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Bogotá, 2012

Escrito por Paul Bromberg
Paul Bromberg

Paul BrombergEl exalcalde y profundo conocedor de la administración distrital hace un breve y animado recorrido sobre lo que el nuevo alcalde encontrará en su despacho. La crisis de in-movilidad y la corrupción seguirán sobre el tapete, pero se asoman otros desafíos en esta crónica donde el humor puede más que los trancones.

Paul Bromberg*

Entre inercias y sorpresas

No se trata de adivinar lo imprevisto, ni de pronosticar lo evidente. Más allá de los propósitos declarados, el nuevo alcalde se encontrará con hechos cumplidos, compromisos adquiridos, procesos administrativos en curso… y bogotanos que aspiran a seguir con sus vidas como si nada hubiera pasado.

Gobernar es ante todo nombrar al equipo de gobierno y mantenerlo comprometido con la agenda pública de la ciudad, para enfrentar colectivamente las adversidades administrativas, políticas, económicas y sociales que puedan presentarse como obstáculos en su ejecución.

Esto determinará abrumadoramente las faenas del candidato que resulte electo hoy y que una vez alcalde en propiedad, especialmente durante –digamos– los ocho primeros meses. Pero tanto la inercia de lo que venía haciéndose como la misma dinámica de la sociedad lo retarán a gobernar sobre temas no sospechados o en direcciones no previstas.

El gobierno saliente tampoco llega al extremo de dejar una sociedad al borde del abismo, como para afirmar a lo Luis XV, “después de mí, el diluvio”, en el sentido de una acumulación de problemas sociales o de servicios a cargo del gobierno distrital tan insuficientemente satisfechos que auguren insurrecciones.

En cambio, sí hay procesos administrativos en marcha con sus compromisos y riesgos, y así mismo una elevada expectativa política, que permiten afirmar que nunca ha habido una administración distrital con un primer año más difícil que la que comienza en 2012.

La movilidad en crisis

Por primera vez, desde que se inició la elección popular de alcaldes, los candidatos se vieron obligados a renegar del gobierno saliente. Había una sensación de desamparo en el electorado, que cabe atribuir a dos hechos que no son independientes: los escándalos de corrupción y los retrasos en las obras públicas.

En efecto, las noticias de favoritismo, coimas y otras formas de corrupción y desgobierno son cosa de un par de días, a menos que los ciudadanos se sientan víctimas directas. Y así ocurrió en la crisis de movilidad:

  • El alcalde Moreno recibió recursos provenientes de cobros suspendidos de una valorización aprobada dos años atrás, que incluían proyectos complejos no suficientemente bien calculados [1].
  • Encontró contratos de obra para la fase III de Transmilenio con firmas que demostraron ser capaces de un grado de corrupción e incompetencia sin precedentes, y sin diseños detallados;
  • Una suspensión a última hora de la mitad de una troncal (la carrera 7ª, continuación de la 10ª), como si tuviera sentido hacer media troncal; 

Así culminaron cuatro años en blanco en el tema de movilidad durante la administración de Garzón. Moreno trajo además

  • Una ocurrencia de campaña, el Metro nada menos, que congeló las decisiones en movilidad;
  • Y en un acto de valentía irreflexiva, acogió una idea en solo algo más que borrador: el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), propuesto en el Plan Maestro de Movilidad.
  • El alcalde y su primer secretario de Movilidad creyeron que eso era “diciendo y haciendo” y anunciaron que a finales de 2008 sería una realidad. El único logro visible hasta ahora ha sido un paro de transporte en el 2010, las consecuencias de cuya solución serán claras solamente dentro de unos meses.

Dos propósitos que recordarán los electores

Moreno previó una crisis transitoria en la movilidad, pero esperaba salir en hombros cuando en su cuarto año entregara obras y rompiera la copa de champán sobre el papel del contrato firmado para dar inicio a las obras del Metro. Al parecer esto no resultó, pues terminó el período y los ciudadanos, en todo el abanico de sectores sociales, no vieron sino incomodidades y escándalos de corrupción. 

Corrupción y movilidad, dos temas que se realimentaron entre sí, ahora resulta que son independientes.

Los tres candidatos con mayor opción acogieron esta perspectiva en sus discursos, propuestas programáticas y compromisos. Quienquiera que gane, deberá responder a ciudadanos dispuestos a cobrar esas declaraciones [2].

Por las enfáticas declaraciones de los candidatos, a ningún ganador le bastará con actuar hacia adelante y olvidar el pasado. Los medios, o la oposición, van a reclamar [3]

Corrupción y corte de cuentas

Hay otra razón más de fondo que hace imprescindible utilizar el espejo retrovisor: es necesario actuar sobre las rutinas políticas y administrativas que alimentaron la corrupción, si se quiere ser eficaz en reducirla y aumentar la confianza ciudadana. Si bien el clientelismo y la corrupción no son idénticos, son fenómenos que se realimentan entre sí y fomentan la incompetencia. A partir de la administración Garzón, la ciudad dejó de escuchar el discurso contra el clientelismo, mientras las mediciones de cultura ciudadana realizadas por Corporación Visionarios y Bogotá Cómo Vamos revelaban un marcado deterioro en el rechazo cultural a las prácticas del amiguismo y de la corrupción. El escándalo de los contratos suscritos con los primos Nule ha ocultado otros temas que ya comienzan a crecer:

  • El contrato de Alma Máter con la Secretaría de Educación dejó entrever que algo más podría estar ocurriendo, y podría ser grande.
  • El caso de los 17 concejales llamados por la Fiscalía amenaza con abrir nuevos temas, posiblemente el de la contratación en los hospitales.

