Jorge Iván González, autor en Razón Pública
Foto: Flickr - Petro ha dicho que busca desarrollar el capitalismo.

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El capitalismo no es tan simple como muchos piensan. El presidente Petro ha dicho que se propone modernizar el capitalismo. Qué significa esto en el caso concreto de las rentas del suelo.

Jorge Iván González*

Quién debe quedarse con las rentas del suelo

El presidente electo ha dicho repetidamente que su intención no es llevarnos hacia el socialismo sino modernizar el atrasado capitalismo que tenemos. Y este mensaje puede tener numerosas interpretaciones.

Una de ellas es la necesidad de eliminar la apropiación privada de las rentas del suelo (urbanas y rurales). Por esta vía se mejoran las finanzas de las ciudades y se moderniza el sector agropecuario. Si se avanza en esta dirección se garantiza la seguridad alimentaria, aumenta la productividad, y se logra una mayor inclusión, reduciendo la brecha rural-urbana.

Agricultura premoderna

De acuerdo con el último censo agropecuario, realizado en el 2014, en el país existen 270 propietarios que tienen fincas de más de 10.000 hectáreas y ocupan 26.769.566 hectáreas, equivalentes al 44,1% del área censada. En el otro extremo, tenemos 777.493 productores que poseen fincas de menos de media hectárea y que ocupan 108.037 hectáreas, correspondientes al 0,2% del área censada.

Esta distribución tan desigual de la propiedad se expresa en un índice de Gini altísimo de 0,92. En estas condiciones no es extraño que el desarrollo agropecuario sea premoderno.

Terratenientes: delincuentes y ladrones

A finales del siglo XIX, Henry George, un liberal radical, criticó con dureza a los terratenientes porque se aprovechan del trabajo de los demás.

“Terratenientes irlandeses, a ustedes y a los otros terratenientes, les pido disculpas por tacharlos de delincuentes y ladrones. Confío en que entenderán que no los considero peor que a los otros seres humanos, pero no encuentro otras palabras para describir la situación actual. Estos calificativos no son contra ustedes como individuos sino contra el sistema” (La cuestión agraria y otros escritos, 1881).

Y su diatriba no era solamente contra los terratenientes rurales sino también contra quienes poseían lotes de engorde en las zonas urbanas. A finales del siglo XIX en San Francisco el precio del suelo aumentó de manera significativa porque se anunciaba la llegada del ferrocarril. Para George este mayor valor no podía quedarse en manos de los propietarios del suelo porque ellos no habían hecho absolutamente nada para que aumentara el precio. Este excedente, decía, tiene que ser de la ciudad de San Francisco, o del estado de California.

Hacia un capitalismo moderno
Los privados no se pueden aprovechar de una renta diferencial que ellos no han generado. Es el principio fundante de la participación en plusvalías, que en la legislación colombiana se plasmó en la ley 388 de 1997. Es lamentable que las ciudades del país no estén aprovechando bien este poderoso instrumento de financiación.

La eutanasia de los rentistas

John Maynard Keynes, “el economista que salvó el capitalismo” porque indicó la salida de la Gran Recesión, citaba con frecuencia a Henry George.

Keynes decía que la pelea de George era inútil porque la renta diferencial de los terratenientes es una práctica tan contraria al capitalismo, que con el paso del tiempo se irá auto-eliminando. El desarrollo del capitalismo crea las condiciones para que haya una “eutanasia del rentista”.

“La eutanasia de los rentistas, o de quienes no invierten, no ocurrirá de un momento a otro, sino que es un proceso gradual, aunque prolongado, tal y como lo hemos visto en Gran Bretaña, y no requiere que haya una revolución” (Teoría  general de la ocupación, el interés y el dinero, 1936).

Efectivamente, tal y como lo indicó Keynes, en Europa las rentas derivadas de la propiedad terrateniente se acabaron a finales del siglo XIX y principios del XX.

Hacia un capitalismo moderno
Foto: Agencia nacional de tierras - Ha pasado más de un siglo desde que los rentistas del suelo se acabaron en Europa. En Colombia estas rentas no terminan sino que, por el contrario, siguen aumentando.

Los rentistas colombianos son un obstáculo para la consolidación del capitalismo

Ha pasado más de un siglo desde que los rentistas del suelo se acabaron en Europa.

En Colombia estas rentas no han desparecido, sino que siguen aumentando: la concentración de la tierra se agudizó entre los dos últimos censos agropecuarios (1970 y 2014).

El rentismo en Colombia ha obstaculizado el desarrollo del capitalismo. Ha impedido el aumento de la productividad agropecuaria, y no ha permitido el incremento de las finanzas urbanas.

