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La historia de Colombia según Antonio Caballero

Escrito por Nicolás Pernett

El escritor, periodista y caricaturista bogotano Antonio Caballero.

Nicolás PernettEl más reciente proyecto del reconocido periodista bogotano es una historia de Colombia por entregas en internet. ¿Cuál es la concepción de Caballero sobre la historia de nuestro país? ¿Cómo puede ayudar este libro a entendernos mejor? 

Nicolás Pernett*

La opinión como arte

Durante más de cincuenta años Antonio Caballero ha escrito casi todo lo que se puede escribir: crónicas (sobre toros, sobre comida, sobre viajes), reportajes, ensayos, crítica (de libros, de cine, de fotografía) y, sobre todo, cientos de columnas de opinión en diarios y revistas de Iberoamérica, que tal vez sean lo más logrado de su producción.

Además ha incursionado, aunque en muy pocas ocasiones, en la novela (Sin remedio), el cuento (“El padre de mis hijos”) y hasta la poesía (Sin remedio está llena de los intentos del personaje principal, Ignacio Escobar, por escribir el gran poema épico-elegíaco de su ciudad natal).   

A lo largo de todos sus trabajos, Caballero ha logrado consolidar un estilo muy personal: frases cortas con una puntuación muy particular, finales pesimistas o cómicos, digresiones que terminan convirtiéndose en el cuerpo del texto y, principalmente, una ironía culta e implacable que se destila en cada una de sus frases y que lo ha convertido en el verdadero enfant terrible de la prensa colombiana.

Caballero ha sido, ante todo, un escritor comprometido con el género del ensayo y uno de sus mejores exponentes en nuestro país. Sin los circunloquios retóricos de los cultistas nacionales ni las alharacas para la tribuna de los opinadores furibundos, Caballero ha logrado, columna tras columna, deslumbrar con una claridad de pensamiento y una capacidad de síntesis extrañas en nuestra tradición.   

Aunque sus notas de prensa no parecen respaldadas por un abundante trabajo de periodismo investigativo, tienen algo que las sustenta con solidez a pesar de sus aseveraciones temerarias: la enorme erudición de su autor en materias que van desde la música y la poesía universal hasta la geografía colombiana. Y la historia, sobre todo la historia.

Divulgar el pasado

Caricatura de Antonio Caballero.
Caricatura de Antonio Caballero.
Foto: Biblioteca Nacional de Colombia

Desde siempre, Caballero ha tenido entre sus más grandes intereses el tema de la historia. Cuando era apenas un adolescente publicó artículos de historia ilustrados por él mismo en El Tiempo y Cromos; y durante el reciente cambio de siglo sacó una serie de crónicas sobre el milenio que terminaba en la revista Semana (que luego aparecerían en libro bajo el título Y Occidente conquistó el mundo).

Ahora, explora los terrenos del internet con una serie de entregas en línea del libro Historia de Colombia y sus oligarquías, también ilustrado por él, que la Biblioteca Nacional publicará mensualmente hasta junio de 2017. Este, sin duda, es el intento más ambicioso de Caballero en el género historiográfico y promete convertirse en una de las obras de divulgación histórica más leídas del país.

Caballero no es un historiador profesional, y él es el primero en reconocerlo en la introducción de su libro. Sin embargo, es evidente que su conocimiento histórico está muy por encima del promedio y es innegable que su bagaje intelectual lo certifica como una voz plenamente competente para hablar de historia. Es decir, a Caballero se le puede considerar como un historiador (y no solo por la obra aquí reseñada) y su nuevo libro por entregas es claramente un libro de historia.

Caballero ha sido, ante todo, un escritor comprometido con el género del ensayo.

A pesar de las muchas ventajas que ha traído la profesionalización de la historia en Colombia desde la década de los sesenta, el extremo cuidado que se suele tener a la hora de hablar de “los historiadores” solamente para referirse a los individuos graduados de esta profesión o a los que permanecen durante décadas dentro de un archivo polvoriento para estudiar un solo tema, ha hecho que la historia, que debería ser un tema cotidiano y masivo, sea vista como una especie de ciencia propia de un conciliábulo de iniciados.       

Lo malo es que mientras las personas formadas empíricamente en textos de historia se sonrojan al hablar del pasado por temor a ofender a los profesionales del oficio, la mayor parte de la población consume a diario historias falseadas o simplistas, divulgadas por los medios de comunicación o el poder político, quienes no tienen ningún reparo en proclamarse conocedores a pesar de su pobre formación.

