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Elecciones en Perú: balance y perspectivas

Escrito por Óscar Murillo
Oscar-Murillo

Oscar MurilloTras una primera vuelta sorprendente, Ollanta Humala y Keiko Fujimori tendrán que disputarse a más de la mitad de los votantes que preferían a los otros candidatos, y en estas circunstancias las alianzas, los apoyos regionales y la imágenes que cada uno proyecte decidirán en la segunda vuelta.

Óscar Murillo Ramírez*

El escenario y los actores

Los elementos del complejo ajedrez político peruano, que se expresaron en la primera vuelta presidencial del pasado 10 de abril y que esperan a una segunda vuelta el próximo 5 de junio, se pueden caracterizar así:

  • Un expresidente que terminó por desinflarse no obstante su buena posición inicial en las encuestas;
  • Un ex alcalde de Lima que se presentó como un gerente eficiente y que pese a su gestión no logró convencer al resto del país;
  • Un exministro de varios gobiernos y asesor del Banco Mundial que resultó vencedor en las zonas urbanas centrales;
  • Una ex congresista hija de Alberto Fujimori que aviva las cenizas del autoritarismo de la década de los noventa;
  • La ausencia de un candidato del partido histórico Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), actualmente en crisis;
  • La segunda participación de un candidato acusado de ser aliado de Hugo Chávez y que se debate entre el pragmatismo y la continuidad de su pasada experiencia electoral en el 2006, y
  • Una agenda pública signada por escándalos de corrupción, la continuidad del modelo de crecimiento económico basado en la minería y la necesidad de una política redistributiva contra la pobreza.

¿A dónde fueron los votos del APRA?

Mediante una alianza electoral denominada Gana Perú, Ollanta Humala obtuvo 4.634.053 votos, lo que representa el 31,7 por ciento del total[1]. En segundo lugar, Keiko Fujimori obtuvo a través de Fuerza 2011, partido que agrupa al fujimorismo, un total de 3.442.362 votos, el 23,5 por ciento de la votación.

Tal como anunciaban las últimas encuestas, Humala saca una ventaja sobre su inmediata seguidora del 8,2 por ciento y alcanza las primeras votaciones en 16 regiones (66 por ciento), sobre 5 regiones (20.8 %) que obtiene Fujimori.

Cuatro de las cinco regiones donde Fujimori alcanzó la primera votación están ubicadas en la Costa Norte (Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad). Estas regiones son consideradas como bastiones del APRA, partido del actual presidente Alan García, y son denominadas zonas criollas o de menor presencia indígena y campesina. Para algunos analistas, Fujimori logró pues ganar el denominado voto aprista.

Una mirada más cercana a los resultados pone en duda la afirmación anterior. Por ejemplo, en La Libertad, considerada una de la regiones fuertes del aprismo y que según los cálculos será decisiva en la segunda vuelta,[2] aunque Fujimori obtiene la primera votación, tan sólo le saca un 4 por ciento de ventaja a Humala (233.152 frente a 201.029 votos), diferencia pequeña en relación con la que obtuvo Humala en las regiones donde triunfó.

En efecto, tras la renuncia de Meche Araoz a la candidatura presidencial por el APRA el pasado 16 de enero, se abrió un margen de posibilidades para Fujimori, pero también para el conjunto de los candidatos de los cuales Humala parece haber obtenido una cierta ventaja.

Valga recordar que Araoz renunció a su candidatura debido a sus diferencias con Jorge del Castillo, quien fue acusado de corrupción y ratificado como cabeza de lista para las elecciones parlamentarias, un hecho que agudizó la crisis interna que dejó al APRA sin candidata. Días antes de la crisis aprista, hubo igualmente ataques a la candidatura de Luis Castañeda Lossio, puesto que Rosa Núñez, su segunda vicepresidenta y esposa del reelegido alcalde de Trujillo, capital de La Libertad, al parecer había pagado por su participación como fórmula vicepresidencial en la plancha de Solidaridad Nacional.

La estrategia de Humala

En este contexto, Humala aprovechó cada error de sus contrincantes y puso el acento sobre temas que lo distanciaban de sus inmediatos contrincantes, lo que a la postre le permitiría ascender en las encuestas.

