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Las relaciones internacionales en 2017

Escrito por Socorro Ramírez

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Socorro RamírezEn medio de una geopolítica global incierta y de los enfrentamientos ideológicos cada vez más marcados en América Latina, en este año Colombia debe poner en práctica varios proyectos internacionales que exigirán mucha inteligencia.

Socorro Ramírez*

El mundo en vilo

América Latina y el Caribe (Colombia en particular) enfrentarán en el año que empieza grandes desafíos internacionales derivados del incierto contexto global, regional e interno de cada país.

El principal reto es adaptarse a los grandes cambios que se están dando en la geopolítica mundial. Occidente (en especial Estados Unidos y Europa) ha vivido un estancamiento o lento declive de su poder económico y de sus instituciones democráticas. Entre tanto, el Lejano Oriente (en particular China, Rusia, India y el Sureste asiático) ha expandido su influencia y poder.

La débil recuperación del crecimiento mundial, la reducción del financiamiento y la caída de precios de los bienes minero-energéticos suponen grandes retos económicos para la región, donde persiste la desaceleración, aunque en distintos niveles. En este contexto Suramérica es la más afectada, sobre todo por la situación de Venezuela y de Brasil.

Más turbulento aun es el curso de la política contemporánea, sacudida por el terrorismo fundamentalista y por las amenazas nacionalistas de extrema derecha. La polarización agudizada por Donald Trump ha generado protestas en Estados Unidos y puede agravar las tensiones mundiales o bloquear los organismos multilaterales.

Hasta el momento, la agenda que Trump ha anunciado para América Latina y el Caribe es muy negativa: reversión de tratados, expulsión de inmigrantes irregulares, militarización de fronteras y de problemas como las drogas.

La situación es todavía más compleja en Europa, donde crece una extrema derecha ultra nacionalista y xenófoba, empuñando la bandera antiterrorista y antiinmigración, y dispuesta a echar para atrás el proyecto de la Unión Europea. Este panorama, sumado a la difícil situación latinoamericana y caribeña, hace más fragmentaria y débil la relación entre América Latina y Europa.

Las potencias en la región

Mientras que los últimos gobiernos de Estados Unidos mantuvieron un relativo repliegue de Latinoamérica, potencias como China, Rusia y, en alguna medida, Irán, han venido haciendo presencia en la región. Los desafíos que plantean estas presencias pueden complicarse con las amenazas de Trump de aliarse con Rusia para recortar el avance chino y minimizar la influencia de la Unión Europea.

Aunque el crecimiento chino se viene reduciendo desde 2009, continúa siendo superior al de Occidente y Beijing podría aprovechar la agenda negativa de Trump en la región para aumentar su influencia. No olvidemos que China es el primer o segundo acreedor y socio comercial de casi todos los países de Suramérica.

La agenda que Trump ha anunciado para América Latina y el Caribe es muy negativa.

Por ahora el gigante asiático se ha abstenido de inmiscuirse en la política regional y trata de no disputarle a Estados Unidos su influencia. Pero esto podría cambiar si Trump inicia una guerra comercial o si China tratara de obtener un mayor control del enlace del mar Pacífico con el Caribe. Estados Unidos asume este último mar como una zona vital para su seguridad, pero China ha hecho acuerdos con todos los países, desde México hasta Colombia, que le permitirían controlar diversas opciones de canales interoceánicos.

En el Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el presidente Xi Jinping (que en sus primeros tres años visitó 10 países de la región) habló de una “comunidad de destinos compartidos” y prometió multiplicar el comercio, las inversiones, los préstamos y los intercambios político-culturales y científicos.

Rusia, por su parte, está buscando mejorar su inserción global luego de su fuerte y prolongada crisis económica y ha multiplicado sus acuerdos con algunos países de la región a los que define como socios estratégicos. Desde 2009 le vende:

  • Armas, blindados, misiles y sistemas antiaéreos a Venezuela;
  • Petróleo a Cuba;
  • A Nicaragua la aprovisiona de armamento, entrena sus fuerzas armadas y proveerá con seguridad los trabajos de un posible canal;
  • Con Argentina, Chile, Colombia y México ha firmado acuerdos comerciales o energéticos.
  • Empresas rusas de exploración y extracción de recursos minero-energéticos ya operan en Venezuela, Colombia, Brasil y Bolivia.

La Celac ha definido áreas de actuación conjunta internacional con el gobierno ruso, el cual, a diferencia de China, sí opina críticamente sobre la política de la región y sobre sus relaciones con Estados Unidos. Así pues, un reto crucial para América Latina y el Caribe es someter a deliberación colectiva las relaciones de la región con Estados Unidos, China, Rusia e Irán.

