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Bancos, utilidades y competitividad

Escrito por César Ferrari
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Cesar_Atilio_FerrariLos resultados halagadores del sector financiero y en particular de los bancos colombianos ocultan otras realidades: la pésima distribución del crédito, las elevadas tasas de interés, la asimetría de la información. Son fallas protuberantes que reducen la competitividad de las empresas y les impiden aprovechar el TLC.

Cesar Ferrari

Cifras positivas para 2011

En 2011, el sistema financiero colombiano tuvo utilidades por 10,29 billones de pesos: 5,86 billones correspondieron a los establecimientos bancarios, de acuerdo con las cifras registradas por la Superintendencia Financiera de Colombia (Supefinanciera). Dicho monto representó 1,02 billones más que el del año anterior.

La correspondiente rentabilidad sobre patrimonio fue de 14,69 por ciento y sobre acciones (ROE) 15 por ciento, índices muy positivos en un contexto donde muchas empresas del sector real obtienen tasas de rentabilidad reducidas o negativas.

Razones del crecimiento

Esos resultados son consecuencia principalmente de dos factores: el crecimiento de la cartera bancaria respecto al año anterior (25,6 por ciento) y el aumento del margen neto de intereses en 15,02 por ciento. Las utilidades de los establecimientos bancarios aumentaron en 21,36 por ciento. Ese margen es ciertamente elevado.

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Los banqueros y el gobierno caminan juntos, pese a algunas críticas puntuales.

Foto: Periódico Unal.

Según el Banco Mundial (BM), mientras que en Colombia la diferencia entre las tasas activas y pasivas promedio en 2010 era 5,72 por ciento, en Chile era 3 por ciento y en China 3,06 por ciento.

Por su parte, según información del Banco de la República (BR) el índice de precios de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) a través de la cual opera el mercado de capitales – la otra parte importante del sistema financiero- tuvo un comportamiento menos favorable. Entre diciembre de 2010 y diciembre de 2011, el índice se redujo en un 18,3 por ciento. Si se comparan los promedios anuales, entre 2010 y 2011 el índice se elevó apenas en un 3,6 por ciento.

Dichos resultados parecerían bastante aceptables para los bancos colombianos, aunque poco favorables para la bolsa, a pesar de ser parte de un sistema financiero que en 2011 ocupó el puesto 45 sobre un total de 60 países considerados en el ranking de desarrollo financiero del Foro Económico Mundial. Con respecto al grado de desarrollo de los servicios bancarios, Colombia ocupaba el puesto 51 y al de los mercados financieros (de renta fija, renta variable, divisas y derivados) el puesto 54.

Los resultados indicados pueden considerarse positivos para un sistema financiero que en 2010, según el BM, proporcionaba crédito al sector privado en un monto relativamente reducido, equivalente a 43,44 por ciento del PIB; en Chile esa relación era 86,27 por ciento y en China 130,02 por ciento.

Por su parte, el valor de los activos financieros transados en la BVC con relación al PIB era también un reducido 7,95 por ciento; en Chile esa relación era 25,53 por ciento y en China 135,49 por ciento.

Esas relaciones se explican, en gran medida, por una relación de medios de pago (M2) con respecto al PIB también reducida: en Colombia era 35,71 por ciento mientras que en Chile era 78,74 por ciento y en China 166,51 por ciento.

Colombia parece preferir mercados de créditos y de capitales muy reducidos, es decir poco profundos, y dispone de relativamente pocos medios de pago que no permiten depósitos y créditos abundantes ni compras masivas de activos financieros.

Las tasas de interés

 

Por cierto, tales reducidos montos crediticios tienen que ver también con los niveles de las tasas de interés: cuanto más elevadas sean, menos atractivo resulta tomar crédito. Según el BM, en 2010 la tasa de interés para los créditos en Colombia era 9,38 por ciento en términos nominales y 5,51 por ciento en términos reales (es decir, descontada la inflación). Mientras tanto, en Chile las tasas correspondientes eran 4,75 por ciento y -8,41 por ciento y en China 5,81 por ciento y –0,74 por ciento, respectivamente.

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Las entidades bancarias han intentado llegar a más municipios y a más personas, a través de la descentralización de sus servicios.    Foto: Alcaldía de Villarrica.

El problema principal que provocan las tasas de interés elevadas es reducir la competitividad de la producción nacional. Más aún, al inducir a las grandes empresas que tienen acceso a los mercados internacionales de crédito a financiarse externamente a fin de lograr costos financieros menores, se genera revaluación cambiaria, con lo cual se reduce aún más la competitividad.

En 2011 los ingresos externos por préstamos al sector privado en Colombia sumaron 15.708,1 millones de dólares frente a 19.444,1 millones en 2010. Como referencia para comparar el tamaño de dichos flujos, conviene recordar que también en 2011 las exportaciones petroleras, el principal rubros de ingreso de divisas a Colombia, alcanzaron un valor de 19.130,9 millones de dólares y en 2010 de 11.071,9 millones de dólares.

