La brecha cognitiva en Bogotá: el gran problema social
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La brecha cognitiva en Bogotá: el gran problema social

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Carlos Fernando Galán pretende que los colegios oficiales disminuyan al menos 1 punto en su resultado de pruebas Saber 11 con respecto a los no oficiales. ¿Qué resuelve esta meta y cuál es el panorama educativo actual?

Óscar A. Alfonso R.*

Las brechas cognitivas y sus consecuencias

John Rawls propuso una sociedad de ciudadanos libres e iguales que cooperan entre sí desde su perspectiva de la justicia liberal. Ella depende de un acuerdo social justo denominado “posición original” que reúne las características del “velo de la ignorancia”. Si el velo es transparente el acuerdo no es posible pues terminará imponiéndose alguna doctrina que respalda los intereses de los miembros de la clase con algún poder de decisión asimétrico. 

En una sociedad organizada sobre la base de un sistema justo de cooperación social, hay claridad sobre los derechos fundamentales que hacen libres e iguales a los ciudadanos, así como los mecanismos que hacen posible su realización. La brecha en la educación media en Bogotá es quizás el principal obstáculo para alcanzar ese ideal de sociedad. La meta planteada es vergonzosa. 

Hay aspectos que afectan negativamente el rendimiento académico sobre los que el estudiante no ejerce control, tales como el estatus socioeconómico de los miembros del hogar, su procedencia y el tipo de colegio en que están matriculados.

Richard Wilkinson ha analizado la vergüenza que embarga a la gente, especialmente a los jóvenes, debido al rechazo social asociado con el sentimiento del fracaso como causante del estrés crónico, quizá el principal factor de riesgo para la salud en el tiempo que vivimos. 

Por su parte, Jim Van Os desmiente desde un enfoque biopsicosocial de la psiquiatría que el fracaso sea resultado de las malas elecciones individuales pues hay factores colectivos que inciden negativamente en el clima social y existencial de los jóvenes y, por tanto, en su estado de salud física y mental.

En el informe PISA 2022, los analistas de la OECD se preguntan cuáles son las razones de que algunos alumnos que no consiguen aprovechar a plenitud su potencial de aprendizaje. Concluyen que hay aspectos que afectan negativamente el rendimiento académico sobre los que el estudiante no ejerce control, tales como el estatus socioeconómico de los miembros del hogar, su procedencia y el tipo de colegio en que están matriculados. 

En Colombia, José Fernando Isaza ha denunciado la persistencia de la brecha educativa en Colombia y, de forma reiterada, ha criticado la manera clasista como opera nuestro sistema educativo que perpetúa la desigualdad social. 

Foto: Secretaría de Educación - Una de las metas propuestas por el alcalde es que “los colegios oficiales suban al menos un punto en su resultado global de pruebas Saber 11”.

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Las brechas sociales en la educación secundaria

El ICFES adoptó un conjunto de reglas y una metodología de medición complejas para clasificar a los establecimientos y sus sedes. Dentro de las nueve reglas, se destaca que la clasificación obedece a los resultados de los estudiantes evaluados en los últimos tres años que se han presentado para las pruebas Saber 11, que se considera solamente el 80 % con los resultados más elevados y que se mide tanto el promedio por establecimiento como la varianza.

Las áreas de conocimiento evaluadas son matemáticas, ciencias naturales, sociales y ciudadanas, lectura crítica e inglés. Para obtener el índice total por establecimiento educativo, los índices resultantes para cada una de las primeras cuatro áreas se ponderan por 3/13 y el inglés por 1/13. El resultado es una caracterización jerárquica en cinco grupos, A+, A, B, C y D, que incluye cuatro rasgos de acuerdo con la participación porcentual de los estudiantes evaluados que se ubican entre el 33 % con los menores y mayores resultados.

El índice total resultante permite medir la magnitud de la brecha que, en términos relativos, es el porcentaje que se obtiene de restarle a la unidad el cociente del índice de cada establecimiento sobre el índice más elevado de los establecimientos evaluados que son alrededor de 1140 para el caso de Bogotá. 

Esta forma de obtener la brecha surge de la idea de que en una sociedad igualitaria todos los estudiantes deberían gozar de las mismas oportunidades para desarrollar a plenitud su potencial cognitivo. Es decir, es un ideal que de llegar a cumplirse justificaría plenamente el empleo del principio de la meritocracia para el acceso a la educación superior o al mercado laboral.

La Gráfica 1 se construyó sobre la base de los valores máximos de la brecha para cada grupo, y de su análisis es posible deducir algunos puntos importantes para la política distrital de educación. 

El primer punto y que es un tanto paradójico es que la brecha se redujo en el primer año de pandemia, contrario a la idea generalizada de que la situación empeoró. Quizá lo haya hecho en aspectos que no capta el índice tales como la deserción escolar. El segundo es que aún dentro de los establecimientos del grupo mejor calificado, el A+, la brecha puede alcanzar límites considerables que en los últimos años oscilan alrededor del 16 %. La tercera es que en 2021 la brecha volvió a crecer y quedó prácticamente estancada hasta 2023 salvo para los establecimientos del grupo D para los que se sigue ensanchando. 

