Participación ciudadana para el Plan de Desarrollo en Bogotá
Foto: Alcaldía de Bogotá

Participación ciudadana en la planeación de Bogotá

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Dice el alcalde que la ciudadanía está siendo consultada para el Plan de Desarrollo de la capital, pero las cosas no siempre son como las pintan.

Oscar Murillo Ramírez*

Confianza y participación ciudadana  

El Plan Distrital de Desarrollo presentado para concepto al Consejo Territorial de Planeación Distrital y el plan radicado ante el Concejo de Bogotá mantiene, como era de esperar, los cinco objetivos estratégicos y la confianza como eje de los mismos. 

En el proceso de aprobación de los planes de desarrollo, por lo general, las variaciones se manifiestan en la inclusión o reducción de metas, ampliación de las existentes, o traslados presupuestales. Esto ocurre a través de las proposiciones presentadas por el Concejo de Bogotá, que pasan por mesas técnicas con la administración distrital para su visto bueno. 

Ubicar la confianza en el centro de los objetivos estratégicos pretende crear un nuevo marco de relaciones entre la administración distrital y la ciudadanía. Aunque en principio parezca una buena intención, el problema radica en que la confianza es el producto de una relación construida que exige una profunda participación ciudadana con capacidad de incidir y orientar el bien común. 

La capacidad de incidir debe reflejarse en instrumentos públicos claves, como aquellos que ordenan la planeación de la ciudad y sus horizontes de sentido. Estos son los planes distritales y locales de desarrollo. 

Le recomendamos: ¿Bogotá avanza en acción climática con el Plan Distrital de Desarrollo?

Apoyo, satisfacción y confianza en la democracia   

La confianza, tal como advierte el Banco Interamericano de Desarrollo, es la fuente de una política estable, crecimiento, equidad social y bienestar individual. Esta depende en gran medida de la credibilidad que se tenga en la democracia como régimen válido y deseable para una sociedad. 

El Barómetro de las Américas ha identificado que, desde 2016, de cada cinco personas adultas, solo tres expresan su apoyo a la democracia.

Colombia pasó del 51 % en 2023 al 47 % en 2024 en el índice que mide el promedio de confianza ciudadana en las ONG, empresas, gobierno y medios de comunicación, de acuerdo con Edelman Trust Barometer. Dentro de este, gobiernos y medios cuentan con la mayor desconfianza. 

Aunque la medición global en 28 países registró en 17 una fuerte desconfianza hacia el gobierno, Colombia es el cuarto con más baja confianza en sus instituciones. El 71% de encuestados considera que los líderes gubernamentales engañan deliberadamente.      

Aunque el ideal democrático como mecanismo para alcanzar la libertad e igualdad en una sociedad es uno de los más extendidos y consolidados en el mundo, la confianza, apoyo y satisfacción con la democracia se ha erosionado en las últimas décadas. El Barómetro de las Américas ha identificado que, desde 2016, de cada cinco personas adultas, solo tres expresan su apoyo a la democracia.

La más reciente encuesta de cultura política del Dane de 2023 evidenció que aunque la insatisfacción con la democracia bajó un 18,5 %, esto no se tradujo necesariamente en un apoyo proporcional a la misma: aumentó en 11,8 % quienes declaran estar ni satisfechos ni insatisfechos con la democracia, una suerte de ubicación intermedia que puede pasar al desencanto en futuras mediciones. 

En esta misma encuesta, Bogotá tuvo un aumento en la satisfacción con la democracia en 5,3 %. Aunque de forma comparada por regiones, la ciudad registró el porcentaje más alto de percepción del país como no democrático en un 11,2 %, y una de las altas variaciones porcentuales en la posición ideológica: mientras que en el país aumentó en 6,0 % los encuestados que se identifican con la derecha, en Bogotá la variación fue del 12,2 %, la segunda más alta del país.      

Esta es la paradoja que sugieren las más recientes encuestas y estudios: la población apoya la democracia, pero también a quienes buscan socavarla, o por lo menos no descartan hacerlo. 

Incidencia y control social

La participación ciudadana en los regímenes democráticos es una práctica que se instauró como derecho buscando, como mínimo, dos elementos básicos. De una parte, permitir la intervención de la ciudadanía en los asuntos de interés general, desde formas más procedimentales y básicas, como el voto, hasta la capacidad de incidencia en la orientación del bien común.

