados. Más bien perdió tres millones de votantes, que prefirieron el NO o la abstención. La mayoría de los venezolanos no quiere la radicalización del proceso sino el mantenimiento de sus ingresos y de su nivel de consumo, que hoy se encuentran amenazados por la escasez y la inflación. Tampoco aprueban su alianza con las Farc, que además fue internacionalmente rechazada a la par con el secuestro. Sólo Daniel Ortega lo apoyó en sus intentos de cobrarle al presidente colombiano la revocatoria de su papel mediador a través del reconocimiento de beligerancia a las Farc, la movilización de tropas y la conformación de una fuerza militar regional.

Fuera de los acuerdos energéticos, en materia de integración, Chávez no ha tenido éxito. Al ALBA entraron únicamente Cuba, Nicaragua, Bolivia, y Dominica; Irán y Ecuador ingresaron como observadores. Han pasado ya dos años sin que logre el ingreso pleno de su país al Mercosur. En julio de 2007, Chávez llamó al congreso brasileño "loro que repite las consignas de Estados Unidos", y le dio tres meses para aprobar el ingreso venezolano so pena de retirar la solicitud. A esto Lula respondió que "para entrar al bloque hay que cumplir reglas, para salir no es preciso"; el canciller Celso Amorim le pidió a Chávez disculparse con el congreso de su país; industriales brasileños mostraron temor a que se vieran afectadas las negociaciones con la Unión Europea por las posiciones de Chávez y la falta de acuerdo sobre el ritmo de desgravación arancelaria; y diputados brasileños criticaron la decisión de Chávez de no renovarle la licencia a Radio Caracas Televisión. En Paraguay, Nicanor Duarte presentó al congreso el pedido de adhesión de Venezuela al Mercosur, pero el vicepresidente se opuso argumentando: "Chávez puede gobernar su país pero no al Paraguay ni al Mercosur". El presidente de la comisión de Asuntos Internacionales de la cámara de diputados de Uruguay dijo que "Chávez busca objetivos políticos con el ingreso al Mercosur, pero el bloque y, en especial Uruguay, apunta a objetivos comerciales, de integración económica". Chávez no participó en la cumbre presidencial de Mercosur en Paraguay, a fines de junio de 2007, que trataba temas centrales de la agenda.

Ante los problemas internos y el contexto regional, Chávez presentó la "política de las tres R": revisión, rectificación, reimpulso, y evaluó su triple papel como jefe de Estado, de la revolución y del gobierno. Destacó éxitos en los dos primeros: en política internacional y en sus esfuerzos por implantar el socialismo. Reconoció deficiencias -inseguridad, desabastecimiento, falta de planificación, situación de las cárceles, impunidad, corrupción, burocracia-, que le han hecho perder confianza del pueblo. Para recuperar el apoyo interno ha amnistiado a algunos opositores golpistas, ha hablado de una gran alianza no sólo entre revolucionarios sino con sectores empresariales y de las clases medias – que en sus palabras "son la esencia de ese proyecto"- y ha llamado a hacerle la guerra al sectarismo y al extremismo. Echó atrás polémicas medidas de educación centralizada y de inteligencia. Entre tanto, se ha concentrado en las decisivas elecciones del 23 de noviembre y en aprovechar la "ley habilitante", que desde febrero de 2007 hasta julio de 2008, le permitió expedir polémicas leyes orgánicas y medidas que recuperan buena parte de las reformas constitucionales que le fueron negadas en el referendo.

El aislamiento de Colombia

Colombia vivió en 2008 la peor de sus crisis diplomáticas y el gobierno enfrentó el mayor aislamiento regional. Quedó solo con Bush, hoy repudiado en una Latinoamérica que busca alternativas y márgenes de autonomía. La región aprovechó la ocasión para frenar a los gobiernos de Estados Unidos y de Colombia, dos veces en la OEA y una vez en el Grupo de Rio. Las tensiones pusieron de presente las diferencias existentes con los vecinos y las razones de la poca simpatía que despierta la causa colombiana.

Ante todo, el haber involucrado a Estados Unidos en el conflicto y el unírsele en sus cruzadas.  De hecho, ante la urgencia de fortalecer la respuesta militar del Estado, los dos últimos gobiernos colombianos, bajo los cuales se ha agudizado el combate en las fronteras, fueron enajenándose la voluntad de buena parte de los países vecinos al centrar su estrategia frente a la confrontación armada y su orientación internacional en la relación con Estados Unidos. No se preocuparon por construir al mismo tiempo una política de vecindad que partiera tanto del conflicto nacional y sus efectos e interacciones con los países colindantes, como de las nuevas realidades que viven esas naciones y del contexto geopolítico regional. El discurso oficial de Colombia, antes que esclarecer la situación nacional, aumenta su incomprensión.

