
Los actores en el miedo oriente
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Los diferentes protagonistas del conflicto en el miedo oriente (sic) declaran sus justificaciones. Ellas sin duda merecen un análisis. Pero para entender lo que está pasando conviene tener como marco de análisis cómo actúan los Estados.
¿Cómo se juega la política internacional?
Respuesta: atendiendo los intereses de los Estados. Sólo unos bobitos nos creímos que la URSS actuaba en la palestra internacional en defensa del proletariado mundial, una clase sin fronteras. La URSS nunca dejó de ser Rusia; en últimas, no ha podido dejar de ser zarista.
Las grandes potencias en el establecimiento del Estado de Israel, 1947-1948
Los árabes acusaron de pro-judíos a los británicos que tuvieron el mandato sobre la antigua provincia del Imperio Turco llamada Palestina, entre 1920 y 1948. Los judíos por su parte acusaron a los británicos de ser pro-árabes. Escribo árabes porque no había palestinos en ese entonces, pues la región era una vasta extensión sin fronteras definidas, lo propio de los imperios, que son multiétnicos. Escribo judíos porque tampoco había israelíes en ese entonces (ver mapa).

Ninguno de los dos tenía razón, porque evidentemente los británicos eran pro-British. Sus decisiones estaban determinadas por los intereses de Inglaterra, y se movían de acuerdo con esos intereses en un contexto local e internacional cambiante.
Dijeron que sí a árabes y judíos cuando se trataba de debilitar al imperio turco durante la primera guerra mundial, mientras firmaban el tratado Sykes-Picot para repartirse los restos del Imperio Turco. Luego durante el período entreguerras dijeron sí y no a unos y otros, siempre a medias. Judíos y musulmanes, cada uno de ellos de diferentes orígenes, orientaciones religiosas, tribus o dinastías, trataban de coexistir y de vez en cuando se mataban entre sí. Caían algunos soldados ingleses, pues era imposible implantar el orden de manera estable.
Cómo jugaron los peones en los últimos años del Mandato
Los pequeños se mueven también de acuerdo con sus intereses, tratando de sensibilizar en su propio beneficio los intereses de los grandes. Sí, los pequeños son, o sea somos, como baldíos. Los reyes y reinas dejan jugar a los peones, más o menos en paz, a menos que necesiten un istmo.
Durante la segunda guerra mundial los ingleses buscaron respaldo en la lucha contra los nazis en el norte de África, y en particular proteger el oleoducto Mosul-Haifa. La instrucción militar recibida por la Haganah para esta tarea fue fundamental en el éxito de la guerra de independencia, como llaman los israelíes el conflicto 1948/1949.
Por su lado, importantes líderes de los pobladores de religión musulmana se le midieron a aliarse con Hitler, por dos razones: porque parecía la ficha ganadora y porque, no tapemos el sol con los dedos, su antisemitismo era afín a su talante antisemita, que explotaron en el pogromo de Bagdad en 1941.
Los Estados Unidos
¿Fueron los Estados Unidos pro-judíos? Claro que no: eran pro-EU.
El trágico episodio del SS St Louis en 1938 que negó el ingreso de judíos alemanes que buscaban con desespero refugio, permitió a Hitler afirmar que por algo nadie los quiere (el episodio es parte central de la novela Herejes de Leonardo Padura).
Con mucho fastidio Truman votó a favor de la partición en noviembre de 1947. Hay dos versiones interesantes sobre este proceso: el libro Oh Jerusalén de Lapierre y Collins, que cuenta el tortuoso cabildeo de Chaim Weizmann para conseguir el sí de Truman. Especialmente instructiva es la reseña muy documentada de Paul Johnson en Tiempos modernos.
Un embargo de armas por parte de los Estados Unidos en el momento más crucial para la supervivencia del nuevo Estado obligó a los israelíes -ya se llamaban así- a comprar armas a Checoeslovaquia, siguiendo la autorización de Stalin. Por supuesto que Stalin no adoraba ni a los judíos ni al nuevo Estado, pero creyó que así debilitaba a Inglaterra, que ya era su ‘nuevo mejor enemigo’. El embargo norteamericano se mantuvo durante años, y por eso en la guerra de 1967 los israelíes hicieron famosos los aviones caza franceses Mirage.
