
Jorge Zalamea: la esperanza detrás de la cólera
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A 50 años de la publicación del poema “El sueño de las escalinatas”, una de las obras fundamentales de la literatura colombiana, recordamos a Jorge Zalamea, un escritor que encarnó como pocos las esperanzas y frustraciones del siglo XX colombiano.
Un letrado en la Atenas suramericana
Jorge Zalamea fue un miembro clásico de lo que el crítico uruguayo Ángel Rama llamaría “la ciudad letrada”, ese cenáculo que en América Latina ha estado ligado desde siempre al mismo tiempo a las letras y al poder.
Nacido a comienzos del siglo en el seno de una culta familia bogotana (y hermano del famoso periodista y novelista Eduardo Zalamea Borda “Ulises”), Zalamea se debatió desde muy joven entre el periodismo y la burocracia.
Jorge Zalamea fue un miembro clásico de lo que el crítico uruguayo Ángel Rama llamaría “la ciudad letrada”, ese cenáculo que en América Latina ha estado ligado desde siempre al mismo tiempo a las letras y al poder.
Los años 1920 y 1930, durante los que transcurrió la juventud de Zalamea, fueron la época de la Bogotá de los cafés, la bohemia y las tertulias interminables en el Automático o La Gran Vía. También fue la época en que una camada de escritores y artistas de provincia, como León de Greiff, Ricardo Rendón y Luis Vidales, habían llegado a la capital a traer una renovada mirada al nuevo siglo que todavía no acababa de aterrizar en Colombia.
El país parecía vivir tiempos de paz pues desde el final de la Guerra de los Mil días no se habían presentado guerras civiles del tipo que habían desangrado el siglo XIX. Y con la llegada de los liberales a la Presidencia en 1930 parecía que la modernidad era posible en aquel país provincial encerrado entre montañas.
Y fue justamente durante los gobiernos de la llamada República Liberal que Zalamea se desempeñó durante varios años, entre otros puestos, como ministro de Educación y secretario de la Presidencia de Alfonso López Pumarejo, mientras adelantaba un continuo trabajo de crítica cultural en diversos medios impresos de la capital.
![]() Bogotá durante los años cincuenta. Foto: Portal Oficial de Bogotá |
Algo olía mal en Colombia
Pero la belle époque de viajes diplomáticos y producciones teatrales y poéticas terminó para Jorge Zalamea en 1946, el mismo año en el que terminó para muchos colombianos la esperanza de un país mejor, cuando los conservadores volvieron a la Presidencia y se inició la represión violenta que desencadenaría la violencia política de los años posteriores.
Por eso mismo, Zalamea fue uno de los primeros que trató de orientar a las masas el 9 de abril de 1948 cuando el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán ofreció una de las pocas oportunidades de hacer la revolución en el país; y también fue uno de los más enconados opositores de los gobiernos conservadores, primero de Mariano Ospina Pérez y después de Laureano Gómez, que llegaron para aplastar las tímidas reformas de la República Liberal.
Durante esos años, su tarea periodística se enfocó en la creación e impulso del semanario Crítica, que tras la apariencia de un periódico cultural escondía la oposición más devastadora al gobierno conservador.
Fue en ese espacio donde Zalamea publicó su cuento “La metamorfosis de su Excelencia”, un enrevesado relato de cómo un presidente empieza a percibir en su cuerpo y en todo lo que lo rodea un olor a putrefacción que se hace insoportable, hasta el punto que tiene que huir de Palacio buscando la purificación en el retorno a las fuentes animales de su vida.
No era difícil interpretar este relato como una propia metáfora de los gobernantes de turno en Colombia, y no pasó mucho tiempo antes de que el régimen de Laureano Gómez lo obligara a salir del país rumbo a un exilio en Buenos Aires.
Fue en Argentina donde Zalamea escribió en 1952 la que es tal vez su obra más conocida: El Gran Burundún Burundá ha muerto, una novela corta en la que describe los funerales de un tirano absoluto que es acompañado por sus fieles escuderos a su morada final, al tiempo que un narrador describe todos los despropósitos de su régimen.
Entre los muchos horrores que el Burundún había hecho con su pueblo, tal vez el más grave fue que le quitó el poder de la palabra, hasta convertirlo en una masa para la que el signo lingüístico dejó de tener sentido. Al perder su capacidad de sentir y pensar a través del uso del lenguaje, el pueblo gobernado por el Burundún termina sufriendo la dominación y la humillación máxima.
Fue en Argentina donde Zalamea escribió en 1952 la que es tal vez su obra más conocida: El Gran Burundún Burundá ha muerto.
