Altisísima Consejería y Consejera para Bogotá (¿y la región?) - Razón Pública
Paul Bromberg

Altisísima Consejería y Consejera para Bogotá (¿y la región?)

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Salvo si se trata de darle consejos al señor presidente, la Consejería no se necesita. Y si se trata de mediar con Petro había que escoger a otra consejera. Hablan el sentido común, el buen humor y la experiencia personal de un ex alcalde.

Paul Bromberg

Contrato pero no cargo

No es un cargo dentro de la estructura general del aparato de Estado colombiano. Es un contrato.

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En aras de un país más equilibrado regionalmente, a los bogotanos nos toca aceptar que no seremos nunca los propietarios y responsables de nuestro aeropuerto.   Foto: Opaín.

No es lo primero porque no lo es, y punto. Pero se puede entender por qué no lo es: no se necesita dentro de un aparato de Estado que contempla varios niveles territoriales, y podríamos añadir que eso fue lo que intentaron evitar la Constitución del 91 y las normas que la desarrollan.

Sí, cierto, la ciudad capital es importante, y tiene un régimen especial (no hace parte de ningún Departamento). Pero, ¿tiene Bogotá suficientes particularidades como para que el nivel central requiera una estructura funcional permanente, a diferencia de Cali, Medellín, Cartagena, Barranquilla… o Bahía Solano? Veamos.

El diseño institucional

Bogotá puede ser diferente de las otras grandes ciudades en la relación municipio (distrito) – nación. El aeropuerto, por ejemplo. Su operación sostiene buena parte de los aeropuertos de Colombia. En aras de un país más equilibrado regionalmente, a los bogotanos nos toca aceptar que no seremos nunca los propietarios y responsables de nuestro aeropuerto. Lástima, porque hace mucho que esa infraestructura no es una carga, sino un negocio sensacional (operado directamente o por concesionario, no importa). Primer asunto en el que Bogotá se diferencia de otros municipios. No es tema pequeño, y hasta donde llega mi información, el nivel central ha podido actuar mejor frente a la ciudad considerando la importancia y el impacto del aeropuerto en la vida de la ciudad (ver artículo de Carmenza Saldías en esta misma revista).

Otro tema reciente: el proyecto de renovación urbana del Centro Administrativo Nacional (CAN). El gobierno nacional aspira a financiar, mediante plusvalías, la construcción de oficinas gubernamentales del nivel nacional a través de un gran proyecto de renovación urbana en la zona del CAN. Para Bogotá esto significa perder fuentes de plusvalías que pueden destinarse a otros fines y no en ahorrarle recursos de inversión a la nación. Difíciles temas de negociación.

En el resto de temas la relación Nación-Bogotá no amerita un tratamiento especial, diferente del institucional ya existente. El aporte técnico y financiero de la nación a los proyectos de transporte masivo está regulado por la ley y por documentos CONPES. Los espacios de negociación ya están creados. Se requiere un “sí” del presidente para mejorar el aporte de la nación, que en mi concepto sería justo. Es difícil que acepte, pero toca insistir.

Mejor que sea directamente con él, pero si él nombra una persona para que le ayude a no consumirse en esto, estando a cargo de tantos temas de enorme trascendencia, pues ni modo, está bien.

Otro ejemplo: la negociación sobre la ALO. No es distinta de otras negociaciones de vías de impacto nacional que requieren la intervención de varios niveles territoriales. La ley de víctimas, la ley de vivienda, todas ellas, contemplan mecanismos para el diálogo entre niveles territoriales. ¿Qué temas no quedaron definidos en normas generales? ¿Qué se pretende hacer por fuera del rodaje institucional? ¿Qué privilegios espera Bogotá (su alcalde) frente a otros entes territoriales?

Otro ejemplo importante: la nación puede jugar un rol muy importante como tercera parte en la promoción de acuerdos de ordenamiento entre las áreas metropolitanas de hecho (no me refiero a las de derecho), papel que hasta ahora se ha negado a ocupar. Pero en esto la situación de Bogotá y su región no es muy distinta de la de Cali y su región, etcétera. Tal vez la diferencia, que amerita una participación más activa de la nación para el caso de Bogotá es la separación entre Bogotá y Cundinamarca, de la que no gozan (o sufren) las otras capitales respecto del departamento en el cual están localizadas.