El presidente electo Petro considera, con razón, que debemos avanzar hacia un capitalismo moderno. Y estas ideas, comparadas con las de George, apenas son las de un liberal moderado.

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Jorge Iván González

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Jorge Iván González

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Foto: Senado - El Presupuesto Nacional es el reflejo de las preferencias que resultan del proceso de elección colectiva.

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El Presupuesto Nacional para 2022 no corresponde a la reforma tributaria que acaba de aprobarse, implica un alza sustantiva de la deuda pública y hace muy poco para atender el daño social de la pandemia.

Jorge Iván González*

Tres documentos clave

El Presupuesto Nacional es el reflejo de las preferencias que resultan del proceso de elección colectiva. Es la forma de ordenar las prioridades que el Estado persigue a través de sus programas.

Por eso importante examinar el Proyecto de Presupuesto Nacional para el 2022 que viene siendo tramitado en el Congreso a la luz del Marco Fiscal de Mediano Plazo y de la recién aprobada reforma tributaria o Ley de Inversión Social. Son tres miradas estrechamente ligadas, que reflejan bastante bien una concepción que se tiene del tipo de Estado.

Austeridad

El gasto público en Colombia es relativamente pequeño, pero sigue creciendo. El presupuesto total de la Nación para el 2022 es de 350,4 billones de pesos (29,2% del PIB).

En el Marco Fiscal de Mediano Plazo de los años 2021 y 2021, el Ministerio de Hacienda ha dicho que los programas de austeridad deben llevar a una reducción del gasto público. Este imaginario, que ha sido el de varios gobiernos anteriores, no se va a cumplir. Nunca se ha cumplido. El gasto público, como porcentaje del PIB continuará creciendo. No solamente en Colombia. En todos los países las necesidades de gasto público cada vez son mayores.

En lugar de reconocer y aceptar que el gasto público tiene que seguir aumentando, el gobierno insiste en el discurso de la austeridad, y esta mentira le permite aplazar el ajuste fiscal. La reciente ley de “inversión social”, que es una colcha de retazos, se quedó corta en materia tributaria, como lo reconoce el propio gobierno.

Le recomendamos: La austeridad de Duque: ¿es posible reducir la democracia?

Endeudamiento a espaldas del país

Puesto que el gasto público no puede disminuir, y el ajuste fiscal no se hace, el resultado es obvio: la deuda pública seguirá aumentando.

Distribución del presupuesto general de la Nación – 2022
Billones de pesos corrientes y porcentajes

Fuente: Ministerio de Hacienda
La gráfica adjunta muestra la composición del presupuesto, tanto en billones de pesos, como en porcentajes. El gasto más significativo es el de la deuda, que llega a un nivel sin precedentes de $78,1 billones. En el conjunto del presupuesto representa el 22,3%.

El servicio de la deuda cada vez ahoga más las disponibilidades fiscales. En el rubro se incluyen el abono a capital y el pago de intereses. En el 2022 el pago de intereses será de $38,2 billones. Una cifra enorme.

Para tener un punto de referencia, con estos recursos se podrían financiar, cada año, 19 universidades iguales a la Nacional.

Puesto que la deuda es el componente más significativo del gasto, debería ser el principal tema de discusión en el Congreso. Pero este en realidad se limita a aprobar su costo global, dejando en manos del gobierno la definición de las características del endeudamiento (monto, tipo de bonos, composición externa o interna, tasa de interés, etc.).

Es sorprendente que el rubro más importante de presupuesto no se discuta en el Congreso. Tampoco en la opinión pública. El debate se suele desviar hacia otros asuntos. En estos días la atención se ha centrado en la ley de garantía, y en el llamado “traslado exprés” de los fondos de pensiones privados hacia Colpensiones. Sin duda, estos asuntos son importantes, pero no tienen la relevancia de la deuda.

El pago de intereses será de $38,2 billones. Con estos recursos se podrían financiar, cada año, 19 universidades iguales a la Nacional.

El aumento permanente de la deuda pública ha de mostrado el fracaso rotundo de la “regla fiscal”. Es desbordamiento de la deuda se acaba de reconocer, de manera explícita, en la ley de inversión social, que flexibiliza todos sus límites, tanto en la Nación como en las entidades territoriales.

La reforma tributaria modificó los “semáforos” que se habían definido en la ley 358 de 1997[1]. Allí se decía que las entidades territoriales podrían endeudarse hasta que el indicador de sostenibilidad fiscal (SF) llegara máximo al 80%. Y el de capacidad de pago (CP) hasta el 40%. Los nuevos límites son más laxos. Subieron al 100% y al 60%, respectivamente (artículo 30 de la Ley de Inversión Social).

