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Devaluación en Latinoamérica ¿nuevo escenario?

Escrito por César Ferrari

El precio del dólar está aumentando en Colombia y en toda la región. Un análisis de los por qué, de las implicaciones, de las perspectivas y de los cambios de política que se hacen necesarios ante un fenómeno clave para los próximos años.

César Ferrari*

Detrás del precio del dólar

La tasa de cambio de casi todas las monedas latinoamericanas respecto del dólar viene aumentando notoriamente: según datos de The Economist, la devaluación anual en Argentina fue 56,2 por ciento, en Venezuela  46,6 por ciento, en Brasil 22,3 por ciento, en Chile 16,7 por ciento, en Colombia 13,8 por ciento, en Perú  9,3 por ciento y en México  4,7 por ciento.[1]

Las devaluaciones responden a cambios en la oferta y demanda de divisas.

La demanda refleja el comportamiento de la economía doméstica, pues su origen  principal son las importaciones que dependen del nivel de actividad interna. Hasta la fecha, la economía colombiana no ha sufrido mayores cambios en su ritmo de actividad: en 2013 creció 4,5 por ciento y en 2012 creció 4 por ciento. Perú, México y Chile presentan panoramas similares. Así, a corto plazo, no se esperarían cambios sustanciales en sus respectivas demandas de divisas.

Las devaluaciones responden a cambios en la oferta y demanda de divisas. 

No es el caso de Argentina y Venezuela, con las mayores devaluaciones. Ambos presentan  incertidumbres políticas que alimentan las económicas: dudas sobre derechos de propiedad, inflaciones elevadas y controles de precios. Esas incertidumbres ocasionan una demanda creciente de divisas como refugio, y la devaluación seguirá aumentando mientras duren.

Si la devaluación se da en un contexto de inflación reducida, implicará mayor competitividad de la producción nacional. Esto es fundamental para los bienes manufactureros y agropecuarios, que son grandes demandantes de mano de obra. Pero para que la inflación sea menor es necesario compensar los efectos de la devaluación mediante  una rebaja en la tasa de interés. Compensarla reduciendo el salario no tiene presentación.


Banco de la República en Bogotá.
Foto: momentcaptured1

Bajan los precios de las materias primas

Lo que sí está cambiando para todos es la oferta de divisas: se está reduciendo sistemáticamente. Gran parte tiene que ver con la crisis económica europea, las dificultades estadounidenses, el lento despegue japonés y la desaceleración china. Las crisis, usualmente, reducen la demanda de materias primas, con ello sus precios internacionales y, consecuentemente, la oferta de divisas.

En 2013 la situación de precios de las materias primas fue mixta. Según el Fondo Monetario Internacional, el precio promedio del petróleo se mantuvo relativamente estable y elevado (US$ 97,9 por barril en 2013, 94,1 en 2012 y 95,1 en 2011), por la sustitución de la energía nuclear en Japón, la confrontación occidental con Irán y las dificultades en los países árabes petroleros. 

Distinta fue la situación del carbón, cuyo precio descendió 12,2 por ciento en 2013 y 20,7 por ciento en 2012, o la del café que se redujo 24,8 por ciento en 2013 y 31,3 por ciento en 2012.[2]

Pero la situación petrolera estaría por cambiar. Irán está por firmar un acuerdo con Estados Unidos y Europa que levantaría su embargo petrolero. Junto a una mayor estabilidad en los países árabes, aumentaría la oferta petrolera y, consecuentemente, reduciría los precios. Europa y Estados Unidos desean ese acuerdo tanto que el presidente Obama anunció que vetaría cualquier intento de bloquearlo. La razón parece evidente: menores costos petroleros contribuirán significativamente a su recuperación.

En todo caso es claro que la reducción de los precios de las materias primas continúa. En enero 2014 el índice de precios de las materias primas del FMI se redujo 2,2 por ciento con respecto a diciembre 2013. En particular, los precios de los bienes alimenticios, importantes para Brasil y Argentina cayeron el 1 por ciento; de los metales, importantes para Perú, Chile y Bolivia, 1,5 por ciento; y los del petróleo, importantes para Colombia, Venezuela y Ecuador, 3,1 por ciento.[3]

Estados Unidos inyecta menos dólares

Otros cambios en la oferta de divisas corresponden a las variaciones en los flujos de capital (inversiones y créditos) y de remesas. En 2013 no se redujeron debido sobre todo a los  ingentes recursos financieros que Estados Unidos provee a tasas mínimas: US$ 85 mil millones mensuales. Estos dineros alimentaron también la demanda de bienes manufacturados, particularmente en China, y con ello la de materias primas. A su vez -dadas las incertidumbres en el mundo árabe- los inversionistas petroleros siguieron orientándose hacia nuevos destinos.

Según la balanza de pagos colombiana, en 2013 (hasta septiembre) los ingresos por inversión extranjera fueron US$ 19,402 millones y en 2012 (hasta septiembre) US$ 15,723. En los mismos periodos, las remesas de los migrantes colombianos fueron US$ 3,021 millones y US$ 2,930 millones, respectivamente.

Esas expansiones monetarias también hicieron posible el enorme endeudamiento externo de las empresas con acceso a los mercados internacionales de crédito en busca de menores costos financieros: una empresa que puede financiarse internacionalmente al 3 por ciento no tomaría un crédito preferencial en Colombia al 9 por ciento.

