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Caída y recuperación de la economía colombiana

Escrito por César Ferrari
Cesar Atilio Ferrari

Quiénes perdieron o ganaron durante la cuarentena, de dónde tendrá que venir el repunte y cómo financiar el nuevo impulso. Explicación sencilla y convincente de los hechos y del futuro que todavía es posible.

César Ferrari*

Perdedores, ganadores

Durante el segundo trimestre de este año, la producción interna bruta (PIB) de Colombia disminuyó un 15,7 %. Es la peor caída desde que existen series estadísticas.

Según el DANE, los sectores más afectados fueron la industria manufacturera (- 25,4%), la construcción (-31,7%), el comercio (-34,3%), y las actividades artísticas y de recreación (-37,1%).

De esta caída se exceptuaron apenas tres sectores, aunque con tasas modestas de expansión: agricultura y pesca (+0.1%), actividades financieras y de seguros (+1%), y actividades inmobiliarias (+2%).

Círculo vicioso e inacción del Estado

La contracción económica se explica por el confinamiento de la población y la parálisis subsecuente de las actividades (excepto las esenciales) que ocasionó la caída de la producción, un aumento significativo del desempleo, la reducción del ingreso y, en consecuencia, de la demanda y de las ventas, que retroalimentaron las mencionadas caídas de producción, ocupación e ingreso, en una causalidad de círculo vicioso.

En efecto, el consumo de los hogares se derrumbó 15,9%. La menor demanda arrastró también a los precios: la inflación fue cada vez menor o desapareció (+0,16% en abril, -0,32% en mayo, -0,38% en junio y 0% en julio).

Mientras tanto, el gasto del sector público, que debería haber compensado la reducción del gasto privado, sorprendentemente, creció apenas en un 3%.

La caída del ingreso explica también la de la construcción privada (-38,7%), aunque este sector fue autorizado a reanudar sus actividades casi desde el principio de la cuarentena. La mayoría de las obras privadas se paralizaron porque su demanda desapareció, aunque los edificios siguieron construyéndose porque las constructoras tenían el financiamiento.

La recesión de las obras públicas (-18,8%) fue también muy notoria. Este es un hecho sorprendente porque en medio de la crisis, el gasto del Estado debió aumentar sustancialmente para compensar la caída de las obras privadas de construcción.

De hecho, el total de la inversión —que incluye construcción de infraestructura y compra de bienes de capital— se redujo en 32,2% porque la construcción pública se paralizó, y las empresas se quedaron sin utilidades, es decir sin ahorro, y sin capacidad para invertir. Pero además por la caída abrupta de las expectativas sobre la rentabilidad futura de cualquier proyecto de inversión.

Por su parte, las importaciones se contrajeron en un 27,4% al reducirse la inversión, la producción nacional y el consumo de los hogares. La caída se extendió a los bienes de capital, a los intermedios y a los de consumo.

Las exportaciones a su vez cayeron en 28,8%. En medio de la caída del comercio mundial y el deterioro del mercado petrolero, las empresas colombianas no pudieron aumentar sus ventas al extranjero debido a su falta de competitividad.

Foto: Flickr La construcción es uno de los sectores más afectados.

Los sectores que crecieron

El crecimiento de los tres sectores mencionados en medio de la crisis se debió al carácter esencial de sus productos o a la estructura imperfecta del mercado colombiano.

El sector agropecuario, que no estuvo paralizado en ningún momento, mantuvo su nivel de producción porque el poco ingreso que tuvieron los hogares se destinó prioritariamente al consumo de alimentos. De esta manera se mantuvo la demanda de productos del sector, al mismo tiempo que caía abruptamente la demanda para el resto de los sectores económicos.

Los bancos no disminuyeron sus tasas de interés porque, según el propio Banco de la República, los mercados de crédito en Colombia funcionan, en “competencia monopolística” y algunos —los de crédito de consumo y de vivienda— “casi como un cartel”. Tampoco redujeron sus niveles de crédito porque muchos consumidores utilizaron sus tarjetas de crédito para mantener los consumos esenciales.

La expansión del sector inmobiliario sugiere que, a pesar de la crisis, los arriendos siguieron pagándose por lo menos mientras existió la capacidad de pagarlos; si esta capacidad se agota, los resultados en el tercer trimestre serían negativos.

