Luis Javier Mejía, autor en Razón Pública
Facebook Donald Trump El golpe de Donald Trump.

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Luis Mejia

Las mentiras no son nuevas en la vida ni en el gobierno de Trump. Pero la última le costó una desbandada de aliados y el récord de ser el único presidente de la historia que ha sido sometido a dos “impeachments”.

Luis Javier Mejía*

La campaña presidencial

El pasado 6 de enero, una turba azuzada por el presidente Trump y sus aliados ocupó el Capitolio Nacional en Washington. Ese fue el trágico desenlace de la crisis que comenzó con los alegatos de fraude de Trump. O, más bien, el trágico desenlace de la crisis que comenzó con su presidencia.

En junio del 2016, Trump lanzó su campaña para la presidencia usando mentiras, que fueron aumentando en número y tamaño a medida que avanzaba la campaña. Elegido presidente continuó en la misma tónica. El Washington Post documentó 29.580 falsedades e imprecisiones engañosas en sus declaraciones públicas entre el día de su posesión y el 15 de noviembre pasado.

Con todo, el discurso trumpista ha sido popular en las filas republicanas. Permitió que este partido impulsara su agenda de supremacía blanca, desmonte de la seguridad social, consolidación de las desigualdades sociales y promoción del fanatismo cristiano.

El 3 de noviembre pasado tuvieron lugar las elecciones que ganó Joe Biden. Como muestra el Cuadro 1, las diferencias en el voto popular y el voto del Colegio Electoral no dejaron ninguna duda al respecto. Funcionarios encargados de vigilar el proceso y autoridades estatales —muchas de ellas republicanas— certificaron la elección de Biden.

Cuadro 1. Resultados de la elección presidencial 2020

Alegatos de fraude

Pero Trump se negó a aceptar la derrota.

Había preparado el alegato de fraude desde meses atrás, al decir que los votos depositados por correo serían manipulados para favorecer a los demócratas.

La noche del 3 de noviembre, cuando vio que no llevaba ventaja suficiente, se apresuró a declarar su victoria. Y en los días siguientes, ya claro el triunfo de Biden, comenzó a inundar los medios con sus afirmaciones peculiares de: “todo el mundo dice”, “me han dicho”, “he oído que hubo fraude”.

Así creó la mayor mentira de su carrera: el pueblo estadounidense lo reeligió por una mayoría abrumadora, pero hubo un fraude masivo para robarle el triunfo. Los administradores de su campaña iniciaron más de setenta casos judiciales contra los resultados electorales. Pero los jueces, incluyendo la Corte Suprema de Justicia, los rechazaron por falta de pruebas.

Las afirmaciones infundadas de fraude, coreadas por líderes republicanos, medios de derecha y redes sociales, alimentaron entre sus votantes la convicción de que hubo fraude.

Le recomendamos: ¿Por qué el triunfo de Biden no es la derrota de Trump?

Intentos de cambiar los resultados

Mientras tanto, Trump reemplazó a altos funcionarios federales de defensa, seguridad doméstica e inteligencia por individuos que le profesaban más lealtad personal.

Personalmente telefoneó a funcionarios electorales del estado de Georgia para exigirles que desconocieran el resultado de las urnas y le “encontrarán” los votos que hacían falta.

Impidió el trabajo del equipo de transición de Biden, bloqueando por varias semanas sus contactos con las agencias federales.

Inventó dos mentiras adicionales:

  1. Que el vicepresidente tenía la facultad legal de destituir y ordenar el reemplazo de los miembros de los colegios electorales que, en su sentir, hubieran sido escogidos de manera fraudulenta; y
  2. Que la bancada republicana tenía el poder de invalidar los resultados certificados por los colegios electorales.

Sus aliados republicanos siguieron respaldándolo sin cuestionar sus motivos.

El asalto al Capitolio

El país entró en una crisis que desembocó en la trágica ocupación del Capitolio Nacional.

Por ley, el Congreso debe reunirse el 6 de enero para formalizar los resultados de la elección presidencial sobre la base de las certificaciones de cada uno de los 50 estados. Durante las semanas anteriores, Trump intensificó sus alegatos de fraude y convocó a una manifestación ese mismo día en Washington D.C. para obligar al Congreso a reconocer su triunfo.

