Colombia y Venezuela: una relación difícil aunque necesaria - Razón Pública
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Colombia y Venezuela: una relación difícil aunque necesaria

Escrito por Socorro Ramírez

Los dos países comparten un conjunto de problemas preocupantes que necesitan de su acción conjunta. Pero las diferencias políticas entre los dos gobiernos han impedido atender muchos de esos problemas. Una mirada histórica y temática.

Socorro Ramírez*

5 bandazos en 15 años

En los últimos años, las relaciones entre Colombia y Venezuela han oscilado entre cortos acercamientos y frecuentes tensiones que no han permitido un núcleo estable de acuerdos para enfrentar los problemas fronterizos y binacionales.

Las oscilaciones súbitas se han dado siempre, pero se profundizaron durante los últimos 15 años, cuando al problema limítrofe se le agregaron diferencias en la orientación política, económica e internacional. Puede decirse que la relación ha fluctuado en cinco fases.

1. 1999-2002: el presidente Chávez reconsideró fines, medios, alianzas y estilos diplomáticos y le apostó al sur, mientras que Andrés Pastrana articuló las luchas antidrogas y antisubversiva con Estados Unidos. Los temores mutuos llevaron a cada gobierno a paralizar reuniones y órganos de vecindad.

2. Entre 2003 y el 21 de noviembre de 2007: un intenso acercamiento entre Chávez y Uribe permitió revivir proyectos de infraestructura fronteriza, hablar de conexión interoceánica, diseñar posibles soluciones del diferendo marítimo y dirigirse mutuos guiños electorales. El acercamiento duró hasta cuando Uribe primero nombró y luego desautorizó a Chávez como facilitador de la liberación de secuestrados. De este período solo sobrevivió el gasoducto binacional como proyecto perdurable.

Esta constante fluctuación entre conflicto y cooperación ha acumulado un gran conjunto de problemas que no han recibido la atención necesaria.

3. Del 22 de noviembre de 2007 al 6 de agosto de 2010: ruptura y amenaza. Chávez canceló las relaciones diplomáticas, comerciales y los proyectos binacionales; amenazó con movilizar tropas, declaró a las guerrillas parte del proyecto bolivariano y les reconoció beligerancia. Uribe lo acusó de expansionista y amigo del terrorismo y concretó un acuerdo con Estados Unidos para uso de bases militares colombianas. El abrazo de los dos presidentes en la cumbre del Grupo de Río, en marzo de 2008, no alcanzó a desbloquear la relación, que quedó con una agenda mínima.

4. Del 7 de agosto de 2010 a mayo 2013: una combinación de necesidades, oportunidades y voluntad hizo dar un giro a la relación tras la posesión de Santos. El diálogo permitió acciones conjuntas frente a problemas transfronterizos, nuevas reglas de juego comerciales y ampliación de pasos formales entre ambos países. Durante los primeros meses de la transición a la era post-Chávez, bajo Maduro, la relación mantuvo los mismos parámetros.

5. Desde mayo de 2013 al presente: la relación quedó atrapada entre las presiones políticas a cada lado y los problemas binacionales acumulados. Ante los señalamientos que Uribe hace a Santos de haberse entregado al castro-chavismo, Santos recibió al opositor venezolano Henrique Capriles, y, aunque informó de ello con anticipación a su par venezolano, Maduro lo acusó de ser parte de un complot asociado con los paramilitares colombianos y con Estados Unidos. Maduro reiteró esta posición  ante los llamados del gobierno colombiano al diálogo en Venezuela.

Esta constante fluctuación entre conflicto y cooperación ha acumulado un gran conjunto de problemas que no han recibido la atención necesaria.


El Presidente Santos y el fallecido Presidente
Chávez en noviembre de 2010.
Foto: Presidencia de la República 

Los flujos de población

Si en la década de los setenta el tema poblacional más importante fue la voluminosa migración laboral de colombianos hacia Venezuela, en estos últimos 15 años han tomado fuerza cuatro asuntos específicos:

1. La legalización de miles de colombianos indocumentados y la cedulación venezolana de colombianos de este lado de la frontera, lo que los convirtió en electores y partícipes de diversas subvenciones sociales en Venezuela.

2. El desplazamiento de colombianos hacia Venezuela por el conflicto armado que creó un flujo reducido pero frecuente de personas. De estas, 2.700 han obtenido la condición de refugiadas.

