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La crisis económica de Europa y el contagio mundial

Escrito por César Ferrari
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Cesar_Atilio_FerrariEl fundamentalismo fiscal de Alemania está llevando a ajustes excesivos, que no resuelven la crisis y que los pueblos de Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia no podrían soportar. De no lograrse pronto un acuerdo para combinar menos ajuste y más crecimiento, Europa arrastrará al mundo entero en su irracionalidad.

César A. Ferrari *

 

La crisis

Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia y, en menor grado, Bélgica, Holanda y Eslovenia, todos miembros de la Eurozona, se encuentran actualmente en recesión, algunos con visos de depresión. En el resto de la Unión Europea, la recesión se da en el Reino Unido, Dinamarca y la República Checa[1]. Por su parte la economía estadounidense continúa sin recuperarse plenamente y la economía china muestra una desaceleración significativa.[2]

La Gran Recesión de 2008-2009 implicó menos ventas, producción, empleos, salarios y utilidades, y en los países europeos mediterráneos derrumbó el turismo, una de las principales fuentes de divisas y empleos. Al caer el recaudo tributario y aumentar el gasto fiscal para evitar una recesión mayor, el déficit aumentó sustancialmente[3].

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La asistencia financiera no es gratuita,
está sujeta a condiciones estrictas, reflejo
del fundamentalismo fiscal que impulsa la
canciller alemana Angela Merkel.

Foto: topnews.net.nz

En consecuencia, la deuda pública creció a niveles insospechados y en algunos países simplemente ya no puede pagarse[4]. La deuda pública constituye el gran problema macroeconómico en Grecia, Portugal e Italia, fundamentalmente.

De otra parte, en Irlanda y España el gran problema es la deuda privada. En estos países, el crecimiento acelerado de los créditos hipotecarios hasta 2007 elevó los precios inmobiliarios, una burbuja especulativa. Al producirse la Gran Recesión, muchos créditos quedaron impagos, lo que paralizó la construcción y puso en dificultades a los bancos locales, endeudados a su vez con bancos alemanes y franceses.

Por supuesto no hay deudores irresponsables sin banqueros irresponsables. Y esa es la preocupación de Alemania y Francia: si no les pagan, quiebran sus bancos y los Estados tendrían que entrar a rescatarlos fiscalmente, asumiendo enormes costos[5].

Ajuste y consecuencias

En mayo de 2010, los gobiernos europeos encabezados por Alemania y Francia se comprometieron a “salvar” a Grecia con un primer paquete de 110 mil millones de euros; el Fondo Monetario Internacional (FMI) adicionó 30 mil millones.

Simultáneamente crearon un fondo de rescate, ahora de un millón de millones de euros, para “salvar” a España, Portugal, Irlanda e Italia, si fuera necesario. Así mismo, fue creado el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera para preservar la estabilidad de la Eurozona a través de una asistencia financiera temporal a los miembros con problemas.  

La asistencia financiera no es gratuita, está sujeta a condiciones económicas y financieras sumamente estrictas, reflejo del fundamentalismo fiscal que impulsa la canciller alemana Angela Merkel. Las condiciones incluyen reordenamientos fiscales, aumento de impuestos, reducción de salarios y pensiones, menores gastos públicos y venta de activos estatales. Más o menos lo mismo en todos los casos, con diferentes magnitudes, incluso en los países supuestamente sin dificultades como Alemania. El FMI está encargado de supervisarlos.

Pero si los ingresos cayeron durante la Gran Recesión, el ajuste implica otra notoria contracción que se traduce otra vez en menos compras, ventas, producción y, consecuentemente, en menor recaudación tributaria, lo que dificulta aún más la reducción del déficit[6].

El problema parece sin solución mientras que el desempleo alcanza tasas similares a las que se dieron en Estados Unidos en las peores épocas de la Gran Depresión, del orden de 25 por ciento de la población laboral y de 50 por ciento entre los jóvenes[7]. Adicionalmente, tal como ocurrió durante la Gran Depresión, el aumento del desempleo y el desmantelamiento de la red de seguridad social debido a la austeridad están llevando a la desesperación y al suicidio cada vez a más personas[8],[9].

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El problema parece sin solución mientras
que el desempleo alcanza tasas similares
a las que se dieron en Estados Unidos en
las peores épocas de la Gran Depresión.

Foto: english.illinois.edu

 

Ajustes, crisis sociales y crisis políticas

Como nadie está dispuesto a perder calidad de vida, más aún si se traduce en grandes sacrificios, es de prever que entre mayores sean los ajustes, más fuertes serán las protestas y conflictos sociales. A su vez, las crisis sociales desembocan en crisis políticas, tarde o temprano. 

