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La encrucijada del Banco Mundial

Escrito por César Ferrari
Cesar Atilio Ferrari

Cesar Atilio Ferrari A propósito de la elección de su nuevo presidente, un análisis sobre el origen y el papel que ha jugado esta entidad, símbolo del orden impuesto por Estados Unidos tras la II Guerra pero cada vez menos respetado y acatado, que se debate entre la renovación, el pragmatismo y la decadencia.

César A. Ferrari *

Las reglas del vencedor

El Banco Mundial (BM) nació como el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) junto con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Acuerdo General de Tarifas y Aranceles (GATT, convertido más adelante en la Organización Mundial de Comercio) en la Conferencia Monetaria y Financiera de Naciones Unidas, reunida en junio de 1944 en el Hotel Mount Washington de Bretton Woods (New Hampshire).

Bajo la influencia de John Maynard Keynes, representante británico, y de Harry Dexter White, representante estadounidense, se fijaron los cimientos de las instituciones monetarias y financieras que ayudarían a reconstruir la economía, las finanzas y el comercio mundiales destrozados por la Segunda Guerra Mundial, pero que de hecho aseguraron la preeminencia de Estados Unidos durante los últimos 68 años y convirtieron al dólar en la divisa por excelencia.

Por primera vez: candidatos alternativos

A partir de junio de 2012, por primera vez en su historia, el Grupo Banco Mundial (BM) podría tener un presidente de origen no estadounidense. No porque el presidente Obama haya optado por no presentar su propio candidato, sino porque su nominado Jim Yong Kim es un ciudadano estadounidense, pero de origen coreano, llegado a los Estados Unidos a los 5 años de edad. Es médico y obtuvo un doctorado en Antropología de la Universidad de Harvard. Actualmente es Rector de Dartmouth College, una de las universidades de élite en Estados Unidos. Anteriormente fue Director del Departamento de Lucha contra el SIDA (HIV/AIDS) de la Organización Mundial de Salud. Pareciera interpretar así el reclamo de los países emergentes por una mayor representación y querer darle una mayor orientación hacia temas sociales.

Pero Brasil, secundado por República Dominicana y otros países emergentes, seleccionó de un amplio abanico de candidatos a José Antonio Ocampo: dos veces exministro colombiano — Agricultura y Hacienda — y exdirector del Departamento Nacional de Planeación, obtuvo su doctorado en Economía de la Universidad de Yale y actualmente es profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York; se le considera una autoridad en Historia Económica. Ocampo ha sido Subsecretario General de las Naciones Unidas y Secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Aunque parezca increíble e incomprensible, las autoridades económicas colombianas decidieron no darle su aval.

Cesar ferrari Banco mundial
Ngozi Okonjo-Iweala
Foto: ugowrite.blogspot.com

El tercer candidato es la actual Ministra de Finanzas de Nigeria, Ngozi Okonjo-Iweala propuesta por la Unión Africana. La señora Okonjo-Iweala, educada en la Universidad de Harvard, obtuvo su doctorado en Desarrollo Económico Regional en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). También ha sido Ministra de Relaciones Exteriores de su país y Vicepresidenta y Secretaria Corporativa del Banco Mundial.

La mayoría de los votos que elegirán al nuevo presidente está en manos de Estados Unidos, Canadá, Japón y los países europeos, lo cual hace pensar que la elección ya está definida en favor de Jim Yong Kim.

No obstante, esta es la primera vez en la historia del BM que se habla de una elección por méritos (y los tres los tendrían en forma suficiente) y con atención a las demandas de los países en desarrollo.

El rol del presidente del BM

El puesto es sin duda importante: el presidente del BM puede imprimirle no sólo un nuevo estilo de gerencia sino también una nueva orientación en materia de estrategia y financiamiento del desarrollo. Sin duda, no podrá hacer todo lo que le parezca. Las limitaciones se derivan de compromisos y de convicciones de la propia organización y del directorio controlado por los representantes de los países desarrollados.

Si el nuevo presidente pretendiera modificar en profundidad la orientación del BM debería desplegar una enorme habilidad política y de persuasión, además de una enorme capacidad para justificar sus propuestas racional y analíticamente.

Cesar ferrari el Banco mundial

Si su orientación llegara a volcarse de veras hacia el mundo en desarrollo, debería provenir de él mismo: para dirigir este gigante multilateral en ese sentido, se requeriría más que una percepción educada: una sensibilidad vivida de las necesidades de ese mundo.

Mucho por cambiar

Desde la época de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido — es decir desde principios de los años ochenta — y bajo su influencia, el BM y el FMI asumieron visiones neoconservadoras que sustituyeron al keynesianismo que había emergido como la corriente principal del pensamiento económico después de la Segunda Guerra Mundial.

La orientación neoconservadora (o neoliberal, como se ha llamado en América Latina), contraria a su antecesora, propugnaba por la minimización del Estado, la liberalización y apertura de los mercados, y su auto-regulación.