Se acaba la cuarentena

En ese contexto, a partir del 1 de setiembre el gobierno decidió levantar el confinamiento y la parálisis de las actividades económicas, manteniéndola apenas aquellas que impliquen aglomeraciones y espacios cerrados, como los espectáculos públicos, bares y discotecas.

La medida despertó una gran esperanza por la recuperación económica, pero también una gran preocupación por la salud pública, pues la mayor movilidad implicará el aumento de contagios por el coronavirus, en un momento en que aún no se alcanza el pico epidemiológico.

Este segundo riesgo podría minimizarse si la población mantiene estrictamente las medidas de bioseguridad.

Foto: Pixabay La posibilidad de financiar deuda colombiana con otros gobiernos es nula, y con acreedores internacionales, poco deseable.

De donde vendrá el impulso

Pero autorizar la reapertura no necesariamente significa la recuperación de las actividades económicas. Podría ocurrir, por ejemplo, que los comerciantes abran sus tiendas y nadie se acerque a comprar: lo esencial es entonces que la demanda se reactive.

Esta recuperación no puede ser automática porque muchas empresas y puestos de trabajo fueron ya destruidos y con ellos el ingreso y la demanda. El estímulo o el impulso central solo podría provenir entonces de la demanda internacional o del sector público. De otra manera la demanda privada se recuperará, si sucede, muy lentamente y demorará años.

Pero la demanda internacional solo aumentaría si las empresas colombianas fueran competitivas —e infortunadamente no lo son—. Es más: el aumento de la deuda externa que busca el gobierno para financiar el gasto público aumenta la oferta de dólares, frena la devaluación o revalúa la moneda colombiana, y dificulta aún más las exportaciones y la producción que compite con importaciones.

Por eso la recuperación de la economía colombiana dependerá principalmente del aumento en la demanda que el Estado logre inducir mediante inversiones públicas o subsidios directos a los hogares y empresas privadas.

Falta mucho gasto publico

No se trata de construir activos duraderos —que por supuesto sería excelente— sino ante todo de contratar gente para transferirle ingreso y reactivar la demanda privada.

Como diría Keynes, no importa si se contrata una cuadrilla para hacer huecos y otra para que los tape, lo que importa es trasferir ingresos, generar demanda privada, y evitar la destrucción del tejido empresarial.

Ahora bien, según el Portal de Transparencia Económica del Ministerio de Hacienda, hasta el 18 de agosto de los recursos del Fondo de Mitigación de la Emergencia Económica (Fome) se habían ejecutado: 82% de lo programado para asistencia humanitaria; 32% para atención a salud; y 47% de lo destinado para el apoyo a las empresas formales (PAEF).

El ritmo de ejecución de los programas no ha sido entonces muy lento —y sin embargo ha sido muy insuficiente— como muestran la caída del 18% en obras publica o el aumento de apenas 3% en el gasto total del sector público durante ese trimestre.

Mientras tanto en los países ricos —y económicamente ortodoxos— el gasto público ha aumentado mucho más que en Colombia. Por ejemplo, el gobierno del Reino Unido anunció desde marzo que cubriría durante el tiempo necesario 80% de la nómina de las empresas que hayan tenido que cerrar y aplazará hasta fines de año el cobro del IVA.

Cómo financiar el gasto público

Algunos analistas sostienen que no podemos hacer lo mismo que hacen los países desarrollados para salvar sus economías.

Dicen que aumentar la deuda pública desmejoraría la calificación de nuestra economía; habría que preguntarles cual es la calificación de un país en la ruina.

Dicen que el tamaño de la deuda colombiana ya es demasiado grande: 66% del PIB. Pero:

  • La deuda de Japón equivale a 235% del PIB; los tendedores principales de esta deuda son los propios japoneses.
  • La deuda de Estados Unidos equivale al 123% de su PIB; el 40% de esta deuda es con la Reserva Federal, otra porción con inversionistas locales y el resto con inversionistas extranjeros.

La posibilidad de financiar deuda colombiana con otros gobiernos es nula, y con acreedores internacionales es, como mencionado, poco deseable. Una posibilidad es financiarla con el sector privado local, pero eso es difícil en la actualidad.

Bajo estas circunstancias, la mejor opción sería que el Banco de la República financie el necesario endeudamiento del sector público mediante bonos de largo plazo y a una tasa de interés menor que la que cobra a los bancos comerciales.

Tiempos extraordinarios ameritan acciones extraordinarias.

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