3. El aumento del retorno de colombianos por tres motivos: la tensión binacional, el deterioro de la situación económica y política venezolana, y la deportación.

4. La migración de profesionales e inversionistas venezolanos a Colombia, algunos de lo cuales solicitan la nacionalidad por ser hijos de colombianos. Maduro ha estigmatizado a estos migrantes como parte de los supuestos atentados contra su persona o como cómplices en las conspiraciones que se prepararían desde Colombia.

El comercio y el contrabando

Mientras los nexos poblacionales han aumentado, durante el periodo bolivariano se desacoplaron las dos economías que se habían integrado en los noventa, y el comercio formal, que llegó a alcanzar 7.000 millones de dólares anuales, se desplomó en 2008.

En octubre de 2012 entraron en vigencia nuevas reglas de comercio. En 2013, Colombia le vendió a su vecino productos por poco más de 2.000 millones de dólares (sobre todo gas) y Venezuela a Colombia por un poco menos de 400 millones de dólares (sobre todo gasolina). Las reducidas cifras se explican por la desconfianza, la desindustrialización, y los problemas cambiarios y de pagos.

Como Venezuela tiene la gasolina más barata del mundo y Colombia la más cara, aumentó el contrabando, con la participación de miembros de las fuerzas de seguridad y de grupos irregulares de ambos lados.

Para hacer frente a la escasez, en 2013 el gobierno venezolano negoció con empresas colombianas las importaciones de alimentos bajo el sistema de pago en bonos emitidos por la empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA) y la importación de lácteos mediante pago adelantado.

Cuando creció el comercio binacional lo hizo entre los centros productivos y de consumo que no estaban en las fronteras, pero no ayudó a que éstas se reconvirtieran. Los emprendimientos fronterizos legales sufrieron, además, el efecto de las tensiones entre los gobiernos centrales, las sanciones y la parálisis de proyectos de mutua conveniencia.

En 2010, los cancilleres Holguín y Maduro se propusieron identificar posibilidades de desarrollo conjunto, pero poco lograron. Sin alternativas, las regiones fronterizas quedaron sometidas al comercio irregular y a distintas formas ilegales de aprovechamiento tanto de la diferencia cambiaria como de los problemas económicos venezolanos.

Las medidas de la Comisión Administradora de Divisas (CADIVI) dispararon la especulación con el cupo en dólares de las tarjetas de crédito, las importaciones y remesas, la evasión fiscal y la defraudación aduanera.

Como Venezuela tiene la gasolina más barata del mundo y Colombia la más cara, aumentó el contrabando, con la participación de miembros de las fuerzas de seguridad y de grupos irregulares de ambos lados.

Además, ha aumentado el contrabando de alimentos, que captura subsidios, evade aranceles y baja precios en competencia desleal con las industrias legales.

También es preocupante el contrabando de ganado a ambos lados. Desde Venezuela se venden animales o carne a pesar de que en Colombia está prohibida esa importación por problemas sanitarios. Pero aquí se paga mejor, aun con los cobros ilegales que hacen tanto “Rastrojos” y “Urabeños” como las autoridades gubernamentales. Desde Colombia se exporta ganado a Venezuela a un importador que puede ser el mismo dueño del ganado pero aparece en registros a nombre de un tercero y devuelve el ganado para ser vendido en Colombia.

A los del contrabando se le suman los efectos de las medidas del gobierno de Maduro para enfrentar la escasez y a la inflación. Por ejemplo, con la Ley de costos y precios justos, aprobada para las elecciones municipales de 2013, aumentó el contrabando de electrodomésticos obtenidos mediante la toma policial de almacenes.

Con la devaluación del bolívar, en febrero de 2013 y en marzo de 2014 se redujo la capacidad de compra venezolana. El efecto del lado colombiano se siente en la pérdida de compradores, empresas y empleos. A ambos lados, se fortaleció el contrabando y aumentaron el poder y las ganancias de las mafias transfronterizas. Por ejemplo, la pimpina de gasolina, que lleva 20 litros, vale cerca de dos bolívares, los cuales, en marzo de 2014, al pasar la frontera se convertían en 1.000 bolívares.