Trump permitió que el partido republicano impulsara su agenda de supremacía blanca, desmonte de la seguridad social, consolidación de las desigualdades sociales y promoción del fanatismo cristiano

El 6 de enero, mientras el Congreso certificaba los resultados de la elección presidencial, Trump presidió la manifestación en Washington D.C. En su discurso, reiteró el derecho de sus votantes a exigirle al congreso que respetara su triunfo electoral. Y, repitiendo las mentiras sobre el fraude y los poderes del vicepresidente y de la bancada republicana, los llamó traidores si no hacían su voluntad.

Lo que siguió fue una tragedia. A las 11:57 a.m., Trump ordenó a los participantes que marcharán hacia el capitolio, prometiendo ir con ellos. Y a las 2:15 p.m. los manifestantes ingresaron por la fuerza al Capitolio. Los invasores buscaron al vicepresidente para lincharlo y prometieron ajusticiar a los congresistas traidores.

Algunos miembros del personal de seguridad ayudaron a los manifestantes, otros los enfrentaron. Los congresistas fueron escoltados a un lugar seguro, pero la Casa Blanca y el Pentágono demoraron el envío de refuerzos de la guardia nacional. Finalmente, las autoridades repelieron a los invasores a las 5:30 p.m.

Foto: Wikimedia Commons Las mentiras de Trump alentaron a sus seguidores a tomarse el capitolio el día en que se confirmaría a Joe Biden como presidente de Estados Unidos

Lea en Razón Pública: Ataque al congreso de Estados Unidos: ¿el ocaso de Trump?

Una desbandada de aliados

Recuperado el control del capitolio, el Congreso reanudó su sesión ceremonial, certificando a Joe Biden como presidente y a Kamala Harris como vicepresidente para el periodo 2021-2024/25.

Durante la sesión del Congreso miembros republicanos validaron las demandas de los asaltantes, exigiendo que sus colegas objetaran los resultados de Arizona y Pensilvania. Esto fue rechazado por la mayoría, pero 7 senadores y 138 representantes republicanos votaron a favor.

Pero la toma del capitolio no logró la reelección de Trump, sino la desbandada de sus aliados y una notoria pérdida de influencia. Las redes sociales le cerraron sus cuentas; el muy conservador Wall Street Journal y asociaciones de empresarios pidieron su renuncia; los líderes republicanos y los voceros del fanatismo cristiano desaparecieron o condenaron los eventos.

Renunciaron aliados prominentes en el gobierno federal, como:

  • La ministra de transporte (esposa del líder mayoritario del Senado, aliado incondicional de Trump por cuatro años)
  • La ministra de educación (hermana del proveedor de mercenarios más importante para el Pentágono y otros gobiernos),
  • El jefe del Consejo Económico de la Presidencia,
  • El subdirector del Consejo de Seguridad Nacional,
  • El secretario de salud, que no abandonó el cargo porque la pandemia se encuentra en su peor momento.

Además, el ministerio de justicia tuvo que abrir investigación contra los líderes del asalto por sedición y conspiración.

Fugándose de la realidad, algunos voceros de la derecha atribuyeron la toma del capitolio al partido demócrata, a organizaciones progresistas o de minorías como el movimiento antifascista, y a los voceros del movimiento Black Lifes Matter.

Las acciones de Trump son indicios inequívocos de una intentona de golpe

Mientras tanto, Trump cambió su posición con respecto a los asaltantes del capitolio:

  • El 6 de enero, a las 3:30 p.m., les sugirió que respetaran a las autoridades;
  • A las 4:07 p.m., Biden retó al presidente Trump a poner la cara y a condenar el asalto al capitolio;
  • 4.40 PM: Trump llamó “patriotas” a los asaltantes y les dijo que entendía su descontento ante el fraude, que los amaba, que regresaran a casa obedeciendo a las autoridades;
  • A las 6:25 p.m. dijo “esto es lo que pasa cuando se les roba a los patriotas una victoria arrolladora”;
  • El día siguiente, a las 3:49 a.m., minutos después de que el Congreso certificara a Biden-Harris, declaró que, aunque había ganado las elecciones, prometía hacer una transmisión pacífica del poder el 20 de enero;
  • Tras un día de silencio, reconoció que una nueva administración tomará posesión el 20 de enero, condenó la violencia y “falta de patriotismo” de los que se tomaron el capitolio y no repitió la mentira del fraude;
  • El 13 de enero, dijo: “Condeno la violencia que vimos la semana pasada. La violencia y el vandalismo no tienen cabida en nuestro país y en nuestro movimiento… Los que participaron en los ataques serán castigados de acuerdo con la ley”. No mencionó el fraude.

