¿Cómo es la elección de rector de la Universidad Nacional? - Razón Pública
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¿Cómo es la elección de rector de la Universidad Nacional?

Escrito por Paul Bromberg
Plaza Santander o Plaza Ché de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.

Plaza Santander o Plaza Ché de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.

Paul BrombergExplicación sobre los métodos establecidos por la ley para la conformación del Consejo Superior Universitario y la designación del rector de la Universidad Nacional, y por qué no se emplea la fórmula de votación universal y secreta de la democracia de masas. 

Paul Bromberg*

Ruido de elección

En días pasados Razón Pública presentó una videocolumna del joven Amaury Núñez,  miembro del Consejo Superior (CSU) de la Universidad Nacional, en la que argumentaba que el gobierno se auto-asignó hace años la tarea de expedir un reglamento específico para la Universidad Nacional y, claro está, al hacerlo se impuso como mayoría en el Consejo.

La cosa fue muy distinta. Amaury no había nacido cuando se promulgaron la Ley 30 de 1992 y el Decreto 1210 de 1993. Es necesario aclarar sus errores, que se explican por sus propios prejuicios (niega de antemano autoridad moral a quienes no piensan como él) y por su falta de conocimiento sobre aquello de lo que habla. Esta ocasión también me permite interpretar el ruido originado por la reciente designación del rector de la Universidad Nacional.

Aula Máxima Pedro Nel Gómez de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín.
Aula Máxima Pedro Nel Gómez de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional
de Colombia, Sede Medellín.
Foto: Wikimedia Commons

Composición del Consejo Superior

La Ley 30 de 1992 sustituyó dos decretos-leyes, uno para la educación superior en general y otro específico para la Universidad Nacional (UN). Con justificación o sin ella, la Universidad Nacional siempre ha reclamado consideraciones especiales. En un acto de fuerza argumentativa, el rector en 1992, Antanas Mockus, logró que el Congreso incluyera en la Ley 30 el artículo según el cual la UN tendría una norma específica para ella, que sería expedida por decreto.

Como es usual en estos casos, el presidente le dijo a la UN que propusiera su estatuto. Se organizó entonces una amplia deliberación interna que acabó en una propuesta enviada por el Consejo Académico al CSU, el cual la acogió en su mayor parte.

Varios consensos, muy amplios en su época, dieron forma a la actual composición del CSU establecida por el Decreto 1210 de 1993:

1. El gobierno no debe estar presente en el CSU de manera marginal, pero tampoco mayoritaria. Con esto se buscaba vencer la indiferencia tradicional de los gobiernos hacia la Universidad Nacional, al tiempo que se conservaba su autonomía. Además de la presencia del ministro o del viceministro, el presidente designa a dos personas, una de las cuales debe ser un exalumno. Pero en el texto estos no aparecen como representantes del presidente. Para bien o para mal, ni el presidente los llama, ni les pasaría al teléfono.

2. El CSU debería contar con la presencia de funcionarios de alto nivel del gobierno, para impedir situaciones que se habían venido presentando, como las sesiones presididas por funcionarios de tercer nivel del Ministerio de Educación Nacional (MEN). Por eso se consideró un logro de la UN que el gobierno hubiera aceptado que el Consejo solo podría ser presidido por el ministro o por el viceministro.

3. Como se trata de la Universidad Nacional, el CSU debería tener integrantes que fueran designados mediante mecanismos donde interviniera la comunidad académica de todo el país. De ahí la figura de un miembro designado por el Consejo Nacional de Educación Superior (CESU) a partir de una terna presentada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. El hecho de que en la consulta que acaba de pasar un número muy significativo de profesores manifestara su preferencia por Jorge Hernán Cárdenas, un aspirante de fuera de la Universidad, es una muestra notable de madurez para una universidad que, si quiere considerarse nacional, debe aceptar que no es de exclusiva incumbencia de sus empleados-profesores.

4. Se puso mucho cuidado en evitar la palabra “representante” para denotar a las personas que tuvieran como mecanismo de designación una votación o una consulta. Por esa razón aparece en el Decreto 1210: “un profesor designado…”, “un estudiante designado…”,  “un ex rector designado por…”, “un decano seleccionado por el Consejo Académico…”. Pero jamás aparece la palabra “representante”, ni para el CSU ni para ningún otro espacio de deliberación y decisión colectiva.

5. El tema sobre el cual no se llegó a un consenso fue: ¿debería el rector ser designado directamente por el presidente de la República o por el Consejo Superior mediante un sistema de consulta interna? La decisión sobre este punto se dejó al presidente de ese entonces, César Gaviria, quien sin dudarlo dijo: “al Consejo Superior”.

6. Nunca en esta discusión interna estuvo siquiera presente la propuesta de una elección directa mediante votación secreta por el profesorado, por el estudiantado o por una combinación entre los dos.

El amplio consenso de ese momento sobre la manera de conformar el CSU lo explicarían algunos grupos profesorales, hoy “ultrademocráticos” por conveniencia, como una “perversión antidemocrática” de comienzos de los 90.

