El salario mínimo por regiones: una falacia por partida triple - Razón Pública

El salario mínimo por regiones: una falacia por partida triple

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Jorge Iván GonzálezNo es cierto que un salario menor en regiones deprimidas atraiga inversionistas, genere empleo y aumente  la equidad. Es todo lo contrario. 

Jorge Iván González *

Esta semana el director del Departamento Nacional de Planeación (DNP) propuso establecer un salario mínimo por regiones. En su opinión la medida favorecería la generación de empleo. La lógica subyacente a la propuesta es la siguiente: si en las regiones pobres se paga un salario mínimo relativamente menor, los empresarios tendrían incentivos para trasladar allí sus inversiones. Como resultado de este proceso, la dinámica del empleo sería mayor en las regiones deprimidas y habrá más equidad territorial. Aunque esta aproximación parece consistente, presenta varias fisuras.

Las tres falacias

La propuesta tiene tres falacias. La primera es la supuesta relación inversa entre los salarios y el empleo: menos salario entonces más empleo. La segunda tiene que ver con la localización de las empresas: si el salario es bajo, las firmas se instalan en la región. Y la tercera tiene relación con la convergencia regional: los salarios diferenciales favorecen el acercamiento entre las regiones. Ninguna de estas tres afirmaciones es correcta.

Los salarios bajos no garantizan un aumento en el empleo.

Todo lo contrario. Si el salario es bajo, el consumo disminuye, la inversión cae y el desempleo aumenta. Colombia ya ha fracasado con la política de depresión salarial. La ley 789 de 2002 no logró los propósitos que buscaba, y en lugar de mejorar el empleo, llevó a un progresivo deterioro de la calidad del trabajo. La informalidad ha aumentado. Sería muy bueno retomar la gran conclusión de la Misión de Empleo que coordinó el Profesor Chenery a finales de los años ochenta: el empleo crece sólo si la demanda aumenta[1]. Las regiones pobres de Colombia necesitan que sus habitantes tengan mejores condiciones de vida. Un salario menor agudizaría las trampas de pobreza.

Los salarios diferenciales no estimulan la relocalización industrial.

No es cierto que en Colombia los salarios diferenciales estimulen la relocalización de las empresas. El salario apenas es un componente de los costos. En la decisión de invertir en determinado sitio también cuentan otros factores distintos del salario: vías de comunicación, acceso a equipamientos, nivel educativo de la población, cercanía a los puertos, etc. En lugar de que las empresas se relocalicen en las zonas pobres, el salario diferencial acentuará la migración de las personas desde las regiones pobres hacia las grandes ciudades. La forma como actualmente se está distribuyendo la población en el territorio colombiano es perversa.  Bogotá crece a un ritmo muy superior a Barranquilla, Medellín y Cali. No es conveniente que la población del país se siga concentrando en la capital. El salario diferencial, tal y como lo propone el DNP, acentuaría estos flujos migratorios.

Los salarios diferenciales no garantizan el acercamiento entre regiones.

En lugar de reducir la brecha territorial, los salarios diferenciales profundizan las distancias entre las regiones. Por esta razón en 1983 se decidió unificar el salario mínimo rural y el urbano. En aquel momento se mostró que la diferencia en la remuneración acentuaba la brecha entre el campo y la ciudad. Las últimas series de pobreza indican que en Colombia se han agudizado las desigualdades regionales. La propuesta del DNP acentuaría esta tendencia, haciendo que los pobres sean más pobres y los ricos sean más ricos. La única forma para que un salario diferencial favoreciera la integración regional sería fijando un salario mínimo más alto en las zonas más pobres y uno más bajo en las zonas más ricas. Es la lógica inversa a la del DNP.

Otros caminos para favorecer la convergencia

Si se quiere favorecer la convergencia entre las regiones e incentivar el empleo es necesario buscar otros caminos.

  • Primero, no debe existir ninguna forma de diferenciación salarial por regiones.  Además de los argumentos mencionados, los problemas de implementación son enormes.  Hay zonas donde el costo de la vida es muy alto por razones que no tienen nada que ver con la productividad del trabajo. Por ejemplo, en los municipios cocaleros, o en las ciudades turísticas. El salario mínimo debe seguir siendo igual para todo el país y, sobre todo, se debe obligar a los empresarios a que efectivamente lo paguen.
  • Segundo, es necesario recuperar la visión de la Misión Chenery: el empleo crece si la demanda aumenta. En lugar de proponer salarios bajos para las zonas deprimidas, el gobierno debe estimular el desarrollo de la infraestructura y crear las condiciones propicias para que las regiones pobres puedan avanzar.  Hay tres cuellos de botella enormes: crédito,  tierra y vías: (1)  El sistema financiero ganó 8,4 billones de pesos el año pasado[2], sin que el crédito esté favoreciendo la inversión; (2) La concentración de la tierra aumenta, y la dedicación de las áreas más productivas a la ganadería extensiva impide que los campesinos de las regiones pobres tengan empleo y mejoren sus ingresos, y (3) La ausencia de vías ha obstaculizado la consolidación del mercado interno. Es hora de rescatar las potencialidades del mercado doméstico.

El DNP fue concebido para pensar estrategias de desarrollo de largo plazo. Y si se mira con un horizonte amplio, se llega a la conclusión que los problemas del empleo no se solucionan a través de la depresión salarial, ni de la agudización de la pobreza en las regiones deprimidas. Para que haya convergencia se requiere creer en las potencialidades de la demanda interna, y ello se consigue con cambios estructurales que, desgraciadamente, no hacen parte de la agenda de este gobierno. Otra vez, se requieren crédito, tierra y vías, pero los bancos y los terratenientes dicen que no. El modelo Carimagua termina imponiéndose. Y desde el punto de vista institucional, el país ha sido incapaz de concretar grandes licitaciones que mejoren la infraestructura y la integración regional. El empleo mejorará únicamente si repensamos el tipo de desarrollo. Ojalá los candidatos propongan alternativas con miradas de largo plazo. La campaña electoral es un buen momento para reflexionar sobre las condiciones que hacen posible el mejoramiento de la calidad de vida y la integración regional.

 *Miembro fundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Notas de pie de página


[1] Las conclusiones de la Misión fueron publicadas como El Problema Laboral colombiano: informes especiales de la Misión de Empleo (José Antonio Ocampo y Manuel Ramírez, editores), Servicio Nacional de Aprendizaje, Departamento Nacional de Planeación y Contraloría General de la República, Bogotá, 1987. 

[2]http://www.portafolio.com.co/economia/finanzas/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_PORTA-7215047.html

Acerca del autor

Jorge Iván González
jorgeigonzalez@razonpublica.org.co | + posts

*Ph.D. en Economía de la Universidad de Lovaina, Magíster en Economía en la Universidad de los Andes, Licenciado en Filosofía de la Universidad Javeriana. Ha sido decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Fue honrado con la orden al Mérito Gerardo Molina en 2007. Dirigió el Informe de Desarrollo Humano Bogotá, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Dirigió el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID). Fue director del Departamento Nacional de Planeación. Actualmente es profesor de la Universidad Externado.

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Jorge Iván González

*Ph.D. en Economía de la Universidad de Lovaina, Magíster en Economía en la Universidad de los Andes, Licenciado en Filosofía de la Universidad Javeriana. Ha sido decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Fue honrado con la orden al Mérito Gerardo Molina en 2007. Dirigió el Informe de Desarrollo Humano Bogotá, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Dirigió el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID). Fue director del Departamento Nacional de Planeación. Actualmente es profesor de la Universidad Externado.

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