​Tragedia en Grecia: una historia económica, social y política inconclusa - Razón Pública
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​Tragedia en Grecia: una historia económica, social y política inconclusa

Escrito por César Ferrari

marcha multitudinaria en Grecia

César FerrariArrinconado e intensamente dividido por la crisis, el pueblo griego eligió un gobierno de izquierda que llevará hasta el límite la tensión con sus acreedores. ¿Podrá Grecia seguir en la Unión Europea? ¿Podrá salir de la crisis? ¿De qué manera?  

César Ferrari*

El ciclo y el rescate

La Gran Recesión de 2008-2009 y la política que intentó resolverla dieron origen en los países europeos más afectados – en particular Grecia, con sus once millones de habitantes aproximadamente- a un ciclo típico de los países subdesarrollos: crisis económica, asistencia financiera y “ajuste”, protestas, agudización de la crisis, crisis política. La secuencia griega está aún inconclusa y su final todavía es poco claro.

Los bancos acreedores redujeron “voluntariamente” la deuda griega en 50 por ciento. 

La asistencia financiera a Grecia significó desembolsos por 240 mil millones de euros. Se pactó en mayo de 2010 a cambio de un ajuste que incluyó: despido de 15 mil empleados públicos, reducción de otros gastos fiscales, aumento de impuestos, reducción del salario mínimo en 25 por ciento, venta de empresas y activos públicos. Como parte de la ayuda, en octubre de 2011 los bancos acreedores redujeron “voluntariamente” la deuda griega en 50 por ciento.

Resultados del ajuste

Los ajustes implican una caída de ingresos que se traduce en menores compras, ventas, producción, recaudación fiscal y, consecuentemente, más desempleo. Tal cual sucedió en Grecia:

  • Según la Comisión Europea, entre 2008 y 2013 el PIB decreció 26,4 por ciento y el ingreso per cápita 18,6 por ciento.
  • En el tercer trimestre de 2008 el desempleo representó 7,6 por ciento de la fuerza laboral; en el tercer trimestre de 2014 llegó al 26,2 por ciento.
  • En 2008 la deuda pública equivalía a 105,4 por ciento del PIB; en 2014, a 174, 9 por ciento.

Protestas y movilizaciones

Perder ingresos y, consecuentemente, calidad de vida no satisface a nadie, más aún si esa pérdida es  aguda. Por lo tanto la crisis económica desemboca en protestas y conflictos, tanto más graves cuanto mayor sea el descenso en los niveles de vida. 

Por lo demás, si las medidas de ajuste son seguidas por caída de ingreso, más desempleo y más endeudamiento, la percepción generalizada es que el ajuste no ha tenido éxito (hasta el Fondo Monetario Internacional ha criticado la pertinencia y dureza del ajuste europeo). De aquí se sigue mayor incertidumbre y más desasosiego, que se traducen en menor gasto privado como precaución y, por lo tanto, en mayor recesión y más conflictos.

De esta manera, como sucedió en Grecia, las protestas, movilizaciones, paros y huelgas contra el ajuste y los políticos que lo ejecutan son cada vez más masivos, diversos y frecuentes. Protestaban propietarios de pequeñas empresas, empleados públicos y privados, desempleados, estudiantes, pensionados, etc.

Situaciones parecidas se dieron en los otros países afectados:

· En España los protestantes se conglomeraron en el movimiento de los “Indignados” y ahora en el movimiento “Podemos”. Fundado hace un año por cuatro profesores universitarios, Podemos tiene actualmente la primera preferencia para las elecciones generales de diciembre de 2015.

· En Italia, en las elecciones generales de febrero de 2013, los descontentos votaron por el Movimiento 5 Stelle, ecologista y anti-políticos, que recibió la mayor votación.

La crítica masiva de la clase política mostraría claramente una crisis de representatividad y de los partidos tradicionales. Las multitudes reclaman nuevas instituciones, partidos y líderes que permitan una democracia más participativa, menos intermediada, más transparente, con rendimiento de cuentas, y menor (o ninguna) influencia de bancos y empresas sobre el quehacer político.

El Ex-ministro griego Georgios Papandreou.
El Ex-ministro griego Georgios Papandreou.
​Foto: Wikimedia Commons

Crisis política

Tarde o temprano las crisis económicas y sociales graves se convierten en crisis políticas.

En Grecia, en noviembre de 2011 cayó el gobierno socialdemócrata de Yorgos Papandréu. Y en las elecciones de abril 2012 se hizo evidente que los opositores al ajuste eran la mayoría y que la gobernabilidad estaba en crisis: la dispersión de los votos impidió formar la coalición de gobierno. Finalmente fue elegido primer ministro el conservador Antonis Samarás quien continuó con el ajuste, tratando de complacer a Alemania y a los supervisores: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional.

Pero la continuidad del ajuste despertó aun más resistencia entre la población.  En las elecciones generales que fueron precipitadas por la pérdida de apoyo parlamentario al gobierno y que tuvieron lugar el pasado domingo, triunfó un nuevo partido del anti-ajuste y anti-políticos, Syriza, y su líder Alexis Tsipras fue nominado Primer Ministro.

