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Economía: el manejo incomprensible de los excedentes

Escrito por Jorge Iván González
El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas.

Jorge Iván GonzálezEn tiempos de la bonanza se decía que había que ahorrar para el momento de las vacas flacas. Ahora el gobierno dice que debe apelar a préstamos internacionales y ventas de empresas públicas para capotear la crisis. Y sin tocar las reservas.

Jorge Iván González*

Los hechos sorprendentes

La semana pasada el gobierno colocó bonos de deuda pública en el mercado internacional a una tasa de interés superior al 5 por ciento. El ministro de Hacienda sostuvo que es necesario aumentar el endeudamiento en el mercado internacional.

Pero por otro lado el total de las reservas del país es de 47 mil millones de dólares, y el  88 por ciento está colocado en bonos del Tesoro de Estados Unidos, con una rentabilidad anual de 0,15 por ciento. El Banco de la República justifica esta colocación con tan baja rentabilidad porque los bonos de Estados Unidos son los más seguros.

Ante esta situación es forzoso preguntarse por qué razón Colombia se endeuda en dólares al 5,6 por ciento en lugar de utilizar una parte de las reservas.

Dicho de otro modo, no tiene sentido buscar plata cara si se puede recurrir a recursos propios que están rindiendo muy poco. Pero el Banco de la República descarta esta alternativa, sin dar razones claras para hacerlo.

No se entienden sus decisiones concernientes al manejo de las reservas y de los excedentes obtenidos durante los años de bonanza. 

Y esta no es la única actuación incomprensible del Banco de la República. En general, no se entienden sus decisiones concernientes al manejo de las reservas y de los excedentes obtenidos durante los años de bonanza. En 2014, en lugar de producir ganancias, la forma como se administró el mayor volumen de reservas que ha tenido Colombia  en toda su historia dejó una pérdida neta de $1,1 billones.

Los hechos que vale la pena analizar son los siguientes:

  1. Colombia nunca había tenido tantas reservas.
  2. Las reservas no se gastaron antes, porque el país vivía una bonanza, y se decía que el dinero había que guardarlo para la época de vacas flacas. Pero tampoco se gastan ahora, cuando la coyuntura cambió de manera sustantiva, y hay síntomas claros de que llegó una época de crisis.
  3. Las reservas, que no se gastan, se administran de tal forma que dan pérdidas.
  4. Cuando se necesita dinero, en lugar de utilizar las reservas, el gobierno prefiere otras dos fuentes de financiación. La primera es el endeudamiento caro. Y la segunda es la venta de activos del Estado, como ISAGEN.

La conjunción de estos hechos muestra que el manejo que se le está dando a los excedentes es inadecuado.

Junta Directiva del Banco de la República.
Junta Directiva del Banco de la República.
Foto: Ministerio de Hacienda
  • Primero, porque no es necesario el endeudamiento.
  • Segundo, porque no se necesita vender a ISAGEN.
  • Tercero, porque una parte de las reservas puede utilizarse en proyectos como los de infraestructura.
  • Cuarto, porque la valoración en pesos de las reservas debe mirarse como un resultado positivo, y como una oportunidad para consolidar la inversión.
  • Quinto porque las regalías, que son otro excedente adicional a las reservas, no se está gastando de manera eficiente. El contralor muestra que las regalías se han distribuido de manera dispersa, como en una piñata, en más de 7.226 “contraticos”.

No es necesario el endeudamiento

Como puede observarse en la siguiente gráfica, la deuda neta del sector público no financiero era de 38 por ciento en 2014. En el contexto internacional, la relación que presenta Colombia entre el saldo de la deuda pública y el PIB es relativamente baja. En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), esta relación es superior al 110 por ciento.

Gráfica. Deuda del Sector Público No Financiero, como porcentaje del PIB

Fuente: MINISTERIO DE HACIENDA Y CREDITO PUBLICO (2015. Marco Fiscal de Mediano Plazo 2015).

Puesto que el indicador de Colombia no es tan alto como el de otros países, habría espacio para ampliar el margen de la deuda. Pero este camino no es adecuado por tres razones.

