Entre la desconfianza, antipolítica y las redes sociales: la derecha emergente en América Latina
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Entre la desconfianza, antipolítica y las redes sociales: la derecha emergente en América Latina

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Pese al avance de la derecha y la presencia de una candidatura que la encarna en Colombia, América Latina sigue siendo un campo en disputa donde nada puede considerarse definitivo.

La particularidad teórica de la derecha emergente  

Desde la Revolución Francesa de 1789, el análisis y la práctica de la política han estado vistos desde la dualidad izquierda-derecha. Norberto Bobbio señaló algunos elementos característicos de esta distinción y puso en duda el presunto vacío de estas categorías en el mundo actual por cuenta de la denominada crisis de las ideologías. 

El supuesto carácter irreligioso, incluso ateo, de la izquierda; la pluralidad de posiciones que se expresan en cada orilla ideológica que llevó a considerar adecuados los conceptos progresismo – conservadurismo, en tanto que las diferencias debían centrarse en problemas y no en horizontes de la política, son algunos de los elementos que matizó Bobbio, recuperando las distinciones originales de estos conceptos. 

Vista en perspectiva teórica e histórica, la diferencia entre la derecha y la izquierda radica en el origen de las desigualdades y el papel del Estado en estas. Para la derecha, las desigualdades son naturales, y en consecuencia el Estado debe limitar su intervención en estas y permitir que su superación se realice mediante la iniciativa privada; para la izquierda, estas desigualdades son constitutivas de la sociedad, un producto derivado de esta, y en consecuencia el Estado debe intervenir para reducir y mitigar estas brechas. 

Esto no explicaría, sin embargo, la particularidad de la derecha emergente en América Latina. Un elemento distintivo inicial de esta es su acercamiento problemático con la democracia como régimen político, y en específico con su componente liberal: autonomía de la justicia, legalidad procedimental de la administración pública, existencia de organismos supranacionales como mecanismo de control, la soberanía popular. 

La nueva derecha emergente en América Latina puede distinguirse por algunos elementos comunes: 

  • La movilización colectiva que de forma institucional y extrainstitucional busca controlar, desmantelar o revertir derechos de poblaciones históricamente marginadas, mujeres y diversidades sexuales, y que tiene como objetivo central restaurar el statu quo con los derechos tradicionales asociados (Simón Escoffier, Leigh A. Payne, Julia Zalver).
  • Organizaciones sociales y políticas que buscan mantener jerarquías consideradas naturales como el patriarcado, la hegemonía empresarial, la propiedad de grandes extensiones de tierra, la subordinación de identidades LGBTIQ+ e indígenas en América Latina (Lindsay Mayka, Amy Erica Smith). 
  • Politización de la dimensión sociocultural por encima de la dimensión socioeconómica, que busca movilizar a sectores de la élite tradicional junto con sectores populares que consideran desafiados sus valores morales tradicionales (Cristóbal Rovira Kaltwasser).   

La derecha emergente en América Latina

Aunque la derecha recuperó terreno en la región, en Argentina con Mauricio Macri (2015-2019) y en Chile con Sebastián Piñera (2018-2022), fue el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil en 2018 lo que marcó un ascenso de la emergente derecha en América Latina. 

Con la llegada de un nuevo gobierno en Brasil, esta corriente ideológica encontró una oportunidad política que consolidó con la realización del Foro de Madrid en octubre de 2020, evento promovido por el Centro de Pensamiento del partido Vox de España, que permitió constituir una plataforma que le dio forma a una de las primeras y fundamentales características de esta corriente: la articulación en red. 

La nueva derecha emergente en América Latina es el producto de varios factores. Las condiciones estructurantes pueden encontrarse en la crisis de los gobiernos posneoliberales que surgieron al finalizar los noventa y que, pese a los esfuerzos redistributivos que realizaron, entraron en una fase de estancamiento del crecimiento económico de inicios de los años 2000, junto a casos de corrupción que empañaron la gestión, como en el caso del Partido dos Trabalhadores en Brasil, y la creciente inseguridad transnacional que afecta la región.

