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Foto: Pixabay - Vacuna covid.

2022: entre la mentira y la verdad

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El nuevo año estará marcado por el viejo enfrentamiento entre mentira y verdad, una contienda que ha sido protagonista en los medios y la cultura en los últimos tiempos y que seguirá marcando la discusión pública.

Nicolás Pernett*

Pequeñas dosis de verdad

Después de dos años de incertidumbre y dolor por la pandemia, las cosas parecen estar mejorando debido a los avances en la vacunación y la aparición de variantes más contagiosas pero menos letales del virus. Sin embargo, esta traumática experiencia nos ha mostrado que una buena parte de la población es susceptible de convencerse fácilmente con mentiras o mostrarse escéptica ante la verdad.

A pesar de las cada vez más completas evidencias que demuestran los beneficios de las vacunas, no han faltado los contumaces que niegan desde la existencia misma del virus hasta las medidas que se han adoptado para contenerlo. Muchos de ellos han invocado dos de los logros más preciados de las sociedades abiertas de la modernidad: su libertad individual y su derecho a dudar de lo que oyen.

Pero en este discurso se han quedado a mitad de camino, pues olvidan que la libertad individual no se puede ejercer sin tener en cuenta su efecto sobre terceros, y que la deliberación sobre la verdad y la mentira se debe hacer con argumentos de peso y después de una investigación a fondo; algo que en este caso han hecho mucho mejor los científicos del mundo entero que los legos que apenas les han dado clic a un par de videos de YouTube.

Uno no puede sino imaginarse con horror cómo serán las reacciones de este sector ante las medidas que deberán tomarse para combatir los efectos del irreversible cambio climático: se negarán a abandonar estilos de vida contaminante en nombre de su derecho individual a destrozar el planeta; no aceptarán evacuar zonas de peligro de desastre inminente alegando que detrás del desalojo está Bill Gates; dirán que las nuevas ciudades ecológicas son otra forma del control social planeado por los “illuminati”; y cosas por el estilo.

Por supuesto, quedarse solo con la mitad de las razones que apoyan nuestros prejuicios no es algo nuevo y lo más seguro es que seguirá muy presente en el futuro. Mucho más en la era de omnipresencia de las redes sociales, las cuales se han convertido en enormes autopistas de la mentira donde circulan todo tipo de tergiversaciones sin controles y donde se ha demostrado que las noticias falsas son mucho más atractivas que las verdaderas a la hora de estimular el tráfico.

Habrá que ver cómo se comporta la circulación de mentiras en los nuevos metaversos en los que nos quieren meter las grandes corporaciones informáticas. Si nos guiamos por lo que han dicho exejecutivas de Facebook como Frances Haugen sobre la indolencia de la compañía frente a las falsedades, no se auguran cosas buenas. Como tampoco se espera que haya mucha verdad en la nueva red social que creará el expresidente de Estados Unidos Donald Trump, a la que le ha puesto el irónico nombre de Truth Social y que empezará a funcionar en 2022.

Identificar la mentira

Este panorama de mentiras en alta definición es preocupante porque puede ser muy atractivo para la población joven que está en desarrollo y que ha sufrido una debacle educativa en los últimos años debido a la pandemia. Son harto conocidas las alarmas expertas sobre las consecuencias del cierre de escuelas por el virus, y cada cierto tiempo pruebas internacionales, como las Pisa, demuestran que en Colombia hay serios problemas de comprensión de lectura, entre otras falencias educativas.

Pues bien, es esta misma población maleducada la que después debe tener el criterio para corroborar la información que lee en redes sociales, entender y criticar las políticas de su gobierno y votar en las elecciones. Y como 2022 también es año de elecciones en Colombia, se hace mucho más necesario tener un poquito de verdad en medio de tantas mentiras, exageraciones y parcialidades que se dirán durante los meses de campaña.

Por supuesto, los candidatos no piensan mucho en esto, pues saben que hace rato la política electoral es una operación emocional más que racional, donde no importan tanto los atentados contra la lógica como el establecimiento de claros bandos contrarios y apasionados que nos movilicen hacia las urnas. Como siempre, después de las elecciones las tensiones se atenuarán y las cartas se repartirán de nuevo, pero todos quedaremos con los puños listos para enfrentarnos en una próxima pelea para defender la “verdad” de nuestro líder.

Si por el lado de los contendientes al poder no se puede esperar mucha sensatez, del lado del gobierno tal vez la haya aun menos. Ningún gobierno se caracteriza por su amor a la verdad, pero el de Iván Duque se destaca (para mal) en este sentido. El último año no ha hecho sino ratificar su propensión a la mentira y tergiversación, desde el falso ciberataque al gobierno que denunció la Fundación para la Libertad de Prensa y que el ministro de Defensa, Diego Molano, calificó como una campaña educativa a la ciudadanía (fiel aprendiz de los “hechos alternativos” de Trump) hasta la confusa captura/entrega de alias Otoniel de hace unas semanas.

