Cuando subir el salario mínimo deja de ser buena idea
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Cuando subir el salario mínimo deja de ser buena idea

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El gobierno sostiene que el aumento del 23% en el salario mínimo será beneficioso para la economía. Pero un análisis riguroso de sus cinco argumentos muestra que están equivocados y que el aumento no debió superar el 12%.

Una lectura equivocada 

Se equivoca el gobierno cuando afirma que el aumento del 23% del salario mínimo está inspirado en la teoría del gran economista John Maynard Keyes, una teoría que a su vez está en la base de las políticas económicas de muchísimos gobiernos ortodoxos en el mundo.  

Más específicamente, el presidente ha repetido que esta alza es benéfica porque el mayor ingreso que recibirán los trabajadores incentivará la demanda agregada, la inversión y el empleo. Pero este argumento es reduccionista y simplifica el pensamiento keynesiano.

Los puntos relevantes de la discusión sobre el salario mínimo a luz de la teoría de Keynes son estos cinco: 

  • El salario mínimo como ancla del conjunto de la economía. 
  • Los determinantes de la demanda agregada. 
  • La diferencia entre economías cerradas y abiertas. 
  • La relación entre salario, productividad y costos, y 
  • Las expectativas de inflación.

Veámoslos brevemente uno por uno. 

  1. La estabilidad del salario nominal es esencial para la economía

La Teoría General de Keynes sostiene que el salario nominal es la variable central del sistema económico. Es el ancla de la actividad económica. Esta frase suya lo dice de manera contundente:

“A la luz de estas consideraciones, después de ponderar los diferentes argumentos, ahora opino que el mantenimiento de un nivel estable de salarios monetarios es la política más recomendable para un sistema cerrado. La misma conclusión se cumplirá en un sistema abierto, siempre y cuando el equilibrio con el resto del mundo pueda asegurarse mediante intercambios flexibles” (Keynes, Teoría General, posición 4677, énfasis añadido)

Al tener como ancla el salario nominal se logran dos objetivos. Por un lado, se frenan las tendencias inflacionarias y, por el otro, las mejoras en el ingreso van al ritmo del incremento del empleo, la inversión y la productividad.

  1. Determinantes de la demanda agregada

Keynes no es tan simplista como supone el gobierno. 

En su análisis de los determinantes se la demanda agregada muestra que depende de 14 factores. 6 de ellos los califica como “objetivos” y 8 como “subjetivos”.

Los 6 factores objetivos son: i) Cambio en la unidad salarial. ii) Una variación de la diferencia entre ingreso e ingreso neto. iii) La aparición de ganancias ocasionales no incluidas en el ingreso neto. iv) Modificaciones intertemporales de la tasa de descuento. v) Decisiones de la política fiscal. vi) Cambio en la percepción del nivel del ingreso actual con respecto al ingreso futuro.

Todas estas variables son dinámicas. Y el salario apenas es una de ellas.

Y los 8 subjetivos son: i) Constituir una reserva para contingencias del mañana. ii) Necesidades futuras de la familia. iii) Disfrute del bienestar presente y de la apreciación de los demás. iv) La ponderación del consumo presente frente a lo que podrían ser las urgencias del futuro. v) El poder gozar de un sentimiento de independencia. vi) Tener un margen de maniobra que permita invertir en proyectos futuros. vii) La intención de hacer donaciones. viii) La satisfacción de la pura tacañería.

La conjunción de estos factores es compleja. No todos a apuntan en la misma dirección. Los aumentos del salario pueden ser contrarrestados por alguna de las otras variables. Es posible, por ejemplo, que el cambio en las expectativas lleve a una reducción de la demanda, así el salario haya aumentado.

  1. Colombia es un país importador

La Teoría General fue escrita pensando, sobre todo, en el comportamiento de una economía cerrada. 

Pero la balanza comercial de Colombia es deficitaria. La competitividad es baja.  Un aumento del salario que estimule la demanda termina reflejándose en mayores importaciones, y no en un incremento de la actividad económica interna. Esta afirmación es más contundente si, como está ocurriendo estos días, el peso continúa apreciándose frente al dólar, y los bienes importados continúan abaratándose.

  1. Los cambios en productividad toman tiempo.

Es cierto que un mayor salario es un incentivo para mejorar la productividad. Y si ésta aumenta, los costos se reducen. 