Es difícil reconocer su estilo en sus últimas declaraciones. Uno se pregunta si fuerzas políticas superiores acabaron por forzarlo a cambiar su conducta.

Puede leer: La absolución de Trump: ¿fin de la democracia en Estados Unidos?

El segundo ‘impeachment’ de Trump

Una vez restaurado el orden, el liderazgo demócrata acusó a Trump por su participación en los eventos del 6 de enero y propuso el segundo proceso de destitución en el Congreso.

La Cámara aprobó la acusación el 13 de enero, reconociendo que Trump atacó al sistema democrático, interfirió en la transmisión del poder y puso en peligro al órgano legislativo. Esta fue la votación:

Segundo proceso de destitución de Trump – Cámara de Representantes

Ahora, el juicio político está en manos del Senado. Allí se necesitaría una mayoría de dos terceras partes para condenar al funcionario y —después— una simple mayoría para quitarle el derecho de ser candidato a cualquier cargo de elección popular. Pero se da por sentado que, por lealtad, disciplina o complicidad, un número suficiente de senadores republicanos bloqueará la condena.

Esa no será una prueba de su inocencia. Las acciones de Trump son indicios inequívocos de una intentona de golpe:

  • Exigió a funcionarios electorales estatales cambiar la contabilidad de los votos,
  • Hizo cambios de personal en las agencias de seguridad,
  • Lanzó acusaciones infundadas de fraude,
  • Incitó a la violencia contra el Congreso, y
  • Se demoró en manifestarse en contra de la toma del capitolio.

Los Estados Unidos han tenido suerte esta vez gracias a la ineptitud de los trumpistas. Pero las fuerzas políticas que facilitaron estos eventos siguen vivas. La próxima vez podrían tener éxito.

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Luis Javier Mejía

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Luis Javier Mejía

*Abogado, economista e investigador social.

Diálogo Chino Las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre mostraron un reajuste en el comportamiento electoral de los colombianos.

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La situación del expresidente Uribe, la desinformación y la intromisión de funcionarios colombianos en las elecciones explican por qué más colombianos apoyaron a Trump este año.

Luis Javier Mejía*

Más colombianos con Trump

El comportamiento electoral de los colombianos y en general de los latinos que viven en Estados Unidos cambió en las presidenciales de este 3 de noviembre.

Aunque los latinos no son mayoría en casi ningún distrito electoral, su voto puede ser decisivo en estados pendulares como Florida o Arizona. Una vez tengamos los resultados definitivos, sabremos qué tanta incidencia tuvieron en el resultado final.

De acuerdo con el Centro de Investigaciones Pew, en 2017 había 1,2 millones de colombiamos en Estados Unidos y para ese entonces, representaban el 2% de la población latina. El 61% había nacido en Colombia, el 60% eran ciudadanos nacionalizados, y representaban alrededor de 430.000 votos potenciales concentrados en los estados de Florida, Nueva York y Nueva Jersey, donde reside el 57% de esta población.

El expresidente y académico costarricense Luis Guillermo Solis asegura que los colombianos no votan de manera uniforme porque, al igual que el resto de los latinos, son un grupo heterógeneo conformado por cerebros fugados, trabajadores calificados y no calificados, empresarios, rentistas, estudiantes, jubilados y refugiados políticos. Algunos participan en manifestaciones callejeras, muchos consumen propaganda y casi todos forman parte de grupos de latinos en redes sociales.

Sin embargo, es innegable que los latinos apoyan más a los demócratas que a los republicanos. Según las encuestas nacionales de CNN, en 2016 Hillary Clinton obtuvo el 66% del voto latino, y Donald Trump el 28%; este año Joe Biden obtuvo el 65% del voto latino y Trump el 32%.

Analistas como Eduardo Gamarra han interpretado que el aumento del 4% a favor de Trump no debe entenderse como una prueba de que los latinos están distanciándose de los demócratas y acercándose a la extrema derecha. En realidad, los dos candidatos obtuvieron más apoyo en términos absolutos y es posible que los votos adicionales de Trump sean producto de la disminución del abstencionismo y no de un cambio de partido entre los latinos que votan de forma recurrente.