En el 2022 Noticias Falsas
Foto: Comisión de la verdad - La otra verdad que estamos esperando es la de la COmisión de la Verdad.

Puede leer: Guía para entender y combatir las fake news durante la pandemia

Este tipo de denuncias ha llevado a gran parte de la ciudanía a no creer en la mayoría de los comunicados que llegan del gobierno, incluso cuando son verdad, algo que es muy grave para una democracia. Ahora dudamos de las intervenciones extranjeras, del sistema electoral, de las realidades del presupuesto, de los sucesos de orden público y de muchas otras noticias cotidianas. En este mundo donde hay tantas conspiraciones como teorías conspiranoicas, es cada vez más difícil discernir el grano de lo que es pura paja.

Construir la verdad

Este año también se supone que se entregarán al país dos hitos importantes en la construcción de la verdad histórica: el Museo de la Memoria, del Centro Nacional de Memoria Histórica; y el Informe Final de la Comisión de la Verdad. El primero será uno de los últimos productos del acuerdo de Justicia y Paz con los paramilitares de inicios del siglo; y el segundo será el resultado de la investigación de los últimos años de una Comisión nacida del acuerdo de paz con las FARC.

Esperamos que ambos sirvan para conocer un poco mejor la historia de nuestras violencias. Sin embargo, estos proyectos podrían adolecer de serios problemas. Por ejemplo, el Museo de la Memoria ha sufrido constantes renuncias en los últimos años, atribuidas a la tozudez del director del CNMH, Darío Acevedo, acusado por varios de sus subalternos de torpedear procesos y bloquear iniciativas porque no están de acuerdo con su concepción personal del pasado nacional.

En este caso encontramos un ejemplo de visión parcial y sesgada que usa un argumento válido (el conflicto afectó también a empresarios y militares) para desestimar la importancia de las víctimas menos poderosas (que fueron la mayoría) e ignorar la revisión de pares y construcción conjunta del conocimiento (uno de los fundamentos de la ciencia). De nuevo: una verdad a medias que sirve para justificar un ocultamiento.

Por su parte, la Comisión de la Verdad lleva cuatro años recogiendo testimonios y mostrando al país algunos aspectos desconocidos o poco escuchados del conflicto. En ese lapso ha recibido todo tipo de golpes, incluida la malquerencia del gobierno, las críticas sobre su presupuesto que algunos políticos han lanzado para el gallinero, así como la suspensión de sus actividades debido al confinamiento de 2020 y la muerte de dos de sus comisionados por enfermedad (Ángela Salazar y Alfredo Molano).

Esta no ha sido la primera comisión de la verdad en el mundo que se ha enfrentado a graves problemas, incluyendo el choque de posiciones y convicciones irreconciliables. Hay que recordar que la Comisión Investigadora de las Causas de la Violencia, creada en 1958 por el presidente Alberto Lleras para estudiar el ciclo de guerra civil que había padecido el país, no pudo entregar un informe único por los desacuerdos entre sus integrantes; y que el apresurado experimento de la Comisión Histórica del Conflicto Armado y sus Víctimas que se reunió durante los diálogos de paz de La Habana produjo un informe desarticulado y en algunos casos contradictorio pues sus redactores no llegaron a debatir sus “verdades” entre ellos.

Hay que esperar para ver si la Comisión de la Verdad logra superar estos escollos, entrega al país un informe suscrito por todos sus comisionados y no se empantana en largas discusiones irresolubles sobre la verdad (un problema contrario al del Museo de la Memoria, donde parece haber una sola visión que no discute con ninguna otra).

Sirve recordar que el nombre completo de este grupo de investigación es Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad. Es decir que antes de la verdad en mayúscula debe haber un proceso de aclaración, de contribución al avance del conocimiento, de aportes, valiosos pero humildes, al arduo trabajo de construcción colaborativa del saber.

Por eso, antes de aprobar o desaprobar con rapidez el qué de cualquier verdad con las que nos enfrentemos cada día, deberíamos preguntarnos antes cómo se llegó a esa aseveración, quién la dice y desde dónde, cuáles resultados puede traer y por qué es necesaria. De esa manera la verdad deja de ser una epifanía mística o un tesoro inesperado y se vuelve un procedimiento conducido con integridad y construido colectivamente. Es decir, una de las formas más nobles de la vida en comunidad.

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Nicolás Pernett

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Nicolás Pernett

*Historiador. Su más reciente libro es ‘Presidentes sin pedestal. Una historia cínica de los gobernantes de Colombia’, publicado por Ediciones B.

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