Los dos indicadores que se utilizan para evaluar el comportamiento de la deuda son: la sostenibilidad fiscal (SF), y la capacidad de pago (CP). La sostenibilidad fiscal (SF) es la relación entre el saldo de la deuda (SD) y los ingresos corrientes (YC), así que . Y la capacidad de pago (CP) es la relación entre el valor de los intereses de la deuda (ID) y el ahorro operacional (AO), entonces .

Y, además, la nueva norma (artículo 60) le permite al gobierno central, que el saldo de la deuda pública con respecto al PIB puede llegar hasta el 71%.

Esta ampliación de los topes es la aceptación explícita de la incapacidad que han tenido los últimos gobiernos de cerrar la brecha fiscal. Un gasto financiado al debe es estructuralmente frágil, y pone la economía colombiana al vaivén de los movimientos de los capitales internacionales, que son los que finalmente determinan las tasad de interés.

Foto: Investigaciones BanRep - El nivel de la deuda pública no tiene precedentes. Y las últimas reformas tributarias no han contribuido a corregir el déficit.

Puede leer: La economía colombiana y la ceguera del gobierno

Un Estado policivo y fiscalizador

En la gráfica anterior la educación aparece como el segundo rubro en importancia, muy lejos de la deuda. El gasto es de $49,3 billones, equivalente al 14,1% de todo el presupuesto.

Pero en el panorama internacional el gasto educativo de Colombia sigue siendo muy bajo. Mientras que en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el gasto, por niño año, en primaria supera los $20 millones, en Colombia a duras penas llega a los $4 millones.

Es bueno comparar el presupuesto de educación con el de defensa y policía, que es de $41,9 billones (12% del presupuesto) y de los órganos de fiscalización y control, $7,9 billones (2,3%). Entre los dos suman $49,8 billones (14,3% del presupuesto). Es un monto similar al de educación.

Se suponía que después del acuerdo de La Habana, el gasto militar se iba a reducir. No ha sucedido así. Y, además, los recursos destinados a la Fiscalía y a la Contraloría siguen aumentando, sin que haya resultados significativos.

Mientras que en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Eco-nómico (OCDE), el gasto, por niño año, en primaria supera los $20 millones, en Colombia a duras penas llega a los $4 millones.

Gasto social sin equidad

La definición del gasto social siempre ha sido polémica. Los gobiernos suelen agrupar las partidas de diversas maneras, en función del discurso del momento.

La pobreza y la desigualdad aumentaron con la pandemia. Y aunque mejoraron los programas de focalización y los registros administrativos, no es clara la cuantificación de las ayudas sociales.

En la explicación del presupuesto del 2022, el gobierno afirma que el gasto extraordinario para atender la emergencia de la COVID-19 equivale al 4,5% del PIB. Este porcentaje pondría a Colombia un poco por encima de la media latinoamericana. Los países que más han gastado son Brasil (8,8% del PIB) y Chile (8,2%).

La contabilidad del gasto social es compleja porque se distribuye entre las diversas categorías que se presentan en la gráfica de arriba. Desde la Constitución de 1991 se ha reiterado en la necesidad de tener una contabilidad más clara del gasto social, pero este propósito no se ha conseguido.

El presupuesto y la reforma tributaria

Dado el modo atropellado de aprobar la reforma tributaria todavía no es clara la forma como se articulará con el presupuesto.

La Ley de Inversión Social mezcla muy pocos artículos tributarios con asuntos de muy diverso tipo, incluyendo rubros de gasto. No tiene sentido que una norma tributaria esté acompañada de artículos relacionados con la asignación del gasto. Este procedimiento transmite un mensaje equivocado, pues da entender que los recursos fiscales tienen destinación específica.

Y, además, en la discusión de la ley de presupuesto en el Congreso no se ha observado ninguna preocupación por conciliar las decisiones de gasto con las de la ley de “inversión social”.

En conclusión: el presupuesto está estructuralmente desbalanceado. De manera irresponsable, este gobierno no ha cerrado la brecha fiscal. El hueco es considerable. El nivel de la deuda pública no tiene precedentes. Y las últimas reformas tributarias no han contribuido a corregir el déficit. A medida que aumentan los compromisos del pago de la deuda, el margen de maniobra del presupuesto seguirá reduciéndose, y gran parte de los nuevos recursos se están destinando a pagarle intereses a los tenedores de la deuda.

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Jorge Iván González

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Jorge Iván González

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Foto: Pixabay - Afortunadamente la economía colombiana está saliendo del hueco.

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El crecimiento acelerado de estos meses da la impresión de que “aquí no pasó nada”. Es lo que cree el gobierno, y la equivocación es grave.