Sin embargo, vale la pena estudiar las razones para el aumento del apoyo a Trump pese a su racismo y xenofobia, su oposición a la seguridad social de la cual depende el 10% de la población pobre de colombianos nacionalizados, y su proyecto de expulsar a quienes cometieron errores en sus solicitudes de residencia y ciudadanía.

La importancia de Uribe

Para empezar, es importante recordar que, por mucho tiempo, los políticos y las agencias de publicidad estadounidenses trataron a los latinos como un grupo homogéneo que podía ser conquistado con un único mensaje, pero en las dos campañas presidenciales de Barack Obama los demócratas decidieron cambiar las reglas del juego y crear mensajes diferentes para cada uno de los sectores que conforman esta población. Este año, los republicanos reprodujeron esa estrategia con relativo éxito y los colombianos fueron uno de los subgrupos protagónicos.

La campaña de Trump se concentró en conquistar el apoyo de los migrantes colombianos que aún respaldan al polémico expresidente Álvaro Uribe. El 14 de agosto, después de que Uribe fue condenado a arresto domiciliario por las acusaciones de fraude y manipulación de testigos, el vicepresidente Pence pidió su libertad y lo llamó “héroe”. Un par de meses después, cuando un juez le devolvió la libertad al expresidente, Trump le ratificó su apoyo al felicitarlo.

A mediados de agosto, Trump ordenó al Asesor de Seguridad Nacional Roberto O’ Briend que se reuniera con el presidente Iván Duque, le prometiera financiación para planes de desarrollo y ratificara que Colombia era uno de sus principales aliados en Latinoamérica. Como era de esperarse, esta visita fue publicitada por el partido republicano entre los colombianos que viven en la Florida.

Foto: Flickr Desde 2017 el presidente Trump empezó una tarea de acercamiento a los votantes hispanos.

Puede leer: Trump, el castrochavismo y el Centro Democrático

Una campaña anticipada

Además de crear mensajes exclusivos para los diversos grupos que conforman la comunidad, el relativo éxito de los republicanos entre los latinos se explica porque varias figuras republicanas visitaron lugares donde los latinos tienen una gran importancia, su campaña por redes sociales dirigida a esta población fue más efectiva de lo esperado y algunos funcionarios colombianos apoyaron la reelección del presidente estadounidense.

Trump empezó a acercarse a los votantes latinos en 2017. Ese año visitó los barrios latinos más importantes de Miami, compartió con activistas colombianos de extrema derecha y recorrió las comunidades de Long Island azotadas por bandas criminales centroamericanas como MS-13 y Mara Salvatrucha.

Además, su partido puso en marcha un grupo de activistas encargados de difundir propaganda republicana y organizar eventos y manifestaciones para conquistar votantes y promover la presidencia de Trump. Los demócratas, en cambio, se demoraron más tiempo en buscar adeptos en la comunidad latina, y destinaron menos recursos para conseguirlo.

Información y acusaciones falsas

Por otro lado, los republicanos, sus simpatizantes y posiblemente algunos actores extranjeros han usado plataformas digitales como WhatsApp, Twitter, Facebook, YouTube e Instagram para difundir información verdadera y falsa que respalda la reelección de Trump.

Durante los últimos meses, la comunidad latina ha sido bombardeada por información, noticias falsas y teorías conspirativas. Muchos mensajes falsos grabados con acento colombiano han circulado a una velocidad asombrosa gracias a que son publicados simultáneamente por varias cuentas falsas o por bots y a que los filtros de estas plataformas funcionan mejor en inglés que en español.

Las noticias falsas también han sido difundidas por medios tradicionales como El Nuevo Herald y Radio Caracol, cuyos directivos tuvieron que excusarse por permitir el uso de espacios publicitarios para que racistas y antisemitas atacaran a Biden y al movimiento Black Lives Matter.

El discurso anticomunista fue el corazón de la campaña republicana dirigida a los latinos. Numerosos mensajes y fotos que aseguraban que Biden era “el vocero del castrochavismo” y los demócratas los defensores de la “venezolización de Estados Unidos” tuvieron éxito entre los cubanos, venezolanos y nicaraguenses que repudian el comunismo por la situación política de sus países, y entre los colombianos que culpan a las guerrillas socialistas por el desempleo, la inseguridad y la falta de oportunidades en Colombia.

Para Jairo Marín, como dice en el documental de Univisión que dirigió, la retórica está fuera de control. Otras noticias falsas afirmaban que Biden aprobaría el aborto en las últimas semanas de la gestación, y lo tildaban de pedófilo y satánico.

