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Verdades a medias del Bicentenario

Escrito por Fernando Estrada
Fernando Estrada

fernando estradaNi tan repúblicas ni tan democracias ni tan modernas; más bien caudillos y estados rentistas es lo que queda de la Independencia.

Fernando Estrada Gallego*

 

La celebración del Bicentenario de Independencia contiene varias verdades a medias. El establecimiento de  repúblicas modernas, una de ellas. Y con la democracia, los derechos sociales, políticos y económicos. Francia tomada como ejemplo, y la Revolución Francesa como modelo de transformación de las relaciones entre clases sociales. Con la Revolución, el desarrollo económico terminaría por aumentar el ingreso y elevar el bienestar de artesanos, indígenas, campesinos y comerciantes. Sin embargo, el cambio provocado por esta Revolución en los países andinos se tradujo en conflictos intermitentes (pequeñas guerras) con desastrosos efectos hasta nuestro tiempo. 

No bastaba la formalidad republicana para asegurar condiciones de equidad y distribución justa de las riquezas. Como han demostrado estudios históricos (Germán Colmenares) al comparar las economías en la formación de los Estados: la estructura desigual en materia de manejo fiscal, débil control tributario y conflictivas formulaciones constitucionales, echaron a perder cambios fundamentales en estos países. Los efectos: democracias inestables y Estados fracasados. Las medias verdades reclaman una celebración del Bicentenario con marcados acentos heroicos, ocultando los vacíos y retrasos que hemos heredado de adaptar los logros Revolución Francesa. Las campañas patriotas fundaron repúblicas sin firmes fundamentos en una identidad nacional.

La naturaleza colérica de Simón Bolívar se ha contrastado con el espíritu conservador del General Santander. La semblanza de ambos ha sido presentada como la pendiente heredada del liberalismo y la tradición conservadora. En la versión heroica del Bicentenario, no hemos avanzado mucho sobre la influencia residual de estas personalidades. Una actualización del poder político en la región andina, nos ha colocado bajo el liderazgo de autócratas delirantes. Es decir, la evolución del tiempo histórico en la Región Andina ha sido un eterno retorno hacia lo mismo. La psicología libertadora nos dejó héroes sin naciones. 

En los países andinos la causa de las libertades civiles y los derechos políticos no estuvo acompasada por el cuidado de las rentas. A diferencia de los Estados constitucionales de Europa e Inglaterra, que sometieron el comportamiento de los gobiernos a la disciplina monetaria, nuestros países han presenciado a gobernantes y políticos devorándose las rentas, sin mayor control fiscal. Una regla de mínimos impuesta por el poder constitucional ha variado deformando al Estado. Con bajas rentas cualquier sistema de gobierno colapsa en manifestaciones de violencia civil y conflictos políticos intermitentes.

Las rentas elevadas traen beneficios siempre que las sociedades promuevan condiciones democráticas. Veamos, sin embargo, la otra cara de este principio. Cuando los países pueden concentrar amplias fuentes de riquezas, pero su nivel de democracia es precario, los conflictos y la violencia política se incrementan. Lo cual significa que no basta con tener rentas altas, si no están dadas las condiciones para la democracia. Las rentas elevadas se vuelven peligrosas en regímenes autocráticos. De modo que los ciclos pueden llegar perpetuarse, según sea el caso.

Paul Collier ha documentado estudios comparados en economía política para demostrar estos aspectos en África. A la hora de construir Estados, lo fundamental no son las instituciones, sino que haya una fase previa imprescindible de construcción nacional que exige un liderazgo más lúcido que el que hasta ahora han construido países con rentas altas, pero con democracias. En América Latina hemos heredado lo peor de los balances revolucionarios de la Europa moderna, líderes con delirantes afanes de heroísmo histórico y Estados con expresiones de despotismo amable.

El pago por las Revoluciones de Independencia tuvo costos elevados. De modo que una valoración del Bicentenario debe ser un balance en el que se incluya todo lo destruido. Y lo que se consiguió a cambio, no fue propiamente la modernidad.

 

Fernando Estrada Gallego es autor del libro: Metáforas de una guerra perpetua, Fondo Universitario Editorial Eafit, 2004. 

 

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