Eliminar la pobreza extrema es difícil, pero no imposible - Razón Pública
El presidente Santos mostrando en una pantalla la gráfica de la pobreza

Eliminar la pobreza extrema es difícil, pero no imposible

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El presidente Santos mostrando en una pantalla la gráfica de la pobreza

Jorge Iván GonzálezEl presidente Santos propuso eliminar la pobreza extrema para el 2025. Este objetivo es posible, pero difícil de alcanzar. Además, se debe tener en cuenta que es insuficiente y puede ser inestable.

Jorge Iván González*

Es posible

La meta propuesta por el presidente Santos (erradicar la pobreza extrema en el país para 2025) es posible. La línea de la pobreza extrema es de 92.312 pesos por mes y por persona. Ello significa que para una familia de 4 personas la línea de pobreza extrema es de 369.248 pesos mensuales. 

Se llama pobreza extrema porque este es el costo de la canasta nutricional mínima. En otras palabras, las familias que están por debajo de esta línea ni siquiera tienen los ingresos necesarios para cubrir sus necesidades alimenticias básicas. 

Esta es una frontera muy frágil porque en el caso de que la familia tuviera los 369.248 pesos mensuales, únicamente podría satisfacer los requerimientos nutricionales si destinara todo el dinero al consumo de alimentos.

Gráfica 1. Incidencia de la pobreza extrema
Porcentaje de personas

(julio 2008-julio 2014)

Grafica sobre la Incidencia de pobreza

Fuente: Dane

El porcentaje de personas que están en situación de pobreza extrema se ha reducido de manera continua. A nivel nacional, hoy es de 8,4 por ciento. Ello significa que 4 millones de colombianos no tienen los ingresos necesarios para comprar una canasta básica de alimentos. 

Con respecto a julio de 2008, cuando la incidencia era de 15,8 por ciento, la disminución de la pobreza ha sido importante.

Como se observa en la Gráfica 1, la situación es muy distinta en el campo y en las ciudades. En las cabeceras el porcentaje es 5,4 por ciento, y en el campo es de 18,2 por ciento. 

La diferencia es de 12,8 puntos y, aunque la brecha ha disminuido (en julio de 2008 era de 15,2 puntos), la distancia entre el campo y la ciudad continúa siendo grande.

En las condiciones actuales es más factible eliminar la pobreza extrema en las ciudades que en el campo. En Bogotá y Bucaramanga, por ejemplo, las cifras son inferiores al 1,5 por ciento, así que estas ciudades podrían eliminar la pobreza extrema en los próximos 4 años. 

Incluso, en el resto del país, si se toman las medidas adecuadas es posible que la pobreza extrema desaparezca antes del 2025 si se avanza más rápido. En el promedio de América Latina la pobreza ha disminuido más rápido que en Colombia.

​Biblioteca Tomás Carrasquilla, en las comunas 6 y 7 de Medellín.
​Biblioteca Tomás Carrasquilla, en las comunas 6 y
7 de Medellín.

Es difícil

Eliminar la pobreza extrema no es una tarea fácil. Primero, porque se trata de mejorar las condiciones de vida de 4 millones de personas, una cifra nada despreciable. A medida que el porcentaje de pobres se va reduciendo, los esfuerzos marginales son crecientes. Es más fácil eliminar la pobreza extrema en Bogotá que en Quibdó.

Segundo, porque la pobreza extrema desaparece únicamente si se logra cerrar la brecha entre el campo y la ciudad. Para que las diferencias se acorten es indispensable mejorar la inversión, la producción y el empleo en el campo. Por ejemplo, en los preacuerdos de La Habana se ha llamado la atención sobre la necesidad de estimular la pequeña y la mediana producción campesina.

Y, tercero, porque para mejorar la productividad en el campo se deben modificar aspectos centrales de la actual estrategia de desarrollo. 

Uno de los hechos más significativos de la economía colombiana es la “apertura hacia adentro”. El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos sigue creciendo porque las importaciones son mayores que las exportaciones. 

De acuerdo con las proyecciones que ha hecho el Ministerio de Hacienda, entre 2001 y  2014 el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos pasaría de 1,3 al 4 por ciento del PIB. Los tratados de libre comercio han creado un desbalance en contra de la economía nacional. 

