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La pobreza disminuye, pero las brechas aumentan

Escrito por Jorge Iván González
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Jorge Iván González

Los datos más recientes sobre la pobreza en Colombia revelan la profunda brecha entre lo rural y lo urbano, y entre las diferentes ciudades, fruto de una perversa distribución del ingreso. Aunque hoy hay menos pobres que en 2002, Colombia se está quedando atrás en la gran tarea del siglo XXI: la erradicación de la pobreza.

Jorge Iván González *

Ante todo, medir bien 

0168La Misión para el empalme de las series de empleo, pobreza y desigualdad (MESEP) acaba de publicar las series de pobreza y distribución (2002-2010).

La MESEP tuvo dos fases:

  • Durante la primera etapa se empalmaron las series (empleo, pobreza, desigualdad) de la antigua encuesta continua de hogares (ECH), con los resultados de la nueva gran encuesta integrada de hogares (GEIH). La MESEP resolvió los problemas de compatibilidad que se presentaron en el 2006 cuando se cambió la encuesta.
  • Durante la segunda etapa, la Misión revisó los criterios para estimar la línea de pobreza y eliminó el ajuste a cuentas nacionales que era uno de los mayores problemas de la metodología anterior.

Optimismo moderado

Entre 2002 y 2010, el porcentaje de pobres disminuyó. Obsérvese en la gráfica que la tendencia es similar bajo ambas metodologías. Con la nueva metodología la incidencia pasó de 49,4 por ciento a 37,2 por ciento. En números absolutos, significa que en el 2002 había 19.835.029 personas pobres y en el 2010 había 16.432.158. Ello significa que en este período 3.402.871 de personas salieron de la pobreza.

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Este resultado no debe interpretarse con excesivo optimismo por varias razones:

  • Primero porque el número de pobres sigue siendo muy alto. Debería causar indignación que más de 16 millones de colombianos continúen viviendo en condiciones de pobreza.
  • Segundo porque el ritmo de disminución de la pobreza ha sido menor en Colombia que en el resto de América Latina.
  • Tercero porque la distribución del ingreso continúa siendo muy desigual.
  • Y cuarto porque la brecha entre el campo y la ciudad se ha agudizado.

Pésima distribución del ingreso

La distribución del ingreso es extremadamente desigual. De acuerdo con los resultados de la MESEP, el coeficiente de Gini para el total nacional en 2002 era de 0,573 y en 2010 de 0,560. Con respecto a los otros países de América Latina y del mundo, estas cifras son muy altas e indican que la concentración del ingreso es muy elevada.

Para superar la trampa de la pobreza es necesario mejorar la distribución del ingreso. La reducción de la pobreza debe estar basada en un crecimiento pro-pobre, es decir un crecimiento que favorezca a los pobres, para lo cual se requiere poner en prácticas políticas redistributivas.

Los impuestos progresivos son el principal instrumento para mejorar la equidad. Los últimos gobiernos no se han preocupado por avanzar en una tributación que sea progresiva. Por el contrario, han aumentado las exenciones a los más ricos.

Los impuestos más altos no van en contra de la producción y el empleo, como han afirmado los gobernantes colombianos. Sería bueno atender el llamado que hicieron recientemente Warren Buffet y otros super-ricos lúcidos, pidiendo que les cobren más impuestos. Su argumentación es contundente: la equidad favorece el crecimiento, la demanda, la inversión, el empleo y los salarios. El crecimiento pro-pobre no sólo beneficia a los pobres, sino que crea condiciones propicias para que el clima de los negocios mejore.

Pobreza rural versus pobreza urbana

01-imagen-gonzalez-02La brecha entre el campo y la ciudad ha aumentado. La distancia es evidente al observar el cuadro de la izquierda y comparar la columna “13 áreas metropolitanas” con el “resto”. En las grandes ciudades el porcentaje de pobres bajó de 35,9 a 23,2. Y en el resto la reducción fue de 60,9 por ciento a 50,3 por ciento. Aunque las dos tendencias son decrecientes, las diferencias han aumentado. Mientras que en el 2002 la diferencia era de 25 puntos (60,9 por ciento-35,9 por ciento), en el 2010 la diferencia fue de 27 puntos (50,3 por ciento-23,2 por ciento).

La elevada incidencia de la pobreza rural y la ampliación de la brecha entre el campo y la ciudad ponen en evidencia un tipo de desarrollo que ha descuidado al sector agropecuario. Además de la pobreza de sus habitantes, hay otros hechos que ilustran bien el deterioro de las condiciones de vida en el campo:

  1. El aumento creciente de la importación de alimentos. En 2002 Colombia importaba 1 millón de toneladas año, hoy se importan 8,5 millones de toneladas.
  2. La expansión incontrolada del área para la explotación minera.
  3. La ganaderización de extensas zonas.
  4. La concentración de la propiedad rural. El 16 por ciento de los municipios del país tienen un Gini de concentración de la propiedad rural superior a 0.8.
  5. El deterioro de la institucionalidad rural.
  6. La falta de vías de comunicación.

Tiene razón el ministro de Agricultura al insistir en la necesidad de repensar el tema agrario, comenzando por lo más básico: la devolución de la tierra a quienes se les ha arrebatado de manera injusta. Es conveniente, igualmente, impulsar la oferta de servicios públicos para el campo, en lugar de seguir repartiendo subsidios a los ricos.

Durante los últimos años la actividad económica se ha reprimarizado: los sectores más dinámicos han sido la minería, los hidrocarburos, el café, y los grandes cultivos (palma y caña de azúcar).

La actividad industrial ha perdido relevancia, mientras se fortalecen los bancos y el comercio (especialmente de bienes importados). Este patrón de desarrollo no genera empleo de calidad, ni garantiza sostenibilidad en el largo plazo.

La situación de las 13 áreas metropolitanas es muy distinta de la del campo, pero también resulta extremadamente heterogénea entre ciudades:

  • En el 2010, las ciudades con menor porcentaje de pobres fueron Bucaramanga (10,8 por ciento) y Bogotá (15,5 por ciento).
  • Las peores fueron Pasto (42,6 por ciento), Montería (39,5 por ciento) y Barranquilla (39,5 por ciento).

La heterogeneidad que se observa entre las ciudades muestra que son muy amplios los márgenes de maniobra a disposición de los gobernantes locales y que las ciudades pueden incidir de manera significativa en el mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes.

Para salir de la trampa

  1. Entre 2002 y 2010, la pobreza disminuyó efectivamente, aunque a un ritmo menor que en el resto de países de América Latina.
  2. La mala distribución del ingreso y de la riqueza no permite superar la trampa de pobreza. Para que el crecimiento efectivamente favorezca a los pobres se requiere que esté acompañado deliberadamente de políticas redistributivas.
  3. La brecha entre el campo y la ciudad se ha ampliado profundamente.

Estas tres constataciones no dan pie para ser optimistas. Y, sobre todo, muestran que el modelo de desarrollo debe ser replanteado de manera sustantiva, de tal forma que las políticas redistributivas ocupen un lugar privilegiado en la agenda económica y se diseñen mecanismos que favorezcan la convergencia entre el campo y la ciudad.

 *Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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