Pero esta secuencia toma tiempo. Por ejemplo, en Corabastos salarios altos obligarían a mejorar toda la logística con bandas transportadoras, y sistema de carga y descarga automatizados. Y, sin duda, este cambio tecnológico termina reflejándose en una reducción de los costos de los alimentos. El mayor salario, gracias al mejoramiento de la productividad, puede reducir el precio final del bien. En Alemania, y en los países industrializados, donde el salario hora es igual al salario día de Colombia, se ha ido avanzando en tecnificación y robotización.

Sin un cambio tecnológico significativo, el salario más alto termina reflejándose en un incremento de los precios finales. Sobre todo, cuando la actividad es intensiva en mano de obra (restaurantes, hoteles, vigilancia, transporte…).

Los costos para las empresas también pueden aumentar por la vía de una mayor tasa de interés. El Banco de la República ha insistido, con terquedad, en que el instrumento privilegiado para luchar contra la inflación es el aumento de la tasa de interés de referencia (o tasa de interés de política monetaria). Esta lógica se va a acentuar. Y seguramente en la próxima reunión de la Junta Directiva dirán que el aumento de las expectativas de inflación obliga a subir la tasa. Y el mayor costo del crédito tiene una incidencia negativa para el conjunto de la economía.

  1. Las expectativas de inflación

Antes de la Constitución del 91, la inflación en Colombia era relativamente alta. Podría ser de 20%-25% año, y esta inercia inflacionaria hacía parte del imaginario colectivo. Afortunadamente estos niveles de inflación no llevaron a una hiper-inflación, como sucedió en varios países de América Latina.

Keynes destaca la importancia de las expectativas frente a un futuro incierto. Una de las desventajas de haber puesto el mínimo tan alto, es volver a introducir expectativas de inflación elevadas, y ello tiene efectos negativos en la economía:

“Una economía monetaria se caracteriza porque las diversas perspectivas sobre el futuro son capaces de influir en la cantidad de empleo y no solamente en su dirección” (Keynes, Teoría General, posición 174).

Los movimientos de la demanda agregada están íntimamente ligados a las expectativas.

¿Cuál debió ser el amento?

La gráfica muestra los puntos adicionales del salario mínimo frente a la inflación. Durante 25 años, en promedio, el mínimo ha superado a la inflación en 2,4 puntos. La línea verde inferior representa este valor.

En la lógica keynesiana se podría aceptar un aumento por encima de la inflación que podría ser hasta de unos 6 puntos. Al terminar el 2025 la inflación fue de 5,1%. Ello significa que el mínimo debió haber aumentado máximo 11%-12%.

El área que va entre las líneas verde y azul es razonablemente keynesiana. La serie histórica muestra que el crecimiento decretado en diciembre fue 17,9 puntos por encima de la inflación. 

Este valor es absolutamente excepcional, y tendrá un impacto negativo en la estabilidad de la economía. Va en contra de la lógica keynesiana, porque si la unidad salarial es el ancla, un aumento tan extraordinario equivale a un rompimiento del punto de referencia. No se trata, entonces, de una medida keynesiana, sino de una decisión irresponsable.

Le recomendamos: Cuando subir el salario encarece el techo

Acerca del autor

Jorge Iván González
jorgeigonzalez@razonpublica.org.co | + posts

*Ph.D. en Economía de la Universidad de Lovaina, Magíster en Economía en la Universidad de los Andes, Licenciado en Filosofía de la Universidad Javeriana. Ha sido decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Fue honrado con la orden al Mérito Gerardo Molina en 2007. Dirigió el Informe de Desarrollo Humano Bogotá, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Dirigió el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID). Fue director del Departamento Nacional de Planeación. Actualmente es profesor de la Universidad Externado.

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Jorge Iván González

*Ph.D. en Economía de la Universidad de Lovaina, Magíster en Economía en la Universidad de los Andes, Licenciado en Filosofía de la Universidad Javeriana. Ha sido decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Fue honrado con la orden al Mérito Gerardo Molina en 2007. Dirigió el Informe de Desarrollo Humano Bogotá, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Dirigió el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID). Fue director del Departamento Nacional de Planeación. Actualmente es profesor de la Universidad Externado.

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