
Elecciones en Ecuador. Noboa gana en segunda vuelta
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En medio de la violencia, la crisis económica y la desinstitucionalización, Ecuador hoy eligió a su presidente. Este artículo analiza los antecedentes, el desarrollo de las campañas y los resultados de la votación.
Ecuador vuelve a las urnas
Este 13 de abril la ciudadanía ecuatoriana acudió a las urnas para elegir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años.
En la primera vuelta del 9 de febrero, apenas 16.746 votos distanciaron a Daniel Noboa de Luisa González, obligando al balotaje en medio de una campaña marcada por la polarización entre correísmo y anticorreísmo, eje dominante del sistema de partidos en los últimos años.
En esta elección el correísmo superó el techo histórico cercano al 30%, alcanzando el 44%, por encima del 33% de 2023. Sin duda, el hecho político principal de la primera vuelta.
El ascenso de la Revolución Ciudadana fue posible gracias a la combinación de inestabilidad política y la errática gestión del presidente-candidato Daniel Noboa, del partido Acción Democrática Nacional.
El actual gobierno, producto de la “muerte cruzada” —recurso constitucional de 2008 que permite disolver el Legislativo y convocar nuevas elecciones— vuelve a enfrentar a Luisa González, de la alianza Revolución Ciudadana–Movimiento Renovación Total, tras casi un año y medio de mandato.
Noboa asumió en noviembre de 2023 prometiendo aliviar la crisis de seguridad e inestabilidad. Desde entonces, muchas de sus propuestas terminaron en promesas incumplidas y actos fallidos.
Ambas candidaturas han estado rodeadas de polémica, no solo por las acusaciones cruzadas en el debate, sino por la sistemática desacreditación mutua. Se ha insistido en los vínculos de empresas de Noboa con el narcotráfico; González, por su parte, ha sido salpicada por el caso Ligados y por escándalos de corrupción atribuidos al correísmo.

El telón de fondo
Tres problemas sintetizan la situación actual del Ecuador: inseguridad, crisis económica y desmantelamiento institucional.
El país enfrenta una grave crisis de seguridad: homicidios (38 por cada 100 mil habitantes), extorsiones y secuestros en aumento. Al igual que en otros países de la región, estos problemas han resquebrajado la cohesión social y las estructuras estatales, favoreciendo el avance de grupos delictivos que disputan territorios.
Pese a los estados de excepción, la violencia aumentó con el inicio de año, lo que pone en entredicho el Plan Fénix del gobierno, además de las denuncias por violaciones a los derechos humanos en cárceles y contra poblaciones vulnerables —como el caso de los cuatro niños detenidos por el ejército y encontrados sin vida—.
En materia económica, se observa una tendencia al decrecimiento, causada tanto por la inestabilidad interna como por factores globales como la guerra comercial, que afecta a economías primario-exportadoras como la ecuatoriana.
El panorama incluye la caída del PIB en 0,4% en 2024, inflación, reducción del empleo formal y aumento del desempleo e informalidad. El gobierno, con escasa disponibilidad de crédito internacional, muestra bajos índices de ejecución en salud, educación e infraestructura. A esto se suman fenómenos climáticos para los cuales no estaba preparado.
El tercer elemento de contexto es el vaciamiento, la deslegitimación y, en algunos casos, el desmantelamiento de instituciones públicas. Además de la Asamblea Nacional —que ha perdido su función de control político—, entidades como la Fiscalía, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo han estado ausentes o subordinadas al poder de turno.
Mención aparte merecen el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) y el Poder Judicial. En el primer caso, el mecanismo de designación de autoridades por representantes ciudadanos —en lugar de la Asamblea— no ha logrado evitar la manipulación. El Poder Judicial, por su parte, ha sido objeto de injerencia del crimen organizado.
Campaña electoral para la segunda vuelta
La segunda vuelta arrancó con el debate presidencial del 23 de marzo, marcado por la falta de propuestas claras y acusaciones personales y supuestos nexos con el crimen organizado que dominaron la agenda mediática.
Noboa no logró tejer alianzas con los votantes de la tercera y cuarta opción en primera vuelta. González, cuyo binomio ya es una alianza política, firmó un acuerdo con algunos sectores indígenas para una agenda conjunta. Sin embargo, ese apoyo es limitado pues no se anunciaron acuerdos legislativos ni medidas concretas de gobernabilidad, dada la debilidad actual del movimiento indígena.
Daniel Noboa con el slogan “El nuevo Ecuador resuelve” ha buscado posicionar la imagen de un gobierno de mano dura, lo que contrasta con los altos índices de violencia que se han intentado contener mediante constantes estados de excepción, cuestionados por la Corte Constitucional.