Limitar el ejercicio del poder y quienes ocupan cargos en el Estado es el otro elemento mínimo de la participación ciudadana. Desde el origen mismo de la democracia como régimen surgió lo que Pierre Rosanvallon denomina una sospecha institucionalizada. 

Esta supone que a la par del sufragio como fuente de legitimidad del poder, existe una legitimidad social que de forma amplia está basada en la capacidad de vigilancia, denuncia y calificación que realiza la ciudadanía de forma permanente y pone a prueba la reputación del poder.     

El control social, tal como lo conocemos en nuestros tiempos, deviene de allí. Esto implica que la ciudadanía puede vigilar de forma permanente, y a través de mecanismos individuales o colectivos, las ejecutorias de la administración pública y advertir los incumplimientos de un gobierno en el nivel nacional o subnacional.   

La crisis de metabolismo del sistema político

La participación ciudadana en una democracia no se agota en el sufragio universalmente establecido, o en la capacidad libre de ejercerlo en un país con regiones afectadas por las dinámicas del conflicto armado. Menos aún en la vigilancia realizada en formas institucionalizadas de control social como las veedurías o los consejos de planeación.

La deliberación es parte fundamental de la participación ciudadana, aunque hoy esté en cuestión la calidad de este intercambio de sentidos sobre el interés general en la esfera pública. Las redes sociales marcaron esta tensión en la medida en que estas se hicieron vehículo de incitación de emociones antes que un campo para la razón, y un mecanismo descentrado de generación y consumo de información masiva.

La movilización social ha sido también una expresión de la participación ciudadana con un potencial democratizador para el país. Aunque el estallido social de 2021 tuvo una extensa cobertura nacional, Bogotá fue escenario de la prolongada duración y organización no tradicional que tuvo este movimiento social que, aunque diverso, tuvo un fuerte componente popular.

Estos hechos evidenciaron el potencial extenso que tiene la participación ciudadana, pero también el agotamiento coyuntural de las formas tradicionales e institucionalizadas de esta. La baja participación ciudadana en instancias por falta de tiempo y desconocimiento, tiene un componente fuerte de responsabilidad en el bajo incentivo que encuentran en la efectividad de su participación. 

En el diagnóstico realizado como parte de la expedición del Decreto 477 de 2023, que definió la nueva Política Pública de Participación Incidente del Distrito Capital 2023 – 2034, se puede encontrar 3504 respuestas de personas encuestadas que señalaron la baja incidencia de la participación ciudadana, indicando que esta no atiende las problemáticas de los territorios, se considera poco en los proyectos de inversión y planes de desarrollo distrital y locales, o existen prácticas autoritarias que anulan las intervenciones ciudadanas.  

Tanto los mecanismos de participación ciudadana, como los espacios materializados en instancias, son parte fundamental del metabolismo del sistema político y su capacidad para gestionar demandas ciudadanas (input) y convertirlas en políticas públicas (ouput). El agotamiento de estas formas institucionalizadas de participación son parte integral del desencanto que se extiende sobre la credibilidad y confianza en la democracia.      

El laboratorio de Frankenstein

La administración de Carlos Fernando Galán debe realizar la planeación de la ciudad para los próximos cuatro años de acuerdo con una nueva norma distrital expedida, precisamente, ante las críticas y agotamiento de los lineamientos legales establecidos en el Acuerdo 13 de 2000. 

Este año se puso a prueba la implementación del Acuerdo 878 de 2023 que estableció el sistema distrital de planeación, sus instancias correspondientes y los procedimientos asociados para la formulación y aprobación de los planes distritales y locales de desarrollo. 

La arquitectura normativa de la participación ciudadana en Bogotá sigue teniendo la estructura de Frankenstein: un cuerpo enorme hecho con partes que cobran vida a partir de un experimento social que integra, de una parte, la deliberación de los Encuentros Ciudadanos establecidos en el Acuerdo 878 de 2023, que buscan identificar problemas territoriales y soluciones susceptibles de convertirse en proyectos y metas; y el Acuerdo 740 de 2019, que definió la organización y funcionamiento de las localidades, incluyendo el carácter decisorio de los presupuestos participativos en los Fondos de Desarrollo Local. 