Aunque Tsipras proclamó su intención de que Grecia continúe en la Zona Euro, exigió una revisión del ajuste y una refinanciación de la deuda a plazos muy largos. Su primera medida fue aumentar el salario mínimo de 586 euros a los 751 vigentes antes del ajuste.

Problema fundamental y solución

Todo ajuste produce una caída en los ingresos y en la demanda interna. Por tanto la recuperación requeriría sustituirla por la demanda externa.

En el caso griego lo anterior significa turismo, su principal fuente de divisas, el único sector que tendría ventajas competitivas gracias a la naturaleza y a la historia de Grecia. Pero si el ingreso mundial no se recupera sustancialmente y los turistas no perciben a Grecia como un destino atractivo dada la turbulencia que muestran los medios, será muy difícil que la demanda externa sustituya a la interna.

El fondo de la cuestión consiste en que la productividad de los griegos (el valor agregado que produce cada trabajador) es mucho menor que la de alemanes y franceses. Según la OECD, en 2012 la productividad laboral griega era 59,1 por ciento de la alemana y 57,8 por ciento de la francesa. En un contexto de moneda única con alemanes y franceses y, por lo tanto, precios similares, su menor productividad implica costos elevados para sus empresas y esto las hace no competitivas.

Bajo tal situación es muy difícil que los griegos recuperen su nivel de ingreso. A menos que, de seguir en la Zona Euro, eleven su productividad hasta alcanzar a los países  europeos más desarrollados, de  manera que sea compatible con la tasa de cambio del Euro respecto de otras monedas- tasa esta que definen los mayores exportadores, Alemania y Francia, en forma ciertamente compatible con sus productividades-. Eso implica inversión en capital humano, infraestructura y tecnología. Mejor dicho muchos recursos y mucho tiempo.

Oficinas del Banco Central Europeo en Frankfurt, Alemania.
Oficinas del Banco Central Europeo en Frankfurt, Alemania. 
​Foto: MPD01605

Nueva política, ¿nueva solución?

Abrumado por el desempleo elevadísimo, la amenaza de una recesión mayor y deflación, ante la dificultad de expansiones fiscales dada la intención de reducir el déficit, y tal vez presionado por las perspectivas políticas, el BCE decidió reaccionar en forma similar a la Reserva Federal estadounidense.

Hace unos días -y a regañadientes del gobierno alemán- el BCE anunció que a partir de marzo de 2015 y hasta septiembre de 2016 (como mínimo), ejecutaría un programa de flexibilización cuantitativa por 60 mil millones de euros mensuales, añadiendo a la compra de bonos privados iniciada desde fines de 2014, la compra de bonos emitidos por los gobiernos centrales de la Zona Euro, las agencias e instituciones europeas.

El problema es la realidad porque no hacemos lo que queremos, hacemos lo que podemos dentro del margen de la realidad

Así mismo informó que su tasa de interés seguirá en 0,05 por ciento, vigente desde septiembre de 2014, la más baja en su historia; su tasa para préstamos a un día continuará en  0,3 por ciento y la tasa para depósitos de los bancos comerciales en -0, 2 por ciento (es decir, los bancos comerciales deben pagar para depositar sus recursos en el BCE).

La nueva flexibilización puede dar un respiro a Grecia y a los otros países en problemas. No es claro a cuántos recursos podría acceder. Podrían aliviar el ajuste y significar un margen para que el  nuevo gobierno logre financiar medidas como el aumento salarial. Ojala no se orienten al consumo sino a la inversión en capital humano, infraestructura y tecnología.

¿Otra solución?

Otro tipo de “solución” podría darse si Grecia (o España, Portugal, Irlanda, Italia) abandona la Eurozona. Tendría características similares a la que adoptó Argentina en 2001 cuando eliminó su convertibilidad cambiaria peso-dólar. Significaría retomar su propia moneda que se situaría, seguramente, en una cotización que compense su menor productividad, y declarar un “default” de la deuda pública ya no del 50 por ciento sino mucho mayor.

Como consecuencia, los mercados financieros internacionales se le cerrarían y le tomaría años recuperarlos, como a la Argentina. Se elevarían también los precios domésticos y se reduciría el salario real notablemente. De tal modo, a diferencia del ajuste por vía de cantidades, es decir reducir los ingresos nominales hasta hacerlos compatibles con la tasa de cambio común, el ajuste se produciría vía precios, con otra tasa de cambio y una reducción del ingreso real hasta ser compatible con su productividad. 

Pero con una mayor competitividad cambiaria, las actividades productivas de exportables y que sustituyen importaciones se volverían más competitivas y podrían recuperarse rápidamente, en particular el turismo, y lograr tasas elevadas de crecimiento, como en la Argentina postcrisis.

Esta “solución” estaría descartada por Grecia por su interés manifiesto de seguir perteneciendo a la Zona Euro, no sólo de los dirigentes pasados y actuales sino de la mayoría de la población como lo muestran las encuestas.

No obstante, las realidades económicas pueden ser tercas y exigentes: el tiempo lo dirá. En todo caso, cabe citar al presidente de Uruguay José Mújica en una entrevista reciente con la BBC: “El problema es la realidad porque no hacemos lo que queremos, hacemos lo que podemos dentro del margen de la realidad".

 

* Ph.D. en economía, profesor de la Universidad Javeriana.

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