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El cine en Colombia: los estrenos de la semana

Escrito por Nicolás Pernett
Ingrid Bergman fue imagen del 68º Festival de Cannes, realizado del 13 al 24 de mayo de este año.

Ingrid Bergman fue imagen del 68º Festival de Cannes, realizado del 13 al 24 de mayo de este año.

Nicolás PernettMientras La tierra y la sombra triunfaba en Cannes, se estrenaron dos excelentes producciones en Colombia: El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra, y Gente de bien, de Franco Lolli, que demuestran el buen momento que atraviesa nuestro cine.

Nicolás Pernett*

¿Quién es quién en Cannes?

En la última semana el cine nacional ha sido noticia por los varios éxitos que han cosechado algunos realizadores colombianos en el Festival de Cannes, que este año tuvo tres películas colombianas en su selección: El abrazo de la serpiente, del director Ciro Guerra, Alias María, de José Luis Rugeles, y La tierra y la sombra, de César Acevedo.

Esta última, además, se alzó con el prestigioso premio Cámara de Oro como mejor ópera prima, entregado en el marco de la sección Semana de la Crítica del Festival. Este galardón se suma a los varios reconocimientos que ya ha recibido la película del realizador caleño, que será estrenada en Colombia en el mes de julio.

Como era de esperarse, los medios nacionales reaccionaron con júbilo ante los éxitos de los realizadores en el exterior y le dieron un amplio despliegue informativo a sus producciones, lo que se espera se traduzca en una buena venta de boletería cuando lleguen a los teatros.  

Las preguntas que nos plantea la historia de Ciro Guerra tienen que ver con el conocimiento, sus formas de transmisión y sus formas de perversión

Desafortunadamente, el público promedio solo reacciona ante las producciones nacionales cuando, como en estos casos, vienen precedidas del ruido mediático que causa haber ganado algún reputado galardón. Al haberse confundido la cultura con el entretenimiento, las buenas producciones nacionales solo pueden acceder al favor de las masas cuando entran en el circuito de lo espectacular, de lo que está de moda. Por eso, cuando la película es buena pero no gana ningún premio de prestigio se habla del cine colombiano “independiente”, pero cuando gana un premio de esta magnitud se convierte automáticamente en “nuestro cine colombiano”.

Mientras esperamos que se estrene La tierra y la sombra en Colombia, otras dos excelentes películas de realizadores nacionales tuvieron estrenos en la última semana dignos de ser reseñados.

El cineasta colombiano Ciro Guerra, director de El abrazo de la serpiente.
El cineasta colombiano Ciro Guerra, director de El abrazo de la serpiente.
Foto: Casa de América

El abrazo de la serpiente: la épica del olvido

La superproducción El abrazo de la serpiente cuenta la historia de dos extranjeros que realizan un viaje por los ríos de la selva amazónica a comienzos y a mediados del siglo XX, bajo la orientación del mismo guía indígena, Karamakate, en búsqueda de una flor, la yakruna, que los exploradores persiguen por sus propiedades curativas e industriales.

En esta atrapante historia, narrada al estilo de las road movies (o en este caso river movies), el espectador vislumbra en cada una de las paradas de los protagonistas el mundo que subyace tras la espesura de la selva: las comunidades milenarias intercomunicadas por los ríos, los indígenas vejados y esclavizados por las empresas caucheras, las órdenes religiosas que adoctrinan en nombre de la civilización a los jóvenes de la región y las banderas y las escopetas como única representación del Estado colombiano.   

En los dos viajes principales, el del etnógrafo Theodor Koch-Grünberg, en 1909, y el del botánico Richard Evans Schultes, en 1940, (que vienen a ser el mismo en la película pues el segundo es el intento de tener éxito donde el primero fracasó) las preguntas que nos plantea la historia de Ciro Guerra tienen que ver con el conocimiento, sus formas de transmisión y sus formas de perversión. En El abrazo de la serpiente todos están detrás de ganar, recuperar o imponer algún tipo de conocimiento: el de las plantas (usadas como aliadas sagradas del chamán o materia prima de la industria), el de la orientación en el laberinto selvático o el de la religión como forma de dominación o redención.  

