A propósito de un panfleto sobre la designación de rector de la Universidad
Foto: Alcaldía de Bogotá

A propósito de un panfleto sobre la designación de rector de la Universidad Nacional

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No se trata de añadir algo a la controversia jurídica de un conflicto que se prolonga, con desenlace incierto. Es una advertencia sobre el nuevo rumbo que está tomando: la descalificación moral del otro, escrita por quien fue durante 35 años profesor de la Universidad Nacional y que la conoce muy de cerca.

Paul Bromberg*

“La semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral”.

Amos Oz, en Contra el fanatismo

El artículo

El número anterior de razonpublica publicó un artículo que considero muy cuestionable en su estilo y en sus argumentos. Reviso paso a paso toda la argumentación.

El título del artículo y su entradilla son un punto magnífico para comenzar. Buena síntesis del enfoque del autor.

“La autonomía universitaria no es la autonomía de los saqueadores. La Universidad Nacional de Colombia ha caído en manos de una camarilla que se escuda en la legítima figura de la autonomía universitaria.”

¡Dios mío! Por fin el lector de Razonpública va a entender qué está pasando. Este autor nos traerá información sobre el proceder (y la catadura) de una de las partes: una banda de criminales.

La camarilla de saqueadores

El trabajo concienzudo del autor comienza, me parece bien, aclarando quién es el grupo, y quiénes pueden ser sus secuaces, o sus ingenuos y cuestionables defensores.

“…unos extraños mejores amigos. Exrectores, rectores, políticos, representantes profesorales corruptos y asociaciones de universidades”.

¡Una camarilla notablemente abundante! 

No voy a hacer el recuento de todos los pronunciamientos en defensa de la autonomía que han cuestionado explícita o implícitamente el embate del gobierno contra la decisión de la reunión extraordinaria del Consejo Superior Universitario de la UN del 21 de marzo pasado.

Me parece suficiente recordar la carta firmada por 10 exrectores de la Universidad Nacional, que señala que en esa sesión se “eligió al profesor José Ismael Peña Reyes quien goza de toda legitimidad y tiene nuestro apoyo.” Aunque el exrector Marco Palacios no firma, en una carta explicativa aclara que “el proceso en que se designó al Profesor Peña estuvo apegado a las normas.” El único exrector vivo que no firmó fue el profesor Víctor Manuel Moncayo. Sobre él, el exrector Palacios recuerda: “el exrector Moncayo fue parte litigante en diversas acciones judiciales contra la designación del rector en 2003, (tutelas y otras) incluidas las que llevaron a las sentencias de los más altos tribunales del país”. Agrego yo: la diferencia entre ese caso y el actual, es que en el actual el embate contra la designación estatutaria está dirigido por el gobierno.

Todos estos exrectores integran la camarilla de saqueadores. Todos menos Víctor Manuel Moncayo (Dolly Montoya no era exrectora cuando todo esto se dio, pero de seguro el autor la incorpora a la camarilla). Estos exrectores son algunos de los “extraños mejores amigos”. 

Mayo 16 de 1984, una demostración de la bajeza de la contraparte

Continúa el autor con una andanada contra el exrector Fernando Sánchez Torres. Dos son las informaciones o argumentos que lo desvirtúan como persona:

“el 16 de mayo de 1984 ordenó un masivo ataque del GOES de la Policía Nacional contra los estudiantes que protestaban por el asesinato de un estudiante y de un profesor en el campus de la Universidad Nacional en Bogotá.”

No es cierto que algún rector pueda “ordenar” la acción de un cuerpo de seguridad. Por otra parte, está muy pero muy lejos de ser éste un resumen adecuado de la terrible circunstancia que estaba viviendo la UN en ese momento. Al autor, por cierto, no le importan los valientes (porque ponían en riesgo su integridad física) esfuerzos del rector, del representante profesoral y de muchos profesores para detener el embate de los “movilizados” contra la vulnerable universidad.

Continúa el autor-investigador:

“se sabe que hubo muertos nunca identificados”.

No, no “se sabe”. Hay algunos que han magnificado los hechos, y algunos lo han minimizado. El autor ni siquiera cita la fuente de este conocimiento, cierto según él. Ya que él no estuvo debería citar la fuente, incluso, las fuentes contrastadas sobre estos hechos. La fuente resulta ser la impersonalidad del “se sabe”, que elude responsabilidades.

El segundo argumento para desvirtuar el testimonio del exrector es del siguiente tenor: 

“desde la comodidad de su desmemoria”

Es decir, el testimonio o la argumentación del rector, no solamente hoy sino durante varios años, no valen. Hoy en día es un anciano desmemoriado. 

