¿Cómo va Bogotá? Esto dicen las y los bogotanos
Foto: Secretaría de planeación

¿Cómo va Bogotá? Esto dicen las y los bogotanos

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El hambre, la inseguridad y en general el pesimismo que muestran las encuestas despiertan preguntas serias sobre la situación de la ciudad y sobre cómo votarán las y los bogotanos el próximo 29 de octubre.

Oscar Murillo Ramírez*

Interrogantes abiertos

La Encuesta de Percepción Ciudadana Bogotá Cómo Vamos es uno de los varios instrumentos de Bogotá para hacer seguimiento de la calidad de vida de quienes habitan la capital y la gestión de las autoridades distritales.

Junto con la Encuesta Multipropósito del DANE, estos son instrumentos para captar las demandas ciudadanas y orientar de manera calificada las decisiones de política pública.

Levantada de manera presencial con 1.5oo personas entre diciembre de 2022 y febrero de 2023, esta encuesta es la fotografía más reciente de la percepción general de la ciudadanía sobre su satisfacción con el presente y futuro inmediato de la ciudad, la gestión de la alcaldesa Claudia López, la seguridad y movilidad en Bogotá.

Aunque la encuesta mide la percepción del entorno inmediato y de ciudad, también da luces concretas sobre las condiciones de vida de la ciudadanía.

De sus resultados, conviene preguntar si asistimos a un retroceso en la política social que adelantó la capital durante las últimas dos décadas, así como sobre el derecho a la ciudad que tienen las mujeres y las personas mayores, dos poblaciones con la mayor vulnerabilidad y la más alta insatisfacción según la encuesta.

Le recomendamos: Cómo le va a Bogotá en el Plan Nacional de Desarrollo

Percepción ciudadana y democracia

Para la administración pública es cada vez más importante la percepción ciudadana sobre su gestión y, en general, sobre los asuntos de interés público. Encuentran en ello un insumo que puede ayudar para mejorar su desempeño e identificar demandas ciudadanas de corto y mediano plazo.

De sus resultados, conviene preguntar si asistimos a un retroceso en la política social que adelantó la capital durante las últimas dos décadas, así como sobre el derecho a la ciudad que tienen las mujeres y las personas mayores, dos poblaciones con la mayor vulnerabilidad y la más alta insatisfacción según la encuesta.

La percepción también es una fuente de estabilidad o inestabilidad de un régimen democrático. La llegada de regímenes autoritarios en América Latina fue precedida por una percepción negativa de la ciudadanía de lo que para entonces se consideraba la “política organizada”.

La democracia importa para la población, pero este tipo de régimen político es deseable cuando es capaz de resolver problemas básicos. La eficacia de un régimen democrático, desde esta perspectiva, depende de la satisfacción general, la neutralización de enemigos potenciales, y la capacidad de imponer sanción efectiva a la violencia privada.

Aunque un quiebre democrático a nivel subnacional, como en el caso de Bogotá, no está en el horizonte, la satisfacción con la ciudad, la esperanza o no que se tiene sobre el porvenir, y lo que se consideran problemas apremiantes, son variables que influyen sobre las preferencias de la ciudadanía en el momento de elegir el próximo alcalde.

Caminos para gobernar a Bogotá 

La gobernabilidad de Bogotá ha sido legitimada mediante dos estrategias diferentes: mediante las mayorías en el Concejo, o mediante la movilización en las calles y favorabilidad en las encuestas.

Cuando Gustavo Petro fue destituido e inhabilitado como alcalde de Bogotá en 2013, la plaza pública fue el escenario a través del cual intentó retener la legitimidad de su elección contra la medida autoritaria de Alejandro Ordoñez. La calle fue el recurso para defender su gestión, aunque esta se recuperó finalmente gracias al fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Bajo la administración Peñalosa en 2019, y ante su impopularidad en las encuestas, se diseñó la campaña: “Impopulares pero eficientes”. La eficiencia puede discutirse, pero la impopularidad fue el producto real de un distanciamiento deliberado con la opinión pública, cuando se privilegió el camino de las mayorías en el Concejo de Bogotá para administrar la capital.

Claudia López intentó inicialmente una fórmula intermedia, que combinaba una bancada mayoritaria en el Concejo con una popularidad que alcanzó el 89% en abril de 2020 según Invamer. Este capital se mantuvo por encima del 50% hasta mayo de 2021. La bancada en el Concejo se fue desgranando a medida que avanzaba la administración, y en la recta final la distancia será mayor en tanto se acerquen las elecciones locales.

