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Venezuela: balances, perspectivas y repercusiones

Escrito por Socorro Ramírez
Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Socorro RamirezNuestro primer vecino seguirá siendo también nuestro dolor de cabeza. Por eso este recuento de lo que hizo Maduro para aferrarse al poder, de las crisis que se siguen agravando en Venezuela y de las serias consecuencias que tendrán para Colombia.  

Socorro Ramírez*

Balances

En 2017, el gobierno de Nicolás Maduro intensificó la estrategia dirigida a preservar el poder por cualquier medio, que lanzó desde el triunfo de la oposición en las legislativas del 2015:

  • Aprovechó los últimos días de la anterior Asamblea Nacional (AN), donde el oficialismo era mayoría, para renovar el control sobre el resto de los poderes públicos y así anular a la nueva AN opositora.  
  • El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró en desacato a la AN y trasladó sus funciones al Ejecutivo, que las ejerce a través de decretos de excepción.
  • El Consejo Nacional Electoral (CNE) impidió el referendo revocatorio, postergó elecciones e inhabilitó a partidos y candidatos de la Mesa de Unidad Democrática (MUD).
  • El llamado poder moral (ministerio publico, defensoría y demás miembros del Consejo Moral Republicano) se ha doblegado ante el Ejecutivo, tolerando la detención de alcaldes y la represión de las protestas opositoras.

Esas arbitrariedades suscitaron numerosas manifestaciones en 2016, que se fueron intensificando durante cinco meses continuos en 2017. Desembocaron en el plebiscito del 16 de julio, que recogió más de siete millones de votos opuestos a que se convocara una Asamblea Constituyente (AC) sin consulta popular ni sufragio universal.

A pesar del referendo, el 30 de junio Maduro impuso una AC escogida por sectores sociales y circuitos electorales sin proporción al número de habitantes, con resultados cuestionados por la misma empresa que le dio apoyo tecnológico.

La AC ha dicho que durará dos años. Durante sus primeros cinco meses, sin haber reescrito ni sometido a referendo una nueva Constitución, ha ido anulando la vigente, ejerce un poder ilimitado, cogobierna votando las medidas que Maduro le pide y trata de forzar el reconocimiento de la oposición, así:

  • La Asamblea empezó a sesionar el 1 de agosto y el 5 destituyó a la fiscal general que había criticado la anulación de la AN; le prohibió salir del país, congeló sus cuentas, enajenó sus bienes, la inhabilitó, la llamó a juicio y la reemplazó por un amigo del régimen.
  • El 8 de agosto, la AC ordenó el “funcionamiento armónico” de los poderes públicos, entendiéndolo como subordinación a sus dictámenes. La AC los reemplaza en sus decisiones y dicta decretos o leyes como si fuera una AN.
  • El 12 de agosto adelantó las elecciones de gobernadores para el 15 de octubre, y las fraccionó, postergando la escogencia de consejos estaduales. Convocó las de alcaldes para el 10 de diciembre, y exigió que los elegidos se juramentaran ante ella, o anulaba su elección.
  • En noviembre expidió una ley “contra el odio”, elevándolo a delito con 20 años de prisión, anunció que revocaría la inscripción de partidos y organizaciones que la incumplan y anuló la inmunidad del primer vicepresidente de la AN.
  • El 20 de diciembre ilegalizó a los partidos que no participaron en las elecciones municipales, lo cual impide a las agrupaciones opositoras más numerosas presentar candidatos para las presidenciales de 2018. Además eliminó la Alcaldía Metropolitana de Caracas y la del Alto Apure, que han estado en manos de la oposición.
  • El 23 de diciembre la presidenta de la AC y de la Comisión de la Verdad informó que otorgaría penas distintas de la cárcel a 80 opositores presos. A los presos que  fueron presentados les dijo que estaban allí por “compromiso voluntario” de acatar unas condiciones que incluyen concurrir a reconocer la AC y esa Comisión. Los 44 liberados no tienen condena ni proceso en marcha o ya tenían orden de salida, señala el Foro Penal Venezolano, que exige liberarlos a todos y que no haya más presos políticos.

Gracias a esas y otras ventajas (televisión pública dedicada a sus candidatos, supervisión del sufragio de militares, comprobación del voto de empleados públicos y de quienes reciben beneficios del gobierno presentando el “carnet de la patria” en los “puntos rojos” del Partido Socialista Unificado de Venezuela, PSUV) el chavismo se afianzó en el poder en las elecciones regionales y locales. Con una abstención de más del 50 por ciento, se quedó con 19 de 23 gobernaciones y subió de 242 a 308 de las 335 alcaldías.

La MUD no logró unificar a la oposición ni acercarse a disidencias del oficialismo y a la protesta social. El resultado fue el peor en la era chavista por el ventajismo del partido-gobierno-ejército y por la propaganda en contra de la oposición, el cambio súbito de puestos de votación, las interferencias a observadores electorales, la intimidación armada en centros de votación y la inacción ante las denuncias de fraude.