Para el día de su inscripción ante el Jurado Electoral Especial, Humala señaló que debía aclararse el escándalo de Rosa Núñez y que sus fórmulas vicepresidenciales eran "bien peruanos", en una clara alusión al exministro Pedro Pablo Kuczynski candidato con doble nacionalidad -peruana y estadounidense- y sacó a relucir sus probadas credenciales en contra de la corrupción, recordando que había contribuido a la detención del "delincuente Fujimori".

Además de presentarse como un candidato anticorrupción en un mar de escándalos, Humala aprovechó la crisis interna del APRA, y a través de la televisión apeló al antiimperialismo que según él está en la base del "pensamiento consecuente" del aprismo. Si Haya de la Torre viviera hoy en día, militaría en la filas del Partido Nacionalista, afirmó Ollanta Humala.

Humala obtuvo la primera votación en 16 regiones (66 por ciento), gran parte de ellas ubicadas en la sierra peruana, con alta concentración indígena y campesina que, adicionalmente, son las zonas más empobrecidas y con altos índices de desigualdad.

En un ejercicio de relación se puede observar la distancia alcanzada por Humala a Fujimori. Por cada votante a favor de Keiko hubo 2,3 en Ayacucho, 2 en Apurímac, 5,7 en Cusco, 3 en Huancavelica, 2 en Huánuco, 3 en Madre de Dios, 4 en Moquegua, 4 en Puno y 5,5 en Tacna.

Pese a obtener estos resultados en las zonas de mayor ruralidad y que históricamente fueron las más azotadas por la violencia de Sendero Luminoso y la represión de Fujimori durante los noventa,[3] Humala no logró convencer al electorado urbano y centrista de Lima y el Callao, en donde el exministro Pedro Pablo Kuczynski obtuvo la mayor votación. Estas ciudades son por supuesto decisivas para quien aspire a llegar a la Casa de Pizarro.

En conclusión, cambios perceptibles entre su campaña presidencial de 2006 y la que hoy adelanta, sumados al distanciamiento de los otros candidatos mediante un discurso anticorrupción, conciliador y redistributivo, permitieron a Humala ascender en las encuestas entre el 14 de enero, con tan sólo el 10 por ciento de intención de voto, resultado que lo ubicaba en la cuartaosición, por debajo del expresidente Alejandro Toledo (2001-2006), la excongresista Keiko Fujimori y el exalcalde de Lima Luis Castañeda Lossio, para terminar ubicado a tan sólo 7 de días de las elecciones en la primera posición con un 27,1 por ciento y 27,2 por ciento de la intención de voto, según las encuestadoras Imasen e Ipsos respectivamente, con lo cual se consolidó una cómoda diferencia de 7 por ciento frente a su inmediata seguidora, tendencia que se reflejó con muy poca variación en los resultados finales.

El nuevo Ollanta Humala

Son evidentes las diferencias entre el Humala de hoy y el que en 2006 obtuvo a nombre de Unión por el Perú el 30,6 por ciento en la primera vuelta presidencial y que perdió en segunda vuelta frente Alan García, quien logró el 52.6 por ciento de los votos.

El nuevo Humala no es un candidato que prometa revoluciones; ha comprendido que la sociedad peruana busca cambios graduales, sin mayores sobresaltos, que necesita el concurso del empresariado y no sólo de los sectores populares, no obstante que mantenga un discurso fuertemente redistributivo y que se oponga a continuar por la senda del modelo minero-extractivista de crecimiento.

De hecho, pasado el 10 de abril, Humala señaló que contaba con el apoyo de una mayoría relativa y que se requería la búsqueda de consensos, apertura, confianza y no la polarización de la sociedad, un claro cambio respecto de su anterior experiencia electoral.

Un Humala más pragmático y menos ideológico parece estar emergiendo. Su deslinde de Hugo Chávez, con quien lo relacionan sus adversarios, y un acercamiento al modelo de Brasil, junto con la búsqueda de alianzas que conlleven posibles modificaciones a su programa, señalan que hay un nuevo camino que Humala desea explorar. Aún falta ver qué tan exitosa resulta esta fórmula.

Sin embargo, también se observa cierta continuidad: sigue siendo un candidato más outsider que de partido político, fenómeno explicable en virtud de la crisis del sistema de partidos peruano que se desarrolló a finales de la década de los ochenta y que entre otras cosas permitió el ascenso de Alberto Fujimori; su discurso conserva un tono nacionalista en lo político y en lo económico, acompañado de un componente anticorrupción, en una sociedad que tiene extendidas pruebas de aplicación sistemática del clientelismo.