Concluyendo: desde el punto de vista del diseño de estructuras institucionales, en el gobierno de las leyes en oposición al gobierno de las personas, es preferible una estructura adecuada de competencias, funciones y atribuciones para cada nivel municipal, que oficinas ad-hoc.

Pero el presidente decidió contar con una altisísima consejería. Que le aconseje a él. Es de su fuero.

Aprender de la experiencia

Hay que recordarque el tipo de contrato, “un consejero del presidente para la relación entre Bogotá (y/o la región)”, no es nuevo. Que yo recuerde, Sonia Durán de Infante durante la primera parte del gobierno de Samper e Isabel Martínez durante la segunda jugaron ese rol. No se volvió a jugar con esta figura.

Paul_Bromberg_consejera_CANOtro tema reciente en la relación Bogotá-Nación: el proyecto de renovación urbana del Centro Administrativo Nacional (CAN).

Foto: colarte.com

A mí me pareció cómoda: la consejera de mi época tenía audiencia muy expedita con el presidente, y todos ahorrábamos tiempo dialogando sobre los temas en común. Sin embargo, en temas de mucha urgencia yo llamaba directamente al presidente y tenía con él una conversación fluida, que fue muy clara y útil.

En los temas de fondo, se va más despacio. Uno de estos temas de fondo era la discusión sobre si la financiación que las leyes contemplan(Ley 310 de 1996) para los Sistemas de Servicio Público Urbano de Transporte Masivo de Pasajeros incluía las troncales, como era nuestra interpretación y nuestro deseo, o si era solo metro. Al presidente le dio la gana de interpretar que troncales no. Y hasta ahí llegamos, con consejera o sin ella. Sobre la ALO, en su momento [1], los acuerdos fluyeron bien, y no requirieron ir más allá del INVÍAS.

Concluyendo: adoptando el criterio epistemológico de aprender de la experiencia, estas oficinas no tuvieron gran trascendencia. O, para decirlo más francamente a riesgo de ser grosero, ninguna.

Los consejeros del señor presidente

Para bien o para mal, vivimos un régimen presidencial. Nuestras estructuras institucionales son bastante claras y aunque perfectibles son en general buenas. Pero, informalmente, y aun formalmente, el presidente tiene un juego muy importante para tomar decisiones o impulsar decisiones.

El presidente puede pensar que, dada la importancia de algunos temas específicos y muy grandes que están sobre el tapete, y debido a que incluso las entidades nacionales pueden actuar descoordinadamente y tener criterios diferentes, prefiere una persona que le haga el trabajo de coordinar. Nombrará a una persona que le garantice una agenda coordinada interna. Ahí puede nombrar a una persona de su confianza, que le lleve información sintetizada y luego le tramite la ejecución de las decisiones a través de las entidades nacionales existentes que ya están involucradas por diseño institucional en los problemas que definen el contrato del consejero. Es de su fuero, y puede nombrar a quien le venga en gana. No tiene por qué nombrar a un amigo del alcalde Petro.

Por otro lado, si su interés es facilitar el diálogo con miras a una negociación en la que necesita persuadir a su contraparte en temas en los que no tienen iguales criterios, entonces cualquier teoría de la negociación nos llevaría a afirmar que el presidente se equivocó. Habría escogido a un “amigable componedor”. Su contraparte, el alcalde Petro, recibió el insulto, y respondió como él sabe responder, con otro.

La respuesta de Petro fue la de un fajador. Es La Bogotá del amor, que en boca de Petro, evoca la idea del amor que tiene un boxeador hacia su colega de oficio, el contrincante. Es el amor en el ring. Palabras más, palabras menos, “Pues si el presidente me envía a Gina, ella conversará con mi empleado, el secretario privado… si el patrón de Gina quiere conversar conmigo, que me llame”. Me invento unas palabras para describir la respuesta de Petro el del amor: “amor, con amor se paga”.