La historia es un tema que a todos nos toca y que a todos nos interesa, y debería hacer parte de la canasta familiar cotidiana, como la política o el deporte, que son temas sobre los que opinan y debaten miles de personas a diario sin tener el título de politólogos o deportólogos.

Mucho se habla de la memoria en estos tiempos en los que se sueña con un país que se reconstruya después de un largo conflicto. Pues bien, el mejor alimento para la memoria es la historiografía, escrita y por escribirse, y en esta labor deben participar las mejores mentes del país, tengan o no el título profesional de historiadores. 

Historia de oligarcas

Flyer de la segunda entrega del libro digital Historia de Colombia.
Flyer de la segunda entrega del libro digital Historia de Colombia.
Foto: Biblioteca Nacional de Colombia

Por supuesto, y como en tantas áreas del conocimiento, la única condición de seriedad para hablar de historia es conocerla bien, y pocos la conocen y la pueden contar tan bien como el propio Caballero. La fuerza de las opiniones de Caballero en su trabajo periodístico radica precisamente en su conocimiento de la historia colombiana, latinoamericana y universal (en el sentido universal del término). Por eso ha conseguido tratar tantos temas de actualidad sin el tremendismo apocalíptico o la exaltada esperanza de otros comentaristas.

Caballero ha visto cómo se han repetido ciertos acontecimientos cientos de veces en el pasado y por eso no se ha deslumbrado con los caudillos que cada cierto tiempo prometen la redención política en América Latina, y no ha confiado en nada que en política lleve la palabra “cambio” o “nuevo”. Caballero siempre ha escrito como historiador y ha analizado el mundo como tal.

Este conocimiento de la historia de su país y del mundo ha hecho de Caballero un escéptico informado capaz de demoler rápidamente lugares comunes de la política de actualidad y de mostrarnos con un plumazo obviedades que parecían ocultas antes de que él las dijera en sus artículos.

Sin embargo, esta mirada también lo ha llevado a una concepción de la historia según la cual  nuestro pasado ha sido la repetición constante de ciertos lugares comunes. En la historia de Caballero no se dan grandes cambios sino unos cuantos temas con variaciones a lo largo los siglos. De vez en cuando hay intentos de cambio o líderes carismáticos que alteran el rumbo de los tiempos, pero en la mayor parte se trata de unos cuantos motivos sociológicos recurrentes: ya sea en la época de las ballestas o de los drones.

El mejor alimento para la memoria es la historiografía.

Por eso su historia es la de las oligarquías, de las clases dominantes, que se pueden dar el lujo de permanecer inalteradas durante siglos una vez han aprendido el arte de asegurar su poder y controlar las masas. Y esto se ha dado mucho más en un país como Colombia, tan cerca de Dios y tan lejos de las revoluciones y de los grandes cambios sociales.   

Para Caballero la historia de Colombia es un largo continuo desde Gonzalo Jiménez de Quesada hasta Álvaro Uribe Vélez, desde Caballero y Góngora hasta el procurador Ordóñez.

Esta forma de contar la historia tiene la gran ventaja de usar el presente para entender el pasado: cuando se compara a los encomenderos de la Conquista con los terratenientes de la actualidad se consigue que el lector contemporáneo se familiarice con una figura histórica que, en cierta medida, hacía lo mismo que hacen otros en el presente, solamente que en otra época. (Aunque también se corre el riesgo de caer en concepciones tan facilistas como decir que “todo ha sido siempre igual” o que “en Colombia estamos todavía en la Patria Boba”).

La historia según Caballero desmitifica lugares comunes de la historia entendida como panteón de héroes. Cuando se mira a Cristóbal Colón como un charlatán genial que engatusó a los reyes de España o a los próceres de la Independencia como oportunistas ávidos de poder, se puede llegar a una compresión más humana y real de los motivos detrás del derrotero de nuestra historia.

Igualmente, si la historia de Caballero no respeta la marmórea figura de nuestros gobernantes, tampoco es de esperar que sea más benevolente con los héroes de la resistencia o del pueblo llano.

En un país en el que la historia ha sido escrita para exaltar o reivindicar a alguien: ya sea a los dueños del poder o a las víctimas de los dueños del poder, la historia según Caballero tiene la virtud de ser implacablemente humana.

En ella, algunos han realizado las más grandes proezas actuado por intereses mezquinos, otros han obrado mal por ignorancia o improvisación, y otros, como las oligarquías, han sido simplemente perversos e irresponsables a lo largo de siglos.

Los protagonistas de la historia de Colombia de Antonio Caballero se parecen un poco a sus dibujos: si no fuera porque representan figuras que han hecho tanto daño, uno podría casi compadecerlos.   

 

*Historiador.   

@NicoPernett

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