La ola de desinformación no se detuvo después de las elecciones. Desde el 3 de noviembre ha circulado un sinnúmero de mensajes que acusan a los demócratas de fraude electoral, siembran dudas sobre la legalidad de las papeletas de votación y aseguran que el gobierno federal ordenerá que la Guardia Nacional haga un recuento de los votos.

Javier Castaño, periodista de la plataforma Queens Latino, dice que entre los demócratas también ha circulado información confusa o falsa, pero no tanto como entre los republicanos. En este caso, no cabe dudas de que la derecha ha sido la principal fuente de desinformación.

Colombians for Trump

Finalmente, el apoyo sin precedentes de funcionarios del Estado colombiano a la campaña de reelección de Trump pudo haber motivado a algunos colombianos a votar por él.

La senadora María Fernanda Cabal publicó varios trinos y fotografías a favor de Trump, y el representante a la Cámara Juan David Vélez le hizo campaña abiertamente. En un trino, se atrevió a afirmar que Biden era un “títere del castrochavismo” y que traicionaría a Colombia. Posteriormente, justificó sus falacias afirmando que se trataba de una “opinión personal”.

Como si fuera poco, el periodista independiente Beto Coral denunció que el embajador de Colombia en Washington ofreció la ayuda de su gobierno a la campaña de Trump para lograr la reelección y que dos cónsules colombianos se reunieron con miembros del Partido Republicano con el mismo objetivo.

En un artículo publicado por CNN, dos congresistas estadounidenses afirmaron que la participación política del representante a la Cámara y la senadora colombianos era contraria a los intereses de Colombia e irrespetaba la democracia estadounidense. Finalmente, el 26 de octubre la embajada estadounidense en Bogotá ordenó a los políticos colombianos abstenerse de participar en la campaña presidencial de su país.

Puede leer: La adhesión inconveniente de Iván Duque a Donald Trump

Es necesario determinar por qué tantos colombianos y latinos en general son tan vulnerables ante la desinformación. Así mismo, es importante promover herramientas gratuitas como la Red de Verificación de Datos y la Iniciativa de Periodismo Responsable que permiten verificar la información difundida a través de medios y redes sociales.

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Luis Javier Mejía

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Luis Javier Mejía

*Abogado, economista e investigador social.

Foto: PxHere En Estados Unidos, la agenda se divide en dos culturas

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Luis Javier Mejía

La campaña de Trump se ha basado en el racismo y en el integrismo, mientras que Biden defiende los valores liberales. Pero esta guerra cultural es también una manera de mantener intacto el poder de las elites: ¿cuáles, de veras, son entonces las opciones?

Luis Javier Mejía*

Una “guerra de culturas”

En menos de un mes, los estadounidenses deberán decidir si reeligen a Donald Trump, actual presidente y candidato del Partido Republicano, o si escogen a Joe Bien, del Partido Demócrata.

En el fondo, estas elecciones representan una “guerra de culturas”, es decir, un conflicto entre las ideas “conservadores” de un candidato y las ideas “liberales” del otro. Estos son algunas de las preguntas que están dominando el discurso político:

  • ¿Qué tanto debe limitarse la inmigración?
  • ¿Quién debe financiar la educación pública y cuál debe ser su contenido?
  • ¿Hasta dónde llega la libertad religiosa?
  • ¿El Estado debería adoptar medidas contra el sesgo ideológico de los medios?
  • ¿Debe darse prevalencia a un tipo de familia en particular?
  • ¿Cuáles son los derechos de la comunidad LGBTIQ+ y qué protección merecen?

Derecha dura e izquierda moderada

La elección de Trump hace cuatro años demuestra que una parte importante de la población estadounidense prefiere al candidato que ofrezca las respuestas más conservadoras a estas preguntas. Estos electores no quieren aceptar nuevas costumbres, comunidades u opiniones que vienen naturalmente con el paso del tiempo.

Una rama de la clase política se ha dado cuenta de las ventajas de exagerar y radicalizar las opiniones de los votantes. Por eso, el Partido Republicano ha adoptado el discurso de los valores “conservadores” y lo ha convertido en una cruzada para defender el cristianismo y “la patria”.

Mientras tanto, los votantes “liberales” tienden a apoyar al Partido Demócrata porque no hay otra opción. El Partido Demócrata es relativamente más tolerante con el libre pensamiento, la ciencia no politizada, los movimientos progresistas y las ideas innovadoras.

