Carlos Palacino y el desfalco de Saludcoop - Razón Pública
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Carlos Palacino y el desfalco de Saludcoop

Escrito por Iván Jaramillo
Antigua EPS más grande de Colombia, Saludcoop.

Antigua EPS más grande de Colombia, Saludcoop.

Ivan JaramilloPor qué capturaron al presidente de la EPS más grande de Colombia y qué tan ciertas son las acusaciones

Iván Jaramillo Pérez*

Carlos Palacino construyó la EPS más grande de Colombia y hoy está preso en La Picota. Entre otras “perlas”,  habría creado una fachada contable y habría desviado el dinero de la salud hacia la infraestructura. Pero no todas las cosas son como las pintan. 

De ejecutivo a criminal

El pasado 9 de marzo, el expresidente de Saludcoop, Carlos Palacino fue detenido por una presunta apropiación indebida de recursos que ascendería a más de 400 mil millones.

El creador de la ley 100 de 1993 fue el ministro Juan Luis Londoño, pero su desarrollo principal corrió por cuenta de dos empresarios privados:

  • Roberto Cocheteux, líder de Colsanitas, que recibió una empresa con 400 empleados y la entrego recientemente con 14.000, y
  • Carlos Palacino que comenzando “desde cero” creó la EPS Saludcoop, la más grande del país, y la entregó con siete millones de afiliados.

Pero mientras el primero manipuló la ley para desarrollar la medicina prepagada, el segundo hizo lo contrario y utilizó tácticas de la medicina prepagada para apoderarse del Régimen Contributivo de la Seguridad Social.

Al principio de la ley 100, todas las EPS tuvieron la oportunidad de “enriquecerse”.

Así, mientras el Instituto de Seguros Sociales (ISS) ofrecía una mediocre hotelería de hospitalización en habitaciones de cuatro, ocho o dieciséis personas, SaludCoop ofrecía habitación individual con teléfono, televisor y acompañante, lo cual produjo una deserción masiva de afiliados y una consiguiente afiliación masiva a la nueva EPS cooperativa.

Los cargos “menores”

Sede de Saludcoop.
Sede de Saludcoop.  
Foto: Observatorio de Transparencia y Anticorrupción

A Palacino se le imputan todo tipo de cargos por delitos de “gestión empresarial”, si así se pueden llamar, y que pueden ser clasificados en cuatro grupos.

No hablaré aquí de los posibles delitos de apropiación personal de recursos, pues no se han mencionado en los medios de comunicación. Solo se sabe que Palacino ganaba 90 millones mensuales más bonificaciones y se especula que quizás “robó”, si eso no le alcanzaba para ir y venir en viajes continuos Bogotá-Miami  y quién sabe cuántos lujos más.

El primer grupo es el de los cargos “chistosos”. Se afirma que Palacino se apropió de 70 millones del Fosyga afiliando a 240 adultos con tarjeta de identidad de menor de edad o afiliando niños con apellidos diferentes de los de sus padres, lo cual es muy probable que ocurra en una base de datos de siete millones de afiliados que no puede controlar ningún gerente. Ni qué decir del hecho de haber realizado una o varias reuniones de Junta Directiva en el exterior.

En el segundo grupo están los cargos fabricados para la venta mediática: que Palacino financió un colegio en el norte de Bogotá, o un equipo de fútbol, o unas viviendas o un torneo de golf, o bien que prestó plata a los socios y empleados.

Todo lo anterior puede explicarse, quizás, porque SaludCoop es una cooperativa y las utilidades se deben llevar a fondos sociales legales y obligatorios que permitan financiar esas actividades de salud, educación, recreación  y todo tipo de beneficios a sus afiliados. Lo grave sería utilizar recursos del Plan Obligatorio de Salud (POS) para esos menesteres, pero es muy poco probable que la entidad hubiera necesitado cometer tal desacierto, siendo tan rentable como lo ha sido.

El discutible “pecado original” de Saludcoop

El tercer grupo de cargos son los derivados del “pecado original”, no solo de SaludCoop sino de todas las EPS: invertir “inicialmente” el excedente de las UPC (Unidad de Pago por Capitación) en infraestructura. Es decir, construir clínicas en lugar de prestar servicios de salud.

Al principio de la ley 100, todas las EPS tuvieron la oportunidad de “enriquecerse” debido a que los usuarios no conocían los beneficios del POS o las rutas de acceso a los servicios -incluyendo las tutelas o los Comités Técnicos Científicos (CTC)-.  

Como consecuencia, a todas las EPS les sobraba mucho dinero y naturalmente decidieron invertir el excedente en infraestructura (aquí hay que incluir las inversiones de SaludCoop en México, Ecuador y Chile). Buena parte de las EPS lograron transferir esos excedentes a sus propietarios o amigos, que hoy son prósperos empresarios privados de la salud con sus propias clínicas o empresas de servicios (IPS). Estas EPS o se “apropiaron” del excedente en beneficio de terceros y no crecieron, o se quebraron.

En un arranque de ingenuidad, la Corte Constitucional avaló como derecho todo el NO POS y reventó financieramente el sistema.

Otras EPS -como Sanitas y SaludCoop- desarrollaron su propia infraestructura de clínicas y centros de servicio, con lo cual consiguieron ser grandes y poderosas. Un poder del cual quizás abusó el fundador y expresidente de la mayor EPS de Colombia.

