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Pobreza: las confusiones de Angelino

Escrito por Jorge Iván González
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Jorge Iván González

La insólita intervención del vicepresidente permite explicar con claridad cómo se mide la pobreza, para qué sirve y para qué no sirve esa medición en política social. En vez de hacer populismo barato, el funcionario debería denunciar la grave y además creciente desigualdad en la distribución del ingreso en Colombia. 

Jorge Iván González* 

Cuádruple confusión 

En las declaraciones recientes del vicepresidente de la República sobre la nueva línea de pobreza que propuso la Misión de Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (MESEP) se hacen evidentes, por lo menos, cuatro confusiones:

  • La primera es una confusión conceptual acerca de qué es la pobreza y a qué se refiere el índice que propuso la MESEP.
  • La segunda es entre el ingreso necesario para superar la línea de pobreza y el consumo efectivo que realizan los hogares.
  • La tercera es sobre la función que cumple la línea de pobreza en las decisiones de la política pública.
  • Y la cuarta es sobre el foco de atención en el debate que realmente interesa a los pobres. 

Indigencia y pobreza

No existe ninguna definición absoluta de la pobreza. Una persona o una familia pueden sentirse “pobres” aunque su ingreso sea relativamente elevado, y viceversa, gentes de ingresos que otras personas consideran modestos no se ven a sí mismas como pobres. Por eso las definiciones de la pobreza son convencionales y no se pueden evaluar como “correctas” o “incorrectas” sino apenas como más o menos útiles para propósitos bien determinados.

En estas circunstancias la MESEP definió dos líneas de pobreza:

  • Una de 78.000 pesos, que es el valor comercial o real de la canasta básica de alimentos, por persona y por mes (área urbana). Es la línea de indigencia y es el punto de corte de la llamada pobreza extrema: si el ingreso mensual de una persona no alcanza ni siquiera este mínimo, se considera que vive en la indigencia o en la extrema pobreza.
  • La cifra anterior se multiplica por 2,4 y se obtiene el valor, por persona y por mes, de la otra línea: la línea de pobreza moderada.

El parámetro de 2,4 se conoce como el coeficiente de Orshansky. La MESEP lo definió para Colombia a partir del promedio de los coeficientes de Orshansky de los países de América Latina.

Al multiplicar 78.000 por 2,4 se obtiene una cifra redonda de 190.000 pesos. Es un ingreso necesario, por persona y por mes, para vivir por encima de la línea de pobreza.

Nunca podría considerarse como un nivel ideal, o como el ingreso que permita el ejercicio de las libertades de las personas, o el que haga posible las decisiones de las personas en calidad de agentes. Apenas es el nivel mínimo para que una persona pueda adquirir los alimentos indispensables y, además, algunos bienes básicos. Ninguno de los miembros de la MESEP ha afirmado que este nivel de ingresos sea óptimo.

Persona, no familia

En sus declaraciones iniciales el vicepresidente dijo que 190.000 pesos es el ingreso por familia. No es cierto. No es un ingreso por familia, sino un ingreso al mes por persona. Si la familia tiene 4 miembros, necesitaría 760.000 pesos al mes para alcanzar la frontera de la línea de pobreza.

Suponga que en esta familia apenas trabaja el padre y gana un salario mínimo (535.600 pesos). En tales circunstancias la familia sería pobre. Pero si trabajan el padre y la madre y ambos ganan un salario mínimo, el ingreso total sería de 1.071.200 pesos y, entonces, la familia no sería pobre.

Ingreso necesario y consumo efectivo

El vicepresidente confunde, además, este ingreso necesario con el consumo efectivo de las familias. El consumo efectivo suele ser mayor que el ingreso necesario monetario. Hay numerosas formas de consumo que las familias no pagan o sólo lo hacen de manera parcial:

  • Los subsidios en especie del gobierno nacional y local; el niño que va al hogar de bienestar familiar, los alimentos calientes en el colegio, la gratuitad educativa, hacen parte del consumo, pero no tienen un equivalente en ingreso.
  • Además de los subsidios gubernamentales, la familia tiene otros consumos que son difíciles de contabilizar: el almuerzo y el bus de la empresa, las comidas donde la suegra.

Las familias tienen múltiples formas de consumo, así que el consumo efectivo es mayor que el ingreso necesario. Insisto que en el peso del consumo efectivo tiene muchísimo que ver la política pública, tanto de los gobiernos locales como del gobierno nacional.

No es poco

Finalmente, al vicepresidente le parece que la línea de pobreza es muy baja. Esta apreciación refleja un alto grado de desinformación. Cuando se comparan en dólares las líneas de pobreza de América Latina (ponderadas por el poder adquisitivo del dólar en cada país), la de Colombia es superior a las de México, Uruguay, Paraguay, Honduras, Argentina, Chile, Guatemala, Costa Rica, Ecuador y Brasil.

Y si se utiliza el criterio de comparación internacional de 2 dólares por día y por persona, es decir, 60 dólares al mes por persona, la línea resultante sería de unos 114.000 mes persona, que es considerablemente inferior a la línea de pobreza colombiana.