A cuatro de los cinco gobernadores opositores elegidos que se juramentaron ante la AC por presión, el gobierno les nombró al candidato chavista derrotado como “protector”, con amplias funciones y presupuesto. A un opositor que no aceptó posesionarse ante la AC, lo destituyó, y el chavismo “ganó” la nueva elección.

Perspectivas

Marcha a favor de la Constituyente.
Marcha a favor de la Constituyente.  
Foto: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información

Aunque Venezuela por supuesto necesita una transición pronta y pacífica, el nuevo intento de diálogo no tiene despejado su camino. La próxima cita del 11 de enero mostrará cuánto está dispuesta a ceder cada parte.

La oposición quedó desmovilizada y está dividida sobre si participar o no en elecciones y en el mismo diálogo. Para acudir a las presidenciales exige:

  • renovación equilibrada del CNE y cronograma electoral fijo,
  • levantamiento de inhabilitaciones,
  • observación internacional imparcial,
  • liberación de presos políticos, retorno de exilados y cese de la persecución,
  • normalización constitucional con restitución de poderes a la AN,
  • canal humanitario para el ingreso de alimentos y medicinas, y
  • referendo aprobatorio del acuerdo negociado

El madurismo se siente triunfante porque frenó las manifestaciones y manipuló las elecciones. Sólo haría concesiones que no arriesguen su permanencia en el poder, pero necesita que la oposición le obtenga reconocimiento internacional. Le urgen avales tanto para la AC, las elecciones que ganó y las presidenciales, como para reestructurar y refinanciar la abultada deuda externa y su servicio, lo que requiere flexibilización o levantamiento de sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa.

Las perspectivas son dramáticas por la crisis económica, social e institucional, la ineficiencia y el desgobierno, la violencia y la criminalidad.

Con un aparato productivo destruido todo escasea, desde comida y medicinas hasta billetes, gasolina y gas. El gobierno ya no tiene con qué importar por falta de divisas e imposibilidad de acceder a nuevos créditos. Recesión, hiperinflación y devaluación dejan desempleo, miseria y hambre, salarios sin poder adquisitivo. Los servicios de salud, agua, basura y luz han sido aniquilados. Aumentan el exilio y la migración.

Por mala gestión y corrupción, Petróleos de Venezuela (Pdvsa) ha reducido contínuamente  la producción. Las exportaciones son las peores en 30 años. La empresa no tiene crédito comercial ni servicios de proveedores, Venezuela fue declarada en default parcial. Ya ni el ‘petro’, ni China o Rusia la pueden rescatar.

Maduro niega las crisis y no deja publicar cifras ni el boletín epidemiológico. Pero se cree triunfante por la dependencia de la población para sobrevivir, el respaldo militar, el control de elecciones y las purgas en el chavismo. Ha dicho que será reelegido este año, aunque hay sectores chavistas convencidos que sin Maduro les sería más factible seguir en el poder y obtener financiación internacional.

Desde la disidencia chavista, Nicmer Evans presenta tres escenarios posibles para 2018:

1) El más probable es la continuidad de Maduro por tres vías: elecciones fraudulentas, con abstención inducida y división opositora; suspensión o postergación de elecciones por conmoción nacional provocada; y apoyo militar.

2) El menos probable es la salida negociada de Maduro que obtendría apoyo internacional si las negociaciones logran una transición por elecciones medianamente confiables con candidatura unitaria de la oposición y respeto oficial de los resultados, o un gobierno de transición que postergue las elecciones para construir condiciones democráticas y económicas.

3) No es descartable una salida forzada del gobierno: ante una conmoción social los militares podrían exigirla o una intervención extranjera no directa podría incidir sobre un sector militar para forzarla.

Repercusiones

Marchas chavistas.
Marchas chavistas.  
Foto: Wikimedia Commons

El agravamiento de las crisis venezolanas tiene serias y complejas consecuencias  humanitarias, poblacionales, económicas, epidemiológicos y de seguridad para Colombia.  

Maduro responsabiliza a su vecino de cuanto sucede en su país, y amenaza con volver a cerrar los pasos legales. La frontera sigue presa de todo lo ilegal, que aprovecha la corrupción, el diferencial de precios y de cambios, la precariedad institucional y la incomunicación entre los dos gobiernos.

El retorno de colombianos con sus familias binacionales no queda registrado pero se siente en las ciudades fronterizas y de la costa Caribe, de donde partieron. Aumenta una masiva inmigración de venezolanos con permiso o sin él, con entradas temporales o en tránsito. Buena parte de las ciudades colombianas reciben su impacto. En la frontera es mayor. Allí esta migración masiva hizo visibles y agravó los problemas preexistentes, colapsan los precarios servicios de salud, aumentan la inseguridad y el ya alto desempleo pues muchos empleadores prefieren pagar menos del mínimo legal y ninguna prestación social.

Hay repercusiones hasta en la polarización colombiana. Los opositores al acuerdo de paz han insistido en que la FARC guardó armas y bienes para buscar el poder y muestran el proceso de paz como aproximación al castro-chavismo. Invamer en diciembre mostró que un 59 por ciento de los encuestados suponen que Colombia podría estar como Venezuela en un futuro cercano.

*Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic en este enlace.

 

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