La respuesta del gobierno ha sido la imposibilidad de cumplir la sentencia de la Corte, sumado a la iniciativa de contratar mercenarios extranjeros y la intención de reactivar bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano, lo que ha generado serios cuestionamientos sobre la confianza en las capacidades de las Fuerzas Armadas para enfrentar la actual crisis de seguridad.
La campaña ha sido fuertemente cuestionada por el uso de recursos oficiales en favor de la candidatura de Noboa. Un episodio particular se registró con Erik Prince, fundador de la contratista de seguridad Blackwater, quien a través de la cuenta oficial del Ministerio de Defensa Nacional del Ecuador llamó a votar por Noboa, señalando que había dos caminos: ley y orden con Noboa, o “(…) parecerse a Venezuela, un narcoestado con un procesamiento masivo de drogas con toda la criminalidad, el socialismo y la desesperación que eso conlleva”.
Los eventos públicos de Noboa se centraron en ciudades como Cuenca y Riobamba para mostrar cercanía con el pueblo. En esa línea, el gobierno ha ofrecido 14 tipos de beneficios económicos —becas, bonos, incentivos— por más de 518 millones de dólares a grupos como jóvenes y policías.
Con el eslogan “Vamos a revivir Ecuador”, Luisa González adoptó una estrategia de campaña en dos frentes: criticar a su oponente y reivindicar los logros de la Revolución Ciudadana.
Sus buenos resultados en la Costa —especialmente en Manabí y Esmeraldas, bastiones correístas— se reflejaron en una agenda pública centrada en el apoyo a sectores populares afectados por desastres naturales.
En la coyuntura internacional, Noboa ha defendido los aranceles impuestos por Estados Unidos, mientras González sugirió replicar la política migratoria de ese país para expulsar migrantes. Más allá del efecto mediático, ambos candidatos buscaron atraer el voto nulo e indeciso, disputando ciudades clave como Quito y Guayaquil.
Este último aspecto puede evidenciarse en el manejo de la campaña que gira en torno a dos extremos: las presentaciones públicas, donde se muestra un tono moderado para ofrecer una imagen esperanzadora; y, las redes sociales, donde se descargó el grueso de la campaña sucia en contra de ambos candidatos, con el agravante de que este tipo particular de gasto no se debe registrar en las declaraciones de financiamiento.

Segunda vuelta consolida la seguridad contra la democracia
La jornada electoral se tensionó con la declaratoria, por parte del gobierno, del estado de excepción en siete provincias y dos cantones, lo que ha generado malestar en algunos sectores y ante el cual llamó Luisa González a desconocer los resultados, lo que coincide con la idea del fraude al cual aludió el día anterior a la jornada electoral.
La instalación de las juntas receptoras del voto se desarrolló con normalidad en tiempo y forma, tampoco se han registrado mayores novedades, salvo incidentes puntuales derivados de nuevas reglas como la prohibición de fotografiar la papeleta con el voto, que se penaliza con sanciones económicas.
Con el 83% de participación en un sistema electoral de voto obligatorio y el 90% escrutado, Daniel Noboa ha ganado la presidencia para el periodo 2025 – 2029 con el 55,9%, sobre el 44,08% alcanzado por Luisa González.
Los resultados reflejan tendencias marcadas en la primera vuelta que validan el clivaje regional. La diferencia en esta ocasión está en que Noboa amplió la ventaja en provincias de la sierra y el oriente, algunos casos del 60% (Pichincha) y en algunos del 76% (Pastaza), mientras que el triunfo de González es menor en provincias de la costa como Esmeraldas (51%).
Este triunfo en segunda vuelta puede interpretarse desde algunas de las siguientes claves:
- Luisa González no logró desmarcarse del fantasma del correísmo, mientras que Noboa ha cosechado buenos resultados apelando al voto de castigo y generando nuevas lealtades a través de medidas en los últimos meses. Algo que tampoco las encuestadoras supieron decodificar.
- El voto de Noboa en esta segunda vuelta, que incluye este margen de indecisos, refleja antes que un respaldo a su gestión un voto contra González y el temor al retorno del Correísmo.
- Pese a los indicadores económicos, tuvieron un mayor peso las condiciones de seguridad en Ecuador, una agenda en la cual Luisa González intentó ingresar, pero cuya efectividad fue mayor Noboa y su discurso de mano dura.
- Estas elecciones, la primera de tres que se realizarán en 2025, marcan la continuidad de un modelo de gobierno que se fortalece en la región: carencia de agendas programáticas derivadas de la crisis de los sistemas de partidos, liderazgos con rasgos autoritarios que a diferencia de otras épocas pueden venir tanto de sectores asociados a la izquierda como desde la derecha.
- En este contexto será clave el rol de la oposición, con un legislativo sin mayoría absoluta y un ejecutivo que muestra mayores tendencias hacía el autoritarismo/hiperpresidencialismo.
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