Jorge Iván González*

Saliendo apenas del hueco­­­

La economía colombiana sin duda alguna se está recuperando.

Pero este no es motivo para cantar victoria, como lo hizo el presidente Duque, para quien el país va muy bien porque el crecimiento del segundo trimestre del 2021 “es el más alto del siglo”. El optimismo del Ministerio de Hacienda también es desbordante¸ en el Marco Fiscal de Mediano Plazo se dice que “…los indicadores adelantados permiten avizorar una economía boyante”.

La explicación de lo que pasó es muy sencilla: la economía creció mucho porque nunca había llegado a un nivel tan bajo. Como se observa en la gráfica 1, la caída del PIB en el segundo trimestre del 2020 fue de -15,8%. El punto más bajo desde que se tienen estadísticas.

Gráfica 1. Tasa de crecimiento del PIB Tasa de crecimiento trimestral (%) 2006-I - 2021-II Fuente: DANE
La mayoría de los países comienzan a presentar tasas de crecimiento elevadas, porque en todos los casos, el punto de referencia estaba en el piso.

Por eso no se justifica el triunfalismo de las autoridades colombianas. El crecimiento del PIB en el segundo trimestre de 2021 fue de 17,6%, pero ello no significa que se hayan corregido los males estructurales de nuestra economía. La fragilidad se ha acentuado y en el horizonte de los próximos años no se asoman cambios sustantivos en la política económica.

Puede leer: La economía colombiana más allá de la calificación del riesgo

Un rebote disparejo

Las actividades que más crecieron en el último trimestre fueron las de entretenimiento (83,8%), comercio (40,3%) e industria manufacturera (32,5%).

La agricultura sigue en dificultades. El aumento del 3,8% se explica por algunos cultivos transitorios, los permanentes y la ganadería, pero se observa una caída en silvicultura, pesca y café.

El consumo doméstico, que ha crecido 25,4%, tiene un alto contenido importado. Uno de los signos de fragilidad de la economía es la agudización del déficit comercial. En volumen, las exportaciones aumentaron 15,4%, y las importaciones 45,8%. Es decir, la apertura sigue siendo hacia adentro, y el país no mejora la competitividad internacional.

No es necesario cambiar

En la lógica del gobierno, puesto que todo está bien, no es necesario cambiar. La pandemia no ha llevado a modificar ninguna de las prioridades de la política económica. La comparación del Marco Fiscal del 2020 y del 2021 es muy diciente porque permite examinar los imaginarios del Ministerio de Hacienda para los próximos diez años.

El primer documento se escribió cuando la pandemia estaba comenzando. El segundo se publicó hace dos meses. Y la conclusión que se deriva de esta comparación es sorprendente: la pandemia no modificó ninguna de las prioridades de la política económica.

Hay dos indicadores que ponen en evidencia esta mirada conformista: las proyecciones del PIB, y las del gasto público.

El PIB converge en los dos escenarios

Gráfica  2.
Proyecciones de la tasa de crecimiento anual (%) del PIB (2021-2031)
La línea azul corresponde a las proyecciones del Marco Fiscal 2021 y la línea roja a las del Mar-co Fiscal 2020. Fuente: Ministerio de Hacienda
La gráfica 2 presenta las proyecciones del PIB hasta el 2031. Los dos marcos fiscales convergen, y el horizonte de equilibrio no se modifica. En ambos escenarios la tasa de crecimiento alcanzará un ritmo de equilibrio que estará alrededor del 3,3%. La similitud de ambas proyecciones permite sacar dos conclusiones:

Primera, se supone que la pandemia apenas ha sido un asunto coyuntural, un simple parpadeo. Y en el futuro habrá que volver a la senda de equilibrio porque todo se está haciendo bien.

Segunda, las tasas de crecimiento propuestas son mediocres. Se considera que la economía mantendrá su senda “boyante”, con un PIB que apenas aumenta a un ritmo cercano al 3% cada año.

Aumenta el raquitismo del Estado

Mientras que la pandemia ha llevado a numerosos países a replantear de manera radical las funciones del Estado, y a reconocer su liderazgo, el gobierno colombiano considera que la mejor alternativa es reducir el gasto público. Y este propósito no cambió con la pandemia.

Gráfica 3.
Gasto del Gobierno Central Nacional, como porcentaje del PIB
Proyecciones (2021-2031)

La línea azul corresponde a las proyecciones del Marco Fiscal 2021 (MF2021), y la línea roja a las del Marco Fiscal 2020 (MF2020). La línea verde (Ideal) muestra un crecimiento progresivo del gasto público que permitiría alcanzar los promedios latinoamerica-nos. Fuente: Ministerio de Hacienda
Desconociendo las tendencias internacionales, y haciendo caso omiso a las reflexiones contemporáneas sobre el papel fundamental que debe cumplir el gasto público, el gobierno aspira a que la intervención del Estado siga disminuyendo en los próximos 10 años. En los dos escenarios, el gasto disminuye (gráfica 3), llegando a un nivel cercano al 19% del PIB.

