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Extremismo violento: el legado de Trump a Biden

Escrito por Jorge Mantilla
Jorge Mantilla

Joe Biden tendrá el reto de enfrentar a los terroristas de extrema derecha y los supremacistas blancos que deja el gobierno Trump. El desafío no va a ser fácil.

Jorge Mantilla*

Ataque al Capitolio

La irrupción en el Capitolio y la alerta máxima en que se encuentra la ciudad de Washington marcan el ascenso del extremismo de derecha en Estados Unidos.

Es una victoria para un movimiento diverso en su composición y en sus variantes ideológicas, pero monolítico en su idea de derrocar al gobierno y “devolverle el poder a la gente”.

Este evento hizo que Twitter cerrara la cuenta de Donald Trump por incitar a la violencia. Esta decisión conlleva un dilema ético de hondo calado para la democracia digital; pero es más delicada la radicalización de algunos sectores de la “derecha alternativa” (alternative right) ante dicho cierre, quienes aludirán a una supuesta victimización para reforzar su narrativa antisistema.

Hace cuatro años era raro hablar sobre los grupos armados dentro de Estados Unidos, por fuera de los círculos especializados. En cambio, hoy en día es difícil entender la política estadounidense y la agenda de seguridad de Joe Biden sin tener en cuenta a las milicias, los grupos armados y las facciones extremistas.

Este fenómeno no es nuevo. La extrema derecha estuvo presente en el espectro político norteamericano casi desde la Guerra Civil de 1861 a 1865. Sin embargo, nunca antes tuvo la capacidad que tiene ahora para perjudicar el país.

Los grupos de extrema derecha son responsables de la mayor cantidad de ataques terroristas y crímenes de odio en los últimos años. La importancia de este movimiento radica en su capacidad de convocar multitudes y en las repercusiones que sus operáticos tendrán para la agenda de seguridad de Estados Unidos durante los próximos cuatro años.

El legado de Trump

El legado más importante de Trump en materia de seguridad es el aumento exponencial de esta amenaza. Además de ampararse en la reticencia de los líderes conservadores a condenar su violencia, estos sectores encontraron amplificación de su mensaje político en las instancias más altas del Estado.

Una tensión social indebidamente gestionada ocasionó el surgimiento de la “violencia espontánea”, la descentralización de los grupos de extrema derecha y su tendencia a enfocarse en objetivos de tipo religioso.

Algunos de los casos más sonados en este sentido son el ataque a un templo Sikh en Oak Creek, Wisconsin, que dejó seis muertos y la incursión a una sinagoga en Pittsburgh en 2018 que dejó once muertos.

Desde 1990 ocurren miles de incidentes como estos, perpetrados por personas que fueron expuestas a contenidos supremacistas que hasta hace poco circulaban por internet libremente y de esta forma se radicalizaron.

La extrema derecha estuvo presente casi desde la Guerra Civil de 1861 a 1865, pero nunca tuvo la capacidad que tiene ahora para perjudicar el país

Sin embargo, las ramificaciones ideológicas de este movimiento que aguarda por una segunda guerra civil son diversas. Según el FBI, no se trata de perseguir las afinidades partidistas con ideologías xenófobas y misóginas, sino de perseguir la violencia como la de los grupos que conforman el militia movement.

¿Terrorismo o crímenes de odio?

El primer desafío del presidente Biden para contrarrestar el auge de los grupos extremistas es de tipo legal e institucional. Aunque hoy son la primera fuente de incidentes catalogados como terrorismo doméstico, los perpetradores que son capturados no son enjuiciados por terrorismo.

Estados Unidos no puede usar las herramientas creadas tras los ataques del 11 de septiembre para perseguir a los culpables y blindar al país en el futuro, ya que no existe un procedimiento institucional que permita catalogar a estos grupos domésticos como terroristas.

La bandera confederada es un símbolo del racismo y de la supremacía blanca. Verla ondeando en el Capitolio es el epítome del fracaso de las actuales estrategias para contrarrestar el fenómeno.

La discusión ahora es si las estrategias de estos grupos, como la intimidación, el vandalismo, los homicidios selectivos y los tiroteos masivos, pueden considerarse como crímenes de odio o como terrorismo.