El 24,5 % de la brecha lo explican las diferencias en el área de matemáticas, las ciencias sociales y ciudadanas aportan el 23,6 %, las Ciencias Naturales el 22,7 %, la lectura crítica el 20,9 % y el idioma inglés el 8,3 %. 

La dimensión espacial de la brecha 

Los resultados de una investigación reciente del Observatorio de Realidades Educativas de la Universidad ICESI indican que en Colombia el 46 % de los matriculados en primer grado no concluyen la educación media porque reprueban, desertan o suspenden por causas que no están bajo su control tales como los obstáculos económicos de los jefes de hogar y por ser víctimas del desplazamiento y de otras formas de violencia, situaciones que desencadenan el estrés crónico que deteriora su salud mental y estimula en no pocos casos el desinterés y la desmotivación por el estudio.

Los establecimientos educativos no oficiales son la abrumadora mayoría dentro de la categoría A+, lo que ratifica que la educación privada es una prerrogativa al alcance de muy pocos hogares, aquellos que disponen de los recursos para pagar onerosas mensualidades y bonos.

De los 54 restantes solo 11 —el 20,4%— superan los “mínimos aceptables” en las cinco áreas evaluadas. En Bogotá el 26 % de los matriculados pertenecen a establecimientos clasificados en A+, quedando anualmente cerca de 170 000 bachilleres con la pesada carga del rezago cognitivo más pernicioso. 

Los establecimientos educativos no oficiales son la abrumadora mayoría dentro de la categoría A+, lo que ratifica que la educación privada es una prerrogativa al alcance de muy pocos hogares, aquellos que disponen de los recursos para pagar onerosas mensualidades y bonos. De hecho, si se consideran solamente los establecimientos de las otras cuatro categorías, la brecha entre establecimientos oficiales y no oficiales bordea apenas el 3 %, que es una exigua diferencia que para los padres de familia torna inexistente la disyuntiva “oficial o no oficial” a la hora de elegir un establecimiento educativo para matricular a sus hijos.

Por último, está el tema de la localización de los establecimientos educativos de cualquier carácter cuyos matriculados padecen los rezagos cognitivos más acuciantes a la luz de la brecha en el rendimiento académico. 

La Gráfica 2 se construyó tomando como unidad de análisis espacial las 112 Unidades de Planeamiento Zonal de la zona urbana de Bogotá. En ella se constata que las brechas que produce el sistema educativo se presentan de manera predominante en los vecindarios populares del sur de la ciudad como San Blas, Lucero, Ismael Perdomo, Usme y Tintal Sur, del centro como La Sabana, La Candelaria y Las Cruces, del noroccidente como El Rincón y del nororiente como San Isidro – Patios. 

El estatus socioeconómico de los jefes de hogar que determina la elección de localización residencial no está bajo el control de los estudiantes. Al seleccionar un establecimiento educativo, priman criterios como la oferta de la jornada extendida que les permita, entre otras cosas, liberar tiempo de cuidado para destinarlo al trabajo, así como la proximidad del establecimiento al lugar de residencia para eliminar el costo de transporte cotidiano y disminuir los riesgos inherentes al desplazamiento.

La meta de Galán

Una de las metas propuestas es que “los colegios oficiales suban al menos un punto en su resultado global de pruebas Saber 11” que es muy modesta y hasta vergonzosa en relación con la magnitud de la brecha. Los avances propuestos en áreas como matemáticas e inglés son muy pertinentes, pero al formar parte de esa meta global producirán resultados igualmente marginales.

Aspectos tales como la relación cuantitativa estudiantes por docente brillan por su ausencia en lo planteado hasta el momento, y es un asunto crucial pues de ella se sacan resultados cualitativos cruciales por cuanto condicionan la retroalimentación y el seguimiento al estudiante. 

La articulación institucional es imprescindible, pues no se puede perseguir el cierre de las brechas cognitivas si los estudiantes padecen malnutrición. El papel de la Secretaría de Integración Social será decisivo en ese sentido. La magnitud y la naturaleza de la brecha cognitiva exige metas y esfuerzos similares, pero por ahora la sensación que queda de este balance es de pesimismo por cuanto se avizora la perpetuación de la brecha cognitiva.

Lea en Razón Pública: El Plan Distrital de Desarrollo del gobierno Galán

*Este artículo hace parte de la alianza entre Razón Pública y la Universidad Externado. Las opiniones son responsabilidad de los autores.

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Óscar A. Alfonso R

Escrito por:

Óscar A. Alfonso R

*Doctor en Planeamiento Urbano y Regional, economista, docente e investigador de la Universidad Externado de Colombia. oscar.alfonso@uexternado.edu.co.

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