
Fin del matoneo escolar ¿Gracias a una nueva ley de la república?
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Para combatir el problema del matoneo escolar, o bullying, el Congreso expidió la Ley 1620 de 2013. Con su palabrería incomprensible y sus proyectos irrealizables, la Ley es una fantasía delirante del realismo mágico. ¿Habrá que reírse para no llorar?
Paul Bromberg*
Un anuncio sin precedentes… ni consecuentes
Anuncio, pregón, edicto, se ordena… ¡Alerta, ciudadanos! Se ha creado el “Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para los Derechos Humanos, la Educación para la Sexualidad y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar”
Un logro de las casi 300 manos/cerebros que intervinieron en el Congreso sin poder encontrar un nombre más pequeño. Es el reconocido derecho de cada legislador a incorporar sus sustantivos y adjetivos. Para eso se ganan las elecciones.
Su sigla será (me imagino):
SNCEFDHESPMVE O mejor, su acrónimo, más legible: Sinaconesfódehuesexpremivié Parecido al Gualupipacunamozapla, que es un jugo “un poco como, digamos de” guanábana, lulo, piña, papaya, curuba, naranja, mora, zanahoria y plátano. Porque el representante del limón está en la oposición. |
Reflexiones sobre el
Antes de entrar a estudiar la ley que pretende combatirlo, es oportuno presentar algunas ideas sobre el bullying, o matoneo escolar, como se ha traducido.
· El bullying siempre ha existido. Pido a cada uno de los lectores que haga memoria y recuerde aquellos compañeros de su curso que recibieron el tormento de la mayoría.
· Nada indica que haya aumentado. Lo que podemos asegurar es que se ha hecho más visible en un escenario de escolaridad universal, con niños de vecindarios en condición de pobreza y familias traumáticas que antes no iban al colegio.
· Ojalá pudiéramos evitarlo. Hacerlo ha sido desde siempre una función del colegio. Los padres en ocasiones ignoran que existe, porque llegan a su casa a las nueve de la noche, cuando sus hijos están dormidos, y se van de afán a las 4 a.m., porque la vida en la gran ciudad se ha hecho insufrible.
· El bullying es angustioso para los padres que se dan cuenta lo que sufren sus hijos.
· Bullying no es lo mismo que violencia escolar. En los colegios oficiales de las grandes ciudades, y posiblemente, según demuestra la encuesta de victimización, también en algunos pequeños colegios privados que prestan su servicio en las zonas de estratos bajos, está presente la violencia más cruda: de navajas, robos, revólveres.
En algunos casos, de oídas, sabemos que el bullying es dramático. En otros casos, no se manifiesta. En algunos colegios en el país, según parece, los poderes fácticos entre los escolares dominan el escenario y la supervisión de los adultos es superficial. Pero esto no es bullying.
· Sin embargo, Colombia ha importado la angustia por el bullying de otras sociedades, que lo han puesto en primer orden. No es un pecado. También importamos la democracia, el fútbol, y ahora el café.
Foto: Thomas Ricker- Bullying,o matoneo escolar. |
Con “todas las de la ley”
Para prestar atención a este problema real no se necesitaba una ley, pero ahí está: la Ley 1620 del 15 de marzo de 2013. Parece que fue de iniciativa del Ministerio de Educación Nacional (MEN) con algunos congresistas.
Hubiera bastado con que el MEN se autoimpusiera, como ente rector, la obligación de estudiar la dimensión del problema, elaborar directrices, ofrecer asesoría, alertar a la sociedad para que presione a sus colegios a cumplir su tarea, y otras cosas similares.
En lugar de eso, se atraviesa y define como principio la autonomía de la escuela, pero solo le da permiso a los dos agentes relevantes, padres y escuela, de hacer todo lo que el Ministerio autoriza.
Veamos cómo:
Como la palabra “comité” está desacreditada (“un ornitorrinco es un perro hecho por un comité”, se dice), ahora lo llaman “sistema”. Un “sistema” es una cantidad de comités, muchos, que se reúnen y se reúnen, se envían mensajes y se echan las culpas. Los organismos de control y los jueces deciden sobre la distribución de esas culpas: “todos son culpables”. O sea, ellos sí lo harían mejor.
Los jueces reciben demandas por el bien-imposible-no-conseguido y fallan a favor de los perjudicados, contra el bolsillo de todos. Por eso no hay recursos para pagar el funcionamiento de los comités, ni para manejar las escuelas: los recursos deben ahorrarse para pagar los fallos de los jueces en contra del Estado porque no fue conseguido el bien-imposible. La Ley se convierte entonces en carne para ser devorada por los jueces.