Esta pretensión pública no es realista. Aún en contra de los imaginarios del gobierno, el gasto público seguirá aumentando. La austeridad de la que se ha hablado estos días es una ilusión.

En lugar de insistir en reducir el gasto público se debería aceptar el liderazgo del Estado. En la gráfica 3 se incluye un escenario “ideal”, que correspondería a un crecimiento del gasto público progresivo que llegaría en el 2031 a niveles similares a los de otros países latinoamericanos (23,5%). Los contrastes son evidentes.

Foto: Observatorio de Desarrollo económico - En la lógica del gobierno, puesto que todo está bien, no es necesario cambiar. La pandemia no ha llevado a modificar ninguna de las prioridades de la política económica.

Lea en Razón Pública: La economía colombiana después de la pandemia

El estrechamiento del margen de maniobra del Estado no es conveniente. La modernización del país requiere un mayor gasto público, pero ello no es posible sin subir los impuestos con criterios de progresividad. Y este es el asunto que se pretende evadir.

La ceguera del gobierno es de tal magnitud, que ni siquiera la crisis causada por la pandemia, ha sido suficiente para cambiar la visión sobre el futuro. El discurso es sorprendente, y esta economía “boyante” no requiere ningún cambio fundamental.

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Jorge Iván González

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El gobierno insiste en bajarle los impuestos a los hoteles, en un momento en el que se necesita ampliar el gasto fiscal. Por Jorge Iván González
Continue reading «Las exenciones tributarias no son pertinentes en este momento»

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Foto: PxHere El presupuesto del 2021 tiene una característica básica: es al debe.

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Esta semana y casi sin debatirlo, el Congreso aprobó el Presupuesto General de la Nación para el próximo año. Las cifras son sencillamente lamentables.

Jorge Iván González*

Presupuesto al debe

La característica principal del presupuesto del 2021 es muy sencilla: se trata de un presupuesto al debe. En efecto, la deuda tiene un peso alarmante tanto en la composición de los ingresos como en la composición de los gastos.

Lo anterior es una prueba irrefutable de la debilidad de la estructura fiscal: el país está endeudado y cada vez se endeuda más.

Ya para este año se ha estimado que la deuda pública equivaldrá al 65,6% del Producto Interno Bruto; este nivel tan alto implica que han sido inútiles los instrumentos de control, como la “regla fiscal”. No se ha logrado frenar el desequilibrio. Y como muestran los cuadros siguientes, el año entrante se agravará la situación.

El pago de la deuda no nos deja invertir

La distribución del gasto tiene dos características relevantes: el peso significativo del servicio de la deuda y la poca importancia de la inversión. El servicio de la deuda representa nada menos que una cuarta parte del gasto total (24,2%), y esto reduce necesariamente el margen disponible para inversión.

En el 2021, el monto destinado al servicio de la deuda (intereses más amortizaciones) es de 75,8 billones de pesos. El costo de los intereses es 33,3 billones.

Estos compromisos ahogan el presupuesto, y reducen la disponibilidad de recursos para la inversión, que apenas representa el 16,9%, equivalentes a 53,1 billones de pesos. Es un monto insuficiente a todas luces, más todavía ante la urgencia de contrarrestar el efecto de la pandemia.

No nos dicen de donde vendrá la plata

La deuda, que ya es muy alta, va a seguir aumentando. Casi el 40% de los recursos para el 2021 provendrían del crédito. Serían 123,8 billones de pesos.

Esta nueva deuda se obtendría de la siguiente manera: 24,4 billones por crédito externo, 39,7 billones por crédito interno.

Y no se explica cómo se conseguirían los 59,7 billones, que están bajo el rubro de “otros”: se trata de una verdadera caja negra. Es inaceptable que no se aclare qué significa este monto de recursos tan significativo. Y es vergonzoso que el Congreso no pida explicaciones. En las discusiones parlamentarias no se indagó por el contenido del rubro “otros”, y tampoco se preguntó por la forma como se gestionará el conjunto de la deuda pública.

El gobierno no ha explicado su estrategia para negociar los créditos. No ha dicho si recurrirá a la banca multilateral, o a los bancos privados, o si emitirán títulos. Y la pasividad del Congreso impide que la opinión pública tampoco tenga idea de cómo se negociarán las tasas, ni los plazos. Mucho menos se sabe cuál podría ser el impacto macroeconómico de un volumen de recursos tan elevado.

