Colombia en Miss Universo: cuando ganar es perder un poco - Razón Pública
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Colombia en Miss Universo: cuando ganar es perder un poco

Escrito por Omar Rincón

Miss Universo Paulina Vega

Omar RincónEntre el orgullo de los más, la displicencia de los menos y el revuelto de argumentos sobre identidad de género, estética y geopolítica, todos los colombianos – en un sentido o en otro- somos Paulina Vega. Aquí está la explicación.

Omar Rincón*

Buena onda

Colombia anda en la buena: el fútbol ilusiona con James y las reinas emocionan con Paulina Vega. Y es que Colombia es fútbol y reinas. Dos pasiones que definen una identidad nacional.

En el fútbol, como en todo, Colombia era el país donde “perder es ganar un poco” (del filósofo Maturana), ahora con Miss Universo y Cuadrado, James, Jackson y Falcao, Colombia es el país donde “ganar es perder un poco”: por ejemplo, ganar la paz es perder un poco de justicia, verdad y memoria; por ejemplo, ganar miss universo es ganar orgullo e identidad sentimental y perder en dignidad para la mujer.

Por eso dicen muchos que estos éxitos individuales hablan del nuevo país: uno que no se contenta con poco, que ha dejado el provincianismo y que se atreve a estar en el mundo con dignidad.

Las reinas son para las mujeres lo que el fútbol es para los  hombres.

Paulina Vega, la miss universo, afirmó que este triunfo "es más importante que el mundial" de fútbol. O sea que las reinas son para las mujeres lo que el fútbol es para los  hombres, donde unas ganan por belleza, los otros ganan por feos. Y sí, Miss Universo es como el mundial del fútbol: un acto televisivo popular con tintes de mafia.

Santos, el presidente, afirmó que este triunfo de la reina es un "acontecimiento histórico" porque demuestra que en el país hay mujeres muy inteligentes, mujeres muy trabajadoras mujeres que perseveran ante los obstáculos, y además de eso muy bonitas”.  O sea que Paulina Vega es una representante de las mujeres inteligentes y trabajadoras de Colombia. No parece; pero si el presidente lo dice, nos toca hacernos cargo de su retórica patriótica.

Mujeres a la colombiana

En este país donde no hay Virgen que valga, porque la de Chiquinquirá fue derrotada burocráticamente por el Sagrado Corazón y popularmente por el Divino Niño. En este país donde los hombres nos sabemos feos y sin gracia, las mujeres bonitas son nuestra salvación. En este país de baja autoestima, sacamos a las mujeres como trofeo de orgullo.  En este país en guerra, son las mujeres las que ponen el cuerpo para sobrevivir con dignidad e imaginar la paz.

¿Le gustan las mujeres colombianas?  Preguntamos a todos los extranjeros. Y esta pregunta denota tres cosas: que somos orgullosos de la belleza de nuestras mujeres, que las feriamos y ofrecemos como la carne de nuestra identidad, y que tenemos baja dignidad porque preguntamos a los extranjeros para que nos digan qué y cómo somos. Por eso obtener miss Universo aumenta nuestro orgullo de feria animal: tenemos bellas y alucinantes hembras.

“Hola reinita”. Después del trauma (llamar mamita, mamacita, mami a la mujer que nos gusta) viene el absurdo  y por eso toda colombiana es “reinita”. Se le dice reina para alabarla y adorarla y seducirla y dominarla. Y a esa reina se quiere “coronar” a lo narco. Y a esa reina se le quiere usar a lo Diomedes cuando canta “pueden haber más bellas que tú | habrá otra con más poder que tú  | pueden existir en este mundo pero eres la reina  (…) Trata ser mientras se pueda conmigo feliz | sólo se tiene la dicha un instante no más”. Primero la eleva a reina y luego la pone en principio de realidad: el macho te va a usar, gózalo mientras tanto. Y termina con la filosofía Colombia: solo se vive una vez… y, por eso, a gozar el instante.

La respuesta es Colombia. ¿Dónde hay reinas y reinados al por mayor? En Colombia, desde el reinado de la panela hasta miss tanguita. Y en todos es igualito: las mujeres muestran sus carnes-sexo y los hombres aplauden, babean, compran y denigran de la dignidad femenina. Y no es raro que haya tanta reina y tantos reinados porque en Colombia se invierten 90 dólares anuales per cápita en belleza y cuidado personal, según el diario La República. La industria de cosméticos, además, representa el 3 por ciento del PIB de Colombia.  Y es más importante ir a un reinado que a la universidad; aunque el costo de una reina en Cartagena es de 50 millones de pesos, eso no es caro porque el reinado te gradúa de comunicadora, periodista, actriz, relacionista pública, esposa de nuevo rico… Tanto que una vez una mamá de reina lo dijo claramente: “es que ir al reinado de Cartagena es como hacer un posgrado”.