Ciertamente las tasas de interés promedio esconden otras realidades: la diferencia entre las tasas para los diversos productos bancarios es muy elevada:

  • En diciembre 2011, según la Superfinanciera, la tasa de interés para los créditos de consumo era 18,92 por ciento;
  • para las tarjetas de crédito 28,35 por ciento,
  • para los sobregiros 26 por ciento;
  • para los de vivienda 12,86 por ciento;
  • y para los microcréditos 35,55 por ciento.
  • Pero para los créditos preferenciales, los que reciben las grandes empresas, la tasa era 8,99 por ciento y cuando los créditos eran menores a 90 días, solo 8,17 por ciento.

¿Cómo se distribuye el crédito?

 

A la misma fecha, los créditos a las grandes empresas representaban 24,5 por ciento del total del crédito, los créditos de consumo 9,9 por ciento, las tarjetas 8,5 por ciento, los sobregiros 31,7 por ciento y los de vivienda 3,1 por ciento. Pero los microcréditos representaban apenas 0,8 por ciento. Dos comentarios pueden hacerse al respecto:

  1. Resulta sorprendente que la participación más importante en el crédito total sea el de los sobregiros; en realidad no debería llamar la atención, pues en el fondo son créditos de muy corto plazo, de refinanciación continua, que resultan atractivos para los bancos por su elevada tasa y una rápida recuperación.
  2. La participación de los microcréditos es reducida, porque los clientes potenciales no ofrecen las garantías requeridas y no son atractivos para los bancos, porque representan costos muy elevados y las tasas de interés elevadas que les cobran conllevan mayores riegos de impagos: o se desarrolla algún mecanismo financiero alternativo no tradicional que supere el tema de las garantías, funcione con costos operativos reducidos y cobre, en consecuencia, tasas también reducidas, o las microempresas no reciben los créditos que necesitan.

 

Fallas de mercado y baja competitividad

¿Pero por qué, excepto para los créditos preferenciales, las tasas de interés son tan elevadas y en general los mercados de crédito y de capitales tan poco profundos? Porque además de los medios de pago reducidos, los mercados de crédito en Colombia no funcionan en competencia plena, excepto en el caso de los créditos preferenciales, que tienen una enorme competencia que proviene no sólo de los mercados internacionales sino también del financiamiento que esas empresas pueden obtener en el mercado de capitales.

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Altos dignatarios y los representantes del gremio durante la instalación de la Cumbre Bancaria de Cartagena.    Foto: Asobancaria.

Según el Reporte de Estabilidad Financiera del BR de septiembre 2010: “El mercado de crédito (colombiano) continúa estando regido por una estructura de competencia monopolística, la cual se mantiene a lo largo de las modalidades de crédito”. No es para menos, son protuberantes las fallas que experimentan esos mercados, que impiden que operen en forma eficiente y originan ese comportamiento de competencia imperfecta. Por cierto, todas ellas están debidamente estudiadas en la literatura económica.

Esas fallas de mercado frecuentes en los mercados de crédito colombianos, incluyen:

  1. Fidelidad forzosa para muchos clientes, que no pueden cambiar de proveedor crediticio, porque no se les permite pre–pagar sus créditos o sólo hacerlo luego de pagar ciertas penalidades, tema que tiende a corregirse con una nueva normatividad.
  2. Precios opacos, consecuencia de una situación donde la tasa de interés nominal, que supuestamente representa el precio del producto crediticio, excluye los costos adicionales del mismo por comisiones, estudios, seguros, chequeras, gastos de consulta, que impiden al cliente tomar una decisión racional sobre el crédito.
  3. Información asimétrica, puesto que el prestatario debe proporcionar toda la información imaginable sobre su estado de vida, mientras que él mismo, muchas veces no tiene una precisa idea del precio ni de las características del producto que está adquiriendo, ni de los compromisos que ello conlleva.

Por su parte, la bolsa colombiana es aún poco profunda, porque a pesar de que el financiamiento por su intermedio resulta relativamente poco costoso, las grandes empresas prefieren financiarse internacionalmente, como ya se indicó.

A su vez, las pequeñas y medianas empresas prefieren hacerlo en los mercados de crédito a pesar de resultarles más costosos, porque sus dueños–gerentes, que no tienen acceso a reducciones tributarias o a exenciones especiales, prefieren llevar contabilidades poco transparentes para poder trasladar a sus empresas una serie de gastos personales y con ello reducir su renta gravable y su tasa efectiva de impuesto a la renta; pero en esas condiciones no califican ni pueden emitir papeles en la bolsa.

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Algunos usuarios se quejan por los altos costos de las operaciones en sus bancos.

Foto: Davivienda.

Mejor dicho, si se aspira a que las empresas colombianas sean competitivas y aprovechen el TLC con Estados Unidos se requieren nuevas políticas monetarias, tributarias y particularmente, de regulación, que induzcan tasas de interés más reducidas y una tasa de cambio más competitiva.

Ciertamente hay un problema grave de inadecuada infraestructura económica que eleva los costos de las empresas, pero la brecha de competitividad de las empresas colombianas con respecto a las chinas por ejemplo, resulta en gran medida de los elevados costos financieros y de una tasa de cambio reducida con los que tienen que lidiar, más que de salarios [1] igualmente reducidos que los de las empresas chinas y de la baja productividad [2] con que operan.

* Ph.D. en economía, profesor de la Universidad Javeriana.

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