Concluyendo: ninguno quiere negociar. Lo que llaman en negociación el rango de valores dentro delcual es posible un acuerdo, ambas partes lo consideran igual a cero. Si en el fondo de su corazón de amor quieren llegar a un acuerdo, son dos torpes de un tamaño monumental. Pero ninguno lo es. Lo que quieren es atender al público de un espectáculo político. Por eso afirmé en un corto comentario que el nombramiento de Gina es… divertido. No mucho más.

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La negociación sobre la ALO. No es distinta de otras negociaciones de vías de impacto nacional que requieren la intervención de varios niveles territoriales.
Foto: Tomada de Humedalesbogota.com

La política y las políticas públicas

Y esto, ¿es bueno o es malo para Bogotá? En La Silla Vacía encontré lo que no sé si es una afirmación de la representante a la Cámara por Bogotá, Angela María Robledo (Partido Verde) o de los editores de esa publicación; “Si le ayuda a Petro, nos ayuda a tod@s”.

Riposto: ¡No necesariamente! El gobierno nacional, además de las afinidades políticas, también maneja criterios de política pública, en el marco de sus competencias institucionales. Y puede concluir que ayudarle a Petro a sacar adelante algunas de sus chifladuras no es beneficioso para Bogotá, o para el equilibrio regional del cual es guarda el gobierno nacional pero no el de Bogotá. Así que ponerle cara dura al nivel local puede ser beneficioso, para el país y para Bogotá.

Los cálculos políticos del presidente, de la altísima consejera y del alcalde

El análisis político se lo dejo a otros analistas que crean saber más lo que cada uno de los tres actores políticos ve en cancha de juego electoral.

Lo cierto es que la figura arrancó mal. Para ser franco: muy mal. La excandidata y (previsiblemente) precandidata, arrancó buscando comunidades para atender, por cuenta del nivel nacional. Según Radio Santa Fe, “visitó a los comerciantes de San Victorino que resultaron damnificados por el incendio registrado hace dos semanas, a los cuales les prometió una línea de crédito con Bancoldex, con cero interés, para reconstruir sus negocios”. Supongo que Bancoldex no es un banco de préstamos de ella.

Convertir la oficina de la altisísima consejería (¿contará la altisísima Consejería con una oficina?) en una unidad de trámites para ofrecer aquí o allí a diferentes electores (¡perdón!… iba a escribir ciudadanos) servicios de las entidades nacionales, sería una locura. Va a terminar haciendo el más hirsuto clientelismo, lo que parece ajeno a su personalidad política, o frustrando a futuros electores, porque no les va a cumplir.

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Ayudarle a Petro a sacar adelante algunas de sus chifladuras no es beneficioso para Bogotá, o para el equilibrio regional del cual es guarda el gobierno nacional.

Foto: Presidencia.

Además, si define así sus actividades, rompe las competencias institucionales. El presidente Uribe pasó ocho años usurpándole las competencias a los alcaldes. En medio de su mesianismo, quiso ser el Presidente de 1100 Repúblicas Municipales de Colombia. El país aplaudió en demasía semejante despropósito institucional. ¿Vamos a hacer lo mismo en Bogotá?

La tarea definida en el contrato de Gina tiene que restringirse a concertar los grandes temas como diálogo institucional entre el nivel nacional y la alcaldía, y si se quiere, hacer el debate público sobre las posturas de ambas partes. Pero, ¿recorrer la ciudad para encontrar cositas para repartir desde las entidades nacionales?

Hacer política es legítimo. Obtener visibilidad pública en la discusión sobre la manera de atender los problemas de la ciudad, y luego rentar electoralmente de ella, es la forma de actuar en un régimen democrático. También en la arena política Gina Parody tiene la obligación de decir que solo la anima el interés de ayudarles a los bogotanos… Pero nosotros tenemos la obligación de no ser tan tontos como para creerle. Ni a ella ni al señor presidente.

* Profesor del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de Colombia y miembro fundador de Razón Pública.

 

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* Exalcalde de Bogotá y miembro fundador de Razón Pública. paul.bromberg.z@gmail.com

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