Si la devaluación se da en un contexto de inflación reducida, implicará mayor competitividad de la producción nacional

Adicionalmente, si el periodo es de revaluación, esas empresas traen más dólares de los que necesitan: los venden a 1850 pesos y para devolverlos los recompran a 1750. Con los pesos compran inmuebles o acciones, y sus precios suben, y cuando deben devolver el crédito, venden unos u otros y ganan la diferencia. Pero si perciben que el periodo es de devaluación hacen lo contrario y aumentan la demanda de dólares.

En el caso colombiano, según la balanza cambiaria consolidada, en 2013 (hasta septiembre) ese endeudamiento fue US$ 14,774 millones; en 2012 (hasta septiembre) US$ 16,684 millones. En esos mismos periodos, el valor de las exportaciones petroleras colombianas fue US$ 16,907 y 16,242 millones, respectivamente.

Pero a partir de enero 2014 la Reserva Federal redujo su compra de activos financieros y la consecuente expansión monetaria a US$ 75 mil millones y en febrero a US$ 65 mil millones. Según lo anunciado, continuará reduciéndolas en los próximos meses. Esa menor expansión monetaria generará menor liquidez internacional, mayores tasas de interés comercial y menor afluencia de divisas a Latinoamérica, como inversión o endeudamiento.     


Extracción de carbón.
Foto:Kym Famik

Las tasas de interés

Según el Banco Mundial, en 2012 la tasa real de interés promedio para los créditos preferenciales en Colombia era 9,76 por ciento; en China era 4,1 por ciento y en Estados Unidos 1,48 por ciento. Las tasas en Colombia no solo son elevadas para las grandes empresas sino exageradas para los consumidores, micro, pequeñas y medianas empresas que no acceden a los mercados internacionales.

En ese año el sistema bancario colombiano proporcionó crédito al sector privado por un monto equivalente a 52,2 por ciento del PIB; en China esa relación era 133,7 por ciento y en Estados Unidos 183,8 por ciento.

Las tasas de interés colombianas son tan elevadas y los montos de crédito tan reducidos, en gran medida porque los mercados de crédito no funcionan en competencia plena. Según  el Banco de la República: “El mercado de crédito continúa estando regido por una estructura de competencia monopolística, la cual se mantiene a lo largo de las modalidades de crédito.”

No es para menos: precios opacos, información asimétrica y fidelizaciones forzosas son una regla común en los mercados de crédito colombianos, estas últimas a pesar de la Ley de 2012 que permite pre-pagar deudas nuevas y que la Corte Constitucional en 2013 extendió para los créditos contratados antes de la promulgación de la ley.

Competitividad, tasa de cambio, tasa de interés y política pública

Los elementos cruciales de la competitividad son la tasa de interés y la tasa de cambio: menor tasa de interés y mayor tasa de cambio significan mayor competitividad. La primera define los costos financieros de las empresas. La segunda convierte en precios nacionales los precios internacionales de los bienes que se pueden transar internacionalmente.

En enero 2013, según el Índice Big Mac de The Economist,  la tasa de cambio colombiana frente al dólar estaba sobrevaluada en 11,05 por ciento. Si se la compara contra la tasa china, el principal competidor, devaluada frente al dólar en 41,1 por ciento, la ventaja competitiva de los chinos frente a los colombianos, sólo por tasa de cambio, era de 52,15 puntos porcentuales.[4]

Otros cambios en la oferta de divisas corresponden a las variaciones en los flujos de capital (inversiones y créditos) y de remesas. 

Este panorama se mantuvo desde principios del presente siglo hasta la fecha. Estaría cambiando por las razones indicadas. Según el mismo índice, en enero de 2014 la ventaja cambiaria de China sobre Colombia se había reducido a 34,5 por ciento.

Pero si todos los países devalúan similar y simultáneamente frente al dólar, la devaluación colombiana no generará mayor ventaja competitiva a los productores frente a los de otros países con quienes compiten, llámense chinos o coreanos. Ello depende de la política económica que se siga. 

En períodos de revaluación, una manera es acumular reservas a través de una mayor expansión monetaria. Eso hacen los chinos: a fines de 2013 tenían US$ 3,8 millones de millones de reservas internacionales. Es también la política peruana: a enero de 2014 sus reservas internacionales eran US$ 65,200 millones, frente a US$ 43,700 millones colombianas; en una economía que es casi la mitad de la colombiana.

En épocas de devaluación lo sustancial es ganar tasa de cambio real. Esto requiere compensar la devaluación con una reducción correspondiente de la tasa de interés para minimizar el aumento de precios. Lo cual a su vez supone una política regulatoria que logre una mayor competencia en los mercados de crédito.

Por supuesto, la política fiscal debe acompañar ese cambio en los precios relativos. Una reducción significativa de los precios petroleros causará dificultades fiscales en Colombia por la importancia que tienen en el ingreso fiscal. Si la respuesta es un financiamiento externo masivo, que sustituya al endeudamiento privado, bloqueará la devaluación cambiaria, como sucedió a principios de 2009. Ojala no sea el caso.

 

* Ph.D. en Economía y Master en Economía del Desarrollo por la Universidad de Boston, Master en Planificación Urbana por la Universidad de New York, Ingeniero Civil por la Universidad Católica del Perú,  Profesor Titular de la Universidad Javeriana en el Departamento de Economía [ferrari@javeriana.edu.co].

 


[1] Cálculos del autor con base en información tomada en The Economist  .

[2] Cálculos del autor.  Con base en datos tomados de The International Monetary Fund (IMF)

[3] Ibid

[4] Interactive currency-comparison tool, The Big Mac index, Global exchange rates, to go, January 23rd 2014, by D.H. & R.L.W. en The Economist.  Los datos completos entre el 2000 y enero 2014 se encuentran en la hoja de cálculo que pueden descargarse de la misma página. Cálculos del autor.

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