Foto: Senado La pasividad del Congreso impide que la opinión pública tampoco tenga idea de cómo se negociarán las tasas, ni los plazos.

Puede leer: El presupuesto 2021 está desfinanciado y no es transparente

La decisión que no quieren tomar

La insistencia en endeudarse ha sido por supuesto una manera de evitar el aumento en los impuestos.

Pero, aunque sea relativamente fácil, el mecanismo de la deuda es volátil y, a la larga, es perverso. Tarde o temprano habrá que recurrir a la tributación. Y al aplazar esta decisión se acentúa la debilidad de la estructura fiscal.

En lugar de insistir en la importancia de aumentar la tributación progresiva, el gobierno ha optado por imaginar que es posible reducir el gasto público, que pasaría del 19% del PIB en la actualidad al 17,4% en el 2031. Gracias al menor gasto, el saldo de la deuda pública se reduciría a 42,2% en ese mismo año.

Pero esta proyección es imposible. Comenzando porque el gasto público no se puede disminuir, y aún en contra de la voluntad de gobierno, continuará creciendo. Esta tendencia es irreversible.

La única forma de lograr un equilibrio sostenible es un aumento de los impuestos, y esto debe hacerse de tal manera que contribuya a una mejor distribución del ingreso y de la riqueza.

La concentración del ingreso se ha acentuado en Colombia. El DANE acaba de reportar que el coeficiente de Gini pasó de 0,517 en 2018 a 0,526 en 2019.

Esto aumenta la urgencia de la progresividad en los impuestos, que de una parte mejora la distribución del ingreso y de otro lado contribuye a la estabilidad fiscal.

Reactivación sin gasto público

El gobierno espera que el crecimiento del PIB en 2021 llegue a la meta del 6,6%.

Esta meta tan optimista no es compatible con un monto de inversión pública tan reducido (los 53,1 billones de pesos, o el 16,9% del gasto que antes dije).

La intervención del Estado en Colombia sigue siendo menor que en el resto de América Latina. Y en todo caso la reactivación de la economía no es posible con una inversión pública tan baja.

Para lograr el crecimiento que proyecta, el gobierno confía en el sector privado. Pero hoy por hoy esto es casi imposible, y ha sido lo muestra la experiencia de todos los países: en medio o a raíz de la pandemia, las empresas privadas no pueden reactivarse sin el impulso decidido del Estado.

Los gobiernos del mundo han optado por tres mecanismos: apoyo al consumo (subsidios a los hogares), estímulos a la demanda agregada (obra pública), e incentivos a las empresas (transferencias directas a cambio de conservación del empleo).

En países como Japón, la combinación de las transferencias a los hogares y los incentivos a las empresas llega al 21% del PIB. En Colombia el porcentaje oscila entre el 2,5% y el 3,0%. Y en nuestra vecindad, en Perú la suma llega a 9,5% del PIB.

La reactivación sin inversión pública no es posible. Este principio elemental no es reconocido por el presupuesto del 2021, que refleja una profunda desconfianza frente a la capacidad de multiplicación que tiene la acción pública.

Foto: Presidencia de la República Frente al presupuesto mínimo destinado a la ciencia y a la tecnología, sorprende el aumento de los recursos destinados a la defensa y a la policía.

Le recomendamos: El presupuesto 2021 o la ceguera gubernamental

Presupuesto, productividad y competitividad

La incapacidad de aprovechar las bonanzas de petróleo y minerales durante los gobiernos de Santos y Uribe llevó a una destrucción del aparato industrial y agropecuario. Las importaciones aumentaron de manera significativa y se agudizó el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

También, y sin ninguna explicación, el gobierno Duque supone que entre el 2021 y el 2031, el déficit de la cuenta corriente bajará de -3,7% del PIB a -2,5% del PIB. Para que esta meta se cumpla tendríamos que aumentar en serio la competitividad, y asegurar que las exportaciones crezcan más que las importaciones.

El aumento de la pobreza es una de las manifestaciones del daño que le hicieron las importaciones a la productividad agropecuaria. En el 2019, en la zona rural, el porcentaje de pobres fue de 47,5%.

En vez de reconocer las carencias del sector agropecuario, el presupuesto del 2021 apenas aumenta los recursos para el sector en 1% nominal, así que los reduce en pesos constantes. Se deja de lado la modernización del campo, que debería ser una prioridad.

Y desde el punto de vista de la productividad y de la competitividad, el gobierno desconoce por completo las recomendaciones de la Misión de Sabios. En lugar de darle prioridad a la ciencia y a la tecnología, les asigna un presupuesto, absolutamente risible, de 283 mil millones de pesos. El desconocimiento de la importancia de la ciencia y de la tecnología es una expresión notoria de la forma miope como se concibe el desarrollo.