¿Retrocedió la política social?  

La gestión en materia de educación, cultura, salud, medio ambiente y situación económica hacen parte de la encuesta de percepción ciudadana. De allí, resalta la insatisfacción ciudadana frente a la calidad del aire que, aunque se redujo con respecto a 2019, fue la única que se ubicó por encima del 50%.

Los datos más reveladores se encuentran en la autopercepción económica y las condiciones materiales de la ciudadanía. Para 2022, aumentó en un 7% quienes se consideran pesimistas frente al panorama económico de la ciudad y en 6% quienes se auto perciben como pobres.

El dato más crítico se encuentra en el aumento de 11% de quienes afirman no haber comido tres veces al día. Dentro de esta categoría, las más afectadas son las mujeres con un 29% de encuestadas que comieron menos de tres veces y las personas mayores de 55 años con un 33%, un 12% más que la cifra registrada en 2019. La Bogotá sin hambre de Luis Eduardo Garzón quedó en el pasado.

Este indicador, uno de los pocos que tienen un componente más fáctico que de percepción, pone en evidencia que la política social en Bogotá retrocedió. Durante las dos últimas décadas, la capital aplicó una política social que intentó superar la pobreza y vulnerabilidad con estrategias de inserción productiva. La lógica de estas nuevas medidas fue considerar a la ciudadanía sujeto de derechos cuya titularidad le permitiera integrarse en condiciones de mayor equidad a la sociedad.

Concebir el desarrollo de forma multidimensional, incluyendo la equidad como un precepto clave, permitió reducir la pobreza en Bogotá, de 38,3% en 2003 a 15,5% en 2010

La reducción de la pobreza sin embargo se estancó en 2017 y 2018, en parte por las condiciones nacionales que llevaron a 190.000 personas en todo el país a ingresar a la línea de pobreza.

El deterioro de las condiciones materiales se reflejó por entonces en la encuesta de percepción ciudadana de 2018, cuando el 33% consideró que una de las razones para vivir en un municipio cercano era el costo de vida. Así mismo, quienes consideraron que su situación económica había empeorado pasó del 25% al 33% entre 2016 y 2018.

En seguridad alimentaria, los resultados negativos de la Encuesta de Percepción Ciudadana de 2022 confirman la tendencia que había mostrado la Encuesta Multipropósito de 2021, que mostró la disminución de ingresos de 4 de cada 10 personas en Bogotá y la reducción del gasto en alimentación que manifestó un 30% de las personas encuestadas.

El mal camino de Bogotá 

El rumbo inmediato de la ciudad, la valoración de la gestión de la Alcaldía, y el orden de las preocupaciones ciudadanas son las principales variables de la buena o mala percepción ciudadana sobre Bogotá.

Un 64,9%, de los encuestados considera que la ciudad “va por mal camino” — dos puntos más que en 2019—, y entre los estratos 1 y 2 esta cifra llega a 67,9% —en correspondencia con las deficiencias en seguridad alimentaria y empleo —.

Lo particular en esta encuesta es el alza significativa de la insatisfacción de las mujeres —7 %—, superando el porcentaje de hombres insatisfechos, este último con el ligero aumento de un punto.

La imagen negativa de la administración de Claudia López no es proporcional a la que evidenciaron otras encuestas recientemente. La mandataria local tiene un 32,3% de percepción mala de gestión en Bogotá Cómo Vamos, frente al 64% de desaprobación que el pasado abril mostró la encuesta de Invamer.

La importante diferencia puede explicarse, parcialmente, en que la variable que mide la primera es sobre la administración en su conjunto institucional, algo en lo cual puede presentarse cambios flexibles frente a la imagen que se tenga de la alcaldesa como personalidad pública.

La aprobación del 33 % que según Invamer registra la alcaldesa es una cifra relativamente similar a la que tuvieron para el final de sus administraciones Gustavo Petro con 36 % y Enrique Peñalosa con 35 %.

Salud, empleo e inseguridad

Salud y empleo son las principales preocupaciones entre los encuestados. Bogotá experimenta un proceso lento de reactivación económica. Según el Observatorio de Desarrollo Económico, la tasa de informalidad pasó de 30,4 % en diciembre de 2021 y febrero de 2022, al 33,3 % en diciembre de 2022 y febrero de 2023. En términos concretos, lo anterior significa que 154.253 ingresaron a la informalidad.

En términos de seguridad, la encuesta mostró que la percepción ciudadana se puede resumir en:

  • Percepción de entornos seguros en los barrios,
  • Inseguridad general en la ciudad, y
  • Victimización directa que, aunque menor que la percepción de inseguridad, se redujo poco con relación a la encuesta de 2019.

