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Santos, Maduro y el unilateralismo explosivo

Escrito por Socorro Ramírez

Presidentes Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro.

Socorro RamírezLa relación entre los dos países ha oscilado entre el conflicto y la cooperación, pero la gravedad de la situación actual debería promover acciones racionales y solidarias, en lugar de la retórica agresiva o de la trampa de medidas unilaterales.

Socorro Ramírez*

Conflicto y cooperación

Colombia y Venezuela comparten 2.219 kilómetros de frontera, y alrededor de esta frontera se ha construido una trama muy compleja de relaciones sociales, económicas, políticas y de seguridad que se asientan sobre ecosistemas, recursos ambientales, hídricos y minero-energéticos de muy grande potencial.

Esa colindancia tan extendida y tan diversa implica una compleja relación de vecindad, que ha estado marcada por la oscilación entre largos periodos de tensión y momentos más bien cortos de cooperación.

Las fluctuaciones anteriores se derivan de la definición traumática de los límites terrestres entre los dos países que ocupó buena parte de la agenda binacional hasta mediados del siglo XX, y que dejó la sensación de una pérdida territorial a cada lado de la frontera.

Después de un interludio de cooperación, en la década de los sesenta se desató una disputa limítrofe sobre las áreas marinas y submarinas, que fue escalando el enfrentamiento e interfirió la consolidación de proyectos estratégicos de mutuo beneficio.

La integración andina, a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, permitió la adopción de instrumentos para manejar los asuntos comunes y dio origen a un área de libre comercio que convirtió respectivamente a Venezuela y Colombia en el segundo socio comercial del otro (después de Estados Unidos).

Pero las instituciones para el manejo de la vecindad y el entrecruce de esas dos economías complementarias no resistieron la disparidad de los regímenes políticos. Duraron mientras Chávez y Uribe se entendieron, durante la mayor parte del periodo de su coincidencia en el poder (entre agosto del 2002 y noviembre del 2007), aunque, entre diciembre del 2007 y agosto del 2010, por poco estos mandatarios llevan a los dos países a un enfrentamiento bélico. Ahora predomina la tensión.

Conflicto sin cooperación

Canciller de Venezuela, Samuel Moncada.
Canciller de Venezuela, Samuel Moncada.
Foto: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información

Maduro explica las crisis en su país como el efecto de una supuesta guerra y un sabotaje económico lanzados desde Colombia y Estados Unidos. Ha suprimido las comunicaciones oficiales con Bogotá y ha revivido el conflicto territorial con Colombia y Guyana, utilizándolo para avivar un nacionalismo que distraiga la atención, justifique el fortalecimiento militar y las incursiones en el territorio vecino. En marzo del 2017, por ejemplo, instaló soldados y plantó una bandera nacional en el margen colombiano del río Arauca. Y no se pude descartar la posibilidad de que intente producir alguna escaramuza militar en la frontera.

Desde el 19 de agosto del 2015, Maduro ordenó “cerrar la frontera”, pero en realidad esto significó la instalación de alambre de púas en los siete pasos limítrofes formales, lo que ha multiplicado las trochas ilegales. Así mismo expulsó a muchos colombianos, denunciando su presencia como parte de una estrategia dirigida a crear caos y arrebatarle territorio a Venezuela, introducir paramilitares y promover la guerra económica o un golpe de Estado.

El 13 de agosto del 2016 se instalaron mesas de concertación binacional sobre migración, comercio, transporte y seguridad. Pero el intento fracasó. Sigue pendiente la reapertura regulada del paso de vehículos, a los que a veces se les permite el tránsito nocturno. La parálisis del parque automotor que cubría las rutas entre poblaciones fronterizas dejó desempleados a miles de trabajadores y obliga al uso de vías informales.

Colombia y Venezuela comparten 2.219 kilómetros de frontera, esa colindancia tan extendida y tan diversa implica una compleja relación de vecindad.

Anulados los dinámicos mercados de trabajo, bienes y servicios transfronterizos, las zonas colindantes han quedado atrapadas en redes de grupos irregulares que controlan el tráfico de drogas, armas y el contrabando de gasolina, ganado y bienes subvencionados por el Gobierno de Maduro. El crimen transnacional aprovecha la disparidad de los sistemas de cambios y de precios de los dos países, la precariedad de las instituciones locales, la corrupción y alianza con políticos, el conflicto armado colombiano y la incomunicación oficial.

La quiebra del sistema de salud y de saneamiento en Venezuela recrudeció las enfermedades endémicas y revivió virus como el de la aftosa. El megaproyecto del Arco Minero del Orinoco -con el cual Maduro abrió a corporaciones transnacionales 112.000 km2, algunos próximos a la frontera- trae depredadoras consecuencias sobre los pueblos indígenas, las fuentes de agua y la diversidad biológica. Estas consecuencias se suman a los problemas causados por grupos irregulares del lado colombiano que controlan, entre otros recursos, el oro y el coltán.