Y la guerra se sigue financiando

Frente al presupuesto mínimo destinado a la ciencia y a la tecnología, sorprende el aumento de los recursos destinados a la defensa y a la policía: aumenta en 12% con respecto al 2020. Y su valor absoluto es de 39,2 billones de pesos.

Cuando se firmaron los acuerdos de La Habana había un cierto consenso en que la paz liberaría recursos que antes se destinaban a la guerra. Pero este no el sueño del gobierno Duque.

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Jorge Iván González

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Jorge Iván González

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Foto: Wikipedia El presupuesto presentado por el Ministerio de Haciendo es otra muestra de la ceguera gubernamental.

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Estas son las proyecciones de crecimiento económico y de gasto público para el año que viene. Y estos son los engaños o los autoengaños del gobierno que harán mucho daño a los colombianos.

Jorge Iván González*

No cambiar el rumbo

El proyecto de ley de Presupuesto General de la Nación para 2021 que acaba de presentarse es otra muestra de la incapacidad del Ministerio de Hacienda para reconocer la gravedad de la crisis que atraviesa la economía colombiana.

El presupuesto debe leerse a la luz del Marco Fiscal de Mediano Plazo, donde se muestra la visión prospectiva del gobierno. Sus proyecciones para el período 2020-2031 no son realistas, y desde el punto de vista metodológico, el documento sigue cayendo en la trampa conocida como los “equilibrios estacionarios”.

Ni en el Marco Fiscal ni en el presupuesto se ve ninguna intención de corregir el rumbo. El mensaje es claro y contundente: el camino recorrido estaba bien y, por tanto, una vez que pase la tragedia causada por la COVID-19, debemos proseguir la misma senda. Tanto así que el desempeño anterior de la economía fue “notable” y estuvo anclado en “la solidez de sus fundamentales” (Marco Fiscal, p. 22).

En medio de su ceguera, el gobierno no capta la dependencia excesiva de las exportaciones de hidrocarburos, no percibe las consecuencias perversas del mal uso de las bonanzas, ni la pérdida de competitividad del país.

Recuperación como por arte de magia

Estas son las proyecciones del Marco Fiscal:

Proyecciones de la tasa de crecimiento anual del PIB y de las principales variables fiscales – Gobierno Nacional Central (como porcentaje del PIB)

La primera columna es la del PIB. Según distintos comentaristas pensar que el año entrante la recuperación será del 6,6% es “optimista”.

Más bien hay que llamarla irresponsable. El ministro de Hacienda ha insistido en que la recuperación será rápida, y en que en 2022 se habrá restablecido el aparato productivo. Este mensaje es un llamado a mantener el actual “estado de cosas”.

La proyección del PIB se basa en tres supuestos muy dudosos, a saber:

  • Apenas se acabe la pandemia, las empresas reabrirán con nuevos bríos; en esta lógica, el chef que cerró su restaurante, que despidió a sus empleados, que no le pudo pagar el arriendo al dueño del local y que ahora está discutiendo con los bancos, volverá a abrir el negocio como si nada hubiera sucedido. Pero en la vida real el mundo no es así, como los sabe cualquiera que haya estudiado las grandes recesiones.
  • El crecimiento económico basado en los hidrocarburos se puede sostener indefinidamente. Pero no: el mundo va para otra parte, y Colombia tendrá que elevar seriamente su productividad y su competitividad.
  • El milagro de crecer al 6,6% se logrará con una inversión pública de apenas el 1,7% del PIB en el 2021: la gran reactivación provendría del sector privado.

Para el gobierno el Estado ha importado poco, y en el 2021 tampoco será importante. Como se puede ver en el Cuadro anterior, los impuestos se mantendrán alrededor del 14%-15% del PIB, y el gasto público seguirá estando alrededor del 18%-19%. En otras palabras: no se necesita más Estado.

Foto: Flickr Las proyecciones del PIB son irresponsables.

Puede leer: Segundo año del gobierno Duque: ¿qué va a pasar con la economía?

No hay transparencia en las cifras

En estos días de pandemia ha sido notoria la falta de claridad del Ministerio de Hacienda.

Lo mínimo que podría pedirse es que el proyecto de presupuesto comience mostrando su consistencia con el Marco Fiscal. Pero este ejercicio elemental no se hace.

Los cuadros para el 2021 de uno y otro documento deberían ser comparables y compatibles, pero esta comparación no es posible para nadie que trabaje fuera del Ministerio porque las cifras necesarias para hacerlo no aparecen publicadas.