El 68% de los encuestados de estratos altos considera que el barrio es seguro, muy por delante del 45 % de los estratos 1 y 2. La vigilancia privada y otras condiciones urbanísticas pueden favorecer una mayor percepción de seguridad, algo que los estratos 5 y 6 tienen como recurso frente a los estratos 1 y 2.

Resulta particular en la encuesta que las personas mayores son el grupo que consideran más inseguro su barrio —28 %—, y las capas medias las que más perciben a Bogotá como insegura —39 %—.

Sin embargo, la mayor percepción de inseguridad en los barrios se ubica en el occidente y sur de la ciudad, lugares de donde provienen las más recientes denuncias ciudadanas de hechos violentos a manos de organizaciones multicrimen, como el Tren de Aragua.

La escasa credibilidad en la justicia, la solicitud de porte de armas para comerciantes que tengan salvoconducto que realizó Fenalco y la creencia de que la ley es tolerante de la delincuencia, podrán explicar el aumento de prácticas de justicia por mano propia.

Foto: Alcaldía de Bogotá - EL dato más crítico de la encuesta Bogotá Cómo Vamos es el aumento en un 11 % de personas que afirman no haber comido tres veces al día.
Lo anterior explica, en parte, la no coincidencia entre la percepción de inseguridad en los barrios y la tasa de hurtos, dado que este tipo de organizaciones cometen otro tipo de delitos, entre ellos la extorsión al comercio, redes de microtráfico y ejercicios sutiles y diversos de control territorial.

Por otra parte, resulta preocupante la tasa de personas que solucionaron sus necesidades por cuenta propia antes que acudir a las instituciones de justicia. Aunque se registró un descenso significativo, sigue siendo alta en comparación con el porcentaje de la población que asiste a las estaciones de policía, Fiscalía, Comisarías de Familia o Casas de Justicia.

La escasa credibilidad en la justicia, la solicitud de porte de armas para comerciantes que tengan salvoconducto que realizó Fenalco y la creencia de que la ley es tolerante de la delincuencia, podrán explicar el aumento de prácticas de justicia por mano propia.

La campaña electoral

La percepción ciudadana sobre el estado actual de Bogotá, la calidad de vida y el desempeño de la administración distrital serán claves para las próximas elecciones que, por primera vez, tendrán segunda vuelta.

La encuesta sugiere un conjunto de demandas ciudadanas que decidirán los discursos de las candidaturas a la alcaldía. No obstante, advierte también unas líneas que pueden ser orientadoras para el próximo Plan Distrital de Desarrollo, entre las cuales se pueden advertir:

  • Una ciudad que envejece como Bogotá debe brindar condiciones para una vejez digna. Además de condiciones materiales adecuadas para las personas mayores, entornos inmediatos que resulten seguros y protectores, debe haber una promoción mayor y permanente de redes de cuidado comunitario que permitan a las personas mayores incorporarse en sus comunidades y prevenir violencias de diverso orden.
  • Bogotá debe ser segura para las mujeres. Que la encuesta refleje una mayor percepción de inseguridad para las mujeres y su vulnerabilidad socioeconómica, debe llamar la atención de la sociedad y las candidaturas a la alcaldía, así como del próximo Plan Distrital de Desarrollo para que contengan metas concretas para que las mujeres adelanten una vida libre de violencias.
  • El bienestar general debe ser y parecer. Importa que la ciudad y las condiciones materiales de la población mejoren, pero la participación ciudadana y una mayor capacidad de las instituciones para responder ante demandas comunitarias también importan.
  • Planes Locales de Desarrollo con capacidad de adaptación a las necesidades territoriales y sus poblaciones. La aplicación de un modelo general de desarrollo para las localidades, como ocurrió en la administración que concluye este año, es una experiencia que no debe repetirse.

Además de frustrar la participación de la ciudadanía de quienes se integran a ejercicios de formulación de planes locales de desarrollo, acaba por constituir instrumentos de gestión que no corresponden a las necesidades específicas de poblaciones y territorios.

Puede leer: Doña Juana debe llegar a su fin

Acerca del autor

Óscar Murillo

Magister en Ciencias Políticas, FLACSO – Ecuador; Especialista en Pedagogía, Universidad Pedagógica Nacional; Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

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Óscar Murillo

Magister en Ciencias Políticas, FLACSO – Ecuador; Especialista en Pedagogía, Universidad Pedagógica Nacional; Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

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