Escasez, crisis política y económica en Venezuela.
Escasez, crisis política y económica en Venezuela. 
Foto: Wikimedia Commons

Las encrucijadas abiertas de América Latina

Otros retos para el nuevo año se derivan de la situación interna de cada país latinoamericano y caribeño, así como de la dinámica política regional. En esta última se encuentran dos grandes tendencias no totalmente homogéneas:

  1. Una que está opuesta a las medidas de ajuste, es hostil a la globalización de los mercados y favorable al fortalecimiento del Estado y sus controles sobre la economía. Esta corriente es más reacia a algunas características de la democracia representativa y está inclinada a las relaciones con países opuestos a Washington.
  2. Otra que es favorable al libre mercado y está ansiosa de inserción en la economía mundial. Está apegada (al menos en principio) a la democracia liberal, el libre comercio y las relaciones con el mundo entero, incluyendo a Estados Unidos.

Aunque ambas tendencias afrontan graves problemas, la primera experimenta en este momento un retroceso más marcado que la segunda.

Se sabe que gracias al auge económico propiciado por la bonanza en los precios de las materias primas la región vivió al comienzo del siglo XXI una década de optimismo que llevó a la creación de entidades como la Unasur y la Celac. Estos organismos ayudaron inicialmente a aliviar algunas tensiones intrarregionales y a convivir en medio de las diferencias.

Pero ambas asociaciones se han paralizado. También los organismos de cooperación e integración centroamericana, andina, amazónica, del Caribe y del Cono Sur se están viendo afectados por el enfrentamiento de modelos políticos, económicos y de inserción internacional, así como por el nacionalismo creciente, la preferencia por estrategias individuales y por la resistencia a compartir soberanías endebles.

Aunque la heterogeneidad y la fragmentación se han profundizado en la región, la cooperación es indispensable para enfrentar los cambios geopolíticos, los procesos globalizadores y los retos ambientales y de seguridad. Entre estos últimos, es especialmente importante la lucha conjunta contra la corrupción y contra los tráficos ilegales (drogas, minería, armas, etc.) articulados a la criminalidad transnacional.

La cooperación es indispensable para enfrentar los cambios geopolíticos.

Hay que enfrentar, además, las repercusiones de crisis como la venezolana sobre países colindantes y con fuertes interdependencias fronterizas. Se deben buscar soluciones a la creciente migración de haitianos, cubanos y venezolanos que huyen de sus países. Hasta ahora, las naciones de origen y tránsito se han desentendido del problema o lo descargan sobre sus vecinos, abandonando a los migrantes en manos de traficantes de personas. Y mientras tanto, en Estados Unidos Trump promete una expulsión masiva.

Colombia frente al mundo

La preservación de la biodiversidad, será uno de los puntos importantes que deberá manejar el país.
La preservación de la biodiversidad, será uno de los puntos importantes que deberá manejar el país.  
Foto: Wikimedia Commons

En ese incierto contexto, Colombia afronta no pocos desafíos en su política exterior.

  • Debe avanzar en la construcción de una política internacional integral (una tarea postergada) que tenga una amplia participación social y regional en la formulación y diversificación de su agenda. Además, tiene que tener más coherencia entre aquello a lo que se compromete por fuera y lo que aplica internamente.
  • Tiene que conformar un dispositivo diplomático profesional que no dependa de la politiquería local, como ocurre hoy con el 80 por ciento de los cónsules o embajadores y con el 53 por ciento de los otros cargos en el exterior, que están asignados en provisionalidad para evitar las exigencias de la carrera diplomática.
  • Debe redefinir las prioridades nacionales en las relaciones exteriores y asumir realmente su condición de país caribe, andino, amazónico y del Pacífico, con la participación de autoridades y sectores de esas zonas.
  • Necesita consolidar el apoyo internacional a la puesta en marcha del Acuerdo con las FARC y a la transformación de las zonas donde se centró la confrontación armada, en especial las fronteras.
  • Tiene que fortalecer la participación de los representantes de San Andrés en la negociación con Nicaragua y en la respuesta a sus demandas en La Haya. Además, debe hacerle frente a los efectos de la crisis venezolana y atender a los connacionales que se vean forzados a retornar a Colombia.
  • Debe sostener proactivas relaciones con todos los países, evitando alineamientos incondicionales. Su cercanía a Estados Unidos y a la Unión Europea no debe excluir las buenas relaciones con China, Rusia o Irán, sin renunciar por ello a defender los principios democráticos y los derechos humanos.
  • Necesita fortalecer los nexos con Asia-Pacífico en procura de la inserción en esa región, en especial en la cuenca del Pacífico. Es importante enriquecer allí la presencia diplomática, los flujos comerciales, los nexos culturales y las alianzas políticas.
  • El país debe redefinir prioridades y hacer coherentes sus compromisos multilaterales con los esfuerzos nacionales, en especial en temas como el cambio climático, la protección de la biodiversidad y los recursos naturales estratégicos, así como en la política de drogas, ciencia, tecnología y desarrollo sostenible.
  • Por último, hay que calcular bien los costos y riesgos e informar ampliamente sobre el programa de acopio de información Colombia-OTAN contra el crimen transnacional, el terrorismo y el narcotráfico, para que la relación con la alianza militar del Atlántico Norte no afecte el necesario acercamiento con América Latina y el Caribe.

 

* Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic en este enlace.

 

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