El cómo y el para qué se usa ese conocimiento son las preguntas más interesantes que la película deja entrever en su narración: si un explorador extranjero le entrega su brújula a una comunidad nativa, ¿está pervirtiendo el saber ancestral de quienes se guían solo por los vientos y las estrellas o está transmitiendo una tecnología que también les puede servir? Si una orden religiosa acoge a indígenas víctimas de las compañías caucheras para evangelizarlos, ¿los está salvando o también los está esclavizando? Si una planta tiene usos sagrados en algunas comunidades, ¿no es posible usarla para ningún otro propósito?

Aunque la película de Ciro Guerra deja entrever por momentos estas preguntas, no tarda en dar su propia respuesta a los interrogantes: hay saberes bien usados y mal usados. Unos pueden llevar al conocimiento y la sanación si son utilizados con respeto, y otros solo llevan a la muerte y la destrucción cuando sirven para alimentar empresas egoístas y colonialistas. La película es precisamente un canto nostálgico por el conocimiento bueno y bien utilizado que ha sido arrasado en Colombia por los horrores del progreso.

Vista aérea de Cannes, en la riviera francesa.
Vista aérea de Cannes, en la riviera francesa.
Foto: Wikimedia Commons

Aunque su planteamiento moral sea acertado (¿quién que no sea un cínico puede negar que el desarrollismo capitalista ha destruido innumerables tradiciones sabias en nuestro continente?), la película pierde fuerza como obra de arte justamente por su posición aleccionadora y su deseo de mostrar palmariamente cuál es el camino correcto y cuál el equivocado.

Sin duda, el exotismo de sus imágenes (incluida su pueril representación final del “viaje” chamánico) y el hecho de que le permita al espectador saber cuál es el bueno y cuál es el malo de la película, le asegurarán al tercer film de Guerra un nutrido público, pero al mismo tiempo la descalifican como la obra maestra con la que el director sin duda soñó.                  

Gente de bien: la reconciliación imposible

Justamente lo contrario pasa con la película Gente de bien, del director colombiano Franco Lolli. Esta película tiene el raro mérito de conmover profundamente al espectador, sin que este pueda salir del teatro con la certeza de qué fue lo que salió bien o mal en lo que acaba de ver.

El largometraje cuenta la historia de Erick (interpretado por Brayan Santamaría), un niño que desarrolla una estrecha relación con la familia de la patrona de su padre, un humilde carpintero, al punto de pasar una larga temporada vacacional junto a ellos. Sin embargo, y a pesar de la evidente buena voluntad de María Isabel, la mujer de clase alta que lo “adopta”, el niño no puede adaptarse a la nueva vida de lujos y comodidades, y regresa con su padre, entre derrotado y resignado.  

La naturalidad de los actores y la manera cómo la trama va construyéndose sin grandes sobresaltos hacen que el espectador navegue cómodamente por esta amable historia que por un momento parece una exaltación de la generosidad y la reconciliación. Sin embargo, llega un momento en que toda esta aparente historia rosa revela las incómodas preguntas que subyacen tras lo cotidiano.

¿Por qué no puede Erick disfrutar la generosidad que le ofrece la familia de María Isabel? ¿Porque no son más que limosnas que ocultan la diferencia insalvable de los estratos en Colombia o porque no puede desprenderse de su origen en un hogar pobre y destruido?

El nombre de la película juega con esa misma ambivalencia: la “gente de bien” son al mismo tiempo aquellas personas que, a pesar de su origen adinerado, quieren ayudar a los demás, al mismo tiempo que son ese club exclusivo al que solo se accede por nacimiento, detentadores de un estatus imposible de compartir.

Gente de bien es una película sutilmente bien hecha, que no es complaciente aunque sea considerada con el espectador. Y sobre todo, no tiene los aires de superioridad pedagógica o rimbombancia retórica en defensa del pensamiento de su autor que son tan comunes en las producciones colombianas. Sin duda, es una película inolvidable por las dudas que abre y no resuelve completamente.       

 

* Historiador

@Historicamente

 

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