
El legado de Petro
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Pocos pueden discutir el gobierno Petro desde dentro. Jorge Iván González, exdirector de Planeación Nacional, confronta las tesis de Colombia después de Petro desde la experiencia de quien hizo parte del gobierno.
Un libro retador
El libro de Hernando Gómez Buendía, Colombia después de Petro (Planeta, 2026) es retador porque desde el comienzo coloca al lector en una situación complicada. Afirma, con razón, que las ideas tienen un papel determinante en “la conducción de los asuntos públicos” (p. 21). Y enfatiza que “… todos somos ideológicos” (p. 47).
Obviamente, su lectura del gobierno Petro es sesgada. Corresponde a su ideología. No es fácil aceptar que todos estamos sesgados. Que los lectores también estamos llenos de prejuicios. En mi caso la reflexión es más difícil. Acepto que mi lectura también es sesgada. Reconozco, además, que puede ser más ideologizada porque participé en el gobierno, con la ilusión de que, por fin, el sueño de la transformación social y económica del país se iba a concretar en su administración. Fui un petrista convencido. Pensé que el “gobierno del cambio” iba a sentar las bases para realizar las transformaciones estructurales que necesita el país.
Con profundo pesar, me uno al escepticismo de Hernando,
“… el Gobierno del Cambio no alteró sustancialmente la trayectoria de esos indicadores [los sociales y los económicos]; el resultado es decepcionante si se le compara con sus propias promesas y con las esperanzas que despertó, pero tampoco se produjo el desastre o la crisis severa que muchos temían o pronosticaban. En este sentido, y aunque suene paradójico, el Gobierno del Cambio fue un gobierno normal” (Gómez, p. 200, énfasis añadido).
Las reformas sociales no tuvieron mayor impacto. En el 2014 había 16,4 millones de pobres. Hoy hay 16,3 millones. En diez años la pobreza no se ha reducido. La desigualdad también se mantiene. La reforma tributaria, claramente progresiva, que hizo el ministro Ocampo no fue suficiente para mover el Gini, que apenas se modificó en las milésimas, pasando de 0,556 en el 2022 a 0,551 en el 2024. Sí, efectivamente, fue un “gobierno normal”. Los datos que se presentan en el libro son numerosos y, como dice el autor, se trata de indicadores sencillos que gozan de un relativo consenso.
La segunda parte de la frase también es significativa. No hubo un “desastre”. Más allá de las declaraciones altisonantes contra la empresa privada, el gobierno no tomó ninguna acción que impidiera el libre mercado. A su vez, los empresarios fueron desarrollando mecanismos resilientes y terminaron entendiendo que después de un discurso en el que el presidente los trataba de “rentistas”, no pasaba nada, y sus negocios seguían funcionando¹.
- 1. La ideología y el discurso transformador
“Definiré, pues, la ideología como el conjunto de creencias derivadas de valores e intereses y resaltadas por las emociones que moldean lo que cada uno de nosotros percibe o acentúa de la realidad así como lo que uno no percibe, minimiza o deforma de esa realidad y la manera como cada uno de nosotros organiza esas percepciones en un todo o en un “relato” que le parece coherente” (Gómez, p. 47).
En La Verdadera Historia de Colombia, dice Hernando,
“Las ideologías son inevitables y todos pensamos de manera ideológica, aunque todos queremos creer y necesitamos creer que no es así” (Gómez, 2022, p. 127).
“… todos somos ideológicos y todas las instituciones de cualquier sociedad se basan en un relato o en un mito que las hace respetables u obligantes” (Gómez 2022, p. 364)
Las ideologías y los relatos que ellas construyen transforman la sociedad. El relato fantástico de Moisés separando las aguas del mar Rojo ha validado el discurso del pueblo escogido, convirtiéndose en la justificación moral de hechos tan dramáticos como el genocidio de Gaza. La Bula de Inocencio VIII en la que se autoriza la persecución a la brujería se basa en hechos “constatados”.
“Pueden consultarse los escritos de muchos doctores acerca del Libro 2 de las Sentencias, y se comprobará que todos concuerdan en decir que existen brujos y hechiceros que por el poder del diablo son capaces de producir efectos reales y extraordinarios, y que éstos no son imaginarios, y que Dios permite que tal cosa suceda” (Kramer y Sprenger, 1486, p. 10).