En Estados Unidos, la definición legal de terrorismo es el ejercicio de la violencia contra no combatientes, para promover un mensaje o una ideología política, maximizando su influencia psicológica o simbólica para influir sobre la agenda pública o sobre los que toman decisiones.

De acuerdo con esto, la violencia de la extrema de derecha y el militia movement encaja en la definición legal. Además, puede considerarse un terrorismo exitoso, ya que logró determinar la agenda doméstica del país más poderoso del mundo. Algo que ningún grupo foráneo logró en la historia del terrorismo internacional.

Foto: Wikimedia Commons - El extremismo violento es uno de los legados que Trump le deja a Biden, un país muy polarizado y que no encuentra puntos de convergencia

Diversidad y polarización

Otro desafío para el nuevo presidente es gestionar la relación entre diversidad y polarización que se instaló en la década de los noventa.

La diversidad cultural de Estados Unidos y la importancia económica y electoral de las minorías hicieron que los afroamericanos se inclinaran hacia los demócratas y los blancos hacia los republicanos. Si bien los segmentos poblacionales asiáticos y latinos son más heterogéneos, priman las preferencias políticas de izquierda liberal.

Para los grupos de extrema derecha, el hecho de que los inmigrantes y otras minorías como los musulmanes o la población LGBTQI voten por el partido demócrata significa que este partido representa a los enemigos de la Norteamérica blanca, cristiana y heterosexual.

La bandera confederada es un símbolo del racismo y de la supremacía blanca. Verla ondeando en el Capitolio es el epítome del fracaso para combatirlos

Por esto, si hay un gobierno demócrata, este será encabezado por traidores a la ‘patria’ que deben ser eliminados para devolver el poder a los ‘verdaderos’ americanos.

Esta narrativa subyace a las conspiraciones de los grupos extremistas para asesinar al expresidente Obama, para secuestrar a la gobernadora de Michigan y hacerle un juicio político por las medidas tomadas para frenar la pandemia, o para declarar a varios senadores como objetivo militar, por ejemplo a la musulmana Ilhan Omar.

Trump cabalgó sobre esta polarización, Trump atizando a los sectores radicales de la extrema derecha. Y esto explica la actual crisis del bipartidismo y el que un consenso cualquiera en la política estadounidense sea hoy inimaginable.

Para los nacionalistas, si el Congreso reconoce la victoria de Biden, entonces hay que cerrar el Congreso. De acuerdo con el FBI, al menos quince de las personas que fueron capturadas en el Capitolio estaban dentro de la lista de personas peligrosas por su vinculación con los grupos extremistas que maneja la agencia.

Extremismo después de Trump

La derecha alternativa está compuesta por grupos que se autodenominan como nacionalistas blancos. Dichos grupos aspiran a que Estados Unidos se convierta en un etno-Estado blanco y consideran las políticas globales y la multiculturalidad como amenazas contra su cultura.

Algunos, como el profesor Arie Perliger, consideran que el fenómeno de la derecha alternativa como plataforma de extremismo violento es apenas la punta de un iceberg que se extiende hasta lo más profundo del poder.

Durante la era Trump, estos sectores y sus discursos se convirtieron en la tendencia mayoritaria dentro del conservadurismo estadounidense. A ello contribuyó la democratización de la derecha impulsada por los portales que movilizaron el nacionalismo blanco.

Obligados a hacer espacio dentro del partido republicano y de los principales grupos de interés, los conservadores permitieron que el xtremismo llegara a espacios de donde estaba marginado.

Con Biden en la presidencia es previsible que estos sectores pierdan margen institucional y en los medios, además de que sean perseguidos y censurados. Esto obligará a muchos líderes conservadores a hacerse visibles para defender derechos como la libre expresión del nacionalismo blanco en Twitter.

También puede esperarse que el terrorismo aumente. Estos grupos ahora tienen la capacidad y la legitimidad de sus amplísimas bases sociales para pasar a pequeñas ofensivas locales que de no ser neutralizadas serán una fuente importante de inseguridad e inestabilidad política en el futuro.

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