Sobre estos últimos, cabe incluso una pregunta de índole técnica: el gobierno distrital que culmina aumentó sustancialmente los recursos con los que cuentan los hospitales, en miles y miles de millones de pesos. ¿Un análisis juicioso de costo-beneficio sería favorable?  

Los programas sociales que implicaban transferencia directa a personas, como créditos o becas, ¿se defienden de un escrutinio sobre si hubo selección justa de los beneficiarios? 

La opinión pública va a estar a la expectativa de lo que diga y haga el gobierno, no de lo que hagan los organismos de control.

La movilidad, más crisis

La expectativa por los cambios en la restricción al uso del vehículo particular motivará la primera cuenta de cobro, pues los tres candidatos los anunciaron. Tiene riesgos, pero podría tener rendimientos políticos si se hace bien.

De otra parte, solo la suerte salvará al próximo alcalde de las revueltas por la congestión en Transmilenio durante el primer año, pero durante los siguientes todo queda cubierto por una espesa capa de incertidumbre. 

  • No pasan en vano ocho años de estancamiento. Según anuncia Transmilenio S. A., en marzo estarían rodando buses por las nuevas “truncales” -nombre adecuado porque quedaron truncas. La 10ª – 7ª quedó en solo 10ª. Así, quienes venían por la décima y seguían por la séptima en un bus tradicional, no podrán hacerlo en bus de Transmilenio.
  • Está previsto que durante un tiempo (¿cuánto?), por la nueva carrera 10ª circularán buses corrientes. La estación central en el Museo Nacional estará lista en junio, pero el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) se ha especializado en “corrograma de obras”.
  • El contrato para la séptima ya fue adjudicado, a pesar de las advertencias, pero ahora sí no se sabe qué se va a hacer, entre troncal ligera, troncal pesada, o quién sabe qué “corredor verde”, que nadie sabe qué es. Y el puente de la séptima con 26 será demolido en breve.
  • Por otro lado, la “truncal” de la calle 26 estará en operación, hasta dos kilómetros antes del aeropuerto. ¿Algún augurio de alivio para el ciudadano del común, maltratado por obras que no se sabe cuándo culminarán, y para el usuario de bus? No parece.

Pero todo esto es minúsculo comparado con el desafío que entraña la entrada en operación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP). Transmilenio S. A., entidad que está a cargo del Sistema, ha realizado un juicioso diseño. Hasta han estudiado el problema de los cantantes de los buses y los “prefiero pedir su ayuda que robar” que ya no podrían entrar al transporte público [4].

Para los usuarios, acostumbrados a detener el bus en cualquier parte y hasta a negociar el pasaje con el conductor, todo será nuevo:

  • no se recibe efectivo en los buses,
  • hay paraderos en todas las modalidades imaginables,
  • se suprimirán rutas,
  • disminuirá la flota, lo que hace sospechar que también la frecuencia.

Los objetivos del sistema hablan de “modernización”, pero no de tiempos de viaje, y son muy parcos, ¡demasiado! en el problema del costo por pasajero. Lo único claro es que dados los resultados de la negociación del paro y otras condiciones, el costo por pasajero será superior al costo actual del pasaje.

El secretario de Movilidad y el viceministro de Transporte advirtieron en abril que los municipios tendrán que “meterse la mano al bolsillo” para subsidiar este sistema, si no quieren subir los pasajes. Pero el primero rechazó “por inconducente” la pregunta sobre “cuánto”.

El sistema entrará en operación paulatinamente, pero no parece que haya algo que pueda hacerse sin riesgos. Todo esto tendrá que hacerlo el nuevo gobierno. Si sale bien, no mejorará el prestigio del anterior. Pero si sale mal, sólo habrá un culpable: el nuevo gobierno.

En síntesis: el año 2012 pinta difícil y angustioso para el gobierno… Ni qué decir para los ciudadanos.  

Metro, sí ¿pero de cuántos centímetros?

El metro merece comentario aparte. Conocido el ganador, no tendría sentido que el gobierno nacional y el distrital-saliente lo dejen como espectador. Palabras más, palabras menos, los tres candidatos han dicho “metro sí, pero…”. Asunto de candidatos.

¿Con qué velocidad actuarán el alcalde electo y sus asesores, cuando ya se haya descontado la gigantesca asimetría de información entre cualquier gobierno y los candidatos? Los programas de gobierno de los tres candidatos son ambiciosos.

La administración saliente dejó las finanzas preparadas para asumir grandes retos, pero cuán grandes y en qué orden, ya responder a eso requiere estar sentados en el despacho.

De lejos estos son los retos más notorios. 

Otras acciones que pueden terminar haciéndose a las carreras

  • La seguridad es un reto muy serio, pero la urgencia sube y baja con la crónica roja.

Hay dos temas donde se entrará corriendo aunque se quiere andar despacio:

  • La Gobernación de Cundinamarca presionará por la Región Administrativa y de Planeación Especial (RAPE), que ya avanza en el Concejo, como mecanismo para aprovechar los cambios en la distribución de regalías. Pero el Distrito tiene que pensar en la relación con los municipios, dado que los departamentos en realidad “no tienen territorio”. Sobre este tema se ha patinado en los últimos diez años, precisamente el eje central de la campaña del exalcalde Jaime Castro.
  • El otro tema, sobre el cual los programas de gobierno son indiferentes, es el de la descentralización. Los activistas locales viven un momento de gran intensidad en este período. Si se maneja con indiferencia, como lo hizo el exalcalde Garzón, se seguirá perdiendo el control sobre el territorio. Un tema tan complejo, que amerita un artículo completo.

* Instituto de Estudios Urbanos, Universidad Nacional.

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