Los seis pilares de Trump

En esta campaña electoral, el presidente Donald Trump y el vicepresidente Mike Pence representan la “causa conservadora”, que está soportada en los siguientes pilares:
Supremacía blanca
Trump lanzó su campaña presidencial de 2016 con un ataque a los inmigrantes latinos. Durante su gobierno, las deportaciones han aumentado y el gobierno se ha negado a condenar la violencia racial. En sus discursos, es común que Trump use estereotipos negativos para referirse a las comunidades musulmanas y a los países en desarrollo.

Antifeminismo
El presidente no esconde su machismo. Por ejemplo, para desviar las preguntas incómodas que le hacen las periodistas las llama “menstruantes”. Además, se refiere a las víctimas de acoso sexual como feas, no atractivas o mentirosas; y dice que las activistas políticas opositoras son desagradables, ignorantes, apátridas o extremistas de izquierda.

Politización del cristianismo
Trump ataca la separación de la Iglesia y el Estado y afirma que es una limitación de la libertad religiosa. Ha dicho que sus opositores quieren eliminar las celebraciones navideñas y ha usado a líderes religiosos como Jerry Falwell Jr. para proclamarse elegido de Dios.

Hegemonía de Estados Unidos
Trump ha ordenado la construcción de un muro en la frontera con México, ha abandonado los tratados internacionales de seguridad y comercio, y ha amenazado con romper alianzas que le parecen desfavorables. Además, ha impuesto costosas condiciones de ayuda a otros países y ha roto relaciones con organismos internacionales que en su opinión no respetan los intereses nacionales de Estados Unidos.

Ataque a los medios independientes
Trump mira con suspicacia a los medios que no sesgan las noticias a favor de su causa, los llama “enemigos del pueblo” y creadores de noticias falsas.

Ataques a la ciencia
Trump ha tratado de poner la ciencia, o al menos a los científicos estadounidenses, al servicio de su causa. Ha nombrado funcionarios no cualificados para manejar los fondos de investigación y desarrollo científico. También ha tomado decisiones en materia de salud pública y manejo del ambiente sin respaldo de expertos. Un buen ejemplo es su posición con respecto a la COVID-19.

Foto: Flickr El discurso supremacista blanco y antifeminista de Trump, ha motivado los radicalismos de distintos sectores.

Le recomendamos: Estados Unidos al borde de una guerra civil

Patán y mentiroso

Además, aunque sorprenda a algunos, el presidente Trump se ha vuelto cada vez más popular por su falta de modales.

Por ejemplo, en el debate de candidatos presidenciales del 29 de septiembre, Trump interrumpió a Joe Biden 128 veces en 90 minutos. Además, justificó las interrupciones así: “tuve que ser grosero porque él estaba mintiendo”.

Con el fin de analizar la veracidad de lo que dijeron los candidatos, el New York Times examinó 21 afirmaciones de Trump y de Biden, y encontró que seis de las afirmaciones de Trump y apenas una de Biden fueron falsas. Según el Washington Post, en 1. 267 días, Trump ha dicho 20 655 mentiras.
En materia de religión, Eric Trump, hijo del presidente, ha dicho contra cualquier evidencia que “el partido demócrata, la extrema izquierda, se ha convertido en el partido de los ateos; ellos quieren atacar al cristianismo, cerrar iglesias y se siente muy bien manteniendo los expendios de licor abiertos” (Biden es un católico practicante que invoca a Dios a menudo en sus discursos).

La otra cara
En contraste, los candidatos del Partido Demócrata, Joe Biden y Kamala Harris, han puesto énfasis en algunos valores liberales como:

  • el respeto a la libertad de cultos y la separación de la Iglesia y el Estado,
  • la igualdad entre razas y grupos étnicos,
  • el respeto a la ciencia y a la opinión de expertos,
  • las relaciones balanceadas con los aliados y los rivales,
  • la protección de la independencia de los medios.

En sus intervenciones, Biden y Harris usan un lenguaje moderado y una gentileza de trato que contrastan con la grosería de Trump.

Detrás de la campaña

Sin embargo, la guerra de culturas en Estados Unidos es más que un enfrentamiento entre liberales y conservadores. También puede verse como una estrategia de las élites para eliminar la participación popular en las decisiones de mayor importancia.

