
El octavo frente de la guerra en medio oriente: la comunicación
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Israel declara que está librando una guerra en siete frentes, pero hay un octavo frente, que comentaristas israelíes afirman ha sido la derrota total: la comunicación, con tres ‘zonas de combate’: las palabras, las narrativas y las declaraciones oficiales.
En los dos números anteriores RazónPública publicó sendos artículos sobre Gaza: Guerra en Gaza: el camino de la autodefensa hacia la represalia, de Camilo González Videz, y Gaza: menos peor el exilio que el genocidio, de nuestro director, Hernando Gómez Buendía.
Camilo selecciona hechos sobre Gaza a partir del cese el fuego de enero de este año, y los interpreta según su visión de cómo son las guerras, en particular ésta.
Discrepo a fondo de cómo interpreta el acuerdo al que Trump forzó a Netanyahu. También discrepo de la descripción que hace de las acciones de la guerra, y especialmente del alcance que da a las declaraciones de diferentes actores.
El artículo de Hernando no entra a los detalles de la guerra en Gaza, aunque parece que sin éstos sabe que Israel está cometiendo genocidio. Atribuyo en parte su decisión metodológica a los riesgos de ahondar en detalles cuando hay sobrado motivo para desconfiar de las fuentes. No tenemos acceso a la estrategia militar –que los medios dan a conocer como filtraciones– e ignoramos el lugar que ocupan en ella las declaraciones de los voceros oficiales. Un ejemplo: en el ataque de Israel a Irán la semana pasada ya es claro que las declaraciones de Trump y Netanyahu fueron para despistar a Irán.
En condiciones de ignorancia, ha dicho Hernando sobre otro tema, “cada bando [salta] a la conclusión que por pura coincidencia está más cerca de su ideología [o de sus sensibilidades, añado]… [Las] conjeturas tienen tres rasgos en común: podrían corresponder a la verdad [añado: son lógicamente consistentes], convencen a los respectivos partidarios y se infieren a partir de la ignorancia”.
La decisión metodológica en su artículo es ir al fondo del conflicto: cómo y quiénes lo originaron y cómo ha evolucionado a grandes rasgos desde 1947. La narrativa le sirve para concluir que hay tres opciones: genocidio, exilio masivo, apartheid. Lo mismo que afirma el neorrealista John Mearsheimer (https://co.video.search.yahoo.com/search/video?fr=mcafee&p=Mearsheimer+CIS+Australia+youtube&type=E210CO105G0#id=1&vid=b3e9375f98236b228030579239ff8971&action=click
El octavo frente
Israel declara que está librando una guerra en siete frentes:
- Gaza. Guerra especialmente contra Hamás.
- Líbano. Guerra que no es contra Líbano, lo que se ve muy claramente hoy, sino contra Hezbolá.
- Los hutíes, un movimiento político-militar armado y financiado en gran parte por Irán, que gobierna de facto el noroeste de Yemen, pero no es reconocido como el gobierno de Yemen.
- Cisjordania (Judea y Samaria para los israelíes), en donde hay presencia de relevantes grupos armados con tácticas terroristas, e incursiones para enfrentarlos de parte de los organismos de seguridad israelíes.
- Siria, que durante el régimen de Assad –antes de la derrota de Hezbolá– era dominado por una combinación entre esta organización e Irán.
- Irak, desde el cual se han disparado misiles contra Israel, a partir de milicias proiraníes desde su territorio.
- Irán. Una explicación hoy muy clara sobre el papel de Irán: el líder militar Qassem Soleimani, quien fue asesinado por el gobierno de Trump, reclamó para sí el logro de haber construido seis ejércitos para defensa de los propósitos nacionales de Irán, que actuaban fuera del país: Hezbolá, Hamás, la Jihad Islámica, los hutíes, Siria y los grupos armados proiraníes en Iraq. La política diseñada por Soleimani desestabilizó Líbano, Siria, Iraq y Yemen. Un escudo defensivo cuya destrucción facilitó la incursión israelí en Irán.
Hay un octavo frente, que comentaristas israelíes afirman ha sido la derrota total: la comunicación.
La comunicación
El juego estratégico en el frente de la comunicación, particularmente fuerte en este conflicto, tiene tres ‘zonas de combate’:
- Las palabras: genocidio, apartheid, niños, terrorista, militantes, prisioneros, hambruna, castigo colectivo.