La necesidad de combatir la existencia de brujos y hechiceros se convirtió en el fundamento moral que tuvo la Inquisición para sacrificar a unas 50 mil personas – la gran mayoría mujeres – acusadas de herejía y brujería.
Sin duda, el discurso de Petro transformó el lenguaje de la política. Coincido con Hernando en que este fue su gran aporte. Colocó en primer lugar la geografía, y le anunció a los habitantes del planeta, que Colombia es “potencia mundial de la vida”². Este mensaje es potente. Es intrínsecamente válido pero al decir de Habermas (1992), siempre habrá obstáculos en su facticidad. La validez intrínseca del discurso se encuentra con todas las limitaciones de su facticidad. El afán de aplicar rápidamente sus mensajes, llevó al gobierno a cometer errores significativos, sobre todo, en el manejo de la política energética y en la salud. Las declaraciones de “no exploración” le hicieron daño a las finanzas de Ecopetrol y a la balanza comercial del país³. Y en el campo de la salud, por el afán de introducir la prevención se debilitó el conjunto del sistema.
Pero, por otro lado, y en esto Hernando es excesivamente optimista, el discurso ambiental contribuyó al “cambio que sí fue”. Exagera al afirmar que “… la política exterior de Colombia experimentó un giro de 180 grados bajo el gobierno de Gustavo Petro” (Gómez, p. 203). Esta apreciación es menos cierta después del encuentro de Petro con Trump. [La reunión tuvo lugar después de la publicación del libro]. Las numerosas declaraciones de Petro, bien documentadas en el texto, sobre el fracaso de la guerra contra las drogas quedaron desvirtuadas después de que el presidente terminó aceptando las reglas de juego impuestas por Trump. Y en contra de las ideas iniciales del presidente, no tuvo más remedio con continuar impulsando la guerra contra las drogas.
El otro componente relevante del discurso de Petro tiene que ver con su concepción de la sociedad. En palabras de Hernando, el relato “… es movido por una ideología clara, aunque no necesariamente sistemática: una visión popular de la historia y del poder” (Gómez, p. 54). El “pueblo” es el centro de la reflexión. Y este pueblo que ha sido maltratado y excluido, es escuchado por Petro, así que “… el Estado debe ser recuperado para el pueblo, no para los banqueros ni contratistas; el discurso técnico es un disfraz ideológico: hay que desenmascararlo” (Gómez, p. 54). Petro siente que tiene el privilegio de ser el único que oye la voz del pueblo. Sus ministros son incapaces de entender los mensajes de los “nadie”. También son sordos los congresistas y los magistrados.
Hernando trae a colación a Rousseau (1762) para quien el pueblo es el titular exclusivo de la soberanía. La “voluntad general” no puede ser representada ni delegada.
- La incapaidad de gobernar
Rápidamente Petro se dio cuenta de la dificultad de gobernar. Y, entonces, “… siguió actuando como un opositor, más que como un gobernante” (Gómez, p. 251). La frase de Petro: “El presidente es revolucionario, pero el gobierno no lo es” (citada por Gómez, p. 74) es contundente. Petro no se siente llamado a transformar el Estado y, en cambio, decide dinamitar el establecimiento desde dentro.
“Gustavo Petro Urrego, finalmente, es el teórico de plaza pública que concibe el Estado como escenario para la pedagogía y ve la Presidencia como el ariete para dinamitar el establecimiento desde adentro” (Gómez, p. 256, énfasis añadido).
Esta lógica ha sido tan exitosa que su popularidad continúa subiendo. No es culpable de nada. Los errores se deben a los otros. Hernando analiza con detalle esta tensión entre la responsabilidad individual y las dificultades derivadas de la inercia del aparato estatal.
El caudillo convence en la plaza pública.
“Su palabra conmueve porque no está hecha para complacer a los poderosos ni para embellecer los balances de las grandes empresas, sino para recordar que debajo de cada cifra hay una injusticia, una exclusión, un dolor” (Gómez, p. 62).
El discurso continúa alimentando la esperanza, y el “pueblo” acepta que durante estos cuatro el establecimiento no permitió que el presidente le cumpliera a sus electores.
“Y por eso su discurso vibra, por eso incomoda, por eso divide: porque no está hecho para adornar el poder, sino para interpelarlo. En un país cuyos dirigentes han hablado desde arriba, Petro eligió hablar desde abajo. Y eso, para millones, basta para creer que la esperanza es posible” (Gómez, p. 62).
