Grecia, España e Italia, tres crisis similares y una causa común - Razón Pública
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Grecia, España e Italia, tres crisis similares y una causa común

Escrito por César Ferrari
Cesar Atilio Ferrari

Cesar Atilio Ferrari>En los tres países, la crisis económica ya se transformó en crisis política y aún así no se ven las salidas. Una explicación clara y sustentada de lo que está pasando, de por qué está pasando, de cuáles son los escenarios previsibles y de la carrera contrarreloj que Europa está corriendo…y va perdiendo.

Cesar Ferrari *

Crisis similares, regímenes distintos

0203Para sorpresa del mundo entero, Grecia, Italia, España —y otros países europeos— atraviesan una gravísima crisis económica que aparentemente surgió de repente y se desarrolla, sin solución fácil y próxima, también aparentemente.

Tarde o temprano, una crisis económica desemboca en crisis política: el premier griego Papandreu renunció hace dos semanas, el italiano Berlusconi hace una y el español Rodríguez Zapatero seguramente entregará el poder a la oposición en los próximos días [1].

La crisis política no distinguió entre gobiernos de izquierda democrática como el de Papandreu y Rodríguez Zapatero o de derecha como el de Berlusconi. Tampoco distinguió entre gobernantes “serios y responsables” como los dos primeros o “payasos e irresponsables” como el tercero.

El proceso se desencadenó en forma similar: en los tres países, la crisis económica y los ajustes, realizados o apenas anunciados, produjeron una pérdida de apoyo popular al gobierno, que acabó con la pérdida de su mayoría en el parlamento. Papandreu la perdió cuando quiso forzar una consulta a la ciudadanía sobre la aceptación del ajuste impuesto por el G-20; de resultar negativa, implicaba la salida griega de la Unión Europea, cosa que la mayoría rechazaba. En España, la salida del gobierno será explícita vía elecciones.

Un rasgo particular de la crisis en Italia: refleja también el repudio de los italianos frente a los escándalos de Berlusconi, que se expresó mediante una derrota abrumadora en las elecciones locales en mayo de 2011, a pesar de su participación militante, y en el referéndum de junio de 2011, que preguntaba entre otras cosas si debía derogarse el “legítimo impedimento” que lo protegía de comparecer ante una corte penal.

Deudas y riesgos inmensos

El cuadro siguiente resume la situación actual de la deuda externa total y de la deuda externa pública para cada uno de los tres países, expresada en miles de millones de dólares:

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Fuente: Banco de Pagos Internacionales (BIS)- Basilea, Suiza.

Se observa que la situación española parecería menos grave al contrastarla con la de Grecia e Italia, muy similares.

Según el Fondo Monetario Internacional, para 2010 la deuda pública de Grecia representaba 142,7 por ciento de su PIB, la de España 60,1 por ciento y la de Italia 119 por ciento. Uno de los criterios de convergencia del Tratado de Maastricht señala como techo máximo para la deuda pública total (externa e interna)… el 60 por ciento del PIB. Las deudas de los tres países no son ciertamente de la misma magnitud; sin embargo, los problemas son de parecida gravedad. 

Si Grecia, España y particularmente Italia no pagan sus deudas soberanas, los tenedores de los bonos correspondientes —los grandes bancos europeos— enfrentarían serias dificultades. Europa, sin financiamiento, tendría una recesión gravísima y prolongada. Con ella, la Unión Europea, la Eurozona, la política monetaria común y el Euro se debilitarían fuertemente.

Si los ajustes y los rescates fracasan, Grecia, España e Italia — uno de los seis países fundadores y firmantes del Tratado de Roma — saldrían de la Eurozona, se reducirían las transacciones y el comercio entre sus miembros… y todo el mundo sufriría.

Ayudas interesadas

Para la Canciller alemana y el Presidente francés, la disyuntiva frente a Grecia era la siguiente:

  • o ayudar a los griegos para salvar a los bancos alemanes y franceses, provocando la ira de sus electores por ayudar a “irresponsables”,  
  • o abandonar a Grecia, forzar su salida de la Eurozona y ayudar a esos bancos directamente, a un costo mayor, provocando una ira similar por ayudar a “inescrupulosos”. 

La verdad es que si Grecia, España o Italia salen de la Eurozona, alemanes y franceses tendrán que asumir la totalidad del rescate de sus bancos.  

Sin alternativa, en mayo del 2010 los gobiernos europeos encabezados por Alemania y Francia se comprometieron a “salvar” a Grecia con 110 mil millones de euros; el Fondo Monetario Internacional (FMI) adicionó 30 mil millones. Simultáneamente crearon un fondo de rescate, ahora de un millón de millones de euros, para “salvar” a España, Portugal, Irlanda e Italia, si fuera necesario. En octubre de 2011, tras arduas negociaciones, lograron que los bancos redujeran “voluntariamente” la deuda griega en 50 por ciento.

Apretones y exigencias

La ayuda financiera está condicionada a que Grecia, España e Italia —así como los otros países en problemas— adopten duros ajustes que incluyen reordenamientos fiscales, aumento de impuestos, reducción de salarios y pensiones, menores gastos públicos, venta de activos estatales. Más o menos lo mismo en todos los casos, con diferentes magnitudes. El FMI está encargado de supervisarlos.