Los cálculos no coinciden. Al comparar los datos del Cuadro anterior (Marco Fiscal) con los del Cuadro siguiente (proyecto de Presupuesto) se destacan dos ejemplos importantes:

  • En el proyecto de presupuesto, el gasto público de 2021 ya no sería de 20,7% del PIB como se presenta en el Marco Fiscal, sino de 27,7%. Esta diferencia no se explica.
  • Tampoco es claro el rubro de la inversión pública. En el Marco Fiscal es de 1,7% del PIB, ahora es de 4,3%.

Con un mínimo de pedagogía, en un Estado democrático, se debería partir del Marco Fiscal, que corresponde al Gobierno Nacional Central, e ir explicando de qué manera los rubros se van agregando. Si el rango de gasto público se mueve entre 20,7% y 27,7%, sin precisar las diferencias, la rendición de cuentas es imposible, y la pregunta fundamental por el tamaño del Estado colombiano se pierde en la maraña de cuadros.

Sin duda, el Ministerio tendrá los argumentos que justifican las diferencias (nivel de agregación, formas de clasificación, etc.), pero es inaceptable que la información se presente de manera confusa.

En tales condiciones no es posible la veeduría ciudadana ni es posible la deliberación del Congreso.

Foto: Flickr En estos días de pandemia ha sido notoria la falta de claridad del Ministerio de Hacienda.

Lea en Razón Pública: El presente y el pasado de la economía colombiana en tiempos de COVID-19

La deuda pública y…los caminos que no se quieren ver

Como se observa en el cuadro anterior, la deuda pública en el 2021 sería 75,8 billones de pesos, equivalente al 24,1% del presupuesto total, y al 6,7% del PIB. Los costos de la deuda son muy superiores al volumen de inversión, de 53,1 billones.

Preocupa el monto de la deuda, pero, sobre todo, su crecimiento (Gráfica siguiente).

Saldo de la deuda bruta del Gobierno Nacional Central, como porcentaje del PIB

Fuente: Ministerio de Hacienda (2020) – Marco Fiscal de Mediano Plazo 2020, pp. 227 y 279

Entre 2012 y 2020 la deuda pasó de 34,2% a 65,6% del PIB. Este ritmo es insostenible.

Para corregir esta situación habría tres opciones. La primera, que es la preferida por el Marco Fiscal, y que se refleja en la gráfica, parte de una fórmula tan simplista como irreal: reducir el gasto público. Y en virtud de este sueño de Hacienda, a partir del año entrante el saldo de la deuda comenzaría a disminuir hasta llegar al 42,9% en el 2031.
La segunda opción es aumentar la tributación con criterios progresivos. Es la propuesta que encabeza el senador Iván Marulanda, y que el gobierno no quiere aceptar, ya que no está convencido de la necesidad de aumentar los impuestos.

Y el tercer camino, que ya lo está poniendo en práctica la Unión Europea, es la intervención agresiva de la política monetaria. De los 750 mil millones de euros que se inyectarán a las economías de la zona euro, se ofrecen 390 mil sin condiciones y sin ninguna obligación de repago.

En la ceguera de la ortodoxia colombiana estos temas ni siquiera se discuten. En vez de examinar las bondades de la segunda y de la tercera alternativa, el gobierno colombiano insiste en que todavía hay margen para reducir el gasto.

Parece que desde el Ministerio de Hacienda no se notan el colapso de los hospitales, el drama de los niños sin educación, el desempleo disparado y las escandalosas desigualdades entre las regiones.

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Jorge Iván González

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jorge ivan GonzalezAunque algunos piden que se “despolitice la economía”, un análisis detallado de la inflación en Colombia muestra por qué es importante considerar esa relación.

Jorge Iván González*

Continue reading «¿Por qué la inflación tiene que ver con la política?»

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jorge ivan GonzalezDespués de años de mejora sostenida, la situación ha comenzado a empeorar. Estos son los hechos –y los posibles remedios-.

Jorge Iván González*

Continue reading «Alerta por el aumento de la pobreza»

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jorge GonzalezCierto que el presidente Duque recibió una economía ensombrecida, pero también cierto que ha hecho muy poco para remediarlo. ¿Hay motivos de alarma?

Jorge Iván González*

Continue reading «¿En qué quedó la economía? Un año de desequilibrios crecientes»

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jorge ivan GonzalezEl presidente quiere ahorrarnos 9 billones de pesos con recortes de personal. Qué tan factible -y qué tan buena- es esta idea que por supuesto le suena a la gente.

Jorge Iván González*

Continue reading «La austeridad de Duque: ¿es posible reducir la burocracia?»

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