A lo anterior se suma la desconfianza en las instituciones democráticas, la baja percepción de que este es el régimen democrático deseable y la satisfacción con su funcionamiento. Parte de los factores que afectan a los gobiernos de izquierda es que llegan al poder en el marco de una ola de indignación, existe una expectativa de cambios estructurales que por su naturaleza no se producen rápidamente y que, ante ello, produce un ciclo de frustración ciudadana que se traduce en una oscilación del péndulo político. 

Esta derecha emergente en América Latina cabalga sobre la crisis de la democracia representativa y su limitada capacidad para tramitar las demandas ciudadanas que pasan por la satisfacción material y la contención al crimen organizado, que ya no incluye sólo el narcotráfico a escala global y narcomenudeo en contextos urbanos, sino también el control territorial, la configuración de mercados ilegales, la infiltración de instituciones y la justica, y el uso de cárceles como herramienta que expande la criminalidad.  

Lo paradójico es que esta derecha emergente ha sido capaz de apropiar herramientas y escenarios que históricamente fueron de la izquierda en América Latina: la transgresión, la rebeldía y la desobediencia, y la ocupación de la calle con la movilización social, recursos que ha sabido capitalizar esta nueva corriente ideológica para canalizar variadas expresiones de la indignación social.   

Un análisis histórico realizado por Camila Perochena y Alberto Vergara establece la comparación entre las dos corrientes de la derecha en América Latina. De una parte, la derecha del Consenso de Washington, de orientación económica neoliberal, que buscó el retorno a la democracia en la región y la apertura de mercados con una inspiración marcada en la razón tecnocrática. Esa derecha no se interesaba por la historia, por el contrario, aclamaba el final de esta.

La derecha emergente que se articula en el Foro de Madrid, en cambio, es fuertemente simbólica y disputa la narrativa de la historia mediante una relectura reaccionaria que relativiza o niega los efectos de las dictaduras del cono sur, y que sobre la colonización ha construido un relato sustentado en la necesidad de civilizar a los pueblos indígenas mediante la expansión del cristianismo. 

En ambos hechos históricos hay una suerte de nostalgia autoritaria que coincide con sus discursos más recientes en torno a la seguridad ciudadana y el populismo punitivo. 

La negación del adversario  

Con los encuentros de la derecha emergente en Bogotá (2022), Lima (2023), Río de la Plata (2024) y Asunción (2025), se profundizó un discurso que, junto al fuerte contenido simbólico que disputa la narrativa sobre el pasado, tiene dos objetivos fundamentales: restringir el contenido la ciudadanía y facilitar la deshumanización del oponente restando su agencia política.

Ejemplo de ello se ve en las protestas en Argentina en 2025 contra el ajuste fiscal que recortó las pensiones mínimas y modificó criterios para que las personas con discapacidad accedan a estas, escenario en el que Javier Milei y Patricia Bullrich acusaron de barras bravas a los sectores populares que se movilizaron, discurso estigmatizante para justificar la represión y vaciar de contenido político el descontento.  

Llamar babuino a sus contendores como lo ha hecho Milei en Argentina, señalar que “México no existió hasta que llegaron los españoles” como lo hizo la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, o llamar “rojos inútiles” a la izquierda como lo ha hecho Rafael López Aliaga, es parte de una narrativa articulada que, además de operar en red y con las herramientas digitales a disposición, socava la contienda política democrática mediante adjetivos. 

En el Congreso Europa Viva en septiembre de 2025, Rafael López Aliaga, excandidato presidencial en Perú, pronunció un discurso en el que se pueden leer las claves de la construcción ideológica de la derecha emergente en América Latina. Señaló que los ejes de la nueva política para la “reconquista de Latinoamérica” se encuentran en la libertad, el emprendimiento, la familia, la propiedad y un Estado pequeño. 