Para qué sirve la medición de pobreza

La incidencia de la pobreza permite saber si a lo largo del tiempo las políticas gubernamentales contribuyen o no a mejorar el ingreso monetario de las personas con respecto a una línea de referencia. Esta medición permite conocer si el porcentaje de pobres aumenta o disminuye, y este es un insumo fundamental de los procesos deliberativos en las sociedades democráticas.

La línea de pobreza no tiene el propósito de definir la capacidad adquisitiva de los hogares en condiciones normativas ideales. El vicepresidente quiere llevar la discusión hacia postulados perfeccionistas de justicia, olvidando que la línea de pobreza apenas se mueve en el terreno de la justicia comparativa.

La capacidad adquisitiva de los hogares no se puede determinar solamente mediante la línea de pobreza, porque es necesario hacer un balance cuidadoso de la forma como la conjunción de las políticas públicas nacionales y locales afecta el consumo efectivo de las familias. Sería necesario contabilizar –a nivel de cada hogar– el impacto neto de los impuestos y de los subsidios. Este ejercicio no puede realizarse, porque la información disponible en las encuestas de hogares es completamente insuficiente.

Pobreza y salario mínimo

La línea de pobreza tampoco es el criterio para fijar el salario mínimo. No es claro si a la denuncia que hace el vicepresidente sobre el bajo nivel de la línea de pobreza subyace el temor de que la cifra de 190.000 pesos sea tomada como referencia para definir el salario mínimo.

Al asociar burdamente la línea de pobreza con el salario mínimo se llevan las confusiones al extremo:

  • Primero, porque, de nuevo, la línea no es familiar, sino individual.
  • Segundo, porque para tranquilidad del vicepresidente, si se quisiera hacer alguna relación entre la línea de pobreza y el salario mínimo, habría que multiplicar 190.000 pesos por el tamaño promedio de las familias. A nivel nacional este promedio es cercano a 3,8.Al multiplicar ambas cifras se obtiene un valor de 722.000 pesos.

Con la línea de pobreza que le parece tan baja al vicepresidente, podría llegarse a la mesa de negociación de salario mínimo con la propuesta de 722.000 pesos, lo cual implicaría un aumento del 34,8 por ciento, con respecto al valor actual (535.600 pesos).

  • Tercero, porque en la definición del salario mínimo intervienen, por lo menos, 4 dimensiones que no están incluidas en la línea de pobreza: la inflación pasada, el consumo efectivo, la demanda agregada y la productividad de las empresas.

Al no entender la función de la línea de pobreza, el vicepresidente desprestigia la importancia de la información estadística sistemática. Todos estamos de acuerdo con que cualquier medición se queda corta frente a la complejidad del fenómeno de la pobreza.

Pero el instrumento cuantitativo tiene un papel relevante en la orientación de la política pública. El desprecio por la cuantificación lleva a magnificar la percepción subjetiva: “… invito a los asesores del DNP a que merquemos juntos”.

Los problemas son otros

La mayor confusión del vicepresidente tiene que ver con el foco de atención. Sorprende que el mandatario no se haya referido a las tres grandes tragedias que se derivan de los datos de la MESEP:

  • La primera es el abultado número de pobres: 16 millones. Con esta línea “baja”, el panorama ya es alarmante.
  • La segunda tragedia es la alta concentración del ingreso.
  • La tercera es la creciente brecha entre el campo y la ciudad.

Los datos de la MESEP que ponen en evidencia el fracaso distributivo no le causaron “indignación” al Vicepresidente. Un coeficiente de Gini de ingresos de 0,56 es inaceptable. ¿Por qué el silencio frente a esta cifra?

Sería conveniente que el vicepresidente centrara su atención en el tema distributivo. Este sí es un foco relevante de discusión:

  • Que el vicepresidente denuncie con la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, DIAN, el hecho de que solamente 7 cartageneros declaran más de mil millones de pesos de patrimonio.
  • Que exprese su alarma por la bajísima tributación que existe en Colombia.
  • Que exija un aumento de la regalías del oro, que apenas son del 4 por ciento, un valor tres veces menor que el de la sal.
  • Que declare la necesidad de que los grandes capitales tributen.
  • Que muestre que la tarifa efectiva del impuesto a los salarios es superior a la de las rentas de capital.
  • Que diga con Kakwani –anterior asesor del Departamento Nacional de Planeación, DNP– que la lucha contra la pobreza únicamente es exitosa si se hacen transformaciones sustantivas en la distribución del ingreso y de la riqueza.
  • Que denuncie la concentración de la propiedad en el agro: el coeficiente Gini en 20 por ciento de los municipios es superior a 0,8.

Y sobre la brecha urbano-rural, el vicepresidente debe unirse a otras voces que muestran:

  • Que la nueva Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOOT) es frágil y sin dientes.
  • Que es inadmisible la ganadería extensiva (una vaca por hectárea) en las regiones más ricas del país, como los valles del Sinú y del San Jorge.
  • Que la locomotora minera está fracasando.
  • Que no hay políticas para generar valor agregado en los 5,8 millones de hectáreas que cubren los títulos mineros aprobados …

En fin, es tiempo de que el vicepresidente encabece grandes cruzadas orientadas a solucionar problemas realmente relevantes para los pobres.

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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