Política exterior: ¿imagen o realidad? - Razón Pública
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Política exterior: ¿imagen o realidad?

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socorro_ramirezEl gobierno Santos ha dado prioridad a la proyección de una imagen renovada del país y a la diversificación de frentes en las relaciones internacionales.  Pero poco se ha avanzado en profesionalizar al cuerpo diplomático. 

Socorro Ramírez *

¿De país problema a consejero en seguridad?

A Colombia la están escuchando, la están viendo como una democracia fulgurante en lugar de un país paria y aislado del mundo” dijo el presidente Juan Manuel Santos al hacer un balance de la política internacional de su gobierno, que ha concentrado sus esfuerzos en cambiar la imagen internacional del país.

En busca de ese objetivo estratégico, ha tratado de mostrar que Colombia ha dejado de ser el gran problema regional de seguridad. Más bien, sus resultados contra la inseguridad irían mejorando y habría acumulado una experiencia que le permite ofrecer cooperación y exportar asesoría y servicios, en particular, frente al combate contra el crimen organizado en Centroamérica, el Caribe y México.

El esfuerzo dirigido al cambio de imagen llevó, en 2012, a tomar iniciativas que trataban de sustraer al país de la vigilancia internacional:

  • Con el pretexto de la existencia de víctimas falsas, se buscó la revisión de la sentencia emitida por la Corte Interamericana contra el Estado por la masacre de Mapiripán. Sin embargo, la Corte mantuvo la sentencia porque esos casos, que habían tenido el reconocimiento oficial, no invalidaban los hechos probados.
  • Del mismo modo puede ser entendido el cuestionamiento al supuesto desbordamiento de competencias por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en su condena por la masacre de Santo Domingo, con el argumento de que la Comisión solo puede juzgar violaciones de derechos humanos y no episodios del conflicto armado, que le corresponderían al derecho internacional humanitario (DIH).
  • Un propósito similar puede verse en el empeño para que Colombia fuera borrada de la lista de países que reciben un tratamiento especial por la CIDH dada su problemática de derechos humanos.

Todos estos esfuerzos gubernamentales reforzaron las presiones de otros gobiernos dirigidas a debilitar el sistema interamericano de derechos humanos.

 

Socorro Ramirez politica exterior esfuerzos

Esfuerzos gubernamentales reforzaron las presiones de otros gobiernos dirigidas a debilitar el sistema interamericano de derechos humanos. 

Foto: colombia.com 

Pero a pesar de todo y en contravía de los propósitos gubernamentales, persisten  la violación de derechos humanos, la impunidad y la corrupción, lo que revela una seria limitación de las instituciones nacionales para garantizar la protección, hacer cumplir las leyes o impedir el abuso del poder para obtener beneficios privados en detrimento del interés público.

Esta situación hace imprescindible el acompañamiento internacional. De hecho, más que el esfuerzo nacional o la política de los gobiernos de turno, ha sido esta presión externa lo que ha obligado a asignar toda su importancia a la problemática de derechos humanos.

De cuña divisoria a promotor de unidad

El gobierno de Álvaro Uribe había llevado a Colombia a convertirse en un serio factor de fractura suramericana. En reacción, la política exterior del gobierno Santos desmontó rápidamente las tensiones con los vecinos y ha transformado al país en un agente activo del acercamiento regional. Así lo ponen de presente las relaciones establecidas con toda una variada gama de tendencias en que se expresan hoy las Américas y la activa participación de Colombia en todos los espacios de concertación regional: Unasur, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el proyecto mesoamericano, la Asociación de Estados del Caribe, la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) y la reingeniería de la Comunidad Andina en la perspectiva suramericana.  Falta, sin embargo, que se promueva también en este proceso la participación de los sectores sociales subnacionales, en especial de las zonas fronterizas. A pesar de sus claros esfuerzos para proyectarse como mediador, el gobierno Santos no ha conseguido constituirse en bisagra entre esas diversas tendencias. Así se puso de presente en la VI Cumbre de las Américas. Aunque logró que gobiernos, empresarios y actores sociales debatieran los temas hemisféricos más álgidos, no pudo concretar la declaración presidencial conjunta que hubiera debido recoger los acuerdos temáticos alcanzados en las negociaciones previas a Cartagena. Lo impidieron la aguda fragmentación hemisférica, la polarizada campaña electoral estadounidense, la incapacidad de América Latina y el Caribe de traducir sus consensos en avances y las propias debilidades nacionales en la tarea de construir alianzas. Hay que destacar, sin embargo, dos temas en los que el gobierno de Santos ha jugado un papel importante como articulador del debate:

  • el primero, sobre la política de drogas;
  • el segundo, con la propuesta de Objetivos de Desarrollo Sostenible, presentada a la reunión preparatoria de la OTCA para ser llevada a la Cumbre Río +20, en donde fue adoptada.

Pero ha faltado convergencia entre esas iniciativas y las medidas aplicadas en Colombia a los eslabones más débiles de la problemática de las drogas, así como a la locomotora extractivista y sus efectos ambientales.

Si en asuntos regionales el gobierno de Santos  ha dado prioridad al acercamiento con sus vecinos latinoamericanos y caribeños, en cambio, frente a las dinámicas políticas globales, el gobierno nacional ha demostrado que asume a Estados Unidos como su principal aliado. Así se hizo manifiesto en la actuación en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: Colombia fue el único país suramericano que no acompañó el reconocimiento de Palestina como Estado observador.