¿Y los “países árabes”?
¿Fueron los egipcios de 1947 “pro-palestinos”? No. Esencialmente, fueron pro-Egipto.
Jordania fue pro-Jordania, Siria pro-Siria, Líbano pro-Líbano, Irak pro-Irak.
Se metieron en la guerra contra las milicias-ejército del recién creado Estado de Israel no para brindarle a los pobladores musulmanes de ambos territorios de la partición un territorio para que fuera gobernado por un liderazgo político “palestino”. Fue para quedarse con un pedazo del territorio ahora que los ingleses se habían largado. En el armisticio, los egipcios quedaron con Gaza, los jordanos con Jerusalén oriental y el margen occidental del Jordán. Jordania intentaría en los años siguientes ser el Estado Palestino, lo que entrañaba quedarse con parte de los refugiados y aceptar las fronteras creadas por la guerra.
No es suficiente con los intereses
Hay defectos en el modelo que acabamos de emplear.
Por una parte, los Estados no son homogéneos. Están sometidos a vaivenes políticos internos, en los que diferentes actores toman el liderazgo y obtienen el manejo de las decisiones y de los ejércitos, de acuerdo con intereses de las facciones internas.
Por otra, aparecen otros actores importantes: los fabricantes de armas. No tienen ideologías, sólo clientes.
Un tercer defecto: los electores, o sea el demos. Ellos sí tienen ideologías. Los líderes autocráticos de los países de mayoría sunita saben que el respaldo abierto a Israel, que momentáneamente puede servir a los intereses de sus Estados, va a movilizar masas furibundas a la calle, fáciles de enardecer, con riesgos de inestabilidad política.
Al Fatah se descubrió jugando un papel irrelevante en la primera intifada, porque ésta resultó de origen religioso, promovida por Hamás, un apéndice de los Hermanos Musulmanes, mientras Fatah había sido un movimiento secular inscrito en el cuento del anti-imperialismo y la liberación nacional que era lo que estaba de moda. Anwar Sadat fue asesinado por los Hermanos Musulmanes por el pecado de firmar la paz con Israel, una movida de Sadat que indudablemente favorecía los intereses del Egipto, pero no el fanatismo religioso.
¿Y los Estados Unidos hoy?
En lógica geoestratégica ese pedazo de territorio ridículamente minúsculo, en forma de cuchillo, no es de ningún interés para los EU (ver figura).
¿De qué le sirve? No le trae sino problemas en una región en la que estrictamente le deben interesar tres cosas: (1) El petróleo, claro. Respaldar a Israel de ninguna manera le fue ni le es útil en su necesidad de controlarlo, por el contrario. (2) En menor grado, la libertad de navegación, para lo que tampoco le es funcional contar con su amigo Israel. (3) En una competencia entre potencias por la hegemonía, interesa que otras no extiendan sus alianzas y se tomen los baldíos.

La ideología importa
Se volvió famosa la frase de algún alto funcionario de los Estados Unidos: “será un bastardo, pero es nuestro bastardo”.
Durante décadas Estados Unidos reclamó defender la democracy y la liberty respaldando regímenes feroces. Es mejor no despreciar el logro de James Carter, quien impuso la certificación de derechos humanos como parte de la agenda de la política exterior de los EU. También suena iluso el derecho internacional al que se sustraen los que tienen fuerza, pero es bueno que exista.
A los comunistas polacos no les fue bien en las contradicciones en la ideología que, según ellos, sostenía al Partido Obrero Unificado Polaco, cuando éste se enfrentó a todos los obreros agrupados en Solidaridad. El doblepensamiento no siempre aguanta. O sea, la ideología tiene su relevancia.
Hay una afinidad ideológica que en el caso de Israel juega mucho en los Estados Unidos. Más que el lobby judío, que sí existe, es el elector norteamericano.
Israel está perdiendo el favor de sus aliados naturales, los viejos liberales, que tuvieron como aliados a los judíos en la promoción de los derechos civiles en los Estados Unidos. Pero Israel mantiene el respaldo de los electores religiosos, que son muchos, quienes toman a pie juntillas el antiguo testamento. En resumen, en esto de cada ciudadano un voto hay una esfera ideológica, en este caso religiosa, que ningún líder político de Estados Unidos puede descuidar en su política exterior.