Esta doctrina económica se resumió en el célebre Consenso de Washington [1]: disciplina fiscal, cambios en las prioridades del gasto público (sanidad, educación e infraestructura), reforma tributaria orientada a lograr bases amplias de contribuyentes y tasas impositivas marginales moderadas, liberalización financiera especialmente de las tasas de interés, tasas de cambio competitivas, liberalización comercial, apertura a la inversión extranjera, privatizaciones, desregulación de los mercados y garantías para los derechos de propiedad.

Por cierto, no todas se aplicaron o lograron aplicarse, particularmente la disciplina fiscal y el mantenimiento de una tasa de cambio competitiva. Varias fueron exigidas con mayor o menor celeridad con la que fueron aplicadas. Muchas fueron decisiones locales tomadas por razones ideológicas o intereses particulares que se justificaron como imposiciones externas.

Cesar ferrari presidente Santos

Aunque los mercados de bienes se abrieron efectivamente, se favoreció la inversión extranjera —particularmente en los mercados de servicios, habiendo estado muchos de ellos hasta entonces a cargo de empresas estatales— y se eliminaron los controles a las tasas de interés y a la tasa de cambio, varios mercados de servicios claves, como el de crédito y el de las comunicaciones, no se vieron expuestos a la competencia y años después continúan actuando en condiciones de competencia imperfecta y generando tasas de interés y precios elevadísimos comparados con los estándares internacionales.

 

Resultados mediocres

Todo ello introdujo profundos cambios en la estructura de precios y de rentabilidades relativas, que favorecieron a la producción y exportación de materias primas y que, consecuentemente, redujeron la participación de las manufacturas y la expansión de los productos primarios y de los servicios en la estructura productiva de casi todos los países latinoamericanos.

El comportamiento de estos últimos ha introducido mayor inestabilidad en las tasas de crecimiento al depender excesivamente del ciclo de los precios internacionales, llevando a elevadas tasas de desempleo y de subempleo y, aumentando la concentración del ingreso.

A diferencia del Sudeste Asiático que siguió su propio camino, América Latina aplicó estas recetas al pie de la letra, con mayor énfasis a partir de los años noventa. Se produjeron resultados mediocres, por decir lo menos, y la región ha pasado a ser la más desigual del mundo.

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Según el propio Banco Mundial, mientras que entre 1990 y 2010, China creció en términos reales 9,5 por ciento per cápita promedio anual y Corea 4,4 por ciento, Chile, que tiene el mejor récord económico de la región, apenas creció 3,7 por ciento, Perú y Argentina 3,3 por ciento, Colombia y Brasil 1,7%, Ecuador 1,4 por ciento y Méjico apenas 1,1 por ciento, con un tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá vigente desde 1995.

Lento regreso al keynesianismo

A la luz de resultados francamente desastrosos en el largo plazo, ya no es difícil criticar dicho consenso. Lo que no resulta fácil de entender es por qué las políticas monetaria, fiscal y de desregulación que se aplicaron durante esos años en ese marco ideológico, conceptual y político fueron alabadas unánimemente por las corrientes ideológicas y académicas dominantes. Estas mismas políticas hoy son vituperadas y se les hace responsables de la Gran Recesión del 2008 a nivel mundial, que justamente gracias al keynesianismo renaciente no terminó en la segunda Gran Depresión de la era moderna.

Pero gracias en parte a esta Gran Recesión que no pudieron prever ni explicar, la orientación del BM y del FMI pareciera estar cambiando nuevamente: de hecho, apoyaron medidas de corte neo-keynesiano durante el período más crítico, del 2008 al 2009 y ahora propugnan por una mayor regulación al sistema financiero, a pesar de que el FMI junto con el Banco Central Europeo y Alemania siguen aplicando las viejas reglas de fundamentalismo fiscal a los países del Mediterráneo europeo, reglas que por cierto no se han atrevido a exigir a Estados Unidos.

En parte es también consecuencia de las críticas de muchos autores a esas bases conceptuales. Según Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008: “la mayor parte de los trabajos en macroeconomía en los últimos 30 años han sido inútiles en el mejor de los casos o han hecho mucho daño en el peor.”[2]

Según Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, “Las políticas del FMI (y también, aunque en menor medida las del BM), basadas en el anticuado supuesto de que los mercados generaban por sí mismos resultados eficientes, bloqueaban las intervenciones deseables de los gobiernos en los mercados, medidas que pueden guiar el crecimiento y mejorar la situación de todos.”[3]

Renovación y pragmatismo

Sin duda, tanto los resultados como las críticas van a inducir una profunda revisi&oaacute;n de la teoría macroeconómica, así como de las consecuentes políticas monetarias, fiscales y de regulación.

Seguramente conducirá también a una visión más pragmática respecto al rol del Estado, con un mejor entendimiento de lo que pasa en los mercados principales, la competencia, la necesidad de regular sus fallas cuando no se puedan eliminar, la manera como se interrelacionan, la manera como responden a las políticas y, en consecuencia, introduciendo un mayor grado de desconfianza frente a la dinámica de los agregados macroeconómicos.

El BM debería ser parte consciente de esa renovación. Y con ello debería cambiar también sus recomendaciones estratégicas y el financiamiento del desarrollo.

Ese es tal vez el mayor desafío que tendrá que afrontar su nuevo presidente. Ojala quiera, sepa y pueda hacerlo.

* Profesor de la Pontificia Universidad Javeriana

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