- Las narrativas. En plural, porque hay varias dimensiones temporales. Unas apuntan a ventilar hacia adentro y hacia afuera el mito fundacional. Por ejemplo, la mención al holocausto, que quizá ya no añade nadie a los ya sensibilizados, pero se usa al extremo. El cuento de que Jesucristo era palestino, que da para risas. Otra dimensión es la narración de la guerra en curso, los números y las imágenes. Un niño en avanzado grado de inanición es una imagen aterradora, pero no demuestra una hambruna. Todo esto se diseña para el eco mediático internacional.
- Las declaraciones oficiales… y las extrañas filtraciones adrede, dirigidas a las poblaciones y los combatientes de ambos bandos, a líderes de la contraparte: anuncios, amenazas, todo esto en el marco de diálogos hacia treguas o para acelerar un fin de la fase caliente del conflicto.
Las palabras
La fuerza de este ‘mísil de la comunicación’ es que las palabras parecen neutras, pero esconden realidades complejas. Son conocidos “genocidio” y “apartheid”, que no trataré aquí. Destaco otras:
- Niños. Cuando el “Ministerio de Salud” de Gaza da el informe de niños, no añade edades. Un menor de 18 años que dispara una AK-47 contra soldados, ¿es un niño? ¿Es o no un objetivo legítimo de la contraparte militar?
- Militantes. Israel liberaría “militantes palestinos”, escribe Camilo, a cambio de secuestrados. Una persona detenida, procesada en juicio y condenada por haber organizado o protagonizado un acto terrorista, ¿se describe adecuadamente con esta palabra? También en el intercambio algunos medios se refirieron a niños, cuando eran menores de 18 años condenados por terrorismo. De esta manera, las diferencias entre los bebés Bibas, que fueron estrangulados por sus captores estando en Gaza, quedan ocultas en el ‘intercambio de niños’.
- Metonimias aquí y allá. Variaciones de sujeto activo –TelAviv, Netanyahu, Israel, los israelíes, o Trump, Washington, Estados Unidos, los norteamericanos– en las acciones y respuestas de guerra evaden asuntos delicados. Se nota esto muy claramente cuando se compara con la ausencia de metonimias al otro lado: los casi 10.000 cohetes dirigidos a población civil hacia Israel el 7 de octubre y los días subsiguientes, ¿los lanzó Hamás? ¿El ala militar de Hamás, diferente de su ala política? ¿Los lanzó Gaza? ¿Los palestinos de la franja? En la Segunda Guerra Mundial, ¿se enfrentaron Roosevelt e Hirohito, o Estados Unidos y Japón?
- Castigo colectivo. Camilo la emplea profusamente. Habría que contrastarla con la legitimidad de los objetivos declarados: rescatar rehenes o sus cadáveres (¡que son objeto de negociación!), debilitar a la contraparte para obligarla a ceder en sus estrategias de negociación, dar de baja a los líderes, destruir la infraestructura de túneles, todo eso queda escondido como castigo colectivo.
La narrativa
El artículo de Hernando está centrado en la narrativa global del conflicto entre Israel y los palestinos en su forma actual.
Para enmarcar su narrativa, y contrastarla con los hechos, menciono algunos hechos incontrovertibles:
- En 1880, había una zona geográfica del Imperio otomano que hoy está cubierta por pretendidos Estados nación y zonas en disputa u ocupadas: Líbano, Siria, Irak, Jordania, Israel, Gaza, Cisjordania.
- A partir de 1881, luego de pogromos sangrientos en Europa oriental y Rusia, unos judíos rusos y de Europa oriental se organizan y comienzan a llegar a tierras que compran en el sanjacado (distrito) de Jerusalén del Imperio otomano. Es el comienzo del sionismo político moderno.
- El Imperio otomano se derrumba en la Primera Guerra Mundial. Francia e Inglaterra se reparten algunos de sus territorios en el medio oriente, bajo la figura jurídica de Mandatos.
- El Imperio británico llamó Palestina a parte de su territorio, recuperando el viejo nombre romano.
- En 1947 Inglaterra trasladó el asunto del Mandato de Palestina a las Naciones Unidas, al declarar que se iría a mediados del año siguiente. El 29 de noviembre de ese año, la recomendación al Consejo de Seguridad de una partición para separar poblaciones árabe y judía en la Asamblea General alcanzó las 2/3 partes de los miembros. No era perfecta, pero era la mejor manera, se argumentó, de sortear la explosión de violencia que sobrevendría ante la retirada de los ingleses.
- En 1948, el 14 de mayo, Inglaterra embarcó los últimos soldados y funcionarios ingleses. Casi simultáneamente Ben Gurion declaró la creación del Estado de Israel. Unas horas después, cinco países declararon la guerra al nuevo proyecto de Estado: Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Iraq.