Cerca de una elección en la que el ganador tendrá un estrecho margen de ventaja, ya es claro que el respaldo a Israel se ha convertido en un tema importante. Lo saben todos: los israelíes, los de Hamás, los de Hezbolá, los de Irán, Netanyahu, Sara la esposa de Netanyahu, las familias de los secuestrados…
Se dice que el objetivo de Blinken en sus repetidas declaraciones: ‘ahora sí ya casi, tenemos un acuerdo Israel-Hamás’, que ya suscitan un poco de compasión, es impedir la invasión por tierra al Líbano antes de elecciones. Lo dejo en “se dice”, porque no es nada fácil hacer las cuentas de qué beneficia a quién y qué promesas se hacen entre bambalinas, ni qué garantiza que las cumplan. Si Israel va a invadir, tiene que hacerlo lo antes posible, antes de invierno, y más ahora que ha destruido todo el andamiaje de mandos medios del ejército de Hezbolá. ¿Qué candidato gana más electores, en qué Estado, declarando qué?
Netanyahu es un personaje detestado por los liberales. Biden se jugó a moverle la silla invitando a Benny Gantz cuando éste aún era del gabinete de guerra. Lo que se ve desde afuera, es que Gantz se desdibujó, mientras Netanyahu no se derrumbó. Una sociedad sumamente dividida como la israelí tiene actores políticos furiosos acusando a Netanyahu de poner su futuro político por encima de los intereses del país. Ese mismo argumento vale para la oposición. Todos los políticos tienden a ser iguales (menos los que pierden).
¿Se puede predecir?
Con la información de que disponemos los que estamos por fuera, no es posible predecir. Pero caben algunas consideraciones.
Desde los intereses de los Estados Unidos, lo más importante es golpear a Irán. Esos intereses coinciden con los de Israel. Algunos equivocadamente leerán que Israel es un títere de Estados Unidos, otros que Estados Unidos se está dejando chantajear por Netanyahu.
Israel necesita destruir la capacidad nuclear de Irán, de quien se afirma con contundencia que está terminando de conseguir la cantidad suficiente de combustible para tener varias armas nucleares. Irán tiene que evitar un escalamiento porque si éste se da corren peligro sus instalaciones, que ya se han mostrado vulnerables. Además, la infraestructura económica de Irán es en extremo vulnerable a una conflagración abierta contra Israel.
Los últimos acontecimientos muestran que Irán y sus proxys parecen más al-garabía que realidad. Se ven débiles. El discurso del líder Hezbolá el jueves 19 de septiembre fue el de un perdedor, y eso es gravísimo para un líder de un movimiento violento (ver figura).

Es evidente que Estados Unidos no va a participar más que defendiendo a Israel de ataques de Irán.
Para Arabia Saudita, Jordania y otros, debilitar a Irán es lo mejor, sin tener que hacer nada para que no salga el demos a gigantescas demos-traciones callejeras.
Todo de común acuerdo con Israel, todo circunstancial, todo provisional, como todas las alianzas.
Los “países árabes” e Irán
En occidente tenemos problemas para agrupar estos países bajo una denominación. Los egipcios no son árabes, como tampoco son los persas (iraníes), ni los bereberes de Marruecos, ni los afganos. Eso sí, todos son musulmanes.
La creación en el miedo oriente de los “Estados-nación” siguiendo el modelo wilsoniano chocó con una cultura diferente, que no se acomodó a “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. El demos es más bien el feligrés, y las autoridades civiles y religiosas se confunden. El más importante analista del mundo musulmán, Bernard Lewis (recientemente fallecido), ha abundado en sus escritos sobre esto.
Bajo esta óptica, ¿los intereses de “Irán” son los del “pueblo iraní”? No.
Son los del shiísmo, una fracción minoritaria en el mundo musulmán. Ha sido rotundo el éxito del Ayatola Jomeini y sus sucesores, inventando un odio ahistórico hacia los judíos con fundamento en fanatismo religioso. Irán ya ha destrozado cuatro Estados: Líbano, Siria, Yemen e Irak (este último with a little help from some friends). Tiene a Jordania inhabilitada para hacer elecciones y destruyó el movimiento palestino, convirtiéndolo en un apéndice de Irán. A través de terceros empleados como carne de cañón controla el norte del paisaje from the Caspio to the Mediterranean sea.