Retorno y migración

Con el agravamiento de las crisis venezolanas, se ha incrementado el retorno de colombianos y colombo-venezolanos con sus parientes, así como el desplazamiento de los venezolanos al territorio colombiano.

Como Maduro no ha cumplido con el acuerdo de pagos de servicios, de este lado de la frontera colapsan los centros de salud y educación, y se deteriora el poco empleo existente, lo que ha aumentado la informalidad, el desempleo y la inseguridad. Del lado colombiano han emergido preocupantes fenómenos como la trata de personas, el abuso laboral contra los indocumentados y la xenofobia.

Pero también se han llevado a cabo planes de emergencia y alguna asistencia humanitaria pública y privada para los venezolanos. Con el fin de regularizar su situación, Migración Colombia ha otorgado la tarjeta de movilidad fronteriza para quienes cruzan permanentemente de un país al otro. Este organismo también amplió el permiso de permanencia de los venezolanos que ingresaron antes del 28 de julio y cumplieron los 90 días de estadía permitida, con el fin de que, legalizada su situación, puedan trabajar, acceder al sistema de salud y de educación.

Pero nada de eso es suficiente. El reto desborda la capacidad local y requiere una respuesta generosa y solidaria a escala nacional, en reciprocidad con la ayuda o la hospitalidad de Venezuela con muchos colombianos que en otra época se refugiaron allí por la violencia o por razones económicas. Colombia debe proponer a la comunidad internacional y a los organismos de ayuda humanitaria la creación y operación inmediata de programas de atención ante el creciente éxodo venezolano.

Sube el tono

Frontera Venezuela y Colombia.
Frontera Venezuela y Colombia. 
Foto: Comisión Internacional de Derechos Humanos

Maduro no se caracteriza por sus argumentos ponderados ni por la contención de su lenguaje. Amenazó con contar los secretos del proceso de paz con las FARC, suscitando así sospechas que aprovecharon los enemigos del Acuerdo. Y en todo caso no ahorra insultos contra el presidente Santos.

De manera reciente, el Gobierno colombiano ha multiplicado y endurecido sus críticas a Maduro. Colombia fue uno de los doce países firmantes de la Declaración de Lima, que rechaza la Asamblea Constituyente en Venezuela y por su ilegitimidad desconoce sus decisiones. Así mismo ha denunciado el autoritarismo y la deriva dictatorial del Gobierno vecino, y ha reiterado el llamado a la presión internacional para un “restablecimiento pronto y pacífico de la democracia”. Santos dijo incluso que no descarta una ruptura de relaciones diplomáticas, aunque aceptó que esa medida podría ser muy perjudicial para Colombia. Por su parte, desde mayo del 2017, la cancillería llamó a consulta al embajador de Colombia en el vecino país.

Justo por el agravamiento de los problemas fronterizos hay que abrir todos los canales diplomáticos posibles, incluso en medio de las tensiones. 

Pero así como es imposible guardar silencio frente a la situación de Venezuela, hay que mantener un canal de comunicación y no responderle a Maduro cada agravio y menos con el mismo tono. El país ya pagó un alto precio por la diplomacia de micrófono, debido a las tensiones de Álvaro Uribe con Hugo Chávez y Rafael Correa.

Ni las mutuas recriminaciones ni la incomunicación entre los dos Gobiernos van a contribuir a la necesaria negociación entre venezolanos para una transición pacífica y constitucional. Justo por el agravamiento de los problemas fronterizos y por el cierre de los pasos limítrofes legales, hay que abrir todos los canales diplomáticos posibles, incluso en medio de las tensiones. Dada la importancia del tema migratorio, es crucial que sigan funcionando los quince consulados colombianos en territorio venezolano, así como todos los instrumentos para procesar esa compleja agenda fronteriza y binacional.

Tanto el posacuerdo con las FARC y la reinserción de sus miembros como la negociación con el ELN, en la cual Venezuela es garante, se verían seriamente perturbados por una ruptura de relaciones. De hecho estos procesos ya están interferidos por la implantación guerrillera en ambos lados de la frontera y por la tentación chavista de que el ELN se asuma como reserva estratégica en caso de un enfrentamiento violento en Venezuela.

Antichavismo electoral

En medio de la polarizada campaña electoral colombiana, los intereses nacionales se verían seríamente afectados si la relación con Venezuela se emplea para atrapar votos.

Ya el uribismo ha pretendido asustar con el castro-chavismo, ha pedido el derrocamiento de Maduro y ha celebrado la amenaza militar de Trump. Por fortuna, la cancillería colombiana reaccionó con rapidez e hizo una declaración en contra de una posible intervención militar estadounidense en Venezuela.

Una mirada reposada y analítica sobre la crisis de Venzuela y la situación binacional lleva a concluir que los nexos positivos entre distintos sectores sociales de los dos países deberán ayudar a no caer en esa trampa del unilateralismo y las vías de hecho.

 

* Cofundadora de Razón Pública. Para ver el perfil de la autora, haga clic en este enlace.

 

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