Aunque las decisiones políticas son importantes en la vida diaria de los estadounidenses, a la hora de votar pesa más el código moral implícito en esas decisiones.

Mientras las élites deciden lo que de verdad importa, las masas están entretenidas en la guerra de culturas. Los activistas conservadores –más que los liberales– preparan un paquete de memes, propagandas, caricaturas e imágenes emocionales que reducen temas complejos a frases simples fácilmente asimilables.

Este conjunto de material publicitario está destinado a la población votante que no se informa y que no tiene tiempo para investigar. Aunque se trata de una minoría, este segmento de la población debilita la capacidad negociadora de los sectores liberales.

Foto: Tecno science Esperamos que la agresiva reacción conservadora liderada por Trump sea el último coletazo en una guerra perdida.

Puede leer: El caos en la campaña presidencial de Estados Unidos

Lo que está en juego

En todo caso, la elección de uno u otro candidato tiene implicaciones importantes para Estados Unidos y el mundo:

    • La política internacional puede dar prioridad a la hegemonía estadounidense o a la colaboración pacífica con otros Estados y con los organismos internacionales.
    • Estados Unidos puede optar por gastar en sus fuerzas militares y rescatar grandes compañías, o invertir para estimular las pequeñas empresas, y mejorar la vivienda, la educación, la salud y la calidad de vida.
    • El presidente puede preferir las ganancias inmediatas frente a la explotación de recursos naturales o la protección del ambiente.
    • Las políticas fiscales y de impuestos pueden estimular o tolerar la concentración de riqueza en pocas manos, como ha venido sucediendo, o remediar las disparidades económicas y aliviar la pobreza de distintos grupos sociales.

Al final conviene recordar que, a pesar de las dificultades en las dos últimas generaciones, Estados Unidos ha adoptado algunos valores liberales. Esperemos que la agresiva reacción conservadora liderada por Trump sea el último coletazo en una guerra perdida.

En estas elecciones hay mucho más en juego de lo que se piensa. Confiemos en que los votantes tomen la decisión correcta.

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Luis Javier Mejía

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Luis Javier Mejía

*Abogado, economista e investigador social.

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Luis MejiaDos años de investigaciones y un informe que absuelve al presidente, pero también y de otro modo condena al presidente. ¿Qué dice el reporte Mueller y a dónde irá a parar todo este escándalo?

Luis Javier Mejía*

Continue reading «¿Saldrá bien librado Donald Trump?»

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*Abogado, economista e investigador social.

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Luis MejiaGuerras y tensiones extra-continentales y -en el caso de América Latina-, los migrantes y la crisis de Venezuela que nos han puesto en el ojo del huracán. ¿Qué es lo que quiere el presidente de Estados Unidos?

Luis Javier Mejía*

Continue reading «Trump, la seguridad de Estados Unidos y Venezuela»

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Luis MejiaHombres, mujeres y niños de Centroamérica dejaron sus países y avanzan por México con la esperanza de un futuro mejor en Estados Unidos. ¿Qué los motivó a emigrar? ¿Cómo están siendo utilizados por Trump? ¿Qué les espera al llegar –si llegan-?

Luis Javier Mejía*

Continue reading «La caravana: entre la desesperación y la incertidumbre»

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*Abogado, economista e investigador social.

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Niños en la frontera estadounidense.

Luis MejiaEl gobierno de Trump ha separado de sus padres a varios miles de niños, niñas y bebés que intentaban ingresar a Estados Unidos. ¿A qué se debe esta crisis humanitaria?

Luis Javier Mejía*

Continue reading «Familias de inmigrantes separadas en Estados Unidos: el resultado de un gobierno xenófobo»

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Luis MejiaLa movilización de los estudiantes el 24 de marzo es un evento memorable. ¿Qué tan transformadores serán sus efectos?

Luis Javier Mejía*

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Luis MejiaEl nuevo gobierno ha desmontado varios programas que amparaban a los inmigrantes en Estados Unidos, lo cual ha puesto a muchos de ellos en situaciones precarias de aislamiento y privación de servicios básicos. La situación es desesperanzadora.

Luis Javier Mejía*

Continue reading «Inmigración y odio en el régimen de Trump»

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Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Luis Javier MejíaParece una (mala) novela de misterio, y es en efecto una muestra de la cadena de escándalos y pasos en falso de Trump y de un gobierno que parecen tambalearse y que no obstante se mantienen a flote.

Luis Javier Mejía*

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