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La economía colombiana en el 2020

Escrito por César Ferrari

Cesar Atilio FerrariEn medio de los pesimistas y de los optimistas, una mirada serena y bien fundada a cada una de las variables económicas durante el año que está comenzando.

César Ferrari*

No es fácil profetizar

Para escribir sobre el pasado o el presente se necesita observar los hechos o las cifras, y proceder a explicarlas a partir de la teoría.

Escribir sobre el futuro es más complicado: no existen las estadísticas, se conocen apenas las tendencias, y estas además pueden cambiar por hechos inesperados.

Con esa salvedad, este artículo trata de explicar los hechos recientes y los predecibles de la economía colombiana.

Crecimiento económico

Según el DANE, entre el tercer trimestre de 2018 y el mismo del 2019, la economía colombiana creció 3,0%.

  • La mayor parte de ese crecimiento tiene que ver con los servicios. Más de la mitad se explica por el comercio, que contribuyó con 0,78 puntos porcentuales (p.p.), por el sector público con 0, 56 p.p., y los impuestos indirectos con 0,32 p.p. Las actividades financieras y de seguros, las inmobiliarias, y las profesionales aportaron cada una 0,24 p.p.
  • La industria manufacturera contribuyó con 0,23 p.p., la agricultura casi no contribuyó (0,1 p.p.) y la construcción lo redujo (-0,01 p.p.) a causa del decrecimiento de las edificaciones.

La tasa colombiana no es alta, comparada con las asiáticas de 8 a 10% anual durante décadas. Ciertamente supera la tasa promedio sudamericana de -0,1% proyectada por la CEPAL para el 2019, que se explica, en gran medida, por la debacle económica venezolana (-25,5%), los decrecimientos de Nicaragua (-5,3%), Argentina (-3,0%), Haití (-0,7%) y Ecuador (-0,2%), y el estancamiento mexicano (0,0%).

¿Podría darse una tasa de crecimiento mayor en Colombia para el 2020? Difícil, mientras no exista la posibilidad de aumentar rápidamente la capacidad de producción, o se den mejores precios internacionales para las exportaciones (poco probable).

¿Cómo afronta la economía colombiana el 2020?
Foto: Restitución de Tierras.

Desocupación y concentración del ingreso

Las tasas de desempleo y subempleo en Colombia siguen aumentando: las primeras aumentaron de 9,6% en 2018 (últimos doce meses hasta noviembre) a 10,5% en 2019 (igual periodo), mientras que el subempleo pasó de 25,6% a 27, 5%.

Lo anterior significa que la población sin ingresos o con ingresos precarios pasó de 35,1% en 2018 a 38,1% en 2019.

La falta de empleos productivos es la fuente principal de la concentración del ingreso en Colombia, una de las más elevadas en el mundo. Según el DANE, en 2018 el coeficiente Gini registró un valor de 0,517; en 2017 había sido 0,508.

¿Podría darse una tasa de crecimiento mayor en Colombia para el 2020? Difícil

Parece contradictorio que el desempleo aumente mientras que crece la economía, pero esto es posible si los sectores líderes no son intensivos en mano de obra. Pues bien:

  • Tanto el comercio como el sector público son intensivos en mano de obra, pero este último tiene congelados sus puestos de trabajo;
  • Y, además, la agricultura se estancó y la construcción decreció -dos sectores también intensivos en mano de obra-.

En el 2020 podría esperarse una mejora en la ocupación si repunta la agricultura gracias a mejoras en la seguridad rural, y en la construcción se recuperan las edificaciones.

Le recomendamos: Flexibilización laboral: La respuesta vacía de Duque para el desempleo y la informalidad.

Inflación

En 2019 la inflación continuó siendo baja, 3,84% en los doce meses hasta noviembre, pero ligeramente mayor que la del mismo periodo de 2018 (3,27%).

El alza de los precios en 2019 fue mayor para la población de menores ingresos: 4.03% para los pobres, 4,07% para los vulnerables (incorporados a la clase media que corren el riesgo de dejar de serlo), 3,88% para la clase media y 3,53% para los de ingresos altos.

Según el Banco de la República (BR) la inflación (doce meses hasta octubre) de los bienes y servicios que pueden importarse o exportarse fue 1,9%, la inflación de los no transables 3,2%, y la de los bienes y servicios regulados 4,1%. Usualmente, los primeros están ligados a la devaluación cambiaria, los segundos al comportamiento de la demanda, y los terceros a decisiones de política pública. La inflación en 2020 podría ser menor si estas decisiones se vuelven más conservadoras.

Carrasquilla tendrá que afrontar retos como el aumento en la tasa de desempleo este año.
Foto: Facebook Ministerio de Hacienda.

Devaluación, competitividad y sector externo

A noviembre de 2019 la devaluación anual en Colombia fue 8,72%; en 2018 había sido 8,91%.

Estas devaluaciones nominales, sin embargo, no se tradujeron en una devaluación real. En efecto, según el BR a noviembre 2019 la devaluación real fue -0,05% y en 2018 había sido de 0,87%, pero otros países devaluaron más en términos reales, lo cual explica la falta de respuesta de las exportaciones o de la sustitución de importaciones. En efecto:

  • Considerando los tres primeros trimestres del 2019, el exceso de las importaciones sobre las exportaciones de bienes fue de 6.077 millones de dólares; el déficit para todo el 2018 había sido de 5.144 millones de dólares.
  • Por su parte, el déficit en la cuenta corriente en el tercer trimestre de 2019 fue 4,9% del PIB; en 2018 había sido 3, 9%.