De todas maneras, cuando aumentó el uso de los servicios del POS y la oferta resultó  insuficiente, apareció el cargo del “desvío de recursos” hacia la infraestructura en detrimento de la prestación de servicios.

Hasta donde sabemos, SaludCoop desvió excedentes hacia la infraestructura, que a su turno era manejada por otras cooperativas que se integraban al grupo económico de SaludCoop. Si ese fue el caso, los 400 mil millones (que según los organismos de control pueden llegar a  700 mil) desviados por Palacino hacia la infraestructura no fueron en beneficio personal, sino en beneficio de otras cooperativas que son “terceros”, pero integrantes de su grupo económico.

El caso sería distinto si la infraestructura favorecida por Palacino quedara en manos de sus familiares, amigos o particulares que no son cooperativas y que están fuera del grupo económico.

De todas maneras, es al menos discutible que invertir en infraestructura y prestar un servicio con una red propia sea siempre un “pecado” y también es discutible que comprar todos los servicios del POS a terceros sea siempre una virtud, aunque resulte más caro.

La Asociación de Clínicas privadas dirá que ese es el pecado original del Sistema General de Seguridad Social y de las EPS: desarrollar una red propia, cometiendo un acto de competencia desleal. Por eso se habrían adoptado las normas que limitan la “integración vertical”. Seguramente, esta asociación aplaude más que nadie la caída de Palacino y pide la hoguera para todos los dueños y gerentes de las EPS que de forma similar han desarrollado su propia red de servicios.

El “oportunismo suicida” de Palacino

Expresidente de Saludcoop, Carlos Gustavo Palacino
Expresidente de Saludcoop, Carlos Gustavo Palacino
Foto: Histórico Presidencia de la República – Felipe Ariza

El cuarto grupo de cargos se refiere al manejo de los servicios no incluidos en el Plan Obligatorio (el llamado NO POS), con la estrategia del “oportunismo suicida”.

Durante los primeros diez años, las EPS disfrutaron de la bonanza económica y su meta fue abaratar costos por vía de la integración vertical o la construcción de infraestructura, pero cuando los afiliados aprendieron cómo acceder al POS, muchos abandonaron a sus médicos privados y a las farmacias de la esquina.

Palacino empezó a girar cheques para fingir que había pagado a las IPS. En realidad, era una fachada contable para encubrir un problema de iliquidez creciente.

Una vez que los afiliados coparon el POS con el sobreuso de los servicios y así acabaron las  utilidades de las EPS,  estas optaron por maximizar el NO POS. La idea era demandar todos los servicios especializados, muchos de ellos inútiles, para desangrar al máximo a las EPS y al Fondo de Solidaridad y Garantía (Fosyga) y recuperar el valor de las cotizaciones.

Ni cortos ni perezosos, los médicos e IPS se inventaron todo tipo de procedimientos, como las célebres terapias “ABA” con caballos, delfines y todo tipo de artilugios y medicamentos que presentaban como pócimas virtuosas. El sistema se desbocó y, si bien las EPS inicialmente se resistieron porque la UPC no alcanzaba, luego vieron que era el gran negocio pues el NO POS lo podían recobrar al Fosyga (hoy ADRES- Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud-). 

En un arranque de ingenuidad, la Corte Constitucional avaló como derecho todo el NO POS y reventó financieramente el sistema, obligando a promulgar la Ley estatutaria de salud para cerrar el boquete. El POS ya no daba utilidad, pero los recobros sí y cada EPS, entre ellas SaludCoop, creó un grupo especializado en cobrar el NO POS para obtener utilidad, incluso invadiendo las “zonas grises” (límites entre el POS y el NO POS).

Y llegó finalmente el momento mágico cuando todas las utilidades de las EPS estaban en “cuentas por cobrar” al Fosyga-ADRES. Esta situación estimuló la falsificación de servicios y soportes, la corrupción y la cartelización de las enfermedades catastróficas: el VIH, la hemofilia, etc.

Pero Palacino y los gerentes de las EPS no calcularon que para cobrar los servicios NO POS al Fosyga-ADRES, primero había que pagarlos a las IPS y que el trámite del recobro era muy engorroso y demorado hasta el punto de que SaludCoop acumuló hasta 270 mil millones en cuentas por cobrar por NO POS y empezó a girar cheques para fingir que había pagado a las IPS. En realidad, era una fachada contable para encubrir un problema de iliquidez creciente.

A esto llamó yo el “oportunismo suicida” de Palacino y otros gerentes. Fue ahí donde la Supersalud y los organismos de control aprovecharon e intervinieron a SaludCoop por malos manejos. Para entonces, la mitad de lo que valía la infraestructura construida era equivalente a lo que SaludCoop debía a las IPS de la red contratada, de lo cual se deducía lógicamente que Palacino-SaludCoop no pagaba a las IPS las prestaciones del POS porque había desviado el dinero hacia la infraestructura propia.

La solución: “Dr. Palacino venda las clínicas y pague a la red de servicios contratada. Si no lo hace, chao”. Y así fue.

Como nadie sabe para quién trabaja, hoy Palacino perdió las alas y está en La Picota y Medimás disfruta de sus aciertos y sus errores.

*Magister en Administración Pública del CIDE, México. Fue director administrativo de la Asamblea Constituyente de 1991 y Secretario General del Fondo Nacional Hospitalario, consultor internacional, investigador, docente universitario y autor de varios libros y artículos especializados.

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