¿Cómo funciona?… si funciona
-¿Qué hace la Ley 1620?
En primer lugar, crea el “Comité Madre de Todos los Comités”: el “Comité Nacional de Convivencia Escolar…”, compuesto por gente muy importante y muy ocupada, que enviará a sus delegados, igualmente ocupadísimos. En ninguna parte se dice qué dejarán de hacer a cambio de hacer esto nuevo. ¿Qué se gana con el nuevo comité además de reuniones? Aparentemente, este “Comité Madre de Todos los Comités” define todo, y vigila que los demás cumplan.
-¿Quiénes son los demás?
El “sistema” incluye comités iguales en los departamentos, en los municipios y distritos (ya aquí van más de 1.000). Personas todas muy importantes y muy ocupadas, que enviarán a sus delegados (no muy delgados porque las reuniones engordan).
-¿Qué dejarán de hacer para hacer esto nuevo?
No se sabe. No dicen. Como los legisladores piensan que su trabajo es igual al trabajo de todos los demás colombianos, pues es claro que a los colombianos les sobra tiempo. Hay que ocuparlos en algo. Los comités son vigilados, y vigilan.
Mientras tanto, todos los organismos de control y los jueces estarán pendientes de que los medios disparen algún problema y todos les caerán con el dedo acusatorio, por no haber vigilado lo suficiente.
Todos ellos, en sus respectivas jerarquías (¡eso es un sistema, qué bien!), “definen”, “coordinan”, “armonizan”, “formulan”, “garantizan”, “promueven”, “contribuyen”, “fomentan”, “identifican”, “vigilan”, “revisan”, “ajustan”, “evalúan”, “asisten” (técnicamente, no anti-técnicamente), “publican”, “gestionan”…
Estas palabras, extraídas de la Ley, seguramente agotan el capítulo de “ocupaciones” de algún diccionario borgiano.
Todo esto será aplicado sobre los colegios. Estos comités vigilan a los colegios. Vigilan para que, bajo la amenaza de sanción, los colegios creen comités, integrados por gente que, según “el legislador”, tenía tiempo de sobra, no hacía nada.
A todo esto lo llaman “sistema”. Entre el comité madre de todos los comités, el más grande, hasta el último, en una escuelita de Bahía Solano, calculo unos 15.000 comités.
-¿Qué hacen los comités que se superponen a otros comités que ya “comiteaban”?
“Identifican”, “documentan”, “analizan”, “resuelven”, “lideran”, “promueven”, “convocan”, “activan”, “proponen”, “analizan”, “viabilizan”, “pedagogizan”, “reglamentan” (solo a ellos mismos; el resto de reglamentos son sistemáticos, es decir, son del sistema). Lo que no se haga, claro, ya es culpa del rector. Y los profesores quedan sujetos a sanción. ¡Quién los manda!
La operación está alrededor de otro sistema, adicional, integral: “Sistema de Información Unificado de Convivencia Escolar”. No se sabe para qué sirve, pero es un sistema, y será integral.
Además de una “Ruta de Atención Integral para la Convivencia Escolar”. Como es un sistema y es integral, la Ruta no viene sola, habrá componentes y protocolos, habrá francachela y habrá comilona.
Lo cierto es que al Sistema Integral de Información Integral para la Convivencia Integral, y la Ruta Integral para la atención Integral para la Integral Convivencia Escolar, se remiten los casos reportados.
Foto: Wolfgang Sterneck-El bullying se ha hecho visible, más ahora, ante el escenario de escolaridad universal, en donde niños de sectores humildes han podido acceder al sistema educativo. |
Viendo la letra menuda
La ley obliga, eso sí, a cambios en los programas académicos. Gracias a Dios, algo nuevo, ya que les sobra tiempo, especialmente a los colegios públicos, que imparten una educación integral en cinco horas no integrales.
(Art 15, numeral 1, Responsabilidades del MEN): “1. Promover y fomentar conjuntamente con las secretarías de educación certificadas, en los establecimientos educativos, la implementación de los programas para el desarrollo de competencias ciudadanas, la educación para el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos, de conformidad con los lineamientos, estándares y orientaciones que se definan. Dicha implementación se hará a través de proyectos pedagógicos de carácter obligatorio, de conformidad con el artículo 14 de la Ley General de Educación, como parte de los Proyectos Educativos Institucionales -PEI o de los Proyectos Educativos Comunitarios -PEC-, según el caso”.
En otra parte se aclara que es obligatorio. Y deberán ser obligatorios, integrales, sistémicos, totales y parciales, y algo más: ¡¡placenteros!!