La sombra del autoritarismo

Del otro lado se encuentra Keiko Fujimori, quien siempre estuvo ubicada en los primeros lugares de las encuestas. Su propuesta está centrada en un gobierno eficiente, en generar empleo de calidad y en reducir la pobreza, presentando como credenciales su experiencia de congresista y su presunta oposición a la oscura red de mafias establecida por Vladimiro Montesinos.

No obstante, reconocidos medios de comunicación han documentado la presencia de personajes del régimen de Alberto Fujimori en la campaña de su hija Keiko, como los ex ministros Marino Costa, Bauer, Augusto Bedoya y Fernando de Trazegnies, junto con Martha Chávez -quien justificó asesinatos cometidos por el régimen, como en el caso de los estudiantes de La Cantuta- además de Máximo San Román, quien fue elegido vicepresidente de Alberto Fujimori en 1990 y renunció luego del autogolpe del 5 de abril de 1992[4]. Recientemente los medios han aludido también a la posibilidad de un indulto para Fujimori padre en caso de una victoria de Keiko.

No obstante las referencias de los medios a aquella etapa oscura del fujimorismo, existe un núcleo duro de votantes que apoyan a Fujimori y constituyen el electorado básico de Keiko.

De manera sintomática, una conversación con un taxista en la ciudad de Piura retrata con precisión la lógica de este electorado fujimorista y el extremo paralelo con la historia reciente de Colombia. Al preguntarle por quién votaría, afirmó que lo haría por Keiko, que estaba seguro de la asesoría que su padre le iba a prestar, y que si Alberto Fujimori estaba en la cárcel era debido a resentidos sociales que se amparaban en la justicia y en la policía, quienes eran los más corruptos, según afirmó. Posteriormente me aseguró que Fujimori arregló el país, aunque hubiese sido necesario mandar "algunos al hueco" y que eso mismo había hecho Pinochet en Chile, lo cual mostraba que esa fórmula servía para "arreglar el país".

Las alianzas definirán la segunda vuelta

Aunque importante, la ventaja obtenida por Humala resulta insuficiente para asegurar la victoria en la segunda vuelta. Aunque entre él y Fujimori suman el 55 por ciento del electorado, otro 45 por ciento se inclinó por Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczynski y Luis Castañeda Lossio. Ganarse el favor de esta franja electoral es condición para ganar en la segunda vuelta.

La construcción de alianzas es ahora el factor clave para seducir a la mitad del electorado. Kuczynski propuso el denominado "Pacto por el Perú", que ha sido suscrito sólo por Keiko, en tanto que Humala señaló que el documento no está protegido de aquellos que en el pasado perpetraron crímenes contra los derechos humanos. Y además, en el seno de Alianza por el Gran Cambio, coalición de Kuczynski, hay opiniones divididas con respecto a Keiko.

Las reuniones bilaterales entre candidatos y excandidatos no arrojan resultados concretos por el momento: Castañeda Lossio no adhirió a ninguno en particular, aunque recibió a los dos candidatos en reuniones privadas, en tanto que Toledo afirmó que acompañaría un eventual gobierno de Humala, pero que no haría alianzas por ahora.

La campaña ha arrancado de nuevo. Keiko tratará de mantener su fuerte electorado entre el fujimorismo, a la vez que buscará nuevos espacios entre un electorado que no quiere un retorno al fujimorismo de los noventa. Ese será su principal reto.

Humala deberá consolidar su votación entre el electorado indígena y pobre de la sierra, a la vez que seduce a un electorado urbano que le fue esquivo y que será decisivo en la segunda vuelta. Debe mantener una imagen de conciliador, dispuesto a brindar seguridad al empresariado.

* Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

Notas de pie de página


[1] Hasta el momento, la Oficina Nacional de Procesos Electorales aún no contaba con los datos consolidados de la región de Cajamarca y el conteo nacional se encontraba en un 99,5%. No obstante, los resultados faltantes no cambiarán significativamente la tendencia de los resultados.

[2] El Comercio, 17 de Abril de 2011.

[3] Burt, Jo-Marie. Violencia y autoritarismo en el Perú. Bajo la sombra de sendero y la dictadura de Fujimori. Lima: IEP, 2009, p. 261ss.

[4] Caretas. "Sombras chinescas". Abril 14 de 2001. p, 13, 14, 15.

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