Un elemento clave de este discurso fue la configuración de lo que denomina los “tres enemigos” de la región: “marea de verdes aborteros”, “marea negra de la corrupción”, y el crimen organizado. Además de soportarse sobre el desgaste de la política entre la ciudadanía y la desconfianza, ancla sus discursos en una disputa contra la agenda de derechos de sectores como las mujeres y aquellos que se han movilizado por aspectos materiales e identitarios. 

Discursos y prácticas comunicativas

La extrema derecha o derecha populista, pese a heterogénea composición, depende de la comunicación online para organizarse y reproducir en gran escala sus discursos y trabajo en red. 

Su variedad radica en los distintos enfoques que puede adoptar, todos desde una lógica conservadora y organizada en plataformas virtuales. Están quienes desde foros online defienden nociones tradicionales y patriarcales de la masculinidad (Manosphere), diferencias raciales y jerarquías basadas en esta, hasta quienes se denominan antiglobalización y sostienen teorías conspiracionistas como la presunta existencia de un “gobierno judío mundial” que destruye el modo de vida blanco estadounidense, o perspectivas religiosas conservadoras que defienden la familia tradicional.  

Estas corrientes se han catapultado y crecido desde 2016 con Donald Trump y la llegada de Steve Bannon a la dirección ejecutiva de su campaña. Se articulan alrededor de un discurso político que tiene como elementos comunes: 

  • Articula un discurso antiestablecimiento que busca sembrar desconfianza en las élites, aunque se sustente económicamente en estas.
  • Difunde la idea de que son gente normal y corriente que se enfrenta a los políticos para atraer la simpatía de jóvenes y sectores populares. 
  • Construye antagonismos permanentemente con un discurso ideológico que establece fronteras y crea un enemigo externo al que se debe combatir.
  • Invoca la autoridad como respuesta ante una situación de emergencia que se narra con una visión pesimista de todo lo que ocurre y que convierte el orden en necesidad. 
  • Personaliza la política mediante el refuerzo de la importancia de un líder que encarna estos valores y que puede, por ser un outsider y una figura antipolítica, alguien que está en capacidad de reiniciar el sistema.    

Esta lógica discursiva se traduce en prácticas que se materializan en las redes sociales y plataformas digitales que buscan conectar con amplios sectores de la población mediante una estrategia que combina tres elementos: viralidad, troleo, e interconexión. 

Según Xavier Peytibi y Sergio Pérez-Diáñez, la viralidad se obtiene mediante formas transgresoras que, paradójicamente, utilizó la contracultura de la década de los sesenta, al combinar titulares provocadores, memes, y fake news que activan el campo emocional; el troleo es un mensaje político que articula lo honesto con lo irónico y genera un mensaje ambivalente que busca destruir al adversario; y la interconexión que permite el trabajo colaborativo y en red de formas anónimas que contribuye a multiplicar los mensajes basados en prejuicios y la confirmación de sesgos.  

Abelardo de la Espriella, el modelo colombiano de la derecha emergente 

A este panorama general que esboza la derecha emergente en América Latina no escapa Colombia. Aunque con el Foro de Madrid y el encuentro en Bogotá de esta corriente ideológica fue María Fernanda Cabal quien encarnó los valores y posturas de esta corriente ideológica, el desinfle de su candidatura presidencial y otros factores permitieron que Abelardo de la Espriella sea hoy quien represente los elementos analizados. 

Su candidatura, que inició su configuración el 16 de julio de 2025 con la inscripción del movimiento “Defensores de la Patria” con el cual realizó la recolección de firmas, es la síntesis del manual de la derecha emergente en América Latina. 

Vendedor de ron, café, vino, escritor, cantante y diseñador de ropa masculina para atraer el “triunfo y la plenitud” son algunos de los elementos con los cuales busca construir esta imagen de empresario exitoso que encarna la antipolítica, aunque el grueso de la su fortuna se derive del ejercicio del derecho en defensa de narcotraficantes, paramilitares y procesos penales de figuras cuestionables como Alex Saab y David Murcia Guzmán.   