El presidente Uribe y su entorno parecen ver los temas internacionales sólo a partir del lente de la confrontación interna y las encuestas de popularidad. En cambio, no parecen considerar el contexto internacional ni las percepciones y preocupaciones de sus vecinos. Esto se corresponde con la ausencia de una política exterior nacional y de un dispositivo internacional profesional, así como con la confianza ciega en la diplomacia presidencial y en su convicción de que todo vale en el logro de los objetivos gubernamentales. Los efectos se perciben en la forma como se han manejado de manera selectiva y parcial las informaciones de los computadores de la guerrilla. Al usarlas como instrumento de confrontación con Ecuador, antes que ayudar a clarificar la situación, Bogotá ha inducido la radicalización del gobierno vecino.

La estrategia de Brasil y el papel de Lula

Desde mediados de la década de los noventa, Brasil había comenzado a diseñar una estrategia hacia Suramérica con el fin de construir una base regional de articulaciones físicas, económicas, políticas y de seguridad, capaz de sustentar su papel global. De la estrategia brasileña ha hecho parte el mejoramiento de su relación con Argentina, que puso en marcha el Mercosur, la misión de paz de la ONU en Haití, realizada con Argentina y Chile, la iniciativa de Fernando Enrique Cardoso de reunir por primera vez en la historia a todos los presidentes suramericanos. Desde 2002, Lula continuó esa estrategia y estimuló a la nación carioca para que se vinculara más estrechamente con el subcontinente. Se propuso comprar e invertir en la región, ofrecer créditos, aumentar el peso de las embajadas, programar eventos académicos intra regionales. De este modo, Brasil empezó a redescubrir a las naciones andino – amazónicas, con las que se han tratado como vecinos distantes, desconocidos y temerosos.

Lula pronto obtuvo resultados, aunque tampoco han faltado los obstáculos. En Brasilia, en septiembre de 2000, se realizó la primera cumbre presidencial que aprobó un programa de interconexión física, energética y de comunicaciones. En 2004, arrancó la construcción del área de libre comercio de Mercosur con la Comunidad Andina (CAN), en términos más amplios que los que se negociaban en el ALCA, y la tercera cumbre presidencial decidió la conformación de la Comunidad Suramericana. Las iniciativas de Lula se vieron frenadas, sin embargo, por problemas internos en su país y en su propio partido, dividido y acosado por denuncias de corrupción; por tensiones en torno a las negociaciones del ALCA y de TLC con Estados Unidos tanto en el Mercosur como en la CAN; por la disputa del liderazgo regional con el presidente venezolano y por la política colombiana, asociada a Estados Unidos.

Tras obtener buenos resultados macroeconómicos y sociales y de haber ampliado el papel global de Brasil, Lula se ha convertido en el presidente más popular en su país y en la región, y ha consolidado su liderazgo, ubicándose como punto medio entre distintos procesos y tendencias latinoamericanas. En 2007, aumentó la actividad en Mercosur, y en la gira por Centroamérica consolidó acuerdos sobre etanol. Empezando 2008, en La Habana, Lula visitó a Fidel y acordó con Raúl Castro incrementar la presencia brasileña en el período de transición, ampliar las relaciones comerciales -importaciones cubanas de alimentos y brasileñas de biotecnología-, las inversiones -en turismo, petróleo, carreteras, fábricas de lubricante y níquel, laboratorios médicos, piscicultura- y otorgar un crédito a la isla por US$ 200 millones. Brasil se convierte así en el segundo socio comercial de Cuba, después de Venezuela. A mediados de 2008, visitó a los gobernantes representativos de las tendencias regionales dominantes. Con el gobierno de Bolivia, luego de resolver las tensiones energéticas, le ofreció un crédito para infraestructura y visitó a Evo para darle un espaldarazo en vísperas del referendo revocatorio. Viajó a Buenos Aires el 5 de agosto, para restablecer la confianza luego de las diferencias revividas en la OMC, y fortalecer las relaciones entre empresarios.

Con Chávez, Lula ha desplegado una hábil diplomacia. El 26 de marzo, luego de la intervención del presidente bolivariano en la cumbre del Grupo de Río dijo: "Al ex guerrillero y hoy pacificador, mis felicitaciones". Más tarde lo calificó como el mejor presidente de Venezuela en cien años y le pidió tener frecuentes reuniones. De hecho, en 2008 se encontraron en Pernambuco, Caracas, Brasilia, la Paz y Buenos Aires. Al mismo tiempo, Brasil ha aumentado las inversiones y el comercio con Venezuela hasta convertirse en su tercer socio. En agosto de 2008, en Buenos Aires, Chávez aceptó que permanecería en Mercosur así fuera "en el inquilinato", mientras Venezuela cumple los requisitos para su ingreso pleno. Por su lado, Chávez moderó su discurso, llamó a las Farc a entregar los secuestrados y acabar con la lucha armada. También se acercó a Uribe y le pidió trabajar juntos, incluso sobre temas como el narcotráfico, que está convirtiendo a Venezuela en una zona de tránsito.