Ciudadanos venezolanos residentes en Colombia,
protestan en apoyo a Leopoldo López.
Foto: ElAlispruz

Problemas de seguridad

Mientras crecen los flujos poblaciones y se desanudan las economías, cada país ha aumentado su inseguridad interna y se han agravado los problemas de seguridad binacional.

Del lado colombiano, la ausencia del Estado y el tráfico de drogas han facilitado la concentración de la confrontación armada en regiones fronterizas. En el lado venezolano, el incremento de civiles con armas legales o ilegales y la delincuencia articulada con la criminalidad trasnacional hicieron crecer la inseguridad ciudadana hasta sobrepasar las tasas de Colombia y de México.

Como lo mostró el libro Frontera caliente, realizado por la Corporación Arco iris, en la frontera colombo-venezolana ha habido una consolidación violenta de estructuras criminales a ambos lados, gracias a la cooptación de sectores de las fuerzas de seguridad y de la institucionalidad local por parte de guerrillas y mafias. Además, el ELN y las FARC desplazaron parte de sus estructuras hacia uno y otro lado de la frontera.

Los carteles de Cali y del norte de Valle hicieron lo mismo. Con paramilitares y apoyo político y económico local, estos les disputaron negocios y territorios a las guerrillas. A  comienzos de la primera década del siglo XXI, el Bloque Norte paramilitar se tomó parte del tráfico de gasolina. También, y tras la búsqueda de nuevas rutas hacia Estados Unidos o Europa, llegaron a Venezuela grupos mexicanos (“Zetas” y de Sinaloa) y colombianos (“Rastrojos” y “Urabeños”). 

Los gobiernos de Santos y Chávez revivieron acuerdos contra el narcotráfico, el crimen organizado, la extorsión y el secuestro, y la información compartida y los operativos conjuntos permitieron arrestar y extraditar a narcotraficantes como “Valenciano”, el “Loco” Barrera y “Diego Rastrojo”, instalados en Venezuela.

Los gobiernos de Santos y Chávez revivieron acuerdos contra el narcotráfico, el crimen organizado, la extorsión y el secuestro, y la información compartida y los operativos conjuntos permitieron arrestar y extraditar a narcotraficantes como “Valenciano”, el “Loco” Barrera y “Diego Rastrojo”, instalados en Venezuela.

Sin embargo, si no se mantienen estos esfuerzos conjuntos, se le dará ventaja a los grupos irregulares y a la criminalidad organizada.

La respuesta gubernamental y la reacción social

Los cancilleres Elías Jagua y María Ángela Holguín, reunidos en Maracaibo el 5 de febrero de 2014, llegaron a algunos acuerdos que, sin embargo, no alcanzan a atacar las causas de los problemas:

  1. Intercambio de información sobre la identificación de estructuras criminales, de venezolanos que adquieren divisas en Colombia y de colombianos que se las proveen.
  2. Coordinación y operaciones simultáneas anti contrabando y violencia.
  3. Suspensión del envío desde Venezuela de encomiendas con alimentos, productos de higiene personal y medicamentos; y decomiso en Colombia y repatriación de ese tipo de bienes importados de contrabando.
  4. Combate al “carrusel” del ganado.
  5. Incremento de controles y ventas de gasolina de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) a Ecopetrol.
  6. Reducción de remesas a Colombia de 900 a 500 dólares, y envío en pesos.

Aunque los cancilleres hablaron de coordinar programas sociales, al 3 de abril de 2014, solo habían suspendido las remesas y aumentado ciertos controles.

Mientras tanto, en la Alta Guajira se ha denunciado que, desde que se designó la región como distrito militar, han muerto 29 wayús sindicados como delincuentes o contrabandistas. El desabastecimiento produce hambruna entre los 40 mil indígenas asentados en la franja fronteriza, y, a pesar de que la vía de Maracaibo a Maicao está militarizada, siguen pasando grandes camiones con contrabando.

El malestar también se hace sentir en la región andina. En Cúcuta ha habido bloqueos de puentes y marchas, y en el Táchira es donde se han presentado las protestas más fuertes contra la inseguridad, la escasez y la inflación.

Este panorama muestra cómo en estos 15 años la corrupción y el contrabando han nutrido la cadena de ilegalidad, criminalidad y violencia, han arruinado a empresas, comercios y trabajos legales fronterizos; mientras que, al mismo tiempo, los bandazos de la relación intergubernamental no han hecho sino complicar aún más la situación.  

 

* Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga click en este link

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