Yo tengo otra interpretación: los profesores que deliberaron sobre lo que fue el Decreto 1210 eran en buena parte veteranos de la borrachera del cogobierno de comienzo de los setenta y ya habían superado algunas cosas cuyo desenlace algunos profesores de hoy no han asimilado: el mayo francés del 68, la rebelión juvenil asociada con las protestas por la guerra de Vietnam, la revolución cultural china, la Revolución cubana, el muro de Berlín.

En una universidad que se precie de serlo, los intereses generales de los estudiantes no pueden ser distintos de los intereses de la universidad. La invención de que el rector y los otros integrantes del CSU están interesados en hundir la UN no es más que infantilismo.

En los 90s entonces pensamos que el mundo había cambiado, y que en Colombia la Constitución de 1991, que cambió tantas cosas que hasta nos puso a rediseñar la educación superior, le daba la oportunidad a la UN de concentrarse en ser una buena universidad pública, luego de dos décadas de locuacidad inútil y conflictos de orden público.

¿Estudiante que no representa?

¿Qué justificó la inclusión de un estudiante elegido por voto universal y secreto entre estudiantes, que nunca llega a ser calificado como representante? Este mecanismo de designación protege su independencia y promueve la discusión sobre el devenir universitario entre los estudiantes. Pero se espera que su argumentación sea un aporte más a la deliberación en el CSU desde su visión como estudiante, no en calidad de “correveidile” de los ganadores o de un genérico “los estudiantes”, sino en calidad de estudiante. Este comportamiento esperado se cumplió en los primeros momentos de presencia estudiantil en el máximo órgano de gobierno universitario.

Ciertamente, un estudiante puede ser conducto para que grupos estudiantiles lleven argumentos, pero creo que nadie tenía mucha confianza en que la presencia de un estudiante en el CSU disminuyera la pugnacidad de los grupos políticos que han tomado la institución como espacio de desorden público.

En una universidad que se precie de serlo, los intereses generales de los estudiantes no pueden ser distintos de los intereses de la universidad. La invención de que el rector y los otros integrantes del CSU están interesados en hundir la UN no es más que infantilismo.

¿Profesor que no representa?

¿Por qué se incluye un profesor designado mediante voto universal y secreto sin calificarlo de “representante”? Porque este no se concibe como un representante gremial, sino como un argumentador que reconoce que los intereses generales de los profesores no son contrarios a los de la universidad.

El ingeniero industrial Jorge Hernán Cárdenas Santamaría.
El ingeniero industrial Jorge Hernán Cárdenas Santamaría.
Foto: Agencia de Noticias UN

¿Qué es un CSU?

Se supone que el Consejo Superior de una universidad tiene como función hacer compatibles los ídolos de la academia con la sociedad: su gobierno (especialmente cuando se trata de una universidad pública), su economía, su cultura, sus necesidades, y esto a pesar de que lo más usual ha sido que buena parte de sus integrantes son académicos, no todos de la Universidad Nacional. Conocen por experiencia propia la academia y sus ídolos (excepción interesante son los ministros de Educación).

Pero en los últimos años un grupo profesoral ha asimilado el CSU a un comité sindicato-empresa donde todos los otros profesores miembros serían “representantes del patrón”.

Estos profesores obtienen el respaldo de los grupos estudiantiles estimulando, entre otras, la idea de una elección democrática frente al autoritarismo de los otros “viles” profesores, quienes no creen que los estudiantes tengan la razón por ser mayoría o porque la juventud sea sabia por su propia naturaleza.

Me tocó escuchar hace pocos años en una asamblea profesoral de estilo estudiantil a un profesor “ultrademocrático” decir que cómo no iban los profesores a respaldar a sus estudiantes en sus críticas a la reforma académica.

Eso me hizo recordar una anécdota en uno de mis cursos, cuando unos estudiantes me preguntaron mi opinión acerca de lo siguiente: “¿vale la pena asistir a las discusiones sobre reforma académica a las que nos han invitado, si nosotros no tenemos la atribución de decidir?”. “Claro que vale la pena”, respondí. “Vayan, escuchen a los profesores discutiendo sobre la formación que les están dando; intervengan, pregunten, aprendan. Si concluyen que ustedes saben más que los profesores denuncien a esta universidad por estafa, o salgan a buscar alguna otra en la que los profesores se consideren más maduros que los estudiantes”.

¿Democracia de mayoría en todas partes?

¿Hasta dónde vale aquella democracia de “una persona: un voto secreto” en una institución cuyo ethos es la meritocracia sobre la  base del conocimiento, ajena a las peroratas veintejulieras propias de la democracia de masas?

Aquí he tratado apenas un aspecto de la tal democracia universitaria que  asombrosamente en América Latina se considera un imperativo evidente en sí mismo. Otros temas quedaron pendientes.
 

* Profesor pensionado de la Universidad Nacional y cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace

 

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