Con este panorama de hechos veamos afirmaciones clave de la narrativa de Hernando.
“Desde 1948, la existencia del Estado de Israel ha implicado la supresión política, territorial o física del pueblo palestino…”. “Fue la primera etapa de un proceso irreversible…”.
- Si “ha implicado” quiere decir: “si no hubiera sido por la iniciativa de esos judíos que desde 1882 comenzaron a comprar tierras y a migrar a Israel, no habría habido este problema, sino otros”, estamos de acuerdo. Si moralmente se justificaba ese propósito, queda para otro artículo.
- Si “implicado” quiere decir que sólo podía suceder como ha ocurrido, entonces hace falta mucho análisis histórico para asegurarlo.
- Clave aquí la expresión “pueblo palestino”. Imagino que no se refiere a la ‘gente’, aunque pareciera, sino al concepto abstracto de pueblo. Tocaremos esto más adelante.
“No se cumplía ni la mayoría judía ni un territorio de Estado viable”
Interesante que la mayoría judía y la mayoría árabe sí se cumplía globalmente en los territorios, aunque había espacios en que no. El territorio no era en efecto viable.
El mapa que aprobó la ONU
Se refiere al mapa que aprobó la Asamblea General para recibir el Mandato. Los protocolos establecían que de ahí pasara al Consejo de Seguridad, paso que no se dio. El tema es relevante, porque no son esos papeles los que crearon el Estado de Israel. Materialmente todos los Estados, de una u otra manera, surgen de guerras. Fueron los sionistas que allí vivían, creciendo e inmigrando, durante más de cincuenta años, los que crearon el Estado de Israel.
Un contrafáctico: si la Asamblea General niega la partición y los ingleses se van, habría habido guerra en todo caso. ¿Cómo terminaría?
…se legitimó ante el mundo como única manera de evitar otro Holocausto…
Los sionistas emplearon todo tipo de argumentos para movilizar la votación, aunque con seguridad la eficacia estaba en otros métodos. Inglaterra, el más cercano a la conflagración europea, no votó a favor de la partición. El asunto es que para el autor todo comenzó en 1947, y nuestros hechos incontrovertibles muestran que esto no es cierto.
…su creación implicaba un genocidio, o un exilio masivo, o un régimen de apartheid para los palestinos…
Una afirmación cuestionable. El desplazamiento de población ocurrió en muchas partes del mundo, era normal, no se llamaba limpieza étnica. Una diferencia muy grande: los árabes que habitaban los espacios que terminaron conformando el Estado de Israel tenían para dónde irse. Los judíos no.
Un contrafáctico: ¿Qué habría pasado si el liderazgo palestino, ciertamente débil comparado con los intereses de los países árabes vecinos, se hubiera aplicado a la tarea de construir un Estado, y a partir de allí reclamar sus derechos?
Israel se expandió hasta controlar el 77% del territorio del Mandato Británico de Palestina
Mala descripción de lo que sucedió. Israel se expandió hasta ocupar el 77% del territorio que distribuyó la ONU, bastante menor que el del Mandato, porque Inglaterra había creado unos años antes el Emirato de Transjordania, que más tarde, en 1946, adoptó el nombre actual, el Reino Hachemita de Jordania.
Bajo el armisticio, Israel no fue el único que se expandió: Jordania quedó con el 22% del territorio, y Egipto con una porción pequeña, el 2%, que se llama Gaza.
Más de la mitad de la población árabe fue expropiada o huyó del territorio
Cierto, un porcentaje alto. Unos fueron forzados a salir, otros huyeron de la guerra, otros fueron movilizados por sus líderes bajo la idea de que esa guerra la iban a ganar. Lo de la expropiación amerita un artículo completo.
“en la Guerra de los Seis Días (1967), Israel ocupó Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este –los territorios que la ONU había reservado para un futuro Estado Palestino…
No. La ONU no utilizó estas palabras. Era un Estado árabe. Que hoy sea evidente que los descendientes de quienes migraron en ese proceso que llaman la nakba han constituido un imaginario de pueblo no significa que lo tuvieran en el momento de la partición.
Es más, el componente más importante de su identidad es la nakba, y no una historia milenaria de permanencia en el territorio. No sobra decir que una gran cantidad de los que fueron desplazados no eran campesinos con tierras. Eran trabajadores urbanos, comerciantes, empleados. Algunos se quedaron y sus descendientes son los árabes israelíes. La tragedia de la pérdida de todo su entramado vital por supuesto fue enorme. No tenían la tradición judía de ser expulsados, huir y comenzar de nuevo. Por cierto, no quedaron judíos en los territorios por fuera de las nuevas fronteras: a los que no huyeron los mataron.
