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El renacimiento del socialismo

Escrito por Jorge Iván González
El teórico político y filósofo alemán Federico Engels.

El teórico político y filósofo alemán Federico Engels.

Jorge Ivan GonzalesEs innegable que el socialismo tuvo un auge sin precedentes en el último siglo. Sin embargo, los regímenes totalitarios que se escudaron en él le crearon una mala reputación. ¿Podrá volver en el siglo XXI despojado de sus aspectos dictatoriales? 

Jorge Iván González*

El Fénix Rojo. Las oportunidades del socialismo

Luis Fernando Medina

Editorial Catarata

             2014

Un fenómeno fulgurante

Este texto del colombiano Luis Fernando Medina, que mereció el Premio Catarata a mejor ensayo, es un recuento apasionante sobre el auge inusitado del socialismo en el mundo contemporáneo.

Como dice su autor, el socialismo fue un fenómeno fulgurante de la humanidad, que se extendió rápidamente por todo el planeta, y con el tiempo se confirmó aquel mensaje del Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels: el fantasma del comunismo no solamente recorrió Europa sino que llegó a todas las regiones del mundo.

Una expresión de esta fuerza avasalladora fue la aparición de los “bolcheviques del Líbano”, en Colombia. Sería interesante tratar de entender por qué razón en esta esquina del mundo, tan lejana de la cultura y de la sociedad rusa, se constituyó un grupo político que se sintió identificado con los bolcheviques.

Para Medina, “el socialismo ofrecía a sus partidarios, más que una posición política, una forma de ver el mundo, un lenguaje y unas categorías a partir de las cuales formar una opinión política”. Todo se podía explicar desde el discurso socialista. Este, además, tenía la potencialidad de cambiarlo todo, desde las relaciones de pareja hasta los conflictos entre clases sociales.

Y esta capacidad de interpretación y de transformación no solo se consideró válida para las sociedades capitalistas más avanzadas (Inglaterra, Francia y Alemania), sino que el discurso adquirió resonancia en países atrasados como Rusia y China. Allí no se habían desarrollado las condiciones objetivas para el éxito de la revolución y, no obstante triunfó  el socialismo.

El socialismo es polifacético, se mimetiza y va cambiando. Numerosos partidos del mundo se llaman socialistas o social-demócratas. Otros se dicen comunistas. Sus posiciones son variadas, ambiguas y confusas. Pero todos ellos han contribuido a que el socialismo sea “la gran obra de arte colectiva de la política del siglo XX”.

El fantasma del comunismo no solamente recorrió Europa sino que llegó a todas las regiones del mundo.

El socialismo no transformó solamente los países que hicieron la revolución. También contribuyó a moldear el capitalismo en todo el mundo. Por ejemplo, el Estado de Bienestar no se entiende sin la amenaza del fantasma comunista.

El socialismo le dio fuerza al mensaje que la economía política del siglo XIX había  tratado de transmitir: las condiciones sociales se pueden cambiar. La pobreza no es un fenómeno natural, que siempre estará presente. El socialismo, en sus diversas formas, se opuso a la ley de pobres porque era una forma de perpetuar la pobreza.

Más tarde, a mediados del siglo XX, los países capitalistas entendieron la importancia de la planeación y por eso llamaron al economista ruso Leonid Kantorovich. Medina hace una narración fascinante de la forma como este cumplió aquel mensaje profético del Manifiesto de Marx y Engels: el fantasma del comunismo lo permeó todo.

Manifestantes en la Plaza del Sol de Madrid durante las jornadas de protesta de los Indignados en el 2011.
Manifestantes en la Plaza del Sol de Madrid durante las jornadas de protesta de los
Indignados en el 2011.
Foto: Wikimedia Commons

La caída del fantasma rojo

Pero Medina advierte que si el auge del socialismo fue notorio, también fue “espectacular” su caída. Y las razones del desplome son de muy diversa índole. Las relaciones causales son tan heterogéneas que no tendría sentido pretender dar cuenta de todas, pero sin duda una muy importante fue la consolidación del Estado de Bienestar en las sociedades capitalistas.

La incidencia del socialismo fue positiva y ha contribuido a mejorar las condiciones de vida de la población. Pero estos logros contrastan con el desastre humanitario de los países del socialismo real. Los defensores del socialismo han tenido que aceptar que la construcción de la sociedad alternativa bajo las órdenes de Stalin y otros dictadores fue inaceptable. Hoy reconocen que el largo silencio frente a las matanzas estalinistas acabó por hacer un daño muy profundo al socialismo.

El Estado de Bienestar, por su parte, logró conjugar altas dosis de intervención con un margen razonable de libertad individual. Este modelo de sociedad nunca lo imaginó el economista Frederich Hayek, para quien cualquier forma de intervención es, por sí misma, un germen totalitario.

Tampoco Marx concibió un capitalismo como el de Europa del Norte o el de Estados Unidos. El capitalismo no profundizó la contradicción entre obreros y empresarios que había profetizado el Manifiesto Comunista. En vez de eso, el capitalismo consolidó una clase media que no polariza, sino que crea un espacio de integración.