Encontramos de una parte la deliberación en donde el diálogo ciudadano permite el encuentro de sentidos sobre los territorios y el bien común, por disímiles perspectivas que tengan, y de otro las votaciones sobre los presupuestos. 

Foto: Secretaría Distrital de Planeación - El chatbot (chatico), habilitado por la administración distrital, permitió recolectar 148.129 aportes de 41.832 participantes.

En el discurso, la administración de Carlos Fernando Galán ha insistido en que la participación y, particularmente, la confianza ciudadana en las instituciones son parte fundamental de la construcción del Plan Distrital de Desarrollo. O por lo menos, es la percepción que buscan instalar en la opinión pública.

Un incentivo negativo que ha llevado a la ciudadanía a competir por recursos, focalizando propuestas que priorizan intervenciones barriales antes que la perspectiva territorial integral, y una menor participación en la deliberación que permita construir colectivamente y encontrar mecanismos de cooperación.      

¿El Plan Distrital de Desarrollo con mayor participación? 

En el discurso, la administración de Carlos Fernando Galán ha insistido en que la participación y, particularmente, la confianza ciudadana en las instituciones son parte fundamental de la construcción del Plan Distrital de Desarrollo. O por lo menos, es la percepción que buscan instalar en la opinión pública.

Un primer momento para observar la materialización efectiva de la participación ciudadana en el Plan Distrital de Desarrollo fue la presentación al Consejo Territorial de Planeación Distrital, instancia distrital que debe, por norma, emitir un concepto sobre la propuesta presentada. 

Esta instancia realizó varios cuestionamientos al anteproyecto del PDD. Entre estos, la falta de incorporación precisa y específica de enfoques que, de forma diferencial, consideren variables de género, territorial, étnica, entre otros, en los proyectos y metas del plan, así como la ausencia del Plan Plurianual de Inversiones, elemento sustancial para la planeación que Bogotá conoció en audiencias públicas realizadas el 18 y 19 de abril, mes y medio después de entregado el anteproyecto del PDD, el 28 de febrero, y luego de emitirse concepto negativo del CTPD, el 1 de abril. 

En la práctica, esto implicó que la instancia de participación y planeación más importante que tiene Bogotá inició el estudio del anteproyecto del plan distrital sin la certeza de los recursos que tendría para inversión el próximo cuatrienio. 

Durante la elaboración del concepto, el CTPD emitió un comunicado levantando las mesas de trabajo acordadas con la Alcaldía por cuenta de incumplimientos de la administración en insumos, información y por ausencia de entidades.  

De acuerdo con la administración distrital, de las 2899 propuestas realizadas por el CTPD el 83,4 % fueron incorporadas o ya se encontraban en el plan, y hacen parte del proyecto de acuerdo, que fue radicado para aprobación del Concejo de Bogotá. 

La discusión alrededor de la participación ciudadana seguirá abierta en la calidad, capacidad transformadora y agencia que ejerce la ciudadanía y las comunidades, así como la llegada de la inteligencia artificial, que abre posibilidades, tensiones y debates. Uno de estos se reflejó en la forma en que fue habilitada la posibilidad de recolectar propuestas ciudadanas o la sistematización realizada para los encuentros ciudadanos.  

El chatbot (chatico), habilitado por la administración distrital, permitió recolectar 148.129 aportes de 41.832 participantes. Esto último implica que cada persona pudo realizar un promedio de 3.5 propuestas, ya que el chat permitia registrar varias propuestas y en niveles distintos de elaboración. 

Sin embargo, al exigir número de cédula el chatbot restringió la participación de ciudadanías juveniles, adolescentes e infancias, y persiste la inquietud por la posibilidad que tienen o no las personas mayores de participar a través de estas herramientas.     

Otro elemento de discusión es la inclusión real de las propuestas presentadas por la ciudadanía en las audiencias organizadas por la oposición en el Concejo de Bogotá, las que efectuaron cabildantes que rindieron ponencia positiva con modificaciones al Plan Distrital de Desarrollo, o experiencias promovidas por organizaciones de la sociedad civil como Extituto. 

