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Donald Trump: alegatos de fraude e intento de golpe

Escrito por Luis Javier Mejía
Luis Mejia

Las mentiras no son nuevas en la vida ni en el gobierno de Trump. Pero la última le costó una desbandada de aliados y el récord de ser el único presidente de la historia que ha sido sometido a dos “impeachments”.

Luis Javier Mejía*

La campaña presidencial

El pasado 6 de enero, una turba azuzada por el presidente Trump y sus aliados ocupó el Capitolio Nacional en Washington. Ese fue el trágico desenlace de la crisis que comenzó con los alegatos de fraude de Trump. O, más bien, el trágico desenlace de la crisis que comenzó con su presidencia.

En junio del 2016, Trump lanzó su campaña para la presidencia usando mentiras, que fueron aumentando en número y tamaño a medida que avanzaba la campaña. Elegido presidente continuó en la misma tónica. El Washington Post documentó 29.580 falsedades e imprecisiones engañosas en sus declaraciones públicas entre el día de su posesión y el 15 de noviembre pasado.

Con todo, el discurso trumpista ha sido popular en las filas republicanas. Permitió que este partido impulsara su agenda de supremacía blanca, desmonte de la seguridad social, consolidación de las desigualdades sociales y promoción del fanatismo cristiano.

El 3 de noviembre pasado tuvieron lugar las elecciones que ganó Joe Biden. Como muestra el Cuadro 1, las diferencias en el voto popular y el voto del Colegio Electoral no dejaron ninguna duda al respecto. Funcionarios encargados de vigilar el proceso y autoridades estatales —muchas de ellas republicanas— certificaron la elección de Biden.

Cuadro 1. Resultados de la elección presidencial 2020

Alegatos de fraude

Pero Trump se negó a aceptar la derrota.

Había preparado el alegato de fraude desde meses atrás, al decir que los votos depositados por correo serían manipulados para favorecer a los demócratas.

La noche del 3 de noviembre, cuando vio que no llevaba ventaja suficiente, se apresuró a declarar su victoria. Y en los días siguientes, ya claro el triunfo de Biden, comenzó a inundar los medios con sus afirmaciones peculiares de: “todo el mundo dice”, “me han dicho”, “he oído que hubo fraude”.

Así creó la mayor mentira de su carrera: el pueblo estadounidense lo reeligió por una mayoría abrumadora, pero hubo un fraude masivo para robarle el triunfo. Los administradores de su campaña iniciaron más de setenta casos judiciales contra los resultados electorales. Pero los jueces, incluyendo la Corte Suprema de Justicia, los rechazaron por falta de pruebas.

Las afirmaciones infundadas de fraude, coreadas por líderes republicanos, medios de derecha y redes sociales, alimentaron entre sus votantes la convicción de que hubo fraude.

Intentos de cambiar los resultados

Mientras tanto, Trump reemplazó a altos funcionarios federales de defensa, seguridad doméstica e inteligencia por individuos que le profesaban más lealtad personal.

Personalmente telefoneó a funcionarios electorales del estado de Georgia para exigirles que desconocieran el resultado de las urnas y le “encontrarán” los votos que hacían falta.

Impidió el trabajo del equipo de transición de Biden, bloqueando por varias semanas sus contactos con las agencias federales.

Inventó dos mentiras adicionales:

  1. Que el vicepresidente tenía la facultad legal de destituir y ordenar el reemplazo de los miembros de los colegios electorales que, en su sentir, hubieran sido escogidos de manera fraudulenta; y
  2. Que la bancada republicana tenía el poder de invalidar los resultados certificados por los colegios electorales.

Sus aliados republicanos siguieron respaldándolo sin cuestionar sus motivos.

El asalto al Capitolio

El país entró en una crisis que desembocó en la trágica ocupación del Capitolio Nacional.

Por ley, el Congreso debe reunirse el 6 de enero para formalizar los resultados de la elección presidencial sobre la base de las certificaciones de cada uno de los 50 estados. Durante las semanas anteriores, Trump intensificó sus alegatos de fraude y convocó a una manifestación ese mismo día en Washington D.C. para obligar al Congreso a reconocer su triunfo.

Trump permitió que el partido republicano impulsara su agenda de supremacía blanca, desmonte de la seguridad social, consolidación de las desigualdades sociales y promoción del fanatismo cristiano

El 6 de enero, mientras el Congreso certificaba los resultados de la elección presidencial, Trump presidió la manifestación en Washington D.C. En su discurso, reiteró el derecho de sus votantes a exigirle al congreso que respetara su triunfo electoral. Y, repitiendo las mentiras sobre el fraude y los poderes del vicepresidente y de la bancada republicana, los llamó traidores si no hacían su voluntad.

Lo que siguió fue una tragedia. A las 11:57 a.m., Trump ordenó a los participantes que marcharán hacia el capitolio, prometiendo ir con ellos. Y a las 2:15 p.m. los manifestantes ingresaron por la fuerza al Capitolio. Los invasores buscaron al vicepresidente para lincharlo y prometieron ajusticiar a los congresistas traidores.