Desde el inicio de la crisis, casi todos los gobiernos europeos, sean de izquierda o derecha, han ido cayendo uno tras otro. El 6 de mayo pasado, el presidente francés Nicolas Sarkozy perdió su reelección ante el socialista François Hollande, cuya principal bandera electoral fue precisamente revisar el ajuste para completarlo con crecimiento económico.

También en abril, las elecciones griegas dieron como vencedores a los opositores del ajuste, incluido un partido de extrema derecha, pero los resultados no permitieron a ninguno de los cuatro candidatos más votados formar gobierno, lo que desencadenó una grave crisis de gobernabilidad; una nueva elección está prevista para junio próximo.

Para algunos el ajuste debe darse cueste lo que cueste. Parecerían no conocer la historia: tras la Primera Guerra Mundial, las desmedidas reparaciones impuestas por los aliados a Alemania en el Tratado de Versalles generaron un rechazo inmenso entre los alemanes, que sirvió como caldo de cultivo para el nazismo, lo que condujo finalmente a la Segunda Guerra Mundial y a millones de muertos.

Grecia o España ciertamente no son la Alemania de la República de Weimar de los años veinte, pero el ajuste que se les aplica es excesivo, sus conflictos sociales no son despreciables y las consecuencias políticas pueden ser muy severas.

¿Existe una solución sin ajuste?

El problema del ajuste es inducir una fuerte caída en la demanda interna. Si el ingreso mundial no se recupera y no aumentan los flujos de ingresos externos hacia esos países, no existe forma de recuperar su nivel de ingreso, pues la caída de la demanda pública no se compensa por un aumento de la demanda privada. Siendo así, el ajuste y las ayudas financieras son insuficientes para recuperar esas economías.

Otra posibilidad es que aumentar rápidamente la productividad de griegos, portugueses o españoles para volverlos más competitivos. Actualmente su productividad es mucho menor que la de los alemanes y franceses, de tal modo que la tasa de cambio común en la Eurozona, determinada por los flujos de los mayores exportadores, alemanes y franceses, no es compatible con sus costos.

Otra “solución” podría darse si los países de menor productividad salieran de la Eurozona. La salida de Grecia, una de las economías europeas más pequeñas, parecería inminente, aunque los líderes europeos siguen descartándola y aunque los dirigentes y la mayoría de los griegos preferirían continuar en ella, como lo muestran las encuestas.

Esa “solución” seguramente tendría características similares a la que adoptó Argentina en 2001: entrar en un “default” del 80 por ciento de su deuda y devaluar la moneda en 400 por ciento. Se elevarían los precios domésticos y se reducirían los ingresos y los salarios reales notablemente; una “solución” distinta del ajuste vía reducción de los ingresos nominales para hacerlos compatibles con la tasa de cambio común existente.

Al disponer de una mayor competitividad cambiaria, las actividades productivas de bienes exportables y que sustituyen importaciones podrían recuperarse rápidamente, en particular el turismo —una de sus principales fuentes de divisas— y lograr así tasas elevadas de crecimiento, como en la Argentina post–crisis.

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Tras la I Guerra Mundial, las desmedidas
reparaciones impuestas por los aliados a
Alemania generaron un rechazo que sirvió
como caldo de cultivo para el nazismo.

Foto: zweiterweltkrieg.org

 

Una leve esperanza

Si persiste la crisis económica de Europa y simultáneamente se siguen dando las dificultades de Estados Unidos y un crecimiento relativamente lento de China, América Latina se verá afectada como en 2008 y 2009.

Cuando la crisis internacional ya se hace evidente, cae la demanda de materias primas, rubro principal de las exportaciones de América Latina, y también caen sus precios internacionales, las remesas de los trabajadores y los flujos de capitales.

La crisis europea es gravísima: apelando solamente al ajuste no tiene una solución fácil y próxima, particularmente en los países mediterráneos de la Eurozona. Y afectará al resto del mundo, pues Europa sigue siendo la economía más grande del mundo.

Pero ese escenario pesimista puede cambiar si cambian las políticas, aunque no tan rápidamente dados los plazos de gestación y aplicación de las mismas. Ello depende crucialmente de si el presidente Hollande “convence” a la señora Merkel de impulsar una política en pro del crecimiento.

Esta receta seguramente incluiría una mayor expansión monetaria a cargo del Banco Central Europeo, la emisión de eurobonos, ciertamente una política fiscal austera, pero con una nueva estructura tributaria que obligue a las personas de mayores ingresos a pagar más impuestos y a los de ingresos medios y bajos a pagar menos.

De manera que la evolución de Europa dependerá críticamente de cuál será el enfoque dominante. Pero si Francia y Alemania no logran un acuerdo, esta última se quedará sola y la Unión Europea sufrirá una parálisis casi total.