La deliberación sigue siendo un componente que no puede agotarse ni reducirse a la infocracia de datos de ciudadanías abstractas, virtuales y anónimas. La agencia de la ciudadanía es reflejo de procesos comunitarios e iniciativas que se expresan en el espacio público, apelan al reconocimiento de poblaciones y territorios, materializan causas que de otra manera no serían visibles para convertirse en política pública. 

El reto ahora para la Alcaldía de Bogotá, pero sobre todo para la ciudadanía, es que esto se refleje en los planes locales de desarrollo que definirá el rumbo de los territorios en los próximos cuatro años.   

Lea en Razón Pública: La brecha cognitiva en Bogotá: el gran problema social

7 comentarios

Óscar Murillo

Escrito por:

Óscar Murillo

Magister en Ciencias Políticas, FLACSO – Ecuador; Especialista en Pedagogía, Universidad Pedagógica Nacional; Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

7 comentarios de “Participación ciudadana en la planeación de Bogotá

  1. Nuestra participación sirve para el conteo. Las estadísticas son muy importantes. Por eso la metodología es dejar hablar a todas las personas. No es práctica. Cómo funcionan las relatorías, cómo se organiza esa información si es dispersa y contradictoria? Al no contar con una metodología que permita la sistematización y validación de las propuestas, es una participación vacía.

  2. Gracias por el comentario. Creo que no debe confundirse el establecer indicadores y medir estos como parte de los resultados con el ejercicio deliberativo. En este último a la cantidad importa igualmente la profundidad de ese diálogo. Tengo la imprecisión, algo que en efecto no se desarrolla en este artículo, que la participación tiene un marco normativo tipo embudo: la ley, en este caso el Acuerdo Distrital, crea el derecho, y la reglamentación a través de las circulares lo restringe. Tema para futuros análisis. Saludos

  3. La crisis de metabolismo del sistema político en Bogotá requiere una atención urgente. La participación ciudadana es un elemento fundamental para la construcción de una democracia sólida y para la toma de decisiones que respondan a las necesidades reales de la población. Es hora de repensar los mecanismos de participación y construir un sistema que permita a los ciudadanos tener un rol real y efectivo en la construcción del futuro de la ciudad.

  4. La participación ciudadana siempre ha estado supeditada a los intereses de los gobernates, además de no ser tenidas en cuenta las propuestas de los ciudadanos, es normal por ello las y los ciudadanas y ciudadanos se reusen a paticipar. El comun de la gente es pensar que para que opina, para qué proponer, si fialmente se termina haciendo lo que el gobernate quiere.
    Sinembargo bien vale resaltar la resaltar de manera positiva la posibilidada que abrió el actual alcalde para que los bogotanos pueran paticipar en la «reconstrucción» del plan de Desarrollo para este periodo que inicia.

  5. En el Artículo puedo concluir inicialmente que a pesar de las intenciones de que el pueblo crea y confíe en la democracia, es difícil imponerla, ya que se debe obtener una confianza a partir de procesos trasparentes que garanticen una credibilidad al proceso democrático, que también se alimenta y se fortalece con la participación ciudadana no solo con el hecho de votar, sino de involucrarse en una mayor medida en procesos de hacer valer los derechos y deberes de las diferentes comunidades.

    También se debe ser más riguroso en el seguimiento de las diferentes instituciones gubernamentales, ya que esto afecta la credibilidad de la democracia.

    Todas estas maneras logran debilitar la credibilidad en la democracia, o pueden fortalecerla según se involucre y se permita involucrar la participación ciudadana.

  6. Es importante destacar que el alcalde Carlos Fernando Galán le esté dando importancia a la opiniones de los Bogotanos para tomar decisiones importantes.
    Y es que este tipo de espacios que tenemos como ciudadanos, en muy pocas ocasiones es estimulada para ser ejercida y menos por parte de los líderes políticos.

  7. Actualmente se registran en nuestro país, una disminución en el índice de confianza de la ciudadana en empresas, gobierno y medios de comunicación. Y no solo a nivel Colombia, si no, también a nivel global, la confianza en la democracia ha disminuido en las últimas décadas. Es por esto que considero pertinente que el Alcalde Carlos Galán, brinde espacios de participación ciudadana, que hace décadas se estableció como derecho para permitir la intervención en los asuntos de interés general y limitar el ejercicio del poder.

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