Dentro del universo de las letras colombianas uno de los fragmentos sin duda más célebre es aquel que enumera cómo el Burundún logró convencer a sus ciudadanos de la inutilidad de las palabras:
“A los cavilosos, se les repetía: 'La mejor palabra es la que está por decir'. A los confiados se les repetía: 'Palabra de boca, piedra de honda'. A los testarudos se les repetía: 'A dos palabras, tres porradas'. A los precavidos se les repetía: 'Palabra suelta no tiene vuelta'. A los codiciosos se les repetía: 'Lo que entra por un oído sale por el otro'. A los que solo anhelaban seguridad se les repetía: 'Palabras y plumas, el viento las tumba'. A los que querían amor se les repetía: 'Palabras de santo, uñas de gato'. Así, interminablemente, infatigablemente, la palabra se combatía a sí misma”.
A pesar de que El Gran Burundún Burundá está escrito en un pesado lenguaje barroco que llega a abrumar al lector con sus interminables enumeraciones y su exagerada adjetivación, la obra tuvo bastante éxito no solo en Colombia sino en otros países de América Latina, así como en las traducciones que de ella se hicieron.
Al final, su tema es universal: los tiranos enemigos de las palabras se encuentran en todos partes, y todavía hoy esta obra hace parte del canon latinoamericano de la corriente conocida como la “novela del dictador”.
![]() Laureano Gómez en el Aeropuerto de Techo. Foto: Biblioteca Luis Ángel Arango |
Un juicio en las escalinatas
Pero la cólera de Jorge Zalamea no habría de desahogarse por completo con su severo juicio del dictador tercermundista. Después de que en Colombia se cumpliera la predicción del Burundún en la figura del general Gustavo Rojas Pinilla, quien llegó al poder en 1953 y en poco tiempo mandó a “prohibir la palabras” cerrando algunos de los periódicos más importantes, como ya había hecho el Burundún, Zalamea continuó su crítica a la política nacional desde su exilio casi permanente.
Ya en la década de los sesenta Zalamea volvió a Colombia a recibir en cierta medida el reconocimiento que se le tenía pendiente, y la publicación en 1964 de su largo poema “El sueño de las escalinatas” fue bien recibido por la crítica y el público, que no solo lo leyó en su edición de Tercer Mundo Editores, sino que lo escuchó masivamente en HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=mz5QFWwqzOw" la grabación de la lectura en voz del autor que produjo la emisora HJCK.
“El sueño de las escalinatas” es un poema que gira sobre los temas recurrentes en la obra de Zalamea: la comunicación del poeta con su público, el continuo peligro de los hombres de convertirse en animales al despreciar lo que los hace humanos, y la acusación despiadada de todos los hombres miserables que hacen la desgracia de sus congéneres.
Después de su publicación, Jorge Zalamea continuó con el trabajo político que venía adelantando desde hacía varios años, pero hacia el final de su vida hasta el proyecto socialista en el que había creído habría de derrumbarse frente a él cuando los tanques soviéticos aplastaron a Checoslovaquia justo en el año en que Zalamea fue reconocido por la URSS con el Premio Lenin de la Paz, reconocimiento que rechazó como protesta por las acciones militares de la potencia comunista.
Una vida dedicada a la vida
Aunque pudiera pensarse que la obra de Jorge Zalamea parece en un gran lamento ante la injusticia y el despotismo del mundo, leída con atención esta también nos puede revelar su carácter optimista.
Si bien su descripción de la corrupción del poder y la derrota del hombre llega a producir verdadero desasosiego, usualmente en sus narraciones al final se vislumbra alguna redención subyacente al horror: la Excelencia de “La metamorfosis de su Excelencia” alcanza a intuir en la naturaleza y en el agua nocturna la posibilidad de su anhelada purificación; el pueblo sometido por el Gran Burundún termina desquitándose de su tirano a través de la figura de un caballo que cierra el cortejo fúnebre y humilla a su tirano con una risa “que no le cabía en el cuerpo”; y la sonora acusación que Zalamea hace a la humanidad en “El sueño de las escalinatas” se disuelve cuando el poeta da su orden definitiva: “¡No más cólera! ¡No más odio! ¡Solo el amor viril del hombre por su especie y por su semejanza!”.
Así que la obra de Jorge Zalamea, un hombre que fue testigo de la violenta decadencia del país en el siglo XX, un hombre que padeció en carne propia la persecución del poder cuando sus palabras fueron peligrosas para los tiranos, un hombre que murió en 1969 desencantado del derrotero de la utopía al mismo tiempo que era acusado de comunista apátrida por los mismos que lo habían condenado al exilio, también se puede leer como un mensaje de vida y esperanza entre líneas aparentemente cargadas de resentimiento. Tal vez reconocer este legado esperanzado sea el mejor modo de redescubrirlo en el siglo XXI.
*Historiador.
@HistoricaMente
Acerca del autor
Nicolás Pernett
*Historiador. Su más reciente libro es ‘Presidentes sin pedestal. Una historia cínica de los gobernantes de Colombia’, publicado por Ediciones B.
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A 50 años de la publicación del poema “El sueño de las escalinatas”, una de las obras fundamentales de la literatura colombiana, recordamos a Jorge Zalamea, un escritor que encarnó como pocos las esperanzas y frustraciones del siglo XX colombiano. 