Los trucos ocultos de los saqueadores para reelegir a la camarilla

El autor parece olvidar el carácter de la revista que le publica, y continúa:

Los motivos que “animaron a Peña y a la camarilla corrupta que lo designó como rector…” 

Quienes designaron a Peña como rector son una “camarilla corrupta”. Al mismo tiempo que una calificación denigratoria, es una acusación. Cabeza de proceso de una investigación penal.

“…mediante un procedimiento abiertamente ilegal…”

Los sustantivos denigratorios, y los adverbios y adjetivos adicionales complementarios, distinguen en la forma un análisis de un panfleto. ¿Es ABIERTAMENTE ilegal? Ya hay varios pronunciamientos de carácter oficial que advierten que, por lo menos ABIERTAMENTE, no es ilegal. En últimas fallará una instancia que cerrará el caso, pero lo que es EVIDENTE, digo yo, es que no es ABIERTAMENTE ilegal.

Un periodismo serio afirmaría que hay cuestionamientos de algunos actores, interesados como todos, sobre su legalidad. Pero la modalidad panfletaria se salta estas restricciones de estilo.

Regreso a la línea argumental central. Dada la repetición de la acusación de “saqueo sistemático, esperamos que el autor muestre los datos y las fuentes  de semejante infracción al código penal. Robo continuado… Muchos procesos penales han comenzado con investigaciones periodísticas serias. También se pueden iniciar otros procesos penales, pero por calumnia e injuria. Estos sin embargo son dispendiosos para los ofendidos, quienes prefieren dejar hacer, dejar pasar los panfletos.

Al emplear el artilugio jurídico de posesionarse ante notaría con una ley de 1913 (digo: no a cambio de cero artilugios jurídicos del gobierno), hoy los perversos saqueadores, o sea, los otros, los inmorales, los que defienden algo contrario de lo que le gusta al autor…

“hoy invocan la ciencia, la democracia y la autonomía, conceptos a los que nunca habían prestado atención cuando se ocupaban de saquear la universidad más importante del país.” 

Como eran unos saqueadores, los discursos de la contraparte del autor eran mentirosos, un ocultamiento. Es decir, la contraparte a los buenos, éstos respaldados por el autor, no tiene más que bajeza moral. Ellos, los otros, son simplemente, unos ladrones.

El “circo mediático” y los protagonistas

Seguimos esperando la demostración de tan grande acusación. Piensa el lector que ya vendrá, pero siguen las diatribas, algo propio de la literatura panfletaria:

“La verdad ha sido la mayor víctima del circo mediático montado por quienes desean la continuidad de la camarilla que ha estado saqueando la Universidad Nacional en las dos últimas décadas.”

Ahí sí a mí me parece EVIDENTE que el ruido ha sido promovido por otros, aunque me abstengo de llamarlo “circo mediático” y sólo digo “ruido”.

¿Por qué digo que aquí sí cabe la palabra evidente? Sin llegar a una reseña de cómo se dado los hechos, me baso en un argumento formal: el ruido necesariamente lo tienen que levantar los que se salen del discurrir institucional. Un Consejo Superior Universitario toma una decisión, y esta decisión ha intentado seguir su cauce. Si sigue ese cauce, el designado se posesiona, y la Universidad continúa, mientras los ofendidos presentan sus alegatos jurídicos. Los que se oponen a la decisión (¿alguien puede negar que la decisión del CSU fue designar a Peña?), son los que tienen que hacer ruido. 

El autor aquí reitera y reitera lo del saqueo, para producir el efecto anti-razón. No es por cantaletear, pero les repito: “son una camarilla de saqueadores”. Y saquean, y saquean.

Continúa con algunos párrafos sobre la disputa jurídica: la mayoría simple, el procedimiento, los estatutos de la Universidad. Entrevera algo que han pretendido volver verdad a fuerza de repetirse por los que sí hacen el ruido mediático: “mayoría acordada en casa de exrector Ignacio Mantilla”.

En mi concepto la existencia o no de esta reunión, y lo que en ella se discutió, es intrascendente, y tampoco voy a averiguar si esa extraña reunión ocurrió. Para el autor es evidente porque lo dice y lo repiten sus amigos: esa reunión tuvo lugar, fue para eso, y eso fue lo que se acordó.

Las pruebas reina: lo que saquean los saqueadores

Lo que es muy relevante aquí es la acusación, que para el autor demuestra la inferioridad moral de la contraparte:

“[Diego Torres y Sara Jiménez] fueron cooptados mediante claros incentivos económicos”

¡Uy! ¡Soborno, cohecho y otras figuras penales! La motivación, siempre necesaria en los juicios penales. Pero este no es un tribunal, piensan en general los autores panfletarios, es el tribunal de la opinión pública, en el que “sólo” se masacran prestigios.