(Art 20, Proyectos Pedagógicos): “Los proyectos pedagógicos de educación para la sexualidad, que tienen como objetivos desarrollar competencias en los estudiantes para tomar decisiones informadas, autónomas, responsables, placenteras, saludables y orientadas al bienestar y aprender a manejar situaciones de riesgo, a través de la negativa consciente reflexiva y critica y decir no a propuestas que afecten su integridad física o moral, deberán desarrollarse gradualmente de acuerdo con la edad, desde cada una de las áreas obligatorias señaladas en la Ley 115 de 1994, relacionados con el cuerpo y el desarrollo humano, la reproducción humana, la salud sexual y reproductiva y los métodos de anticoncepción, así como las reflexiones en torno a actitudes, intereses y habilidades en relación con las emociones, la construcción cultural de la sexualidad, los comportamientos culturales de género, la diversidad sexual, la sexualidad y los estilos de vida sanos, como elementos fundamentales para la construcción del proyecto de vida del estudiante”.
Yo me pregunto: ¿qué es eso de la “garantía de los derechos sexuales y reproductivos”, y a qué nos referimos con las decisiones “informadas, responsables, autónomas, placenteras, saludables y orientadas al bienestar” de una niña de 15 años?
Nos lo dirá, supongo, el Comité Nacional de Convivencia Escolar.
Hay más, del mismo talante en la Ley, que tiene 23 páginas en apretado pdf. Pero esto puede ser lo esencial. Para terminar, solo destaco del resto esta perla extraña:
“Las organizaciones privadas con o sin ánimo de lucro podrán hacer parte de las estrategias, programas y actividades que, en desarrollo de esta Ley, sean implementadas por los comités municipales, distritales o departamentales de convivencia escolar”.
¿Qué quiere decir esto? ¿Qué quiere decir “hacer parte de…”? ¡Averígüelo Vargas!
Ley inútil
Lo más censurable de esta Ley, que bien podría tomarse como estudio de caso sobre lo que no debe hacerse, es que todo lo que propone puede hacerse en el ámbito de lo ya existente.
Bastaría con ver lo obvio: que los padres tienen claro que dejan a sus hijos en un sitio que llaman colegio,
· en custodia, y
· con el fin de que el colegio le permita cumplir ciertas aspiraciones que los padres tienen sobre sus hijos[1],
…para que el sistema actual fuera suficiente. Pensemos en un sistema escolar
- Donde los padres, además de tener el interés suficiente, tienen la escolaridad suficiente para juzgar la educación que los colegios están brindando a sus hijos.
- Donde los periodistas y los grupos de presión que venden productos para la salud dental, o para la salud sexual y reproductiva, o antídotos contra la violencia escolar del tipo “contrátame a mí”, convencen a los padres de que se necesita una cepillada de dientes tres veces al día, con cepillos a los cuales hay que echarles media tonelada de caseína por vez, y lo propio para cada uno de los otros dos productos… Entonces los padres acabarán por exigírselos al colegio.
- Donde los políticos logren, por su cuenta o por el escándalo de los otros, sensibilizar a los padres y al Estado. Entonces ofrecerán a los padres y a los colegios la capacitación y el abanico de fórmulas para resolver un problema que se ha calificado de muy importante.
Ese es el camino. Sin embargo, la ley 1620 hace lo usual: sin añadir recursos, promueve una, dos, tres, muchas reuniones (una especie de versión moderna de 1, 2, 3, muchos Viet-Nams, para destrozar el Estado) y más documentos, más promesas, para todos.
Carne para ser devorada por los jueces, como dije. Más comités, muchos nuevos comités, con amenaza de sanción para quienes no vayan (o de destitución, como hizo el Procurador con un ex alcalde de Cali porque sólo asistió unos minutos a uno de los cientos de comités a los que le obliga alguna ley).
*Cofundador de Razón Pública: para ver el perfil del autor, haga click
[1] A los colombo-espartanos postmodernos no les gusta, pero los niños no son del Estado, el cual los dejaría en custodia a un accidente de la vida de los niños, sus padres. ¡No! Los niños son de los padres (maldita sociedad liberal, dirán algunos). Cierto, y enhorabuena, la patria potestad ha evolucionado, por ejemplo, quitando el derecho de los padres a matar a sus hijos, luego a desheredarlos (Código civil napoleónico), luego a descuidarlos, luego a maltratarlos a partir de ciertos comportamientos que la sociedad considera inaceptables… esos son los derechos de los niños. Eso está bien. Pero los niños siguen siendo de los padres.
Acerca del autor
Paul Bromberg
* Exalcalde de Bogotá y miembro fundador de Razón Pública.
paul.bromberg.z@gmail.com
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Foto: Thomas Ricker- Bullying,
Foto: Wolfgang Sterneck-