Algunos miembros del personal de seguridad ayudaron a los manifestantes, otros los enfrentaron. Los congresistas fueron escoltados a un lugar seguro, pero la Casa Blanca y el Pentágono demoraron el envío de refuerzos de la guardia nacional. Finalmente, las autoridades repelieron a los invasores a las 5:30 p.m.

Foto: Wikimedia Commons Las mentiras de Trump alentaron a sus seguidores a tomarse el capitolio el día en que se confirmaría a Joe Biden como presidente de Estados Unidos

Una desbandada de aliados

Recuperado el control del capitolio, el Congreso reanudó su sesión ceremonial, certificando a Joe Biden como presidente y a Kamala Harris como vicepresidente para el periodo 2021-2024/25.

Durante la sesión del Congreso miembros republicanos validaron las demandas de los asaltantes, exigiendo que sus colegas objetaran los resultados de Arizona y Pensilvania. Esto fue rechazado por la mayoría, pero 7 senadores y 138 representantes republicanos votaron a favor.

Pero la toma del capitolio no logró la reelección de Trump, sino la desbandada de sus aliados y una notoria pérdida de influencia. Las redes sociales le cerraron sus cuentas; el muy conservador Wall Street Journal y asociaciones de empresarios pidieron su renuncia; los líderes republicanos y los voceros del fanatismo cristiano desaparecieron o condenaron los eventos.

Renunciaron aliados prominentes en el gobierno federal, como:

  • La ministra de transporte (esposa del líder mayoritario del Senado, aliado incondicional de Trump por cuatro años)
  • La ministra de educación (hermana del proveedor de mercenarios más importante para el Pentágono y otros gobiernos),
  • El jefe del Consejo Económico de la Presidencia,
  • El subdirector del Consejo de Seguridad Nacional,
  • El secretario de salud, que no abandonó el cargo porque la pandemia se encuentra en su peor momento.

Además, el ministerio de justicia tuvo que abrir investigación contra los líderes del asalto por sedición y conspiración.

Fugándose de la realidad, algunos voceros de la derecha atribuyeron la toma del capitolio al partido demócrata, a organizaciones progresistas o de minorías como el movimiento antifascista, y a los voceros del movimiento Black Lifes Matter.

Las acciones de Trump son indicios inequívocos de una intentona de golpe

Mientras tanto, Trump cambió su posición con respecto a los asaltantes del capitolio:

  • El 6 de enero, a las 3:30 p.m., les sugirió que respetaran a las autoridades;
  • A las 4:07 p.m., Biden retó al presidente Trump a poner la cara y a condenar el asalto al capitolio;
  • 4.40 PM: Trump llamó “patriotas” a los asaltantes y les dijo que entendía su descontento ante el fraude, que los amaba, que regresaran a casa obedeciendo a las autoridades;
  • A las 6:25 p.m. dijo “esto es lo que pasa cuando se les roba a los patriotas una victoria arrolladora”;
  • El día siguiente, a las 3:49 a.m., minutos después de que el Congreso certificara a Biden-Harris, declaró que, aunque había ganado las elecciones, prometía hacer una transmisión pacífica del poder el 20 de enero;
  • Tras un día de silencio, reconoció que una nueva administración tomará posesión el 20 de enero, condenó la violencia y “falta de patriotismo” de los que se tomaron el capitolio y no repitió la mentira del fraude;
  • El 13 de enero, dijo: “Condeno la violencia que vimos la semana pasada. La violencia y el vandalismo no tienen cabida en nuestro país y en nuestro movimiento… Los que participaron en los ataques serán castigados de acuerdo con la ley”. No mencionó el fraude.

Es difícil reconocer su estilo en sus últimas declaraciones. Uno se pregunta si fuerzas políticas superiores acabaron por forzarlo a cambiar su conducta.

El segundo ‘impeachment’ de Trump

Una vez restaurado el orden, el liderazgo demócrata acusó a Trump por su participación en los eventos del 6 de enero y propuso el segundo proceso de destitución en el Congreso.

La Cámara aprobó la acusación el 13 de enero, reconociendo que Trump atacó al sistema democrático, interfirió en la transmisión del poder y puso en peligro al órgano legislativo. Esta fue la votación:

Segundo proceso de destitución de Trump – Cámara de Representantes

Ahora, el juicio político está en manos del Senado. Allí se necesitaría una mayoría de dos terceras partes para condenar al funcionario y —después— una simple mayoría para quitarle el derecho de ser candidato a cualquier cargo de elección popular. Pero se da por sentado que, por lealtad, disciplina o complicidad, un número suficiente de senadores republicanos bloqueará la condena.

Esa no será una prueba de su inocencia. Las acciones de Trump son indicios inequívocos de una intentona de golpe:

  • Exigió a funcionarios electorales estatales cambiar la contabilidad de los votos,
  • Hizo cambios de personal en las agencias de seguridad,
  • Lanzó acusaciones infundadas de fraude,
  • Incitó a la violencia contra el Congreso, y
  • Se demoró en manifestarse en contra de la toma del capitolio.

Los Estados Unidos han tenido suerte esta vez gracias a la ineptitud de los trumpistas. Pero las fuerzas políticas que facilitaron estos eventos siguen vivas. La próxima vez podrían tener éxito.

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