  1. Porque existen recursos alternativos como las reservas.
  2. Porque la deuda externa seguirá encareciéndose con la devaluación del peso.
  3. Porque el costo de la deuda es muy alto.

Según estimaciones del Ministerio de Hacienda, durante 2015 el pago de intereses de la deuda puede llegar a 20,8 billones de pesos. Esta cifra es ligeramente superior al gasto en inversión (20,7 billones de pesos). La plata que se destina al pago de intereses le quita margen a la inversión.

Valorización de las reservas e inflación

El valor de las reservas nacionales en el año 2014 era de $113,2 billones de pesos.
El valor de las reservas nacionales en el año 2014 era de $113,2 billones de pesos.
Foto: Olga Berrios

En los análisis sobre las políticas fiscal y monetaria suele dejarse de lado el estudio cuidadoso de los márgenes de maniobra que permiten un manejo adecuado de las reservas. Y el asunto es más interesante ahora, cuando la devaluación del peso aumenta notablemente el monto de las reservas.

En diciembre de 2014 el valor de las reservas era de 113,2 billones de pesos, que representaron un aumento del 34,7 por ciento con respecto a 2013. En los últimos seis meses el valor de las reservas en pesos sigue aumentando.

La preocupación por la inflación se ha convertido en la razón principal para impedir que los excedentes se conviertan en inversión. 

La legislación actual no permite incluir en el presupuesto los ingresos originados por la devaluación del peso. El espíritu del legislador es comprensible. Se trata de evitar un desbordamiento del gasto. Pero esta tentación puede evitarse si las inversiones realizadas con cargo a estos recursos se administran de manera eficiente.

Además del prurito ortodoxo, la alternativa de utilizar las reservas no tiene buena acogida porque podría aumentar la inflación en 2 o 3 puntos. La Junta Directiva del Banco de la República considera, de manera equivocada, que pequeños aumentos en la inflación siempre son perjudiciales. Esta excesiva ortodoxia es una de las explicaciones del rezago que tiene Colombia en la ejecución de grandes obras de infraestructura.

Es tal el temor a la inflación, que esta semana el Banco de la República subió la tasa de interés. Esta decisión es equivocada porque la industria y la agricultura no ha respondido todavía a la devaluación, y si la tasa de interés aumenta, el crédito se encarece y se pospone la recuperación de la actividad productiva. Los miembros de la Junta Directiva del Banco tienen angustia porque todo indica que la inflación al final del año estará por encima de la meta.

La preocupación por la inflación se ha convertido en la razón principal para impedir que los excedentes se conviertan en inversión. Nadie niega que la autoridad monetaria debe estar atenta al curso de la inflación, pero aumentos de los precios en el orden del 5 al7 por ciento anual no son tan malos como supone la ortodoxia cuantitativa.

William Vickrey, premio nobel de economía, escribió un artículo célebre donde muestra que la inflación debe permitirse si favorece la inversión y el empleo. La inflación es como el pedal de un carro, que se mueve hacia arriba o hacia abajo dependiendo de las necesidades. Si la inflación siempre baja se llega a la deflación, que es un mal tan grave como la inflación excesiva.

Contra de la opinión del Banco de la República, otros banqueros consideran que la lucha anti-inflacionaria se llevó a extremos inconvenientes. Incluso, algunos bancos centrales están proponiendo políticas monetarias y fiscales que aumenten los precios. Este enfoque totalmente heterodoxo replantea la lógica convencional.

Sin ir muy lejos Janet Yellen, presidente de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos, ha insistido en la necesidad de crear incentivos que suban los precios, de tal forma que se eleven las ganancias, aumenten los salarios, y se facilite el pago de la deuda. En opinión de Yellen, la inflación tiene la ventaja de acelerar el consumo y estimular el endeudamiento.

Por su parte, el anterior presidente de la FED, Ben Bernanke decía que “la evidencia indica que una inflación baja y decreciente puede ser muy mala para la economía”. La inflación baja “incrementa el riesgo de deflación, que puede llevar a un colapso de la economía”. En los últimos 40 años este tipo de afirmación era impensable en la boca de un banquero central.

 

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor haga clic en este enlace.   
jorgeivangonzalez29@gmail.com

 

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