El lanzamiento de su candidatura en el Movistar Arena en Bogotá el 3 de noviembre de 2025 mostró que su figura política se ha construido a partir del trabajo en red con la derecha global. El evento, además de Viviane Morales y Enrique Gómez, tuvo la presencia de Agustín Laje, activista de la derecha global, y María Elvira Salazar, congresista republicana cercana a Donald Trump.  

Ha realizado afirmaciones que deshumanizan y desconocen al adversario, característica propia de una democracia. En una entrevista en la FM afirmó “(…) sepan ustedes, señores de la izquierda, en mí tendrán a un enemigo acérrimo que hará todo lo posible para destriparlos y enfrentarles, determinada y decididamente. A esa plaga hay que erradicarla”.

En un país que fue declarado responsable por la Corte Interamericana de Derechos Humanos del exterminio de la Unión Patriótica, precisamente por tratarles como enemigos internos y crear un clima de estigmatización que se tradujo en victimización física y psicológica, realizar este tipo de afirmaciones debería tomarse mucho más en serio. 

Una campaña construida a partir de símbolos como el “país milagro”, la patria, el tigre, la masculinidad hegemónica que se centra en la virilidad y la misoginia, como sucedió en las entrevistas realizadas por el programa radial Piso 8 y María Lucía Fernández, y presentarse como alguien que está contra “los de siempre”, es parte coherente de una narrativa que representa la derecha emergente profundamente antidemocrática: desconoce la justicia cuando no le resulta favorable, como ante el llamado a movilizarse por la condena en primera instancia contra el presidente Álvaro Uribe Vélez, pero instrumentaliza para censurar a la prensa cuando le crítica, como en el caso de Julián Martínez y María Jimena Duzán. 

La comunicación y su componente emocional y simbólico es algo deliberado que hace públicamente consciente, tal como lo afirmó en la entrevista de Noticias Caracol. A esto se ha sumado un fuerte uso de la Inteligencia Artificial para reforzar la narrativa de enfrentar a la política tradicional, usar símbolos patrios, algo que más allá de la espectacularidad de la política a la que asistimos en medio de las campañas, que tiene como efecto posible alterar la percepción de la realidad para crear determinados resultados electorales. A lo anterior se ha sumado un equipo de influencers de derecha que amplifican su discurso y actúan de manera coordinada.    

Pese al avance de la derecha y la presencia de una candidatura que la encarna en Colombia, América Latina sigue siendo un campo en disputa. Los hechos recientes en Argentina contra Javier Milei, con la protesta de estudiantes y docentes universitarios; la rápida caída en las encuestas de José Antonio Kast en Chile que lo llevó a remover algunos de sus ministros; la movilización de mineros y la Central Obrera Boliviana que tiene en jaque el gobierno de Rodrigo Paz a seis meses de su mandato, y lo abierta que sigue la disputa electoral en Perú con la segunda vuelta, muestran que nada puede considerarse definitivo en la región.

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Acerca del autor

Óscar Murillo
oscarmurillo@razonpublica.org.co | + posts

Magister en Ciencias Políticas, FLACSO – Ecuador; Especialista en Pedagogía, Universidad Pedagógica Nacional; Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

5 comentarios

Óscar Murillo

Escrito por:

Óscar Murillo

Magister en Ciencias Políticas, FLACSO – Ecuador; Especialista en Pedagogía, Universidad Pedagógica Nacional; Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

5 comentarios de “Entre la desconfianza, antipolítica y las redes sociales: la derecha emergente en América Latina”

  1. El autor se cuida casi bien al llamar ‘posneoliberales’ el ciclo progresista de la década de los 2000, lo hubiere precisado: terminaron por profundizar el modelo, no hay diferencia sustantiva entre Bachelet y Piñera, por ejemplo.