Ante la crisis diplomática desatada con la incursión colombiana en Ecuador, Lula conversó con líderes regionales, pidió una solución latinoamericana en el marco de la OEA y le advirtió a la Secretaria de Estado Condolezza Rice que "las crisis diplomáticas suramericanas deben ser resueltas en la región". Tras los inesperados abrazos en la cumbre de Río declaró: "Estoy muy feliz porque parece que la tensión bajó en Suramérica". Luego, en la segunda reunión de la OEA, el canciller brasileño ayudó a construir el consenso, reiterando el rechazo de la violación de Colombia a la integridad territorial de Ecuador, pero solicitando al mismo tiempo una lucha común contra los grupos irregulares.

Al reemplazar a Colombia como sede de la cumbre presidencial que debía darle forma y contenido a Unasur, Brasil propuso la creación del Consejo Suramericano de Defensa. El presidente colombiano inicialmente se había negado a hacer parte y luego había pedido un plazo para discutir sus condiciones. En Bogotá, el 18 de julio, Lula logró que Uribe aceptara la participación de Colombia en dicho Consejo luego de tres acuerdos: relaciones sólo con gobiernos elegidos, combate a grupos irregulares y decisiones por consenso. Lula apoyó la política de Uribe frente a las Farc, el refuerzo de control en la frontera, se ofreció para cualquier alternativa de paz y hasta propuso la producción conjunta de armas. También participó, con Uribe y Alan García, en Leticia, el 20 de julio, en la marcha por la libertad de los secuestrados. Anunció además la financiación del ferrocarril del Carare que permitirá transportar carbón. Ambos presidentes participaron con decenas de empresarios en el encuentro "Brasil – Colombia: nuevas fronteras comerciales". Brasil es ya el tercer inversionista de Colombia.

Una oportunidad para Colombia

Colombia ha ido en contravía de las tendencias regionales por sus problemas internos y por sus propias opciones. Los dos asuntos de seguridad que la atraviesan -la confrontación armada y las drogas- tienen dimensiones transfronterizas y están ligados a redes desterritorializadas de la economía ilegal, pero sus vecinos tienen interpretaciones distintas, en particular sobre el conflicto, sus repercusiones y las interacciones que desde esas naciones se establecen con dicha confrontación. El Consejo de Defensa podría ser el espacio para tramitar esas discrepancias, construir confianza, prevenir o reaccionar frente a conflictos, compartir información, y realizar acciones conjuntas. De hecho, el temor mutuo entre Lula y Uribe empezó a cambiar desde 2003, cuando cada uno de los dos gobiernos comenzó a ver en el otro un potencial socio, central para el desarrollo de sus propias estrategias, el colombiano para la aplicación de sus políticas de seguridad y el brasileño con relación a sus pretensiones comerciales y geopolíticas. Desde entonces se han incrementado las acciones conjuntas frente a los problemas de seguridad transfronteriza y las definiciones en torno a la integración comercial. Los acuerdos logrados en julio de 2008 completan ese progresivo acercamiento y hacen de Brasil el país con el que Colombia ha llegado a más acuerdos de seguridad. Esos mismos acuerdos pueden servir de base para nuevos pactos con los vecinos.

Colombia no puede encontrar salida a su conflicto teniendo como único aliado a Estados Unidos. Necesita también de sus vecinos para ponerle fin. El discurso gubernamental, que liga el conflicto interno con las cruzadas globales antiterrorista y antinarcóticos de Bush, sólo ha generado rechazo en la región. El nuevo contexto regional, impulsado por Lula, le ofrece a Colombia una excelente oportunidad para reconstruir no sólo sus relaciones gubernamentales sino para fortalecer los lazos fronterizos, empresariales, culturales y sociales con los países vecinos, y para contribuir a la cooperación e integración regional, que le permitan a Suramérica desplegar su poder ahora cuando tiene mejores condiciones para hacerlo, como Juan Tokatlián lo ha explicado en Razón Pública. Colombia podría incluso repensar la oposición que ha mantenido con respecto a que Brasil tenga un representante permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, con mayor poder que el que poseen en la actualidad los países de la región que allí se rotan. Y Brasil tendría que convencerse de que no puede reducirse a concretar buenos negocios para jugar en las grandes ligas globales sino que, como dijo Lula, debe asumir los costos que conlleva el liderazgo y la responsabilidad de actuar como fuerza estabilizadora que modera e incorpora incluso a los extremos del espectro político regional.

 

*Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic aquí.

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