Por otro lado, para que la Eurozona mantenga en su seno a países como Grecia, España y Portugal, los países ricos tendrán además que ofrecerles cooperación no reembolsable, como antaño, algo así como un nuevo Plan Marshall, no créditos que no pueden pagar, a fin de que incrementen su stock de capital, para poder acelerar el alza de su productividad hasta niveles comprable con los de Alemania y Francia.

En realidad Europa no tiene otra alternativa. La posición conservadora de la señora Merkel es insostenible. Paradójicamente, hasta el conservador Rajoy comienza a sentirse más apoyado por Hollande que por su aliada ideológica alemana.

Además, dados los últimos resultados electorales en Alemania, la señora Merkel muy probablemente abandonará el poder en 2013. Para entonces, seguramente los triunfadores social–demócratas llegarán a un acuerdo con Hollande, facilitando que se aplique una política como la delineada más arriba.

Mejor si esto ocurre antes con la señora Merkel y ojalá que cuando se logre el acuerdo, ya no sea demasiado tarde.

* Ph.D. en economía por la Universidad de Boston, profesor titular de la Universidad Javeriana en el Departamento de Economía, Bogotá, Colombia, [ferrari@javeriana.edu.co].

[1] Con el ingreso de Estonia a partir del 1 de enero 2011, la Eurozona fue ampliada a 17 países de la Unión Europea, que incluye a 27 países.

[2] En 2010, según proyecciones de la OECD, la tasa de crecimiento en la zona Euro sería 0,2 por ciento, según el FMI la tasa sería -0,3 por ciento; según la OECD Estados Unidos crecería 2 por ciento, según el FMI 2,1 por ciento. Según sus autoridades China crecería 7,5 por ciento, según el FMI 8,2 por ciento; muy por debajo de las tasas de 10 por ciento de las últimas dos décadas.

[3] Según la OECD, entre 2007 y 2009 el déficit fiscal en Grecia pasó de 6,8 por ciento a 15,8 por ciento del PIB, en Portugal de -3,2 por ciento a 10,2 por ciento, en Italia de 1,6 por ciento a 5,4 por ciento, en el Reino Unido de 2.8 por ciento a 11 por ciento y en Irlanda y España de un superávit de 0,1 por ciento y 1,9 por ciento a un déficit de 14,2 por ciento y 11,2 por ciento, respectivamente.

[4] Según la misma OECD, entre 2007 y 2010 la deuda pública griega pasó de 105.7 por ciento a 147.8 por ciento de su PIB, la de Portugal de 66.6 por ciento a 88 por ciento, la de Irlanda de 19.8 por ciento a 60.7 por ciento, de España de 30 por ciento a 51.7 por ciento y la de Italia de 95.6 por ciento a 109 por ciento.

[5] A diciembre de 2009, según el Bank for International Settlements (BIS), la deuda de Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia con los bancos alemanes sumaba 704 mil millones de dólares, mucho más que su capital agregado.

[6] A fines del 2011, según la OECD, el nivel de déficit en Grecia era aún de 9 por ciento, en Irlanda de 10.3 por ciento, en Italia de 3.6 por ciento, en Portugal de 5.9 por ciento, en España de 6.2 por ciento y en el Reino Unido de 9.4 por ciento.

[7] A marzo de 2012, según la organización estadística de la Unión Europea, Eurostat, el desempleo en la Unión afectaba a 24.7 millones de personas, equivalente a una tasa de desempleo de 10.2 por ciento, de los cuales 17.4 millones, equivalente a una tasa de 10.9 por ciento, estaban localizados en la Eurozona. Por su parte, a la misma fecha, la tasa de desempleo entre los jóvenes en la Unión Europea era de 22.6 por ciento y en la Eurozona de 22.1 por ciento. Las mayores tasas de desempleo correspondían a España, 24.1 por ciento, y a Grecia, 21.7 por ciento (enero 2012). Para los jóvenes las mayores tasas se daban también en Grecia, 51.2 por ciento (enero 2012), y en España, 51,1 por ciento.

[8] En 1929, el año del crash de la bolsa de New York, la tasa promedio de suicidios por 100 mil habitantes en Estados Unidos se elevó a 18.9; entre 1920 y 1928 la tasa promedio había sido de 12.1.Tomado de: Vital Statistics and Health ASD Medical Care, Series B149-166: Death Rate, for Selected Causes: 1900 to 1970 en Historical Statistics of the United States: Bicentennial Edition, Colonial Times to 1970, Vol. 1, Washington DC: 1975, página 58

[9] Entre 2007 y 2009 la tasa de suicidios entre los hombres en Grecia aumentó más de 24 por ciento, en Irlanda más de 16 por ciento y en Italia los suicidios motivados por razones económicas aumentaron en 52 por ciento, desde 123 en 2005 a 187 en 2010. Toamdo de: Elisabetta Povoledo y Doreen Carvajal, “Increasingly in Europe, Suicides ‘by Economic Crisis’”, New York Times, 14 Abril 2012.

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