Entre las importaciones se destacan las de alimentos y productos básicos. En los últimos 10 años, las importaciones anuales de alimentos pasaron de un millón a más de 11 millones de toneladas. Mientras se mantenga esta tendencia, los pobres del campo no podrán recomponer su ingreso. 

Además, la revaluación del peso ha tenido consecuencias muy negativas porque ha desestimulado la producción agropecuaria, y en Colombia la revaluación ha sido más intensa que en el resto de América Latina. 

Para que la productividad del campo aumente, el nuevo plan de desarrollo debería considerar temas neurálgicos, como la relación entre las ciudades y sus regiones, el desarrollo de infraestructura vial, la oferta de crédito barato, la asesoría técnica, y el acceso a la tierra.

Estas tareas son difíciles porque obligarían a cambiar la lógica de la apertura, de tal forma que no sea “hacia adentro” sino “hacia afuera”. 

Cada vez que se firmaba un nuevo tratado de libre comercio, el gobierno argumentaba que el acuerdo favorecería las exportaciones de Colombia y, por tanto, la inversión y el empleo. Los datos de la balanza en cuenta corriente muestran que este ideal no se ha cumplido.

Es insuficiente

No basta con reducir la pobreza extrema. La meta de 92.312 pesos por mes por persona es un parámetro muy bajo. Apenas es la frontera del hambre y de la desnutrición. Es necesario crear las condiciones para que las personas puedan llevar el tipo de vida que ellas consideran valioso. 

Para ser agente de su propio destino se requiere que la capacidad de pago sea mucho más elevada. Ni siquiera sería suficiente con alcanzar el umbral de pobreza (208.404 pesos mes-persona), que es considerablemente más alto que el de la pobreza extrema.

4 millones de colombianos no tienen los ingresos necesarios para comprar una canasta básica de alimentos. 

Escapar a la desnutrición apenas es un primer paso en el ejercicio de la libertad. La sociedad, como decía Adam Smith a finales del siglo XVIII, debe garantizar que las personas puedan salir a la calle sin sentir vergüenza porque tienen camisa de lino y zapatos de cuero. 

La riqueza actual y las potencialidades del desarrollo de un país como Colombia permiten pensar en la meta más ambiciosa de eliminar la pobreza, y no solamente la pobreza extrema.

Los servicios públicos ofrecidos por el Estado permiten que las familias de bajos recursos tengan acceso gratuito, o a bajo precio, a la educación, la salud, la vivienda, el transporte, etc., y gracias a la oferta pública, la familia tiene mayor capacidad adquisitiva, y puede ampliar su canasta de bienes.

Periferia de Bogotá.
Periferia de Bogotá.
Foto: David Gómez

Puede ser inestable

Para que los logros que se vayan alcanzando en la lucha contra la pobreza sean estables a lo largo del tiempo se necesita que las medidas coyunturales estén acompañadas de políticas que mejoren la distribución del ingreso y de la riqueza. 

El llamado crecimiento pro-pobre se consolida si disminuye la concentración del ingreso. Al no actuar sobre los factores que mejoran la distribución se corre el peligro de perder los logros alcanzados en la lucha contra la pobreza. 

Aún en países que han alcanzado estándares de vida elevados es posible que la pobreza aumente. Para dar un ejemplo, en Francia, entre 2005 y 2011, la incidencia de la pobreza (medida con criterios diferentes de los que se utilizan en Colombia) aumentó 2 puntos porcentuales. El gobierno ha dicho que esta tendencia se explica porque la desigualdad del ingreso y de la riqueza se ha agudizado.

En las evaluaciones que se suelen hacer sobre el impacto de programas como Familias en Acción no se considera el efecto distributivo neto. Se dice que el programa favorece la lucha contra la pobreza porque el subsidio que recibe la familia le permite superar, o acercarse, el umbral de pobreza, pues el ejercicio convencional consiste en sumarle al ingreso el subsidio monetario. 

Pero estos cálculos son parciales porque no se restan los impuestos que paga la familia (IVA, predial, etc.). Es posible que el balance neto (subsidios e impuestos) sea negativo y que el subsidio no logre compensar lo que se paga por IVA. En este caso, el conjunto de la política social no sería distributivo.

En la lucha contra la pobreza es indispensable que se tenga en cuenta la distribución, porque la disminución de la pobreza se podrá convertir en una tendencia estable si y solo si está acompañada por una menor concentración del ingreso y de la riqueza.

 

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

 

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