    Esa es la diferencia entre la derecha en América Latina y la europea, allá buscan revertir la globalización (china…).

    Pero aparte del espectáculo, los que se suelen denominarse ‘patriotas’ terminan siendo traidores, regalan los recursos naturales y dejan al Estado sin maniobra. Esa es la ironía y la hipocresía de los de ‘ultraderecha’.

    1. Muchas gracias Jassir por el comentario y la reflexión que plantea.

      De entrada, tengo serias reservas con considerar lo mismo, o una continuidad, a los gobiernos de Bachelet y Piñera, o que incluso hayan sido profundizaciones neoliberales como las llama. De no haber sido por la existencia del gobierno Bachelet, no hubiera sido posible el ciclo de expansión democrática que permitió tiempo después el ascenso de Gabriel Boric, aún con las limitaciones que sus ejecuciones gubernamentales impliquen.

      Ahora bien, en efecto llamo a estos gobiernos posneoliberales en virtud de dos factores: el primero, que representan un ciclo de gobiernos posteriores al Consenso de Washington de la década de los noventa que aplicaron fuertes ajustes fiscales, y segundo en razón precisamente de la diversidad que impide caracterizarlos de una única manera. Una cosa fue la Venezuela de Hugo Chávez, la Argentina de Kirchner, y otra justamente Bachelet en Chile. Con la categoría posneoliberales, busco ubicarlas como un momento histórico de América Latina, una temporalidad común, aunque pueda tener distintas formas según el país.

      Es posible, sin duda, que esto que respondo no quede tan explícito en el artículo, la razón no es otra que las limitaciones de extensión, pero acepto la sugerencia para futuros textos.

      Muchas gracias.

  2. Asumir una postura de incidencia dentro de la estructura institucional de Colombia refleja una profunda lucidez estratégica y un compromiso ético inquebrantable. En la teoría del cambio social, esta apuesta se reconoce como la ocupación crítica de los espacios estatales; la convicción de que la resistencia desde los márgenes debe complementarse con una disputa técnica y política desde las entrañas del propio sistema.

    El panorama nacional evidencia un consenso colectivo e irreversible por transformaciones estructurales, pero el verdadero desafío de este horizonte radica en evitar que las transiciones sociales se diluyan en la retórica o en el desgaste burocrático. «Romper desde adentro» exige rigor metodológico para subvertir las lógicas tradicionales del poder, pero también una sensibilidad aguda para garantizar que los instrumentos técnicos, como la planificación urbana o el ordenamiento territorial, se conviertan en herramientas reales de justicia socioambiental al servicio de la vida.

    Al final, la esperanza no es una espera pasiva, sino una estrategia en movimiento: el motor que sostiene el tejido social mientras se abren grietas de transformación irreversible en la gestión pública.

    1. Muchas gracias Paola por tus comentarios, muy interesantes para el diálogo y el debate.

      Tengo dudas, debo confesarlo, sobre el hecho de que exista un consenso irreversible y colectivo por transformaciones estructurales, como lo llamas. ¿Cómo podría explicarse, entonces, que exista una candidatura de esta derecha extrema y emergente en Colombia? ¿Por qué ha logrado consolidarse como una opción electoral viable pese a su pasado y características?

      Quizás lo que estamos atravesando es un campo de conflicto, natural y propio, de un escenario de transformación. Situación que es distinta y que, sobre todo, no garantiza para nada su irreversibilidad. Veremos qué ocurre. Gracias

  3. Agradezco profundamente al autor por abrir el espacio a esta valiosa reflexión sobre el oportunismo de partidos de derecha en el uso de redes sociales.

    Ahora frente al panorama político de Colombia, hay un consenso general de transformaciones sociales, elijo creer que, si existen rutas de solución y es acercándonos al sistema, tal vez desde la planificación urbana o el ordenamiento territorial, y tratar de «romper» desde adentro, por supuesto que el desafío del horizonte es grande, ¡pero la esperanza es lo último que se pierde!

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