El desenlace
Han pasado 77 años desde la traumática creación del Estado de Israel por parte de los judíos que se habían venido estableciendo en ese territorio. Muy traumáticos, porque sus vecinos no han aceptado su existencia. De guerra en guerra, Israel ya es más longevo que la Unión Soviética, que para algunos era el fin de historia.
En el recuento que el artículo que comento hace de este período hay un gran ausente: es una narrativa con un solo agente, Israel. Ni siquiera cabe contar que aprobado el Estado el 14 de mayo, cinco países árabes le declararon la guerra. Los hermanos de los palestinos no pretendían crear un Estado palestino, sino un Estado árabe sin judíos. Y luego de la guerra, se quedaron con el territorio “de sus hermanos”.
La guerra de los seis días se narra como si no hubiera antecedentes. Sobre el fallido proceso para consolidar los acuerdos de Oslo, Arafat no resignó en 2000, como dice el autor; Arafat mintió, como dijo Clinton el año pasado, de comienzo a fin.
Alguien ha afirmado que mientras no se reconozcan las torpezas de la dirigencia palestina seguirá la guerra intermitente. El autor no los ayuda en esa difícil tarea. Toda la culpa es de Israel por querer existir.
Algo va a cambiar, no sólo por la profundidad de la guerra en Gaza, sino por la desaparición de seis de los siete frentes enemigos de la guerra de supervivencia que lleva Israel, y ahora con la enorme incertidumbre del desenlace de la guerra contra el régimen que armó todo el tinglado de estos dos años, los ayatolas de Irán.
Y todo esto en un ambiente de crisis profunda en las relaciones del islam con Occidente. No es en Gaza en donde está la crisis de nuestra civilización.
En cuanto a Gaza, dudo que el desenlace sea genocidio, exilio masivo o apartheid. Puede ser más de lo mismo. En los enormes cambios del medio oriente, no sólo Netanyahu no sabe cómo será el día después.
La crisis de nuestra civilización
“Lo que está sucediendo entre Israel y Gaza pone a temblar los fundamentos mismos de la civilización”. ¿Es una frase retórica? Sí.
Si se trata de atrocidades, hay otras situaciones mucho más graves que esta guerra.
El derecho internacional fue creado por Occidente. Otros países lo han aceptado, unos más, otros menos, pero su supervivencia depende de Occidente. Y Occidente incluye los valores cristianos, o judeocristianos, que no coinciden con los que se ven dominantes en el islam.
Lo que no sabe Occidente es cómo poner fin a un conflicto en el cual una de las partes no tiene como principal motivación el bienestar de su población. Occidente no sabe cómo luchar contra el culto a la muerte.
Acerca del autor
Paul Bromberg
* Exalcalde de Bogotá y miembro fundador de Razón Pública.
paul.bromberg.z@gmail.com
3 comentarios






Tremendo y riguroso texto. Cuidadoso análisis histórico y contemporáneo. Sería bueno ponerlo en Inglés, y difundirlo ampliamente.
…. Tiene la precisión y resolución de la electromicrografía de un ovillo… ¿Con qué se podrá desenredar: con la espada de Alejandro o con un proyectil iraní?
Vergonzoso artículo. No solo por su «estilo», esa amalgama desordenada de datos e ideas fragmentarias, sino porque, en primer lugar, comete todo el tiempo una contradicción performativa. Arranca hablando de la incertidumbre generada en situaciones de guerra pero la incertidumbre solo le sirve al autor para desmontar el relato de su enemigo y afirmar sus propias certezas y sus listas de «hechos incontrovertibles». No hace nada de lo que dice. En segundo lugar, porque se limita a reproducir todos los tópicos, los lugares comunes, del discurso sionista: que el pueblo palestino «no existe»; que aquí se trata de una lucha de la «civilización» occidental contra la barbarie; que una de las partes, inspirada por el islam, practica el «culto a la muerte» y, a diferencia de la israelí, no se preocupa por el bienestar de su población; que no hay tal «genocidio» ni tal «castigo colectivo» sino probablemente desinformación y conteos falsos de «niños» que, en realidad, son «máquinas de guerra». Es una vergüenza que RP se preste a ser eco del aparato de propaganda israelí. Esto no es «buen periodismo».