Ahora, ¿cómo se tramitó el soborno o el chantaje o el cohecho, y en qué circunstancias? Aquí está la información fuente de todo el análisis:

“el representante Torres recibió 48 millones de pesos por Servicios Académicos Remunerados (SAR) y 300 millones en viáticos en 2023, y a la representante Jiménez le fue financiado un emprendimiento en mecatrónica.”

Para cualquiera que conozca la Universidad Nacional, estas dos acusaciones son tan increíbles como inconsistentes. La carga de la prueba está en el acusador, así que el lector espera los detalles.

Yo estuve en la UN cuarenta años, y fui parte del Consejo Superior cuando aparecieron los “SAR”. No conozco la Universidad del Valle, y cómo manejan esta figura. Pero me da la impresión de que el denunciante no tiene idea de qué son, y no sé cómo supone que algún integrante de alguna camarilla del CSU tiene poder para otorgarlos. El gasto en la UN es enormemente descentralizado; los proyectos relacionados con la posibilidad de recibir un SAR son asuntos de departamentos, institutos y facultades. ¿En qué proyecto el profesor recibió un SAR?

Sobre los 300 millones en viáticos, suma imposible de gastar en 1 año viajando, supongo que la Universidad mantiene entre sus reglas un procedimiento que a mí me tocó sufrir: de fuentes externas recibimos unos recursos que deben entrar al presupuesto de la UN. Ellos contemplan viáticos y pasajes, por ejemplo, para conferencistas internacionales. El director del proyecto, lamentablemente, tiene que recibir los recursos, y luego hacer los correspondientes desembolsos; y finalmente presenta los soportes de gastos. En mi época pedí inútilmente que este procedimiento se cambiara.

¿Está tan seguro el articulista cuando lanza semejantes acusaciones de cuáles son las circunstancias en las que aparentemente (digo aparentemente porque no conozco la fuente) el profesor Diego Torres recibió el dinero? ¿Le pareció importante averiguar de qué trataron estas dos figuras, o sólo quería el autor corroborar lo que deseaba, esto es: que todos son unos corruptos, menos los de un grupo de salvadores?

No es muy distinto el caso de la otra acusada de recibir soborno. Ella obtuvo…

“el financiamiento de un emprendimiento en mecatrónica.”

Por todo lo que yo conocí en 40 años, los recursos para este financiamiento no pueden pasar por esa pretendida camarilla de saqueadores del Consejo Superior y exrectores. Es ridículo suponerlo.

Queda la última gran denuncia para sostener la argumentación contundente del autor para llamar camarilla de ladrones a todos los rectores menos uno:

“el ofrecimiento de un equipo de rayos X a un representante estudiantil de la sede de Amazonas para que apoyara la designación de Peña”.

Para quien conoce la Universidad Nacional esta afirmación es ridícula. Le otorga un poder a un integrante del CSU que no puede tener. ¿Qué cita el autor como prueba? Un enlace a partir de una pretendida frase de la representante estudiantil sobre la reversibilidad del vómito. Hice clic en el enlace para consultar la fuente, pero no conduce a nada.

Se nos coló un panfleto

Los periodistas que toman su profesión seriamente pasan por el dispendioso trabajo de averiguar los hechos detrás de aquello ve un observador superficial. Entran al detalle antes de deshonrar a alguien. Tal vez ellos no piensan, pero sí nosotros en razonpublica, que alimentar la desconfianza no es un buen propósito en sí mismo, aunque produzca lectores.

Ni la objetividad ni la precaución importaron al autor. Su meta era otra: tomar partido de entrada. Por su afinidad personal con una de las partes o por su antipatía personal hacia la otra, o por motivos ideológicos. Estos se pueden discutir sin acusar a la contraparte de bajeza moral. En efecto, uno de los temas en la discusión es la “democracia universitaria”. Los partidarios de esa democracia profunda han denominado a la contraparte la “oligarquía académica”. Es la forma de denigrar al criterio de que la Universidad no es como la democracia de la calle, en la que todos son iguales. En sentidos muy importantes, ciertos, todos somos iguales; pero los profesores no consideran que sus estudiantes sean sus iguales, y por ello se esfuerzan en convertirlos en sus pares. El gusto por ese esfuerzo, el nuestro y el de los estudiantes, es el que motiva nuestro oficio.