Imagen y diversificación

El gobierno colombiano también ha tratado de dorar su imagen presentando al país como una economía emergente, segunda en Suramérica, abierta a la negociación de múltiples tratados de libre comercio (TLC) y en pleno proceso de diversificar sus relaciones.

 

Socorro Ramirez politica exterior regional La política exterior del gobierno Santos desmontó rápidamente las tensiones con los vecinos y ha transformado al país en un agente activo del acercamiento regional.

Foto: es.wikipedia.org 

Además de los TLC de Colombia con Estados Unidos y la Unión Europea, en 2012 culminaron las negociaciones con Corea del Sur, se iniciaron con Japón y se estudia su apertura con China según se plantea en uno de los nueve memorandos que Santos firmó en su viaje a Pekín, en los que además se anuncia el sustancial aumento de la presencia China en Colombia.

Así se señaló en la edición de Razón Publica del 29 de julio de 2012 (ver artículo), donde también se presentaron los resultados del primer diálogo de cooperación Sur – Sur sostenido en Cartagena en junio de 2012, entre las nuevas economías emergentes de los llamados CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía, Suráfrica), con la presencia adicional de delegados de Azerbaiyán y Kazajistán.

A esta diversificación también ha contribuido la conformación de la Alianza del Pacífico con México, Chile y Perú con el fin de entrar al mercado asiático y acercarse a China en mejores condiciones para aprovechar su excedente financiero y su posicionamiento geoestratégico. Los países de la Alianza han concretado acuerdos comerciales mutuos, avanzan en la eliminación de visas y aranceles, acercan sus bolsas de valores, impulsan un programa de becas e intercambio estudiantil y la creación de oficinas comerciales conjuntas en Asia.

Con toda esta amplia gama de iniciativas, el gobierno de Santos trata de traducir el cambio de imagen en un papel externo más influyente. Y, en efecto, ha logrado una cierta audiencia regional e internacional, se ha producido un aumento neto de la inversión extranjera directa, se ha logrado la supresión de visas o la ampliación de su duración y la eliminación de la presentación de pasados judiciales para los colombianos.

El presidente Santos fue invitado a la Cumbre del G-20 realizada en México, ocupó la portada de la revista Time, fue elegido como personaje del año por el diario español El País y consiguió apoyos para ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Sin embargo, persisten muchas de las realidades nacionales de siempre que impiden un pleno aprovechamiento de los TLC. Según algunos expertos, el sesgo exportador minero–energético que predomina en la proyección internacional y en el acercamiento al Asia Pacífico estaría conduciendo a una desindutrialización del país que destruye empleos. De otra parte, las inversiones que se atraen gozan de exenciones de impuestos, no transfieren tecnología, y tienen pocos controles ambientales o sociales.

Precariedad diplomática persistente

Finalmente, carece de sentido esforzarse por cambiar la imagen del país si no cambian al mismo tiempo las realidades que han contribuido al deterioro de la imagen nacional. Tampoco basta con estar presente en todos los foros regionales e internacionales ni con abrirse al mundo si los problemas del dispositivo diplomático siguen sin resolverse.

 

Socorro Ramirez politica exterior politicaEl gobierno de Santos ha jugado un papel importante como articulador del debate sobre la política de drogas.
Foto: Presidencia

Poco se ha avanzado en el gobierno de Santos en la profesionalización del servicio exterior, que sigue siendo utilizado más como un pago de servicios políticos que como un instrumento de excelencia para la inserción internacional. El clientelismo politiquero deja la diplomacia en manos de una élite política y económica parroquial, que no se somete siquiera a exámenes de idoneidad y menos aún está dispuesta a rendir cuentas.

Lo ocurrido con el fallo de la Corte de La Haya es una prueba fehaciente de las grandes deficiencias de la cancillería colombiana. La política de Estado se reduce al secreto continuado entre los sucesivos gobiernos y las comisiones del congreso encargadas de las relaciones internacionales.

Pero no busca garantizar su legitimidad. La gestión del litigio con Nicaragua se basó sólo en revisión de archivos, órdenes reales y acuerdos, todos ellos tan imprescindibles como lo era la participación de las islas y, en particular, de los raizales pobladores originales y primeros afectados, quienes no fueron siquiera consultados.

Ciertamente, al gobierno de Santos le correspondió recibir el coletazo final, pero no aprovechó sus dos años y medio de gobierno para informar a los isleños ni al resto de los colombianos del curso de la demanda, ni estaba preparado para hacerle frente a sus resultados. El retiro del Pacto de Bogotá no resuelve las fallas de una diplomacia que se constituye en un obstáculo para defender los intereses nacionales en la esfera internacional.

Luces y sombras deja pues la política exterior nacional en 2012. Se consolidan algunas dimensiones positivas del giro iniciado por el gobierno de Juan Manuel Santos, pero se profundizan tendencias preocupantes. Las perspectivas para 2013 no son halagadoras.

 * El perfil de la autora lo encuentra en este link.

Acerca del autor

Socorro Ramírez

Cofundadora de Razón Pública.

Doctorada en Ciencia Política, magister en relaciones internacionales, magister en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos, licenciada en historia. Profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.

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Socorro Ramírez

Cofundadora de Razón Pública. Doctorada en Ciencia Política, magister en relaciones internacionales, magister en análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos, licenciada en historia. Profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), de la maestría de estudios del Caribe en la sede Caribe de la UN. Ha desarrollado la línea de investigación, docencia y extensión “Fronteras, vecindad e integración”. Coordina el Grupo Académico Colombia-Venezuela y el programa Colombia-Ecuador. Autora de numerosas publicaciones.

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