Luego nada mal, más que estudio, exhibición de carnes para el éxito más express; o sea, más a la colombiana: no importa cómo pero hay que salir adelante a las que sea. El cuerpo es una manera de hacerlo, el sexo otra, el fútbol también, el narco más, el político es el modo más cínico de coronar y la corrupción la mejor manera de reinar. Luego “coronar” es la ilusión más colombiana. Todos lo practicamos: y también las reinas.


Candidatas de Ibagué y Melgar al Reinado Departamental del Folclor celebrado en
Ibagué, Tolima.
​Foto: Edgar Jiménez

¿Por qué ganó Paulina?

  • Por bella. Y lo es. Su fuerte es “su cuerpo”, dicen expertos. Tan bella como muchas colombianas, solo que Paulina es la que compitió.
  • Por inteligente. Dicen que lo es porque respondió bien a las preguntas. Sobre el aporte de Colombia al mundo, Vega contestó en español que los colombianos son "gente perseverante" y "ejemplo" de "lucha" por un mundo mejor. Interrogada  sobre qué pueden aprender las mujeres de los hombres, dijo que era una pregunta "difícil", pero que "hay hombres que todavía creen en la igualdad de hombres y mujeres, y eso es lo que las mujeres deberían aprender de los hombres". ¡Yo no entendí!
  • Por caribeña. Lo cual la hizo ser espontánea, alegre y buena onda. Y porque le puso ganas, actitud, verraquera y sabor.
  • Por la nueva Colombia. Esa Colombia que quiere salir adelante, decir que “sí se puede”, y que piensa nueva era: easy going and positive.
  • Por geopolítica. Laura Galindo, estudiante de la maestría en periodismo de los Andes, lo contó bien: “Sin más rodeos, el certamen Miss Universo es un escenario in vitro desde el que es posible pensar y comprender la geopolítica mundial. Una foto en Instagram de Miss Israel y Miss Líbano generó gran controversia porque recordaba la guerra de Israel y Hezbollah. Photobombed tituló un diario libanés. Las candidatas de Rusia y Ucrania suelen compartir habitación durante el concurso por su cercanía geográfica, pero a raíz de los enfrentamientos vividos durante el 2014, este año no fue así. En el 2002, la delegada de Israel desfiló con un vestido que mostraba el estado Israelí e incluía los territorios disputados de Cisjordania y Gaza. Ese mismo año las concursantes amenazaron con boicotear el certamen que tendría lugar en Nigeria y lo obligaron a cambiar de anfitrión, porque días antes, una mujer había sido sentenciada a muerte por tener relaciones sexuales sin estar casada. Y este año, justo cuando los ojos de todas las organizaciones internacionales están sobre el proceso de paz, Colombia es Miss Universo”.

Laura Galindo concluye así: “es cierto que haber ganado un reinado de belleza no va a disminuir los índices de pobreza y corrupción. Es cierto que el interés por contenidos políticos y económicos cada vez es más bajo y que sobra público para la farándula. Y también es cierto que Miss Universo hace las veces de cortina de humo en los países con problemas del tercer mundo, pero no es cierto, que este y su magnetismo no puedan aprovecharse para generar análisis profundos y pensar la realidad de formas críticas. El problema entonces, no es Miss Universo: son ustedes, los que no quieren pensarlo más allá”. 

Colombia es la reina

Las críticas a esta reina y a los reinados son las mismas de siempre: que perpetúan un estándar de belleza, un cuerpo, una exhibición de carnes, un espectáculo denigrante para las mujeres.

“Coronar” es la ilusión más colombiana. Todos lo practicamos: y también las reinas.

Las  críticas dicen que sentirnos orgullosos, como colombianos, de la belleza de la mujer colombiana y sacar vanidad porque ganamos, solo demuestra que con muy poco nos contentamos y que ponemos el destino del país en asuntos baladíes que ignoran las injusticias, la desigualdad, la corrupción y los grandes males de país.

La verdad es que las mujeres bellas y los reinados son parte de la identidad sentimental, y que ganar es perder un poco: ganamos y se vale ganar y dejar de ser segundones. Que Colombia esté comenzando a ganar en el fútbol, los reinados, el turismo, el prestigio crea un nueva sentimentalidad nacional: una que permite pensar que un nuevo país puede ser. Y  ese nuevo país es el de la paz. Todo suma, ser miss universo, también.

Colombia, ahora, es un país donde ganar es perder un poco. Y hay que creérnosla. Somos el país orgulloso de sus mujeres bellas, y esto significa perder porque celebramos con triunfos nuestro machismo, el uso indebido del cuerpo y el ser femenino, el habitar las apariencias y el evadir nuestras frustrantes realidades. Perdemos dignidad, pero ganamos orgullos. Y eso no es poco. “Trata ser mientras se pueda conmigo feliz | sólo se tiene la dicha un instante no más”, canta Diomedes. Y creo que  ese es el mensaje: Tratemos de ser felices con esa dicha de pensar que la paz está cerca: por ahora celebramos a Paulina, la miss universo.

 

* Director de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. orincon61@hotmail.com

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