Terminemos con Bibi
La alharaca internacional ha puesto a jugar el papel del malo a Bibi (Benjamín Netanyahu). El buenismo proisraelí lo ha convertido en el perverso, él solito. Todo lo malo es culpa de él. Una operación mental que permite esconder que es la existencia misma del Estado de Israel la que es contradictoria y conflictiva.
Los buenos que abundan en los cafés consiguen así el mejor de los mundos posibles: culpan de todo al personaje que está haciendo, en esencia y dejando por fuera detalles, lo que desde el punto de vista militar hay que hacer, que por cierto nunca ha sido el genocidio, una acusación que no se sostiene.
Cosas ocurrirán, y será pronto. Esto no admite congelación. Aquí hemos puesto de presente cómo hacer el análisis, pero no podemos ir más lejos con la información de que disponemos.
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Acerca del autor
Paul Bromberg
* Exalcalde de Bogotá y miembro fundador de Razón Pública.
paul.bromberg.z@gmail.com
1 comentarios






No solo por el molesto estilo telegráfico del texto (más una colección de viñetas que una argumentación sostenida), resulta difícil digerirlo. Sutil- o no tan sutilmente, de principio a fin aparecen clichés pro-israelíes: 1. “El pueblo palestino no existe” (Golda Meier). Más allá de las disputas al respecto que pasan por datos arqueológicos y genéticos (por ejemplo: en relación al nexo entre cananeos y palestinos), el punto es que los pueblos también surgen como reacciones-a y construyen progresivamente su identidad sobre esa base. En ese marco, y debido a la resistencia al largo proceso de ocupación desde hace más de un siglo, el pueblo palestino sí existe. 2. El islam aparece, como es de esperarse, como fuente de fanatismo y antisemitismo. Los fanáticos israelíes (gente como Itamar Ben-Gvir), y todo el tema de los colonos y su milenarismo, no se asoma aquí por ningún lado. Aflora la historia trillada de la alianza del gran muftí de Jerusalén con los nazis (un fragmento de historia usado con frecuencia por Netanyahu y que, si se trata de relaciones con los nazis, omite la compleja historia del paradójico antisemitismo sionista) y el invento de un “odio ahistórico” hacia de los judíos de parte de Khomeini. Tal como si la relación con Israel no fuera un producto del muy histórico proyecto anticolonial que es el Khomeinismo y como si no existiera en Irán una comunidad judía protegida por la ley en calidad de dhimmis. El antisionismo de la República Islámica de Irán es innegable pero no se trata, en absoluto, de un “odio” gratuito e irracional, producto de una oscura minoría religiosa. El mensaje final del texto es responsabilizar a Irán por todo lo ocurrido (USA sólo respladaría a Israel, en últimas, por la necesidad de refrenar su expansionismo) y justificar la postura de Israel como una inevitable estrategia de autodefensa. 3. Guerra es guerra y, como se trata de defender la propia existencia, todo vale. Dice el autor sobre Netanyahu: “culpan de todo al personaje que está haciendo, en esencia y dejando por fuera detalles, lo que desde el punto de vista militar hay que hacer”. ¿Lo que hay que hacer? Bombardear un consulado (como en Siria), ataques con drones extraterritoriales para asesinar a los negociadores de la contraparte (como sucedió en Irán), uso de estrategias terroristas y contrarias al DIH (como lo sucedido en el Líbano), una guerra de tierra arrasada en la cual van más de 40.000 víctimas y, según ONU, el 56% son mujeres y niños (como está sucediendo en Gaza). ¿Lo que hay que hacer? ¿Dejando por fuera los detalles? ¿El detalle de las 40.000 víctimas y de la ausencia de toda proporcionalidad? Esto va aderezado, claro, por la supuesta crudeza del realismo político y el carácter “iluso” del derecho internacional. Todo muy oportuno, claro, para darle un cierto toque académico a una legitimación del comportamiento de Israel repleta de clichés y de un abrumador cinismo.