Los ajustes por supuesto han provocado descontento y graves disturbios en todas partes. El problema es que generan también una caída de la demanda agregada y con ello una mayor recesión que se traduce en menor recaudación fiscal y aumento del déficit, alejando el ansiado equilibrio fiscal. Todo ello produce aún más incertidumbre. Por lo pronto, las bolsas europeas y mundiales han caído.

Salidas a lo argentino

Si Grecia, España e Italia salieran de la Eurozona, la solución seguramente tendría características similares a la que adoptó Argentina en 2001: un “default” ya no del 50 sino del 80 por ciento y una devaluación de sus respectivas nuevas monedas de 300 o 400 por ciento.

Se elevarían los precios domésticos y se reduciría el salario real notablemente. Pero al disponer de una mayor competitividad cambiaria, podrían recuperar rápidamente las actividades productivas de bienes exportables, en particular del turismo –una de sus principales fuentes de divisas– y con ello tasas elevadas de crecimiento, como en la Argentina postcrisis.

La crisis

¿Por qué Grecia, España e Italia, supuestamente desarrollados, están pasando por semejante situación, similar a la de América Latina en los años 80? La Gran Recesión mundial de 2008-2009 está sin duda en el origen. Se inició en Estados Unidos por graves errores económicos que datan del gobierno neo-conservador de Ronald Reagan. Se trasladó a Europa y al resto del mundo por vía financiera, menores flujos de comercio y caída de los precios de las commodities.

La reducción notoria de los ingresos externos paralizó las economías domésticas y en los países mediterráneos derrumbó el turismo, una de sus principales actividades; según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en 2009 en España 10,7 por ciento del PIB y 12,7 por ciento del empleo eran generados por el turismo; en Grecia, las tasas respectivas eran 6,6 por ciento y 7,3 por ciento y en Italia 4,8 por ciento y 9,7 por ciento.

Ello les representó menos ventas, menos producción, menos empleos, salarios y utilidades. En consecuencia, cayó la recaudación tributaria y como había que aumentar el gasto fiscal para evitar una recesión mayor, el déficit y el endeudamiento alcanzaron niveles insospechados. Según el Banco Mundial, entre 2007 y 2009 el déficit fiscal en Grecia pasó de 6,6 por ciento a 15,3 por ciento del PIB, en Italia de 1,3 por ciento a 4,9 por ciento y en España de un superávit de 2,4 por ciento a un déficit de 8,6 por ciento.

Por todo lo anterior, según la OCDE, entre 2007 y el segundo trimestre del 2010 el desempleo en Grecia aumentó de 8,3 por ciento a 12,2 por ciento, en Italia de 6,2 por ciento a 8,4 por ciento y en España de 8,3 por ciento a un gravísimo 20 por ciento.

Los problemas de Italia sin embargo, venían de más atrás. Según el Banco Mundial, entre el 2000 y 2010 el PIB per cápita de Grecia creció en 21,9 por ciento, en España aumentó 7,2 por ciento y en Italia decreció 3,5 por ciento. La reducción del PIB per cápita italiano es el resultado de un crecimiento de apenas 0,3 por ciento promedio anual en ese periodo, mientras que los aumentos en España y Grecia resultaron de un crecimiento de 2,1 por ciento y 2,4 por ciento, respectivamente. Mejor dicho la economía italiana venía deteriorándose desde hace muchos años.

Lo que la crisis puso en evidencia

La crisis hizo evidentes varias cuestiones:

  • La primera, lo inadecuado de una política monetaria cautelosa en medio de la Gran Recesión. La situación actual es consecuencia, en gran medida, de la timidez del Banco Central Europeo para adoptar una política más expansiva que permitiera la recuperación acelerada de la liquidez y el ingreso de los europeos. En medio de semejante situación, apenas hace unos días redujo su tasa de interés. 
  • Hizo también explícitas las dificultades de una unión monetaria entre países con diferentes niveles de productividad. Según la OCDE, en 2009 la productividad laboral griega era 64 por ciento de la alemana, la italiana 82 por ciento y la española 89 por ciento. Esa disparidad era compensada mediante monedas y tasas de cambio diversas, y ayudas comunitarias. El euro las sustituyó por una paridad común frente al resto del mundo y las ayudas se diluyeron. Pero como esa paridad es determinada por los países con mayores exportaciones y mayor productividad, Alemania y Francia, los otros países acabaron con un cambio común no competitivo.
  • El euro congeló también la estructura productiva: Alemania y Francia en bienes manufacturados de alto valor agregado; Grecia, España, Portugal, Irlanda, en menor grado Italia con mayor tradición manufacturera, en turismo con poco valor agregado.

¿Soluciones dentro de la Eurozona?

Si el ingreso mundial no se recupera o la productividad de griegos, españoles e italianos no converge con la de alemanes y franceses, no existe forma de que recuperen su nivel de ingreso. En ese contexto, ajustes y ayudas financieras son insuficientes para recuperar esas economías. Necesitan crecer más.

De otro lado, con una tasa de cambio común, sólo podrán conseguir aumentar sus productividades si las construyen como antaño: vía fondos europeos comunitarios financiados por los países ricos del norte, y migración sur-norte para ofrecer mano de obra barata en el Norte y menor presión laboral en el Sur, lo que implica más cooperación y menos préstamos.

Mejor dicho, la crisis europea va para largo…

* Ph.D. en economía y profesor de la Universidad Javeriana. 

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