Agradecimientos

Varias personas han contribuido a las ideas e información que contiene este artículo. Agradezco especialmente a Boris Salazar, porque con su ejemplo me mostró lo que no debe ser un artículo en una revista que se ha trazado como objetivo orientar a la opinión pública. También agradezco a una buena parte de los comentaristas al artículo de Boris, porque nos muestran la difícil tarea que tenemos por delante y la imperiosa necesidad de acometerla. Está dirigida a personas que, preocupadas por el ambiente de polarización que crece en nuestro país, están dispuestas a morigerar sus pasiones para darle paso a la razón aplicada a los hechos. Esas personas deben ser capaces de entender cuándo hay opiniones apasionadas disfrazadas de análisis. Una primera prueba, es analizar si la descalificación moral de otros es la entrada, o la conclusión de un texto.

5 comentarios

Paul Bromberg

Escrito por:

Paul Bromberg

* Exalcalde de Bogotá y miembro fundador de Razón Pública. paul.bromberg.z@gmail.com

5 comentarios de “A propósito de un panfleto sobre la designación de rector de la Universidad Nacional

  1. Buenas tardes. No sé hace cuanto el autor se retiró de la UN, pero no parece realmente «conocerla muy de cerca». De hecho, creo que en su artículo usa lo mismo que le critica al otro autor: la descalificación moral. No dice su artículo (¿»panfleto»?) las razones por las cuales es legítima la elección del profesor Peña, ni las razones por las cuales quienes defienden esa designación SI son los adalides de la UN. Vale la pena que el ex-alcalde lea las investigaciones periodísticas recientes de la revista cambio y de la revista la Raya, que le pueden contar lo que ha pasado en la UN en los últimos años, porque parece no ser la misma que el dejó.

  2. Muy oportuno su artículo.

    Parece q los inconformes con Peña se autoincriminan pues desde hace meses (antes de la designación) han debido denunciar y exigir investigación de autoridades disciplinarias, penales y administrativas. Son una fuerza considerable y protegida: sindicatos, asociación de profesores y otros representantes profesorales. Pero no. Eligieron callar o ser extrañamente discretos.

    Es válido entonces pensar que se reservaron la opción de hostigar y denunciar (periodísticamente) como mecanismo de presión o chantaje a la contraparte y a los responsables de tomar decisiones respecto al tema.

    Tanto trabajo, articulado y capaz de «movilizar» profesores (muchos, obedientes a su filiación política con disciplina miliciana) y estudiantes (una minoría que coharta a los demás o los excluye con artimañas como descartar el voto electrónico de quien trate de participar virtualmente) solo ha sido posible ahora por la promesa de poder que realizó el movimiento en el gobierno del país que ha sido generoso en cargos con profesores de éste claustro y que se caracterizan por abrazar con ahínco la fe izquierdista. Claro, los mejores de ellos duran escasos meses al enfrentarse a la corrupción y autocracia irresponsable e ignorante de los dueños del gobierno.

    La contraparte de Peña y del CSU que lo designó parecen ángeles salvadores, desprovistos de ambiciones propias y sin ser depositarios de promesas de poder. Parece, pero NO lo dicen, que harán uson probo de recursos o que castigarán a ños responsables de lo que hasta ahora solo son sospechas.

    Mala suerte. Ya Peña con hechos se ha adelantado: ha solicitado a las autoridades investigación de las empresas en las que la UNAL participa. Jaque…mate?

    Así se procede: con apertura a las autoridades PERO respetándolas y al debido proceso.

    Se olvidó usted, Profesor Bromberg, de invocar dos de las grandes razones para defender la de por sí trascendente autonomía universitaria: la defensa de la democracia y las libertades que la sustentan. La hasta ahora frustrada Toma Hostil de la Universidad Nacional, con amenazas de constituyentes y un perverso discurso de «democracia» es muy grave para el país. Es solo la prueba piloto que destruirá la educación superior para dejarla a servicio del régimen y sus devotos.

  3. La falta de objetividad se ha tornado una constante en el periodismo. Este tipo de artículos permite evidenciar el mal uso de las palabras y de las acusaciones. Independiente de esto, la situación actual de la Universidad Nacional es de gran tristeza…. La lucha de poderes y de egos , turba la razón.
    No se compadece esta situación con el esfuerzo de miles de familias para poder ver a sus hijos ingresar y graduarse de la mejor Universidad del país. No se compadece ante la incertidumbre de miles de estudiantes que no están representados en esas minorias. En esta situación los grandes perdedores son los estudiantes…

  4. Preocupa la diversidad de comentarios y tendencias que una vez explicitadas,lejos de ofrecer claridad,ponen de presente lo difícil de alcanzar la objetividad necesaria dada la gravedad del problema.Mientras tanto miles de jóvenes desconcertados esperan con angustia como se juega con su porvenir.

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