Tales resultados sugieren una economía poco competitiva y que parece estar empeorando. Para aumentar la competitividad de las empresas intensivas en mano de obra se necesita que sus utilidades aumenten a medida que se elevan sus niveles de producción, es decir que los precios de los bienes o servicios que venden, y sus ingresos, crezcan con más velocidad que sus costos.

Eso pasa por lograr devaluaciones reales, reducciones en las tasas de interés hasta que se asemejen a las internacionales, y mayores niveles de productividad. Pero para esto último serán necesarias nuevas inversiones -más allá de incrementos marginales por vía administrativa-.

De tal modo, en el 2020 no será posible reducir el elevado déficit en la cuenta corriente, mientras no haya una mejora notoria en la competitividad de las empresas, de tal manera que puedan exportar más y sustituir más importaciones de forma eficiente.

El déficit en cuenta corriente en 2020 podría ser mucho mayor si no se resuelve la guerra comercial de Estados Unidos contra China y el resto del mundo. Si la guerra continúa, seguirá debilitando el comercio internacional (al igual que el Brexit), las demandas de materias primas, sus precios internacionales, los flujos internacionales de capital, y, por lo tanto, los ingresos externos colombianos y su crecimiento.

Puede leer: Estados Unidos, China y la guerra comercial: ¿quién gana y quién pierde?

Una política conservadora

Muchos atribuyen el alza de los precios a una expansión monetaria que ocurre cuando los medios de pago aumentan más rápidamente que el tamaño de la economía.

Pero este no parece ser el caso colombiano. En el tercer trimestre del 2019, la cantidad total de medios de pago (M3), fue 523,692 mil millones de pesos mientras que el valor anual del PIB nominal fue 1,031,194 mil millones. De tal modo, la relación M3/PIB fue 50,8%. En los dos trimestres anteriores esa relación fue 50,7% y en el cuarto trimestre de 2018 fue 51,.5%.

Las cifras anteriores confirman una política monetaria conservadora en Colombia -lo cual podría deberse a la creencia de que toda expansión monetaria ocasiona inflación-. Pero una relación baja entre el M3 y el PIB limita el desarrollo; si fuera cercana a cero, las transacciones de bienes y servicios deberían realizarse mediante trueque, lo que paralizaría la economía.

En el 2020 no será posible reducir el elevado déficit en la cuenta corriente.

No es casualidad que las economías más desarrolladas y de crecimiento rápido tengan relaciones M3/PIB elevadas. Según el Banco Mundial, mientras que en Colombia la relación en 1990 fue 24,1% y en 2018 48,6%, en Estados Unidos fue 71,2% y 89,5%, y en China 77,8% y 199,1%, respectivamente.

Resulta que Estados Unidos y China han tenido regularmente tasas de inflación menores que Colombia. A su vez, el crecimiento de la economía china ha sido muchísimo más acelerado que el colombiano.

El desbalance de la cuenta corriente es uno de los temas que debe atenderse.
Foto: Conalpe.

Inversión y ahorro

Lo anterior sugeriría que elevar la relación M3/PIB aceleraría el crecimiento de la economía.

Pero para que ese efecto se produzca se requiere una expansión acelerada de la capacidad de producción, lo cual exige una tasa elevada de inversión.

Si no existe esa inversión elevada, la expansión monetaria se traducirá en un aumento de precios de los bienes y servicios no transables y en un aumento de importaciones de los transables que, ante la ausencia de una expansión de las exportaciones, resultará en mayor devaluación y en el aumento consiguiente de los precios de los bienes importados.

Según el DANE, durante el tercer trimestre de 2019, la tasa de inversión anual en Colombia fue 22,0% del PIB; durante el mismo trimestre del 2018 había sido 20,9%.

Estas cifras palidecen cuando se comparan con las chinas. Según el Banco Mundial, en 2018 la tasa de inversión en China fue 44,1% y la tasa de ahorro, que financia esa inversión, fue 46,6%; en Colombia fueron 21,2% y 16,3%, respectivamente. Por eso los chinos crecen tan aceleradamente: porque pueden expandir aceleradamente su capacidad de producción.

¿Es posible una expansión monetaria acelerada que acelere el crecimiento productivo en Colombia? No; mientras mantenga su actual tasa de inversión.

Aumentar la inversión supone elevar la tasa de ahorro, es decir, en particular, las utilidades de las empresas que son la principal fuente de ahorro de la economía. Pero para que ese mayor ahorro se traduzca en mayor inversión, esas mayores utilidades no deben ser distribuidas entre sus propietarios sino canalizadas hacia la inversión de las propias empresas.

Política tributaria y concentración del ingreso

Lo anterior indica la necesidad de una política tributaria que reduzca los impuestos a la renta que pagan las empresas, al mismo tiempo que aumente los impuestos a los dividendos que reciben sus accionistas. Esta es la práctica de los países desarrollados, donde la recaudación de impuestos directos supera la de los impuestos indirectos.

Pero ese no fue el enfoque de la reforma tributaria colombiana de diciembre de 2019: redujo el impuesto a la renta de las empresas de 33% en 2019 a 32% en 2020, 31% en 2021 y 30% en 2022, pero redujo también el impuesto a los dividendos de 15% a 10%.

Por cierto: esa medida contribuye a concentrar la distribución del ingreso. Otras medidas más publicitadas de la reforma hacen lo contrario, pero en escasa medida: la devolución del IVA al 20% más pobre de la población y la eliminación del IVA a la canasta familiar durante tres días al año.

Finalmente, más allá de lo dicho, el 2020 podría complicarse si los reclamos sociales expresados el 2019 se incrementan.

*Ph.D., profesor titular del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana.

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