- La desconfianza en la tecnocracia
Otro de los temas tratados por Hernando es la desconfianza de Petro por el razonamiento científico.
“… el pensamiento de Gustavo Petro se levanta sobre una epistemología o una teoría del conocimiento, una visión del mundo que desconfía del saber experto como forma de llegar a la verdad” (Gómez, p. 63).
Petro desconfía de la racionalidad moderna. Es evidente su desprecio por los equipos técnicos del Ministerio de Hacienda y del Departamento Nación de Planeación (DNP). El Estado tiene se ser administrado por activistas fieles, así no tengan idea de la compleja administración del Estado. En otras palabras, “Gustavo Petro desconfía del proyecto de la modernidad, cree que el pueblo tiene la razón independientemente de lo que diga la ciencia” (Gómez, p. 72). A medida que fue avanzando el gobierno, los ministros con capacidad técnica fueron disminuyendo frente a los activistas fieles. La verdad es sacrificada a favor de la moral. El proceso de construcción de la verdad es complejo y requiere de una mirada colectiva (Sen 1993)³
Petro envía un mal mensaje a la izquierda porque para lograr resultados es necesario actuar con “realismo, foco y capacidad técnica” (Gómez, p. 96). El maltrato a la técnica podría ser una de las explicaciones al desconocimiento por parte del presidente del plan de desarrollo Colombia Potencia Mundial de la Vida.

- Entre Marx, Keynes y Mazzucato
Hernando se pregunta por el soporte conceptual del discurso económico de Petro. Es una combinación de ideas de Marx presentadas de manera desordenada, y de una mirada keynesiana a través de la lente de Mazzucato (2011). Los argumentos del presidente responden a una mirada del trabajo productivo, que ha sido superada por la literatura especializada. En su opinión, la riqueza se genera en la fábrica, en condiciones de explotación. Y esta plusvalía se la apropian los banqueros y los comerciantes.
El tono del plan de desarrollo es claramente keynesiano. Hernando explica bien la distancia de Petro frente a la doctrina keynesiana. Jamás pasó por la mente del gobierno la estatización de empresas privadas. Las referencias de Petro a Marx son solamente discursivas.
Mazzucato cambia la visión del Estado. En lugar de desplazar al sector privado, la inversión pública estimula a los privados. Además, el Estado tiene la ventaja de impulsar proyectos de ciencias básicas, sin saber de antemano los beneficios que de allí se podrían desprender. En el campo de la infraestructura, cada peso invertido por el Estado estimula cuatro pesos de los privados.
Aunque se aprobó un Conpes de industrialización (DNP 2023), el gobierno no lo incorporó como instrumento de gestión. Y con respecto al desarrollo agropecuario, Petro tiene un “sesgo agrarista”, que le da excesiva importancia a la entrega de tierras, descuidando la asistencia técnica, el crédito, las vías, los sistemas de riesgo, etc. La consigna “tierra para quien la trabaja”, que tuvo mucha resonancia en la Anuc de los años setenta, no se puede aplicar a todas las regiones del país.
Hernando evalúa con detalles los resultados de los gobiernos socialistas en América Latina, y los contrasta con la mirada de Petro. Sin duda, las especificidades del caso colombiano son numerosas.
- La tragedia de la paz total
Hernando muestra que a diferencia de todos los gobiernos anteriores, Petro sí ha sido consecuente con su mirada interdisciplinar de la violencia. Pero el resultado
“… fue paradójico y trágico: la promesa de una paz completa, de dignidad para el campesino y de seguridad humana terminó agravando el desorden, y la apuesta por lo importante dejó al país aún más consumido por lo urgente” (Gómez, p. 136).
Hernando le dedica muchas páginas al análisis de la violencia. Retoma varias de las hipótesis que había planteado en La Verdadera Historia de Colombia.
“La mayoría de los vecinos latinoamericanos, en general tan desiguales o excluyentes como Colombia, han tenido menos violencia política durante el último siglo y en el pasado reciente no han sufrido ninguna que se compare con la nuestra. Por razones tan contundentes como estas, la idea de que la desigualdad o la exclusión no causan la violencia parece obvia y sin embargo es algo que los protagonistas y observadores del conflicto colombiano han discutido – y confundido – ad infinitum” (Gómez 2022, p. 92).