El conflicto irreductible entre capital y trabajo que imaginaba Marx acabó convertido en la  cooperación entre sindicatos y empresarios. Para unos y otros, en la mejor lógica fordista, es conveniente que el salario suba. En este escenario el empresario se alegra por el aumento de la demanda que mejora la inversión y aumenta su ganancia. Y, sobre todo, por el espacio tan amplio de la libertad para los agentes.

Un socialismo diferente

Medina muestra que si el socialismo está mal, el capitalismo está viviendo una crisis profunda, que se expresa en el colapso financiero y en el aumento de la desigualdad, tal y como se desprende del libro reciente y sin embargo clásico de Thomas Piketty.

Pero los males del capitalismo no son definitivos. Su vigencia es la fuerza del socialismo del siglo XXI. Obviamente, este capitalismo cada vez se aleja más del que vivió Marx a finales del siglo XIX.

A pesar de la caída del socialismo, “las actuales tendencias del capitalismo generan un entorno propicio para que resurja el socialismo como fuerza ideológica”. En estas condiciones, “el socialismo puede resurgir de sus ruinas. Existen tendencias en la sociedad capitalista actual que empezarán a soplar a su favor. Sin embargo, será un socialismo diferente del que hemos conocido hasta ahora”.

La alternativa, piensa Media, está en el consumidor, que reemplaza al obrero como pilar de legitimación de las sociedades contemporáneas. La base sindical se ha erosionado y el consumidor ha adquirido relevancia. El papel privilegiado del mundo del trabajo se ha debilitado, y en su lugar se ha ido consolidando una “estructura más universal centrada en el mundo del consumo”.

Medina entiende el socialismo de mañana como “una visión de sociedad que ofrece a los individuos espacios de cooperación donde puedan encontrarse relativamente a salvo de la presión de los mercados y de los Estados”.

Se trata entonces de que el consumidor, que exige libertad real, pueda tener una cierta autonomía frente a los mercados y al Estado. El punto de partida para este socialismo del mañana es el ingreso básico universal.

El socialismo no transformó solamente los países que hicieron la revolución. También contribuyó a moldear el capitalismo en todo el mundo

La propuesta de Phillipe Van Parijs es retomada con entusiasmo por Medina, ya que “desde una perspectiva socialista, la renta básica encarna el principio de la propiedad colectiva sobre la riqueza de la sociedad”. La renta básica es la base material para garantizar la libertad individual en sentido pleno.

El ingreso básico es incondicional, y no exige ningún tipo de contraprestación. Por ejemplo, en la carátula del libro de Van Parijs Real Freedom for All. What (if Anything) Can Justify Capitalism? está la foto de un surfista, que recuerda un debate entre Van Parijs y John Rawls. En opinión de Van Parijs, el ingreso básico incondicional también es para financiar a quien haya optado en la vida por surfear en las playas de Malibú. La consignación mensual le llegará de manera oportuna sin pedirle ninguna retribución. Este es el sentido profundo de la libertad real para todos.

El teórico político, político y revolucionario comunista Vladimir Lenin.
El teórico político, político y revolucionario comunista Vladimir Lenin.
Foto: Wikimedia Commons

¿Vivir de la renta?

La renta básica tiene la virtud adicional de que es flexible, y se puede ir adaptando a las condiciones de cada sociedad. En palabras de Medina: “Es importante presentar ideas ambiciosas, pero también es necesario entender las ansiedades que esas ideas generan y así obtener también victorias pequeñas, paso a paso. En ese sentido, la renta básica ocupa un lugar casi único en el socialismo moderno: dada su gran gama de versiones, es una idea que se puede amoldar a las circunstancias políticas del momento, volviéndola más ambiciosa y radical en tiempos propicios o más modesta cuando lo prioritario sea más bien abrirse paso poco a poco”.

Pero, en medio de esa flexibilidad programática, es importante no perder de vista lo que está en juego: la posibilidad de redefinir el papel del mercado y del Estado, creando una “esfera de libertad y cooperación que no puede ser absorbida por ninguno de los dos”.

El optimismo de Medina, como él lo reconoce, tiene su origen en la dialéctica de Hegel y Marx. Los cambios en nuestra percepción del mundo son el primer paso para  construir una sociedad mejor, donde el ejercicio de la libertad vaya ganando espacio.

Avanzamos sin conocer los resultados finales de nuestras decisiones. Los motivos de la acción, como diría Amartya Sen, son ideas aproximadas de justica, más que teorías puras sobre la justicia.

El fénix rojo renace y este nuevo socialismo no tiene que pasar por la vergüenza de las dictaduras del proletariado. Hoy es posible construir, como dice Van Parijs, “una vía capitalista al comunismo”. Este camino puede estar iluminado por el ideal ético de Marx: cada cual aporta a la sociedad en función de sus capacidades y recibe de ella de acuerdo con sus necesidades.

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga click en este espacio.   jorgeivangonzalez29@gmail.com

 

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