En su mirada interdisciplinar de la violencia, Petro mezcló instrumentos, y confundió los intereses de los diferentes grupos armados.
- Mucho ruido y pocas nueces
Hernando explica muy bien la forma como la naturaleza humana es reacia al cambio.
“El orden social se mantiene porque casi nadie se propone cambiarlo, y casi nadie se propone cambiarlo porque casi nadie lo percibe como algo que pueda ser cambiado” (Gómez, p. 97).
Incluso, las personas con fuertes deprivaciones no reaccionan. “La mejor definición de la pobreza es decir simplemente que ocupa todo el tiempo y en que no deja energías para rebelarse” (Gómez, p. 98).
Piensa Hernando que en esta mezcla de claros y oscuros, la mejor definición del gobierno Petro sería “mucho ruido y pocas nueces” (Gómez, p. 273). El ruido debe entenderse en un sentido positivo porque los llamados de atención del discurso de Petro ya cambiaron la forma de conversar y de hacer política en Colombia. En este proceso la izquierda se convirtió en un actor fundamental. Y los que siempre habían estado en el poder han constatado su incapacidad de hacer oposición. Durante este cuatrienio el drama de la izquierda es que “llegó a la Presidencia, pero no llegó al poder” (Gómez, p. 249).
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1. “Pero en la vida real este cuatrienio fue un escenario radicalmente distinto del que decía o dice la derecha: ni naufragio económico, ni prensa amordazada, ni propiedad confiscada, ni jueces sometidos, ni copia del modelo cubano-venezolano. Mucho ruido alrededor de estos temores, pero muy pocas nueces para sustentarlos” (Gómez, p. 274).
2.“El desafío más obvio del Estado colombiano a lo largo de su historia ha sido el de regular la ocupación de su extenso y fragmentando territorio. De aquí resulta que las formas de tenencia y usos de la tierra hayan sido el sustrato principal, o incluso el protagonista, de nuestra larga violencia política. Para apretarlo en una caricatura: las guerras civiles del siglo XIX se basaron en la hacienda, La Violencia de mediados del siglo XX en la finca cafetera, las Farc en la colonización de la Orinoquia y los paramilitares en la ganadería y los cultivos comerciales” (Gómez 2022, p. 71). Y de manera más enfática afirma: “En síntesis: la ordenación del territorio fue el problema mal resuelto de Colombia” (Gómez 2022, p. 149).
3. “… la posición antiextractivista del gobierno tuvo el efecto previsible de desestimular a las industrias del sector. Aunque su actividad depende de otros muchos factores, las exportaciones combinadas de petróleo, carbón y derivados disminuyeron más de 30%” (Gómez, p. 182).
4. “… la objetividad está estrechamente ligada al aspecto social del método científico, es un hecho que la ciencia y la objetividad científica no resultan (ni pueden) de los intentos de un científico individual de ser ‘objetivo’, sino de la cooperación amistosa y hostil de muchos científicos. La objetividad científica puede describirse como la intersubjetividad del método científico. Pero este aspecto social de la ciencia es casi por completo ignorado por quienes se autodenominan sociólogos del conocimiento” (Popper 1943 [1966, p. 413]).
Acerca del autor
Jorge Iván González
*Ph.D. en Economía de la Universidad de Lovaina, Magíster en Economía en la Universidad de los Andes, Licenciado en Filosofía de la Universidad Javeriana. Ha sido decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Fue honrado con la orden al Mérito Gerardo Molina en 2007. Dirigió el Informe de Desarrollo Humano Bogotá, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Dirigió el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID). Fue director del Departamento Nacional de Planeación. Actualmente es profesor de la Universidad Externado.
2 comentarios





Muy buen artículo. Muy útil para la coyuntura, especialmente para quienes guardamos una distancia preventiva, pero no opositora, con el gobierno «del cambio». Nos alimenta la angustia a los que tuvimos expectativas en materia de paz y transformaciones. Creo que este gobierno profundizó, tristemente, la doctrina de seguridad, la narrativa contrainsurgente y del enemigo interno.
Con la admiración y respeto por el autor, creo que nunca debió hacer parte del Gobierno, en contrario debió pertenecer a la oposición.